dimarts, 31 de juliol de 2012

Pienso: La semana que viene empiezo las vacaciones, no puedo quedarme en casa todo el día.
Y luego pienso: O sí.


diumenge, 29 de juliol de 2012

Por alusiones devueltas: como dice Bel Olid en su blog, a mí también me encantaría que todos fuéramos simplemente personas. Pero no: por el peso de años de discriminación o vete tú a saber por qué, para arreglar la cosa y recuperar el tiempo perdido, va y resulta que hay mujeres que se dedican a hacer literatura femenina. Y, lo que es peor, hombres y mujeres que se dedican a publicarla pensando en un público femenino. Cada vez que una historia sobre compaginar maternidad y vida laboral se presenta como novela en vez de publicarse directamente bajo el epígrafe de autoayuda, les juro que yo, que soy de prontos, me enfado primero con el mundo, con mi género después y, para terminar, con el marketing editorial de las narices que sigue pensando en los supermercados como puntos de venta ideales, y contando con que las mujeres siguen siendo las que van a hacer la compra.

Luego intento ignorar el asunto y me pongo a lo mío.

Piensen otra cosa, siguiendo con la respuesta: ¿quién ha tenido tiempo y dinero en las últimas décadas para quedarse en casa haciendo lo que les ha dado la gana? Las señoras de. Si lo hubieran hecho, las librerías estarían llenas de libros de individuas que en vez de ir a pasar la mañana al solarium del gimnasio con sus amigas, se habrían quedado en casa escribiendo. Montañas de libros de estas señoras, porque ellas, además de horas y pasta para escribir, son quienes tienen los contactos en Planeta, por ejemplo.

Ells ho tenen més fàcil per a tenir una cambra pròpia. Tener habitación (nicho es más feo) literaria propia debería de ser de todo menos fácil: para ellos y para ellas. Pienso que si alguien lo tiene fácil, es que o tiene muchos amigos de Facebook o se está engañando o le están engañando. Hablo por ejemplo de poetisas con despacho en Mondadori -toma habitación- que escriben sobre sangre porque ellas, mujeres, sangran; y que escriben sobre muerte porque ellas, personas, jóvenes para más morbete añadido, se han dado cuenta de que morirán. Por favor.

Lo del nicho, es que incluso dudo de si el de verdad puede conseguirse en vida -de ella o de él, da igual-. De lo que no dudo es de que la literatura -sea masculina o femenina-, la buena, dura y es solidísima.

Que hay pocos casos de mujeres que podamos valorar ahora que ya tenemos cierta perspectiva, de acuerdo: el mundo era como era. Pero haberlas, haylas: Toni Morrison, Rodoreda, Edith Wharton, Murasaki Shikibu, Colette, Françoise Sagan, Carson McCullers... No creo que lo tuvieran muy fácil, estas, reclamando igualdades de derechos por ricas que fueran algunas. Tampoco creo que, aunque los reclamaran, se les fuera la fuerza por la boca haciéndolo. Creo en cambio que sí supieron defenderlos de la única manera que deberían defenderse: trabajando, trabajando y trabajando.

Y creo que para nosotras, ahora, lo que es difícil es precisamente eso: trabajar, trabajar y trabajar. Pero para ellos, para los que van en serio, también lo es. Y esta dificultad no viene de fuera; no viene de sociedades machistas ni de grandes desigualdades sociales. Esta dificultad, la buena, la que acaba funcionando, tiene que ser uno mismo quien se la imponga.
Pinilla, ¡qué maravilla!

"El problema de la pérdida de la infancia siempre lo he tenido presente, pero no he escrito sobre la pérdida de la infancia. Espero escribirlo algún día; ahora se me ha ocurrido, hablando contigo. Muchas cosas que te estoy contando las estoy pensando casi por primera vez. Creo mucho en la espontaneidad y me estoy dando cuenta de que hay cosas que las tengo pensadas de antes, pero otras no. Cuando tengo que leer un discurso pido perdón, porque tengo muy mala memoria. De hecho escribir es un acto de espontaneidad: tienes una idea, la desarrollas en una línea o dos y luego estás escribiendo horas. La mitad de las cosas que pones no sabías que las sabías".

"El individuo que no pinta y que no escribe es porque, desgraciadamente para él, tiene facilidad de expresión, es simpático, es aceptado en sociedad y habla mucho… ese es el genio de las tertulias. Y generalmente no hace nada serio luego. Todos necesitamos contarnos de alguna forma. Los que no hablamos, los que no vamos a tertulias, luego en casa tenemos que meternos a escribir para contarnos cómo somos. Ese es uno de los secretos de la vida".

Toda la entrevista, que le hace (otra maravilla) Enric González, aquí.
(vía esta entrada de (ooootra maravilla!) La Patrulla de Salvación).

dissabte, 28 de juliol de 2012

Yo solo digo que hay que tener activado un sentido del que yo carezco para darse cuenta: leí la lista de autores de los relatos que van incluidos en el número 6 de la revista Les males herbes y no me fijé en que eran todo tíos hasta que alguien lo dijo por el Twitter.

No me pasa solo con casos de género: me pasa también con el idioma, ya ven. A veces me doy cuenta a medio mail de que le estoy escribiendo en catalán a un amigo de Pamplona. Y al revés. Suelo lanzarme a escribir en uno u otro dependiendo de la conversación que haya mantenido inmediatamente antes de emprender la tarea redactora. Llámenme despistada, llámenme inconsciente, llámenme incluso cínica porque si, para cuando me doy cuenta de que le he dicho 'Hola, ¿qué tal?' y no sé cuántas cosas más a cualquiera de mis amigos jordis o alberts llevo ya medio mail, bien cambio al catalán de repente, bien sigo escribiendo en castellano con toda mi jeta. Si es al revés no; si es al revés borro y vuelvo a comenzar. Piedras a mí.

Volviendo a lo del género: Henry James tiene una novela maravillosa protagonizada por una señorita que allá por finales del siglo XIX se casa sin decírselo a la familia, se queda embarazada, no se lo cuenta al marido, huye a Europa y da el crío en adopción a una campesina porque no puede ni verlo. Aunque lo cuenta en tercera persona y el narrador es un señor, no he leído yo novela tardodecimonónica más femenina ni feminista. Ni tardodecimonónica ni casi del siglo XX ni de lo que va del XIX. Para que se hagan a la idea (SPOILER): cuando al final del libro Georgina -la protagonista- se reencuentra con el marido, él le dice algo así como: 'abandonar así al crío... Podías haberlo matado directamente con tus propias manos', a lo que ella contesta: 'O también podía haberme suicidado yo, ¿no?'

Ahora parece que me estoy haciendo un lío diciendo que novela femenina es la que trata temas femeninos: para nada; estoy hablando de la capacidad de un gran escritor para recrear la psique de una mujer, de un perro, de un suicida en potencia, de un vago, de un vigilante de faro en una isla abandonada atacada por extraños seres que vienen del mar.

Lo que que estoy planteando son preguntas cacareadísimas: ¿cabe la distinción de material literario por género del autor? ¿Cabe tender a la paridad femenina-masculina entre los colaboradores de una revista? ¿Cabe ir por la vida contando autoras?

Si los relatos de este número de Les males herbes son buenos (que lo deben de ser, seguro) y son variados, serían igual de buenos y variados si entre los firmantes hubiera alguna mujer.

Déjense de hostias y escriban bien, hombre; intenten tender a escribir al nivel de James, Henry James, sean escritores, escritoras o programas informáticos de escritura aleatoria.

No hay nada más horroroso que un premio de literatura femenina, una asociación de escritoras o un partido de mujeres por la independencia. Bueno, sí: se me ocurre al mismo nivel un premio de novela judía, una mención a la escritura negra o el galardón al escritor más alto del mundo. Todos con subcategoría femenina, claro.
Hay esto:



Y hay esto:



Y hay esto: Mas anuncia a Rajoy: toda Catalunya se levantaría si hubiera una intervención...

... y esto otro:



Como dice Susana: Nada, tonterías.



(Si pulsan el play de todos los vídeos a la vez, tienen una aproximación bastante exacta a cómo suena la realidad. ¡Qué viaje!).




dimecres, 25 de juliol de 2012

Recuerden estas palabras: "

'No permetré que ningú vingui a manar des de fora'

... porque son la clave de la no independencia de Catalunya: un President que cree que hay que impedirles la entrada, cuando en realidad ya están dentro y lo que habría que hacer para conseguirla es echarles.

(Ay, estoy muy Isabel la Católica. Jojo!).
Total, que leyendo lo que se ha filtrado de la que será la ceremonia de inauguración de los juegos de Londres, la cosa parece una obra de teatro de instituto americano, con niños vestidos de pavos de thanksgiving, de pioneros y de árboles (los más torpes); pero en británico, o sea, de obreros de fábrica, de sindicalistas y de máquinas de vapor (los más torpes). Y James Bond bajando de un helicóptero. Bravo.

Aún así, dicen que será del todo menos austera porque quieren lanzar un mensaje de optimismo al mundo, que debe de consistir en una especie de show must go on aunque todo se hunda, amplificado salvajemente por, como siempre, la televisión.

No sé, a mí no me educaron así.

