diumenge, 22 de maig de 2011

Hay que ver a Carrete (cuantas más veces mejor) para entender que el mejor baile no es el del bailaor que se lo mete todo para adentro sino el del que, como él, se lo sacude de encima en un acto de generosidad inigualable, olvidándose de que es él quien baila y dejando de ser José y pasando a ser baile; baile del que salpica a cada giro de cabeza, del que se expande y, de tanto expandirse, se convierte en filosofía y te deja volviendo a casa, a la una de la madrugada, haciendo proyecciones tremendas desde el baile, o desde lo que sea que hace ese monstruo, hasta la pura vida, que tampoco es vida si es para adentro sino que sólo puede ser vida si te la sacudes de encima en un acto de generosidad inigualable.