dimecres, 2 de febrer de 2011

Desde que voy pillada de tiempo, he tenido que hacer limpieza en mi lista de blogs y webs de consulta diaria y me acabo de dar cuenta de que he eliminado las visitas a unos cuantos sitios regidos por gente siniestra. Siniestra para mí: por la elevada siniestralidad que me provocaban en el ánimo, más que nada lo digo, o sea vuelvo a hablar desde la más pura subjetividad. Toda esta gente, puede que sean las más bellas personas sobre la faz de la tierra, pero mira por dónde a mí me agriaban la leche del café cada mañana. El caso es que volvía y volvía a ellos, así como para matar el rato y tener discusiones mentales conmigo misma, incluso con ellos mismos, que se evaporaban inmediatamente después de pasar por la ducha. (Nota mental: reflexionar sobre la ducha como sitio en el que recuperar el equilibrio emocional: empezar por ejemplo preguntándome si no me ha contagiado un poco esto la prota de "Primavera, estiu, etcètera", de Marta Rojals).

Pero no crean que con esto he acabado con las discusiones mentales mías: ahora me discuto por qué me empeñaba en visitar aquellos sitios si tan perniciosos eran para mi personita. Y no lo sé. No llego a ninguna conclusión, la verdad. Además, no tengo tiempo para esto tampoco. Voy a darme una ducha.
Escribir, ¿para qué?
Bueno, tampoco creo que las urracas sepan para qué recogen cosas brillantes.

(Hostia, esta respuesta es muy buena para muchas preguntas)