Cuando mis padres vinieron a vivir a Barcelona y se compraron un piso en la calle Mandri, recuerdo que a mi madre le daba cierto reparo ir diciéndolo por ahí en Pamplona. Mi padre trabajaba como un bestia y aquella era la época en la que, por lo visto, si trabajabas como un bestia, tenías una cierta ambición y sabías manejar tu carrera -y mi padre era de los que tenía el culo pelao de manuales de marketing en la época en la que el marketing era anuncios de la tele y poco más-, podías hacer una cierta fortunita, la suficiente para comprarte un piso en Mandri, llevar a los niños a escuelas de pago y asegurarte de que iban aprendiendo además todo lo que no habías podido aprender bien tú, o sea, piano e inglés: esas eran las grandes ambiciones de mi padre y les juro que nunca le he visto darse más lujo que esos: el piso y nosotros, nosotros y el piso. Y un piano. Para nosotros también.

Fue a finales de los 80, cuando vinieron mis padres: aún no habían pasado los juegos olímpicos y aún nadie conocía Barcelona más allá del sitio aquel donde habían hecho un estadio lleno de goteras.

Mis tíos, en Pamplona, preguntaban por lo típico que se le pregunta al emigrante: cómo es aquello y dónde vives. Mi madre decía 'cerca del Tibidabo', conocido en Pamplona por el Dibidabo y como nadie sabía exactamente qué quería decir eso, inmediatamente preguntaban: '¿cerca de la playa?'. 'No, de la montaña'. Y así, en Pamplona, el Dibidabo no podía ser tan de ricos porque los ricos de verdad viven en Donosti de toda la vida, a pie de mar.

En la montaña se escudaba mi madre para no fardar. Fardar era lo peor, ni mensaje de optimismo ni nada. Fardar era un poco mira qué hago yo que tú no has podido hacer, y eso era feo, feo, feo cuando yo tenía un tío camionero, una tía enfermera y otra maestra, y mi padre a lo 'único' que se dedicaba era a viajar a América y a inventarse eslóganes para campañas antiabandono de perros en vacaciones.

Así que no se podía fardar.

Hasta que un día, vino mi tía. Se quedó unos días en casa de mis padres y volvió a Pamplona diciendo que había estado en Sucunzingham Palace. A mi madre se le caía la cara de la vergüenza. Ya no había montaña que pudiera arreglar aquello. Nosotros le decíamos: 'jolín, mamá, ¿qué más dará?'

En Pamplona, todo el mundo de repente quería venir al Palace para ver los juegos olímpicos. No sé cuántos vinieron entre tíos y amigos. Cuentan que el portero se asustó al verles llegar con colchones y almohadas. Y luego cuentan que se lo pasaron tan bien que aún, veinte años después, andan contando anécdotas de aquello, de los colchones, de las almohadas y de la cara del portero. De la ceremonia de inaguración, no.

Fue entonces cuando mi madre entendió una cosa: la gracia de tener un palace que haga que la montaña, por fin, gane en pijerío a la playa, es que el palace tenga una superficie de suelo enorme para que la familia te la llene de colchones y se eche a dormir cuando quiera. Eso es lo que mola de tener un tío, un hermano, un amigo rico; eso es lo que da para compartir alegría, no que te enseñe las fotos, no que te pase una película del mira lo que tengo, mira lo que tengo, en tiempo real.

O sea, que la millonada que se van a gastar en la organización de la ceremonia de marras y en su posterior retransmisión, se la podían meter directamente up their asses.

A mi madre se le va a caer la cara de la vergüenza ajena que va a pasar cuando vea que en el suelo del chiringuito que han montado en Londres no hay ni un metro cuadrado para meter un colchón, ni un puchero extra en la cocina para preparar una buena cena.

dimarts, 24 de juliol de 2012

He ido este mediodía a mi principal... cliente ¿no, se llama cuando eres autónoma? -es que yo le llamo jefe porque nunca le falta trabajo que darme y me paga puntualmente, casi como si fuera una nómina- y le he preguntado a ver qué le parece que me dé de baja de autónomos en agosto por aquello de la huelga. Me ha dicho que entonces, a ver cómo lo hacemos porque él no tiene dinero para pagarme en negro. Le he dicho que no, que no le iba a hacer pagarme en negro, que yo le quiero hacer la huelga a la Seguridad Social y a Hacienda, no a él; que la factura en vez de hacérsela el 31 de agosto se la haré con fecha de 1 de septiembre. Me ha dicho que ah, que vale, que a él le da igual eso. Y luego ha añadido que como ha visto que nos suben el IRPF a partir de septiembre, me pagará un 10% más también a partir de entonces.

¿Soy una tipa con suerte o no soy una tipa con suerte?
¡Me cagüen diez!
Hace unos años los fuegos se iniciaban por la quema de rastrojos incontrolada, ¿se acuerdan? Era una excusa así como muy general. Habíamos encontrado a un culpable que no era tan punible, pobre: el agricultor que bastante tenía con mantener lo suyo como para encima pedirle que tuviera preparado un sistema antiincendios cuando llegaba el día de quemar la rastrojera. No le íbamos a mandar a la cárcel; mejor, para lo poco rentable que ya era lo suyo, darle un dinerico por la tierra que ya no le iba a servir y construir allí una bonita urbanización de apartamentos que funcionara por temporadas altas y bajas de turismo en vez de por temporadas altas o bajas de riesgo de combustión masiva.

No se le podía acabar de demonizar, al campesino, así que se empezó a demonizar a quien le daba el dinerico para hacerse de oro después a base de alquileres de temporada. Y claro, ya no interesaba nada esta demonización: a ver si se iba a acabar descubriendo algún pastel.

Al fumador sí, se le puede demonizar sin consecuencias nefastas para la especulación costera ni de interior. Y además ahora es el momento: ahora que ya está claro que esto de fumar es delito por zonas y por sitios. Ya está medio condenado el fumador, ya cae antipático, no pasa nada por condenarle un poco más: hacerle cumplir la papeleta de cabeza de turco, darle al pueblo horrorizado un culpable en el que volcar su ira y dictar un par de leyes luego con la que calmarla.

Tirar colillas por la ventanilla debería de estar penalizado, de acuerdo, pero porque es una guarrada y ya está. ¿Que existe el peligro de que la colilla caiga en un charquito de gasolina que ha dejado un coche que ha parado en el arcén media hora antes porque al conductor le ha dado un apretón y no llegaba al área de servicio más cercana? Vale, pero por esa regla de tres, deberíamos castigar también duramente al tío del apretón que para en el arcén, primero, por no tener pleno control de sus intestinos y, segundo, por no meterse debajo del coche cada vez que sale a la carretera a mirar si pierde aceite o gasolina o lo que sea.

Quiero decir que ni fumadores ni conductores ni agricultores son beneficiosos para el bosque. Ni personas en general, vaya. Pero las personas fuman, conducen y cultivan, y para ir de un sitio a otro cogen el coche y tiran por carreteras que transcurren entre bosques, los muy hijosdeputa. Esto es así, pero aquí lo que falla no son las personas, aquí lo que falla es lo que debería de venir después de que las personas hagan la suya con tan mala suerte (que ya es mala suerte) de que la suya tenga consecuencias tan catastróficas. Eso es lo que ha fallado.

Pero vayan a buscar al conductor incendiario o a los cien domingueros que se pararon en el mismo punto de la carretera de la Jonquera y tiraron todos la colilla a la vez, demonícenlos y denles lo que se merece todo demonio: quémenlos en una hoguera de fuego perfectamente controlado y, de paso, rocíenlos con gasolina cuando empiecen a quejarse en catalán. Luego, vayan todos a plantar árboles para poder repetir la operación de aquí a veinte años, que un exorcismo de vez en cuando, no viene nada mal para distraerse un ratico de otras bagatelas, ya saben: recortes salvajes en el plan antiincendios, insultos nazis en el twitter y demás.

diumenge, 22 de juliol de 2012

Precisamente ayer, subiendo hacia Fontclara en coche, me venía a la cabeza 'Le temps du loup', la peli de Haneke en la que algo ha pasado, no se sabe qué, que ha devuelto a los humanos a un estado salvaje de comportamiento. Y de salvaje ignorancia también.

El tema era, como siempre últimamente, la crisis. Yo decía que las manifestaciones ya no servían porque ya eran parte del sistema. Martí decía que las salidas eran, bien hacer algo que esté en nuestra mano hacer -huelga general-, bien esperar a que pase algo catastrófico que nos haga empezar de cero.

Fue cuando dijo esto último que yo pensé 'Le temps du loup'. Y lo dije en voz alta.

Hoy a las cinco de la tarde, en la playa de Pals se ha hecho medio de noche y todo se ha vuelto naranja menos el mar, que era verde. En el coche, volviendo de Fontclara olía a quemado y entraban por la ventanilla unos puntitos blancos que parecían mosquitos diminutos pero eran ceniza. Martí sintonizaba las emisoras y solo encontraba Radio María -rezaban- y Radio Estel -retransmitían una ordenación sacerdotal-. Cuando por fin ha logrado sintonizar una que daba información práctica, el locutor transmitía un mensaje de los bomberos. Decía que las instrucciones para todos los habitantes de la zona del Empordà eran no moverse de sus casas y cerrar puertas y ventanas. Si vivían en masías aisladas, tenían que acercarse hasta el núcleo urbano más cercano.

La luz extraña, los rezos en la radio, el olor a quemado, aquella nube negra, inmensa, en el cielo y las instrucciones de autoconfinamiento o de ponerse a caminar buscando un pueblo. He vuelto a pensar y a decir en voz alta: Le temps du loup.

A veces las referencias de ficción, por agoreras que sean, son a lo único a lo que una puede acudir en busca del consuelo del saber qué podría pasar.

Pero no pasará el tiempo del lobo.

Igual que la Generalitat ahora no quiere ni oír hablar de los recortes que hace unos meses aplicó a las partidas de la lucha contra incendios, nadie ahora querrá pensar que, igual que Rajoy no fue a visitar la tierra quemada de Valencia, sí que vendrá a visitar la de Catalunya, que España invertirá dinero en solucionar todo esto y que todo esto se acabará utilizando como argumento político en tertulias de radio para acallar voces independentistas, por ejemplo.

Y así: todos siempre dentro de este sistema que no funciona, incapaces de tomar una decisión global por no querer ver que todo, todo, está relacionado entre sí.

divendres, 20 de juliol de 2012

Perdonen que ayer me perdiera la mani pero es que yo ya estoy en huelga. Me pasa un poco como con los conflictos personales, que en plena crisis, cuando más debería gritar, pienso en lo poco que ha servido gritar en otras ocasiones, se me encasquilla el alma y si te he visto, no me acuerdo. Y así me luce, claro: solución de continuidad cero y luego todo es un vuelta a empezar y vuelta a caer en los mismos errores, hasta que una decide que no, que se acabó, que se rinde. ¿Me he rendido esta vez? No, me he puesto a mirarlo todo desde otro lado. Ha sido un poco idiotez porque desde otro lado no se veía nada.

Ayer, mientras todo el mundo (es un decir de la organización) se manifestaba, servidora estaba en la playa después de haber practicado la cosa de atacar la cultura por otro lado, ya se lo conté: le compré un libro directamente a un particular que no me cargó ni IVA ni nada: cinco euros me costó en total algo que debería valer mil, por lo menos, por la vigencia de la cosa que cuenta: son ensayos muy bien escritos sobre la modernidad, que lo es todo y es nada, que ponen en evidencia que desde hace casi treinta años hemos avanzado... pues lo segundo: nada.

Tenía un ojo en la mani, desde el otro lado, claro, que para algo tiene una un tresgé al cual seguro que le están metiendo ivazos también por algún lado, pero para esto de conectarme con la rabiosa actualidad, de momento, sí que no se me ha ocurrido otro modo. Inciso: la actualidad de la playa, por cierto, rabiosita en su justa medida: a mi lado, una madre diciéndole a su hijo que tendría que meter en la maleta la americana, que la tenía colgada en su armario, y el hijo en bañador contestándole que cuánta pereza le daba la americana; luego los dos quejándose de lo sucia que estaba la arena y diciendo a coro 'qué asco' cada vez que les pasaba cerca una paloma o un vendedor de cocos.

... Y yo teniendo el ojo en la mani. Me conecté al twitter de Ara Cultura y leí un par de referencias a la cosa nada más. Probé con el del Time Out, revista que se había erigido, pegatinas mediante, en mamporrera de la protesta por el lado cultural: solo piaban para promocionar las pegatinas, sus pegatinas bien promocionadas, sí señor. Las webs de los diarios no decían ni mu. El País, en rojo, exhortaba 'sigue la manifestación en directo', link que no llegaba a cargarse. Igual era mi tresgé, no lo sé, igual estaban colapsados, lo dudo.

Desde el otro lado, en el momento de autos, no se veía nada, que es lo mismo en euros que verá el autor del libro que me he comprado: esto es lo primero que hay que empezar a solucionar desde esta huelga que me he montado. Miren, decía que no había visto nada desde el otro lado pero resulta que sí, que he visto mucho trabajo y no es trabajo de hacer pegatinas precisamente. Así que pasado el momento de autos, me he metido esta mañana en las webs de los diarios oficiales del régimen.

100.000 personas en Madrid y entre 400.000 y 40.000 en Barcelona según El País; decenas de miles en Barcelona según La Vanguardia; los jefes de UGT y CC.OO. advirtiendo a Mariano Rajoy en el Ara, de que la democracia está en juego; 10.000 personas menos de las que marcharon en la mani contra la reforma laboral, según La Razón, que también da detalles muy concretos sobre un contenedor quemado en Madrid; y las broncas de Rosa Benito en Telecinco, según el ABC.

He visto claro que tenía que averiguar quién era Rosa Benito si quería enterarme de algo, luego he visto que no, que me estaba liando, que lo que realmente tenía que comprobar era, otra vez, de qué iba exactamente la manifestación, porque por la información que me estaban dando, bien se podía haber estado reclamando cualquier cosa: la retirada del bochornoso uniforme de los juegos olímpicos, la salida del euro, la dimisión de Merkel o el que se pongan de acuerdo de una vez con el puto corredor mediterráneo, la dimisión de Rajoy, el fin de ETA por si llegara a reaparecer, los derechos adquiridos de Tierra Santa o la no intervención en Irán.

Miren, ya sé que tengo mucho morro por haberme ido a leer la playa; ya sé que esto que digo no es nada popular, pero es que yo no soy popular, ya me lo dice la editora, y que esto que voy a decir aún lo es menos: si esta manifestación es, como claman los sindicatos, el prolegómeno a la huelga general, lo de Fabra ha funcionado: estamos bien jodidos. Estamos bien jodidos porque nos vamos a quedar en lo que siempre nos hemos quedado: en la pegatina. Y no basta, hace falta más, hay que mirar desde otro lado porque la vista aérea de la Via Laietana llena de gente ya es la enésima vez que la vemos, nos la sabemos de memoria y la seguiremos viendo una vez al año el día de la cabalgata.

Vengan aquí, igual no es tanta idiotez, y miren, en serio: como no se ve nada, se ve lo mucho que hay que trabajar. E, insisto, la cosa no va de hacer pegatinas.

dijous, 19 de juliol de 2012

Esto es lo que voy a hacer esta tarde del día de la manifestación bajo el lema "La cultura no es un lujo": voy a pasarme por Correos a buscar el libro de Fernando Poblet que lleva allí esperándome desde esta mañana y que desde este mediodía no paro de imaginarme: El sobrecito ahí, en su nichito del almacén de Correos de Laietana, con mi nombre escrito en la etiquetita que debe de llevar pegada debajo del sello. O no: fijo que no lleva ni etiquetita pegada: fijo que mi dirección está escrita con boli y con mala letra; fijo que en vez de Carretes, han puesto Carretas y que en vez de Sucunza, vete tú a saber lo que han podido escribir.

¿La cultura no es un lujo? Claro que la cultura es un lujo: lo que no es un lujo es lo que nos ofrece como cultura este Gobierno que nos lo está quitando todo y al que ahora vamos a reclamar. Y fíjense que reclamándoles les estamos reconociendo que sí, que son ellos los que deciden qué es y qué no es cultura, y cómo, cuándo y a cuánto nos la proporcionan. Fíjense que yendo a manifestarnos delante del Borràs al ritmillo del lemita de marras, que ni por rima -que solo rima con cosas como rebujo y repujo- es bueno para manifestarse. Que estamos yendo a reclamar cultura barata a un teatro que ya nos la da de saldo, pero en el otro sentido del término, el sentido de cutre, en el de verdad; que el Borràs solo se salva cuando trae a Faemino y Cansado, y eso lo sabemos todos, pero es que nadie se ha parado a pensar; que hemos entrado en una dinámica en la que la idea manifestarse nos suena a campanilla de Pavlov y en la que, en cuanto a lemas, hemos desistido hasta de la rima.

Lujo es que alguien vaciara una biblioteca y encontrara un Ferpo y que haya decidido venderlo justo el verano en el que Pérez Andújar me había hablado de él y yo andaba buscándolo. Eso es lujo. Esa es la cultura que es lujo, no esto que nos están recortando ahora, que también, en parte, bueno. Pero basta: ya nos la han recortado y no van a coger ahora el celo para volverla a pegar, ¿es que aún confiamos en estas cosas?

No sé. Vayan gritando sin rima. Yo voy a buscar una manera distinta de hacer las cosas. De momento me voy a Correos.
Cada vez que Capdevila pone un 'caldrà fer...' en alguno de sus rositas editoriales, me viene a la cabeza los 'cal...' que Miquel Bauçà fue distribuyendo por su glorioso 'El canvi'. Qué diferencia de actitud, qué distinta la urgencia. Cuánto de inculpamiento desesperanzado hay en los segundos y cuánto de venga que si queremos podemos, en los primeros, asumiendo que nos vamos a quedar en el primer paso, que es reconocer el problema, y que con eso ya habremos hecho bastante. Es Bauçà diciendo: la bombilla del pasillo está fundida, está oscuro y no vemos. Punto. Y Capdevila mantreándose: mañana cambio la bombilla, mañana cambio la bombilla, y viviendo de ese propósito, quedándose en la intención es lo que cuenta.

Hay problemas que son y que joden. Uno decide si quedarse a vivirlos o no. Con lo que no se puede vivir es con la esperanza de una solución que ojalá llegara, con los deditos estirados repitiendo casi, casi... Así no hay solución ni hay nada. Solo hay problema y vivir permanentemente en el problema.

En este glorioso momento que nos ha tocado vivir, hay que darse cuenta de cómo son las cosas, cagarse en ellas y decidir no que a partir de ahora conviviremos con una mierda sino que no queremos vivir al lado de esa mierda, aunque sea nuestra .

Quiero decir: esta foto es muy bonita de ver:




Pero es que mañana, en el diario, regalarán una pegatina con este lema estos mismos a los que se refiere aquí Oriol C. Caba:

Molts dels que ara dieu que la cultura no és un luxe l'heu feta servir com a font de subsidis pels vostres luxes particulars durant anys mentre d'altres intentàvem que servís per qüestionar-ho tot. a veure si us poseu les piles malparits, encara que sigui perquè us han tallat l'aixeta.

Que muy maja la pancarta, que muy bien el ratico de salir al patio y posar, pero, lo siento, es un poco de funcionarios grabando lipdubs en horario laboral. Todo esto no llega ni a primer paso, no alcanza ni para un miserable 'caldrà fer...'.

dimarts, 17 de juliol de 2012

1r: queda abolit el concepte de carrer. A partir d'ara, les nostres passes, passejos, vagarejos, divagacions i pernoctacions es duran a terme en el sempre inconclús i agradable territori del flux de partícules. No es descarta la presència, sempre atzarosa, de catalitzadors distribuïts en diversos punts del recorregut, la missió dels quals serà exhortar l'entusiasme per la deriva.

2n: queda igualment abolida l'obligatorietat del primer punt, atès que mai, però, s'ha establert aquest aspecte.

3r: s'exhorta les partícules del cos social a buidar-lo de tota unitat significativa, organicisme, articulació, membració premeditada i en general qualsevol estratègia destinada a establir la rima consonant a les nostres vesícules biliars.

4rt: s'exigeix el retorn, pel que fa al corpuscle dels narcòtics, a la terminologia grega, amb especial èmfasi pel terme Pharmakon. Obrim les portes al fèrtil concepte de la farmacosi.

5è: volem donar a entendre que resulta impossible que tot s'entengui i que, per tant, el control de les situacions és, netament, una entelèquia. Seguint aquest punt, ens aventurem a afirmar que, quan hom creu haver-ho entès tot, es cansa de tot i decideix liquidar-ho. Cada mur enderrocat és un concepte que s'ha donat premeditadament per entès.

6è: volem exhibir la ficció dels nostres rostres, els nostres gestos i fins i tot les nostres existències. Amb aquesta quimera entre cella i cella, optem per liquidar tot allò que de persona té la nostra màscara i reivindicar, en canvi, la màscara de la nostra persona.

7è: volem que, en algun moment, us poseu les caretes i que ens digueu, sincerament, si us agraden.

8è: volem, en definitiva, no haver de voler gran cosa més. Gràcies per la vostra desatenció.

(Noves reglamentacions del FASTIC que a partir d'ara regiran els convenis mercantils, diplomàtics i similars, així com els divergents).

'Emet o la revolta'. Sebastià Jovani.

Subía esta mañana en las escaleras mecánicas de la parada de metro Passeig de Gràcia, L3, e iba apareciendo ante mi el banco-farola modernista, todo forradito de trencadís blanco que veo todos los días camino del trabajo.

He pensado en Apple inmediatamente.

Luego he pensado que esas mentes pensantes del Ajuntament que han dado permiso, previo cobro del cheque, a Apple para colgar semejante despropósito en plaza de Catalunya, seguramente imaginaron que la cosa iría alrevés: que amosaicando en coloringos la manzana, la gente vería Apple y pensaría en Barcelona. 

Bueno, tampoco se podía esperar mucho más de ellos: Son la misma gente defensora de la ‘marca Barcelona’, que no ve que cuando a algo le pones nombre de marca, lo que realmente estás haciendo es intentar venderlo; que no cae en la cuenta de que quienes suelen utilizar su nombre como marca, hasta el punto de no dudar en cambiárselo (todo llegará) por otro más comercial, son desde siempre las putas. 

De momento, ya han vendido uno de mis referentes visuales de las mañanas.
Pues nada majos, felicidades.

dilluns, 16 de juliol de 2012

Sí, això era més o menys.

(Del blog d'en Sebastià Jovani)

 

Detall d’un incident

Posted: September 10, 2011
 
Partitura corporal trobada en sortir de la banyera

-I dius que…
-Exacte.
-Però…?
-No, no pas.
-Llavors…
-A tu què et sembla?
-Francament, no ho sé.
-O no ho vols saber?
-Serà això.
-N’estic segur.
-És clar…
-I doncs?
-Espera, espera.
-No puc esperar. Tinc pressa, saps?
-Pressa?
-Si, he de fer altres coses, després.
-Com ara?
-No crec que sigui assumpte teu.
-Molt bé, molt bé…
-Així, podem seguir?
-No hi ha altre remei?
-No.
-Oh, però, escolta…!
-No, no cal que diguis res.
-Però jo no…
-Saps prou bé que sí.
-Tu també ho saps?
-Per descomptat.
-Ja.
-I bé?
-Doncs això. Quin remei.
-Tot aclarit.
-Tot aclarit.
-Llavors, puc procedir?
-Això sembla.
-Sense rancúnies?
-Sense rancúnies.
-D’acord.
-…
-Però si vols…
-Si vull què?
-M’ho he repensat. Si vols dir…
-… alguna cosa?
-Això mateix.
-No se m’ocorre res.
-Ara no saps què dir?
-No. El que volia dir abans ja no serveix.
-Però, res de res?
-No.
-Va, pensa-hi una mica.
-Ja està.
-Ja hi has pensat?
-Si.
-I doncs?
-Res de res.
-Res, segur?
-No.
-Vaja.
-Ja veus.
-Potser que llavors…
-Sembla que sí.
-Doncs som-hi.
-Sense rancúnies.
-Sense rancúnies.
-Vols que em posi…
-Perdó?
-Sí, home, si vols que em…
-Ah, sí, si et plau.
-Així va bé?
-Així va bé.
-Doncs endavant. Engega.
-Ara mateix.
-Ràpid.
-Instantani.
-Pim pam.
-Per cert…
-Sí…?
-Encantat d’haver-te conegut.
-Sí, per a mi també ha estat un plaer.
-Vols que li digui alguna cosa…
-A ella?
-Exacte.
-Home, si no et fa res…
-Oh, no és cap molèstia.
-T’ho agraeixo. Però sigues prudent.
-Ho seré.
-Gràcies.
-No es mereixen.
-Adéu.
-Adéu.
(…)
Cabe suponer que, en efecto, aquel día el novelista británico miraba a mi amiga, pero al mismo tiempo se hallaba secuestrado por una página que había dejado interrumpida en su Olivetti Lettera 32 y andaba preguntándose hacia dónde derivarían aquellas líneas de su novela y, quién sabe, quizás estaba pensando en dinamitar la realidad de plomo de aquella terraza y, como quien coloca una langosta viva en la cazuela, estaba observando a mi amiga con la intención de meterla en su libro.

diumenge, 15 de juliol de 2012

Hace unos años estuve unas semanas en verano viajando por Rumanía. Yo iba al país que hacía relativamente poco que acababa de salir del régimen de Ceaucescu; de más de veinte años de dictadura; una de las más delirantes de la Europa de finales del siglo XX. Me hacía gracia ver qué. Me imaginaba un cierto aire de liberación así como muy chachi extendido por todo el país; uno tira de referentes y el referente de fin de dictadura que los españolitos tenemos en la cabeza está lleno de botellas de champán descorchadas, mujeres y gays liberados y movidas desatadas, ya saben. Me imaginaba euforia, más euforia aún que nuestra triste euforia de dictador muerto en la cama: la suya había sido una sublevación del pueblo que había empezado en Timisoara y se había ido extendiendo por todo el país. Me imaginaba que encontraría un cierto aire de victoria coronando cabezas de ciudadanos con caras cotidianas de cierta satisfacción allá donde fuera.

Pues muy mal imaginado.

Entramos en el país a pie. Habíamos cogido un vuelo Barcelona-Belgrado: el plan era coger un tren hacia el norte, y cruzar la frontera en autobús. Llegamos en domingo, no había autobús y tuvimos que hacer andando el camino desde el último pueblo de Serbia hasta el primero de Rumanía con estación de tren. Eso hicimos. Cruzamos la frontera con señoras a quienes habíamos visto unos kilómetros antes camuflarse cartones de tabaco en las fajas. Llegamos por fin a un apeadero medio fantasma en el que, tras esperar unas horas a la sombra de una señal enorme con aguilucho estampado y todo, que rezaba ROMÂNIA, apareció el tren de bancos de madera que nos llevaría a Timisoara.

En Timisoara, nos acercamos a la casa de László Tőkés, el pastor evangelista que lideró la revolución en su primer estadio. De Timisoara viajamos al norte, hacia los Cárpatos. Y de los Cárpatos, al sur, hasta Bucarest. A los pocos días de estar dando vueltas por el país, yo ya había comprendido, con sorpresa primero, con tristeza después, que la única señal de orgullo por la nueva nación conseguida ya la había visto, el primer día, en la plaquita atornillada al lado de la puerta de casa de Tőkés que indicaba que allí había empezado la revolución. No vería más signo de esta pírrica victoria del pueblo. Lo que sí que vería, en cambio, sería gente muy jodida. Gente que, de repente, tenía que pagar por su casa y por servicios que antes eran proporcionados por el Estado. Gente que, con cincuenta años, se encontraba sin trabajo, sin derecho a paro y teniendo que alquilar una habitación de su casa, que no podía pagar, a turistas que les pagaban en negro, en dólares si podía ser.

Recuerdo que me impresionó la cantidad de nostálgicos del antiguo régimen que encontrábamos a nuestro paso: se habían quitado de encima a un dictador pero eso no era nada comparado con lo que les había sobrevenido. Habían salido de la falta de libertad absoluta para caer en la pobreza material radical, con lo que falta de libertad y pobreza material se habían vuelto conceptos comparables, estadios a poner en la balanza, a valorar en términos de preferencias. Y preferían comer a pensar. Preferían dictadura los nostálgicos.

Se habían vuelto locos también los nostálgicos y me pareció natural su locura: entendí que perder la razón es la única manera de supervivencia cuando uno quiere para tan poco su libertad que la vendería por un plato de lentejas. Recuerdo que aluciné con la cantidad de chalados de aquellos que se ponen a predicar en las esquinas que encontrábamos por la calle. Recuerdo a un taxista que mientras nos señalaba a un grupo de gitanos que acampaba al lado de la estación de Bucarest, nos resumió en cinco palabras la historia del siglo XX europeo. "Hitler didn't finish his work", dijo, y a mí me dio miedo, porque con esa frase se estaba cagando en la pobreza a la vez que se cagaba en todas las libertades.
La pobreza que había traído la libertad era tan bestia que habían acabado dispuestos a renunciar a la libertad si así acababan con la pobreza.

Lo chungo es que estos días estoy pensado en toda esta historia con la preocupación muy bestia, igual un poco pasada de rosca, de que este proceso, el de ganar libertad primero para volverse pobre después, pudiera llegar a darse a la inversa: volverse pobre, hundirse económicamente el país primero, tanto, como para acabar desesperados y dispuestos a renunciar a todas las libertades después.
Aquí, a fin de cuentas, no nos falta tampoco la figura del nostálgico que predica desde las esquinas que el logro de Franco fue sacar a España de la miseria.

dijous, 12 de juliol de 2012

Con la que está cayendo, una abre el periódico y se encuentra con que todo tiene un tufillo a la inconsciencia de la broma más barata que tira para atrás.

Con la simplicidad y la obviedad de la metáfora que se han gastado algunos en la forma del diario de hoy, lo único que han conseguido es desvirtuar totalmente el fondo. El troquelado puede que remita de una manera muy simplista y literal al recorte -así como simplista y literal de tengo cinco años y ya me dejan usar tijeras que no pinchan-, sí, pero también remite a las banderolas que suelen colgarse de fachada a fachada en las fiestas mayores (o sea, a la fireta), a los cuentos pop-up que hacen las delicias de los niños descubriendo el 3D y hasta a las camisetas de Desigual.

Y si encima, ya dentro, superado el psicodélico grito, te encuentras con noticias como esta, pues ya es global la impresión de tomadura de pelo absoluta, de que nada ha cambiado, de que todo seguirá igual y de que los periódicos seguirán sirviendo a quien siempre han servido.

dimarts, 10 de juliol de 2012

Heroi nacional #2: Hastings Kamuzu Banda
(Subtítulo: Todos con Girona).

Hastings Kamuzu Banda: "Tot el que jo dic és llei. Literalment, llei. Això és un fet en aquest país".


Banda, tot i que s'havia sentit molt a gust a la Gran Bretanya, considerava horrible que en els balls qualsevol home pogués arrambar una dona casada en presència del seu marit. Per a ell, la societat europea era 'depravada', ja que hi imperava la 'promiscuïtat'. El Ngwazi no es cansava de repetir als seus conciutadans que no s'havia d'imitar els europeus, perquè aquests 'vivien com gossos'.
L'MCP (Malawi Congress Party) es va sumar a la campanya moralista del seu cap. El 1963, es va prohibir als seus militants l'embriaguesa i la 'conducta desordenada' (sense concretar què es considerava 'conducta ordenada' segons el 'sistema Kamuzu'). Dos anys més tard, la Lliga de Dones va recomanar a les seves associades que no duguessin jerseis massa ajustats, per evitar que se'ls marquessin els mugrons. El 1977, Banda va estendre la reglamentació moralista a tota la població. D'acord amb el Reglament de Decència en el Vestir, va prohibir que les dones vestissin faldilles curtes o pantalons, i va decretar que els homes havien de dur el cabell curt. 
Kamuzu, a més, va vedar les publicacions que induïssin a 'corrompre la moral tradicional', com ara les revistes pornogràfiques... o els manuals de control de natalitat. 

Pallassos i Monstres. Albert Sánchez Piñol.
¡Arg! ¡Demagogia sanferminera! Otra más. Vamos allá, apuntémonos todos al plan de recorte de gastos en Sanidad que apunta la Moliner. Va:

Yo tampoco quiero pagar la hospitalización de la gente que coge el coche y se estampa contra un camión en su ruta de vacaciones yendo a Marina d'Or, ¿no te jode?, que se queden en el pueblo, que es mucho menos hortera, el camino es mucho más corto y, por lo tanto, el riesgo de accidente menor.
Paso de pagar también el tratamiento de los chichones de los Castellers: o todos con casco como el anxeneta o que se lo pague la colla a pachas, que para eso se ponen a subir, amunt, amunt, voluntariamente.

Las excursiones por la montaña, con sus señalizaciones del camino, sus guardias forestales, sus puntos de información y sus puestos de primeros auxilios, a pagarlas cada uno de su mochila también: yo no voy nunca y no les encuentro la gracia. ¿Por qué tendría que poner pasta de mi nómina, si la tuviera, para que reseñalizaran aquella red de caminos de ida a ninguna parte y vuelta al mismo sitio de donde se había salido y vuelta a empezar el fin de semana que viene si hace bueno? De hecho, el fin de semana que viene, si hace bueno o malo, yo me quedo en casa leyendo y, si salgo, me echo un paraguas al bolso en caso de llover: así que prou espacios de información metereológica pagados de mi bolsillo en los medios públicos, que llueva o haga sol, yo voy ha hacer exactamente lo que tenía planeado.

Exijo preferencia absoluta ante un intoxicado por un bolet traicionero si, el próximo otoño, tengo que ir a urgencias porque me ha subido de repente la fiebre. Si me ha subido de repente la fiebre por leer algún artículo que me ha sacado de quicio demasiado, cedo el paso a quien se le haya abierto por sorpresa la úlcera sangrante, siempre que no haya pasado esto último porque se haya puesto ciego comiendo en un mexicano por puritico antojo.

Miren, todo esto es muy complicado: habría que poner a la entrada de los hospitales un mostrador de interpretación del grado de capricho en la herida a tratar de cada cual. Propongo, para acabar antes, la creación de un impuesto nuevo: uno que se tenga que pagar cada vez que salimos de casa porque sí, no por necesidades básicas como ir a comprar el pan. La mayoría de las veces, iríamos poniendo pasta y no nos pasaría nada. Sumando sumando lo que vamos poniendo, nos daría para pagar los puntos de sutura, las escayolas, incluso las hospitalizaciones que llegáramos a necesitar si un día, no sé, por ejemplo, por el capricho de tener la parejita, nos diera por ponernos de parto por segunda vez.

dilluns, 9 de juliol de 2012

Heroi nacional #1: Idi Amin Dada

 Molts van començar a entendre que el país havia caigut en mans d'un individu que era la barreja perfecta entre un showman i un gàngster d'uniforme. I és que per aquesta època Amin havia començat a atorgar-se a ell mateix uns títols que feien sospitar moltes coses. Que s'autoinvestís com a 'Mariscal de Camp i President Vitalici' creava dubtes sobre la salut democràtica del nou president. Però que es proclamés oficialment 'Senyor de Totes les Bèsties de la Terra i Peixos del Mar i Conqueridor de l'Imperi Britànic d'Àfrica en General i d'Uganda en Particular' creava dubtes sobre la seva salut mental. Que es donés el títol de 'Rei d'Escòcia' no deixava lloc per a cap dubte.

Pallassos i Monstres. Albert Sánchez Piñol.



diumenge, 8 de juliol de 2012


Alguien que, por fin, hace algo, y todo el mundo fijándose en lo que no es y haciendo la pataletita de siempre.

Cuando metían a los insumisos a la cárcel, había quien pensaba que simplemente se estaba castigando a una panda de vagos por saltarse la mili. Por otro lado, había quien veía que aquello era una lucha, que claro que tenían que pasar por la cárcel: cuantos más mejor hasta que la cosa fuera insostenible y la mili acabara desapareciendo.

Así que no, ni hablar: la noticia no es que Jessed Hernàndez se ha quedado sin medalla en los Sky Games por correr por Catalunya, sino que Jassed Hernàndez ha corrido por Catalunya para, en el caso de ganarla (y seguro que él sabía que podía ganarla), quedarse sin medalla y que esto trascendiera. Si lo que trasciende es que los Sky Games no dan medallas a Estados no reconocidos, lo único que estamos haciendo es citar -muy enfadados, eso sí- el reglamento de los Sky Games y obviar el gesto de Jessed Hernàndez; enfadarnos y hacer la pataleta de siempre por algo que ya sabíamos.

Aquí la noticia es que hay alguien capaz de renunciar a algo por un fin muy superior. Porque ¿qué esperamos? ¿Que el reconocimiento llegue de repente, plop, titular de periódico: Catalunya gana una medalla en los Sky Games? Catalunya aún no es un Estado, si lo fuera, ¿por qué se está luchando aquí? Es que esto precisamente es lo último que se tiene que perder de vista, si no, volvemos todos a hacer la mili y desfilamos a jurar bandera con la esteladeta anudada al cuello, y todos tan contentos porque, con un poco de suerte, se habrá visto todo por la tele. Y así, está comprobadísimo, no se va a ningún lado.

(En Vilaweb, un día después del asunto, siguen con la cancioncita. En el Ara se limitan a citar a Vilaweb. Ni en La Vanguardia ni en El Punt dicen nada).
Si a mi gato le rascas detrás de la oreja, él levanta la pata de atrás y hace el gesto de rascarse. Si hablas con Marina Espasa de escribir, ella teclea con los dedos en el aire. Si al Carrete de Málaga le dices 'tangos', él te hace el ritmo con los nudillos encima de la mesa y debajo, con los pies. Si le haces pensar, Abel Cutillas se peina una ceja con la punta de los dedos. Si a mi hermano le preguntas si ha visto el encierro, te habla de él con el puño apretado como si llevara un periódico enrollado.

A la gente (y no tan gente) se le notan las pasiones en las manos. A algunos hasta en los pies.

Y yo aún no sé qué hago ni, lo que es más terrible, cuándo lo hago, coño.
Estaba leyendo cómo media familia del abuelo de Sagarra moría de cólera fulminante en su torre de Sarrià (nueve ataúdes, entre grandes y pequeños, salieron de la torre ese día), cuando la Kika ha subido al sofá, me ha dado un par de mordisquitos en la mano y se ha tumbado a mi lado. Me he puesto a acariciarle el lomo y a mirar atentamente cómo cerraba los ojitos y hacía prrrrrr y estiraba las patas de atrás, lo que me ha llevado a pensar en Yoko Ogawa y en las excursiones que organizan los colegios japoneses de niños bien pequeños a observar las flores de los almendros. Ohanami, literalmente 'ver flores', se llaman estas excursiones. Del momento contemplativo ogawiano a su técnica para definir las relaciones de unos personajes con otros por pura oposición de sus cualidades, incluso de sus cualidades meramente físicas, solo ha habido un paso. Y de pensar en esto a concluir que quien busca comunistas para su propia definición (sea en serio o en broma) solo puede tener la cabeza llena de brujas, otro paso más.

Descubrir que alguien con quien pensabas que podrías tener un sano debate está en otra dimensión, además de ser en general muy decepcionante, ha sido más o menos el highlight de lo que ha sido mi semana.

Estoy a punto de ponerme el bikini y enfilar el carril bici dirección playa a darme un baño de normalidad.

divendres, 6 de juliol de 2012

Dietario de la tienda. Día 4

Hay los clientes que te tratan bien, los que te instrumentalizan (nena, tráeme esto; nena, tráeme lo otro: estos te hacen, básicamente, hacer tu trabajo. Te puede sentar mejor o peor dependiendo de las ganas que tengas y de su grado de exigencia pero, en el fondo, ni bien ni mal, todo correcto) y los que te tratan mal.

Y luego están los bipolares.

Hoy ha pasado por la tienda una bipolar. Y luego ha llamado por teléfono.

Ha pasado por la tienda y ha montado un diosescristo porque no teníamos LA camisa que le gustaba, que era una camisa absolutamente normal, en LA talla de su marido, que era una talla absolutamente normal. Lo absolutamente normal en rebajas es que las camisas absolutamente normales en las tallas absolutamente normales se agoten a la primera de cambio porque la gente es absolutamente normal dentro de lo especialitos que son todos. ZZZZZZZZZ... Lo especialito de esta señora absolutamente normal era su resorte flojo en el momento de ponerse a poner el grito en el cielo: de repente ella ha entrado en cólera y nos ha gritado que éramos una panda de incompetentes por no tener esa camisa, y que no creía ella que estuviera pidiendo nada del otro mundo. Se ha ido solo cuando, tras haber llamado a la otra tienda, la que hay en el centro comercial, para comprobar que también de allá habían volado aquellas camisas, le hemos prometido que cuando llegara el jefe, le diríamos que llamara al almacén para ver si allí quedaba alguna.

Ha venido el jefe. Ha llamado al almacén. En el almacén tampoco les quedaban. Le hemos llamado, se lo hemos explicado y nos ha contestado que muchas gracias, que le habíamos tratado muy bien y que lo tendría en cuenta en sus próximas expediciones de caza de camisas ordinarias.

Manoli ha colgado el teléfono alucinada. La Patri y yo habíamos estado mirándole desde detrás del mostrador, como miran los mocitos de cuadrilla desde la barrera al torero que se enfrenta por la tarde al toro que ha corneado a cuatro guiris en el encierro de esa mañana. Nos ha mirado y nos ha dicho: ha estado simpatiquísima. Debe de ser bipolar, he dicho yo, o eso, o acaba de pegar un polvo. La Patri se ha reído.

Ha sido una tarde aburridota, de las que solo los bipolares te dejan alguna historia que contar. Es lo fácil, claro: acabar explicando anecdotillas de gente que se sale patéticamente de lo absolutamente normal que decía antes. Estar tan cero inspirada, inspirada cero hasta el punto de ser incapaz de ver lo fascinante de lo habitual.

Me pasa cuando trabajo por las mañanas en la editorial y por las tardes en la tienda, que todo se me hace mucho más largo y anodino, que acabo volviendo en el tren con ganas de una buena conversación que me salve el día pero con fuerzas solo para llegar a casa, abrir el libro que he cogido esta mañana del despacho y leer:

El ruido más horrible del mundo es el que produce un sombrero de copa al caerse.

E irme a dormir pensado que qué providencial ha acabado resultando que esta mañana nos hayamos puesto a hacer limpieza en el despacho del jefe editor y que uno de los libros de los que quería deshacerse fueran las Greguerías de Gómez de la Serna. Qué fantástico antídoto este libro contra este día del no saber ver más allá de lo estridente.
Te rompes la pierna por tres sitios diferentes y descubres, maravillas del cuerpo humano, que tus huesos sueldan que da gusto y que, en unos meses, estás recuperado. No lo sabrías si no te la hubieras roto. Qué guay.

Las historias de superación cuando la superación es la única opción que uno tiene, me tocan las pelotas. Buscar motivos de alegría en la desgracia, sacar conclusiones positivas de todo, me parece un consuelo para tontos.

Si la pierna no hubiera soldado, la vida nos habría enseñado que podemos apañarnos andando solo con la sana. Si no hubiéramos podido volver a andar, la vida nos habría enseñado que podemos apañarnos en silla de ruedas. ¿Qué quieren que les diga? Prefiero vivir imaginándome que podría hacer todo eso: el empirismo está bien cuando uno se propone empirizar, cuando parte de la decisión de uno de ponerse a prueba. Cuando la cosa te cae encima y lo único que te queda es empirizar, ya me dirán dónde está el mérito: ¿en no morirse? Por esta regla de tres, todo el mundo que muere en el intento, que no supera lo de la pierna rota o cualquier otra desgracia, ¿es un vago, un cobarde, un débil, un humano de categoría inferior? Muy darwiniano todo, sí.

Todo el mundo que no se rompe una pierna, ¿es un ignorante de sus posibilidades y menos fuerte que quien sí? Pues igual, pero por lo menos sigue andando derecho.

Que sí, que vale, que hay que reconocerle un cierto mérito a la gente que, por lo que sea, lo ha tenido más difícil de lo normal. Que un comentario de 'qué fuerte eres', puede que anime en primera instancia pero que, cuando te lo han repetido tantas veces, acaba cansando. Yo misma recuerdo que, durante un tiempo, cuando aún me decían cosas como '¿ves? ahora sabes que puedes apañártelas sola', pensaba: 'vale, muy bien, ya lo sé, lección aprendida, vaya cosa, ahora quiero volver a lo de antes'. Y me acababa frustrando aún más.

Todos los veranos, cuando le decía a mi madre que iba justa de pasta porque, durante unos meses, no cobrábamos en el trabajo, ella me decía: 'Puedes volver a vivir a casa cuando quieras, ¿no te tranquiliza eso?' Le acabé respondiendo un día que sí, que me tranquilizaba igual que saber que ella tenía dos riñones y, si llegaba el caso, me podría donar uno. No comparaba el volver a vivir a casa con el que se me atrofiara un riñón y necesitara un transplante, no me entiendan mal, era simplemente que ponía los casos extremos al mismo nivel, y una desgracia -sea no poder mantenerse uno económicamente, sea estar al borde de la diálisis- es una desgracia y punto, por mucho que uno tenga la solución a la vuelta de la esquina.

Ay, no sé, es que he vuelto a empezar el día leyendo el Ara y el mensaje este constante de superación y de querer es poder me toca las pelotas, ya lo he dicho al principio.

dijous, 5 de juliol de 2012

Pedrals es la hostia.
Ya está, ya lo he dicho.
Es que van Ester, Miquel y Marc y lo plantan de cabeza de cartel de la Nit Labreu. De cabeza de cartel digo por lo del horario nada más, porque de cabezas andaba lleno ese cartel desde el principio, desde Tomàs Arias, que, rumoreaban después de su lectura, no había tenido su noche más fina. ¿Que no había tenido su noche más fina? Lo que sea, pero subió Burián con la trompeta a marcar el cambio de turno y nos pilló a todos ya dentro: Arias sirvió para calentar, para hacernos fijar la vista en el escenario del que ya no la apartaríamos más que para saludar aquí y allá; caras conocidas y caras por conocer; qué gran punto de encuentro fue ayer el Ateneu.

Luego Sito Subirats. Le he visto tantas veces hacer eso... Ahora viene la jota, y Sito la canta, y yo pienso que, con una cerveza más, le contestaría, pero no es el momento ni el sitio; esto no es la cocina de un bar de la calle Robadors, que esto es el Ateneu, que esto es más que un experimento que está saliendo bien y que mis jotas no pasan de gaseosa desbravada.

Y Burián con la trompeta, otra vez. Y Miquel cantando el siguiente nombre.

Y Núria Miret, dejando un momento el pincel para hacer la Nin un rato. Y Burián. Y Max Besora haciéndonos querer a todos quedarnos en Sant Pancraci mientras erupciona la montaña que es volcán, y ella, la amiga, que es galaxia, es mundo y es todo. Y Burián que es trompeta. E Ignasi Pàmies declamando Dürrenmatt en alemán. Y la Martínez Vernis traduciéndoselo, creciéndose, gesticulando y abriendo mucho los ojos. Y Burián callado (¡qué raro que Burián esté callado y solo sople!) Y Nopca recitando narrativa talentosa por las calles de Lisboa. Y la trompeta otra vez. Y Pedrals.

Qué grande es Pedrals.
Pedrals es la HOSTIA, ya lo he vuelto a decir.

Además de todo esto que acabo de contar, a medio recital, se acabaron las Estrellas en el bar del Ateneu. ¿Les parece esto poca evidencia de que noches como esta tienen que volver a celebrarse y volver a celebrarse y volver a celebrarse hasta que esa santa casa aprenda prever llenazos e incluso se acostumbre a ellos?

Bravo por el catálogo de Labreu: això és patrimoni, hostia!

Y bravo por Dedéu y bravo por la Punsoda. Ya está, ya lo he dicho también. Que les den las llaves del jardín. Que les den potestad para llenar las neveras. Que les den permiso para que todas las noches sean noches Labreu o lo que ellos quieran que sean, claro que sí. Vengan las trompetas al jardín de l'Ateneu.
¡Qué gusto cuando pillas una racha de aquellas en las que solo te entran por los ojos y las orejas cosas buenas!

Para muestra, botones (3)

1.
Nit Labreu (al jardí de l'Ateneu).

2. 

y 3. 'Los huerfanitos', de Azcona, perdón, Santiago Lorenzo. (Es todo lo que dice Marcos Ordóñez palabra por palabra).

dimarts, 3 de juliol de 2012

Yo quería que me tocara la noche en el monestir de Sant Benet que sorteaban entre los participantes en el concurso escoja usted el título de la nueva novela de Martí Gironell entre estos tres que les damos a elegir, pero no me ha tocado.

Quería que me tocara por puritica maldad, para luego contar aquí que me parece una cutrada como una casa que un escritor se preste a que un grupo de gente que no ha leído la novela elija por él el título de esta. Me parece una cutrada al nivel de la del periodista que el día antes de entrevistar a alguien pregunta a los lectores de su diario o a los espectadores u oyentes de su programa qué quieren que le pregunte. Es como si un banderillero preguntara por twitter a sus seguidores cuántos pares de banderillas quieren que le meta al tercer toro de la corrida de esta tarde; como si un taxista preguntara a los oyentes de RadioTaxi cuántos euros quieren que les clave a los turistas que coja en la siguiente carrera.

No me ha tocado y lo he escrito igual, pero no sé qué me da que lo habría escrito muuuucho más a gusto mientras pasaba el fin de semana inspirándome entre monjos. Es pura maldad, ya lo sé, pero bueno, Gironell también podría haber escrito la novela desde su casita, ¿no? Podría incluso haberle puesto el título él mismo.
Dietario de la tienda. Día 3

He vuelto a hacer una cosa que se supone que no debería hacer o, más bien, que nadie espera que haga. Manías mías: si hay letras, me pongo a leerlas sin contar que a veces hay letras que están ahí puestas contando con que nadie va a pararse a ver qué dicen. Es el caso de las camisetas estampadas que tenemos en la tienda.

National Reserve Project
Fari Tour and Wildli... esto está cortado.

O esta otra:

To the highest standards
Replacement part downpipe manifold
Manufactured for tough we... se corta aquí también.

¿Y esta?

Human rights to live in their native habitat.
No death should be allowed and unpunished.

Es el mensaje de un sheriff chungo defensor de los derechos humanos de los nativos de cualquier lado.

Nadie lee el texto de este tipo de camisetas. Las letras están ahí puestas a modo de... no sé, estampado al que nadie -más que yo, en un rato que no entran clientes- se va a poner buscarle significado. Ni siquiera la persona que se la compra. Nadie pregunta: ¿Esta del tour del Fari, la tenéis con cuello de pico? O ¿tenéis una talla más de la de la prohibición de la muerte? Todo el mundo las pide por colores: ¿No la tenéis en verde? ¿No la tenéis en rojo? Luego salen contentos de la tienda porque ya tienen camiseta para combinar con los pantalones caqui, pero para nada dispuestos a pasear orgullosos un mensaje que diga que son personas con standards elevadísimos... porque nadie, en la calle, igual que ellos no lo han hecho, se va a poner a leer el mensaje de la camiseta.

En mis sueños más perversos, soy diseñadora de este tipo de camisetas: me dedico a imprimir mensajes de contenido políticamente incorrecto, escritos con tipografías más o menos agresivas, sobre fondos de skylines difuminados de ciudades inventadas. A veces, incluso me atrevo a meter un escudo militar de alguna potencia atómica entrelazado con las letras y con una de las antenas de comunicaciones de alguno de los edificios del fondo. En alguna, meto incluso el perfil de Stalin de forma que solo se pueda intuir cuando uno lleva mirando la camiseta fijamente sin interrupción durante un minuto, cosa que nadie, nadie, se molestará en hacer.

Si veo que el conjunto me ha quedado demasiado evidente, cojo un símbolo de la paz y lo estampo en grande y a todo color: eso anula, en apariencia, el resto del mensaje.

Yendo un paso más allá, en mis sueños con delirios de destrucción masiva, lo que pasa es que, a fuerza de llevar puestas las camisetas, la gente acaba inconscientemente interiorizando el mensaje para acabar actuando a su dictado. Si la llevan durante una temporada, al final de esta, los que han llevado el mismo modelo empiezan a buscarse entre ellos. Empiezan, con extraña elevada frecuencia, a darse comentarios del tipo: anda, qué casualidad, tenemos la misma camiseta, entre gente que no se conoce de nada. La temporada termina, se saca la ropa de invierno, y la cosa no va a más.

En la segunda temporada, los cocamiseteros empiezan a encontrarse con casual y extraña habitualidad. Y se ponen a hablar entre ellos con sorprendente confianza.

En la tercera, empiezan a sentirse grupo exclusivo y a desarrollar una fuerte animadversión hacia quienes no están en su bando, quienes no llevan su camiseta. Acaban organizándose en paraejércitos; el uniforme ya lo tienen.

Por esta mecánica de los acontecimientos, las camisetas de H&M, por ejemplo, no van a ningún lado: ninguna dura más de una temporada. Las de Macson, en cambio, pensadas para durar años y años, son peligrosísimas y prometen un futuro de caos, de encarizadas guerras entre fans del Fari y defensores del alto standard en cualquier aspecto.

La de los radicales antimuerte es la más peligrosa: acaban aspirando al infierno de la última temporada de Torchwood; acaban diseñando instrumentos de tortura pensados para hacer el mayor daño posible a sabiendas de que nadie, nadie, puede llegar a morir. Que se la juegan si eso pasa, que acabarían siendo ellos los torturados, los castigados, si en alguna ocasión la cosa se les fuera de las manos.

Entonces me despierto, vuelvo a la tienda, y miro atentamente a quien se detiene delante del burro de las camisetas y distraídamente pasa el dedo por las perchas intentando decidir qué color se quiere llevar.
El color. Eso es lo que ellos se piensan, inocentemente, que están decidiendo.

dilluns, 2 de juliol de 2012

De escudarse en minusvalías propias:

Trencadisses
(Salvador Sostres)
 
Algú em pregunta què em va passar amb l’E. si érem tan amics i l’altre dia el Lluís em va preguntar si encara érem amics amb en J. i que per què no anàvem a dinar plegats un dia d’aquests. Dissabte vaig veure passar un amic que mai no m’hagués pensat que ho deixaria de ser. Em sap un greu espantós, em sap realment molt greu. De vegades els grans afectes se’m desfan. Alguna baralla provoca alguna trencadissa dins meu, de vegades és la decepció, de vegades sóc jo quin no estic a l’alçada de les circumstàncies i que en lloc de donar la cara m’amago o me’n vaig.

Només l’amor ens salva i la generositat és el resum de tots els sentiments. Ho sé i ho he pogut constatar en cada experiència positiva i negativa, en cada benvinguda i en cada comiat. Malgrat tot, la bèstia juga també el seu paper, la bèstia cega i incontestable que arriba sempre per sorpresa, fa el seu escampall i després se’n va sense dir res, i sense deixar res dempeus al seu voltant.

Fins i tot en els casos més flagrants, fins i tot en els casos dels amics que m’han decebut, m’han enganyat o fins i tot m’han estafat, m’entristeix que arribi el final, i que arribi de la mà de la bèstia. No sé marxar de cap altra manera, potser en proporció amb què tampoc sé estimar moderadament. Algunes vegades algú m’ho retreu. Jo m’ho retrec sempre, però no sabria com fer-ho millor.

És tanta la ira, és tant el dolor quan els grans afectes es desfan, quan les decepcions arriben, quan pel que sigui hi ha alguna trencadissa, que no tinc cap control racional ni contemporitzador i tot el que sé i puc fer és seure i escriure el que ha passat, cridant al text el que no sé com cridar a la vida. Hi ha qui diu que és perillós ser amic meu. No podria assegurar-t’ho. Potser sí que sigui un mal negoci.

Voldria no haver escrit algunes coses que he escrit sobre alguns que foren amics meus. Totes elles eren veritat, però m’hauria estimat més no escriure-les, perquè hi ha un passat que també és meu, i on vaig ser feliç, que s’ensorra en els articles més salvatges. També és veritat que aquesta ràbia és només el rebot de la incondicionalitat amb què vaig estimar-te, i que al capdavall mai no ens interessaren ni les aigües tèbies ni els camins del mig.  


... que siempre me ha parecido de una jeta supina.

diumenge, 1 de juliol de 2012

Dietario de la tienda. Día 2.

La Patri: Yo quiero tener cuatro hijos.
Ahora es Manoli, la otra dependienta, que tiene dos, quien me mira con cara de buf.
Yo: Tú primero acaba de hacer botellones y luego ya verás lo que haces.

Acaban de salir de la tienda tres señoras. Una ha entrado hasta el fondo, las otras dos se han quedado al lado de la caja.
Señora 1: Pero Marisa desafina, ¿no?
Señora 2: Sí, pero bueno, sigue el ritmo, no como Carmen, que desafina y no tiene ritmo y se nota muchísimo más.
Señora 1: Es verdad. ¿Y has visto cómo los críos de su coro desafinan igual que ella?
Señora 2: Pues claro, les enseña a cantar desafinando...
Vuelve la señora desde el fondo. Que solo tienen de caballero, les dice a sus dos amigas. Se van.

Salgo a fumar.
Un señor que pasa por la calle: Mireia, ¡¡¡¡STOP!!!!
Una niña de unos tres años, rubia, con ricitos y un vestido monísimo que va corriendo se para en seco. El padre la alcanza. Se agacha. Le mira muy serio: ¿Qué he dicho? ¡Stop! ¡Stop!, he dicho ¡stop! La próxima vez que diga ¡stop! si no haces ¡stop!, nos vamos a casa. ¿Lo has entendido?
La niña asiente con la cabeza.
Ante tal despliegue de supernannismo aplicado, me quedo pensando que, si todo va según el guión, la niña volverá a correr, el padre volverá a gritar ¡stop!, se irán inmediatamente a casa y el padre le acompañará directamente al rincón de pensar. Castigar a los niños enviándoles a pensar. Pensar como estímulo negativo, como el peor de los castigos. Pensar como sustituto del bofetón. Educar a los niños en la creencia de que pensar es una cosa que solo se hace obligado, si te portas mal.
El deseo lógico de Mireia cuando tenga doce años y empiece a rebelarse adolescentemente contra la autoridad paterna no podrá ser otro que: Tengo ganas de ser mayor para hacer lo que me dé la gana y no tener que volver a pensar nunca más. #usfelicitopares

Vuelvo a entrar en la tienda. Manoli y la Patri siguen dándole vueltas a lo de los cuatro hijos que dice que quiere tener la Patri.
Manoli: Dices eso porque no tienes ninguno. Uno solo ya es mucho trabajo, aunque te salga bueno. Dos es la locura. Cuatro... no me lo quiero ni imaginar.

Cuatro hijos. Cuatro niños alumnos de la clase de canto de Carmen. Un coro entero de niños desafinando al unísono, convencidos de que tiene que sonar así, que solo paran si les gritas ¡stop! y que, si no lo hacen, acabarán desarrollando un rechazo infinito a la simple idea de ponerse a pensar.
Dietario de la tienda. Día 1

La Patri.

-¿Cuántos años tienes, Patri?
-Veinte.
-¡¡Madredediós!! ¿Cuántos años tiene tu madre?- Estoy un poco obsesionada con la edad de las madres de la gente desde que me enteré de que la de Luna Miguel es de mi quinta.
-Cincuenta y siete. Dice que quería disfrutar de la vida,
-Joder, menos mal. ¿Cuánto llevas trabajando en la tienda?
-En esta, un mes. En Macson, desde hace mogollón: un año. He pasado por todas las tiendas de Barcelona, bueno, me faltan las del lado de L'Hospitalet. Y en todas he sido la más pequeña. Está bien porque me miman.
-Pues ahora vas y desdoblas todas esas camisas y las vuelves a doblar.
-Jaja.
-Jaja.

Sigo a lo mío en la caja mientras ella, en la mesa de al lado, dobla y desdobla camisetas.
Miro.
Me está mirando.
-¿Tú en qué trabajas?
-En una editorial, por las mañanas.
-Qué guay.
Vuelvo a lo mío. Ella sigue doblando.

Miro.
Me está mirando.
-¿Qué estudiaste?
-Periodismo.
Vuelvo lo mío. Ella sigue doblando.

Miro.
Me está mirando.
-¿Dónde?
-En Pamplona.
Vuelvo a lo mío. Ella sigue doblando.

Miro.
Me está mirando.
-Pero la universidad de Pamplona...
-Es del Opus, sí.
-Mi ex era del Opus.
-Qué horror.
-Bueno, su familia.
-Pues hiciste muy bien en quitártelo de encima.

Antes me había contado que su ex le había dejado de malas maneras, que unos días después se presentó en la tienda en la que trabajaba entonces y ella, nada más verle, se había puesto a llorar. Que su jefa le vió y le dijo al tío: vete, que la Patri está trabajando. Y ella siguió llorando un rato. Luego fue y se hizo un tatuaje. Este. Me enseña la muñeca, se aparta el apósito de plástico -Tu hermano me dice que me envuelvo los tatuajes como si fueran bocadillos de chorizo, ¡jaja!- y me enseña una letra china. Le pregunto qué quiere decir y me dice: Fuerza, porque tía, me dejó fatal.
-Pero ¿cuándo te dejó? ¿Antesdeayer?
-No, hace mogollón: en diciembre. Lo llevo tapado porque la semana pasada me lo repasé aprovechando que fui a hacerme este otro -se baja la cinturilla del pantalón, y me enseña una frase entera en árabe- y este -levanta el pie y me enseña una cruz pequeñita en el talón-. Este -me dice señalando la minúscula cruz- me dolió mogollón. El que más-.
-Ha sido una cruz hacerse ese- bromeo.
-Ya te digo -me responde superseria.

Un señor sale del probador con una camisa a medio abrochar. La señora, mientras se la acaba de arreglar, le dice: pruébate también esta otra. El señor le mira fijamente a la cara, ni siquiera se molesta en bajar a la vista a la camisa, y con media sonrisa irónica le contesta: ¿Tengo que ni siquiera contestarte a eso? La señora, mirando al suelo, deja la camisa en la mesa.
Miro a la Patri. Me mira y levanta las cejas con cara de buf. Muevo los labios diciendo: imbécil.
-Sí- contesta ella en voz alta -no hay otra palabra. ¿Qué?- dirigiéndose jovialmente a ellos -¿le va bien?

La Patri: Lleva un tatuaje en chino, otro en árabe y una cruz. Hacerse la cruz fue una cruz y diciembre fue hace mogollón. Un día vino a la tienda con una botella de ron porque luego se iba de botellón. Y mañana, media hora antes de salir, se va a quitar la camiseta negra y se va a poner la de la selección española, la falsa, la que le regalaron sus tíos, porque ha quedado con un amigo (que llevará la camiseta de Casillas) para ver el partido. Es superfutbolera (se ha visto todos los partidos de la Eurocopa) porque desde que era pequeña, en su casa, tenían el plus. Y si yo no lo soy es porque en mi casa no lo teníamos y no estoy acostumbrada, me ha dicho toda convencida para aclararme de una vez por todas cómo es que a mí no me gusta el fútbol. Le queda un año más una asignatura que tiene colgada de empresariales, aunque quería haber estudiado periodismo, y va al cine dos veces por semana, a ver qué va a hacer si están todos de exámenes y no pueden salir. Es de Barberà.
-Yo no he estado nunca en Barberà.
-Pues tampoco hay nada que ver allá.

Un, dos, tres: todo el mundo a adorar a la Patri. Yo ya lo hago.