dimecres, 30 de novembre de 2011

Hay un hagstag que rula desde ayer (toma statement): #abansdesermare. Es divertido cuando las cosas que se dicen son cosas formuladas como negación: "no tenia la banyera plena de cotxets i juguines", por ejemplo, porque todo el mundo sabe que es divertidísimo correr el riesgo de desnucarse por haber pisado un coche al entrar en la bañera. En cambio, hay algunas afirmativas, que ponen los pelos de punta: "el món acabava al meu malic".

No es la primera vez que oigo a alguien que acaba de ser madre decir que no tenía ni idea de qué era amar antes de serlo. Recuerdo una vez que una compañera de trabajo acabada de parir vino a la oficina y soltó algo así como "es que es muy fuerte, es que de repente dejas de pensar en ti y te preocupas por otro", frase que más que dejarme a mí pensando "oh, esta tía ahora es una persona mejor", me dejó pensando "joder, qué chunga es esta tía y que poco le preocupa ir diciéndolo por ahí en voz alta".

Que hay gente incapaz de querer desinteresadamente, incapaz de experimentar un mínimo nivel de empatía, ya lo sabemos. Lo grave es que esta gente, por lo general, como bien lo dejan claro en el mismo momento en el que tienen un crío, identifica el amor con no enfadarse porque alguien que tiene hambre le despierte a las tres de la madrugada. Y les alucina ser capaces de hacer algo así: levantarse a calentar el biberón aunque les joda todas las noches y aún así ir soltando mientras lo hacen palabras cariñosas, "ya está, ya está, mi amor, ya vengo", y les hace sentirse buenas personas el tener bajo su responsabilidad un ser cuya vida depende de ellos y que pasen los meses y que ese ser siga vivo. Joder, ¿que no ven que eso no es amor sino responsabilidad? ¿No ven que eso es haber estado haciendo las cosas muy mal hasta ahora y empezar ahora a hacerlas bien porque no tienen otro remedio? ¿No ven que querer a los hijos es algo que no se puede escatimar si uno no quiere meterse en un buen lío?

Yo considero que tiene bastante más de mérito olvidarse de uno por preocuparse por otro cuya vida no depende de ti, pero que sí que tú puedes hacer un poquito mejor. Creo que el 'heroísmo' del amor, si lo hubiere, no se construye a base de heroicidades de madre: creo que tiene más de desinteresado y de ser mejor persona el amar al vecino, al suegro o a la amiga que llama porque está mal cuando tú estás peor todavía.

Yo, esto de dejar de mirarse al ombligo solo cuando una es madre, lo veo más como un defecto, como una deficiencia de la vida sin descendencia que como un logro de la vida con. Ahora eres persona pero hasta ahora no lo has sido. Qué mal lo estabas haciendo, tía, qué mal.

dimarts, 29 de novembre de 2011

dilluns, 28 de novembre de 2011

Mi hermana es endocrino, especializada en gigantismo. Bien, no es gigantismo el nombre técnico de la cosa, es yo qué sé qué de hormonas con nombre de letras y números y otros términos acabados en isis y en ismo y en ón, pero vaya, como gigantismo, ¿no?, le dije yo cuando me lo contó; sí, más o menos, dijo ella, pero no solo de gigantes entendido como ser más alto de lo normal, sino también de tamaño de distintas partes del cuerpo, de ciertos órganos, por ejemplo. O sea, mi hermana estudia por qué pasa y cómo evitar que ciertas partes del cuerpo crezcan más de lo normal: cómo evitar que alguien tenga un corazón demasiado grande como para que pueda latir con normalidad dentro del pecho, que si no puede hacerlo es muerte asegurada. Así de importante es la especialidad de mi hermana.

Lo que no sé es cómo se determina eso del gigantismo exactamente. Seguro que hay unos indicadores de las hormonas del crecimiento que hacen saltar todas las alarmas y hacen que mi hermana coja una jeringa y salte sobre ti para poner freno a tal amenaza de desbordamiento antes de que sea demasiado tarde, ella tiene sus máquinas y puede ordenar sus analíticas y esperar a que le lleguen unos informes llenos de numeritos y de topes por arriba y por abajo que no deben sobrepasarse bajo ningún concepto. Lo que está claro es que, para la mayoría de los casos, más no es mejor, y unos pulmones que te sirven para ganar seis tours seguidos, puede que te acaben llevando también a pincharte hormonas semana sí, semana no para evitar que sigan creciendo, una vez que más empieza a convertirse en demasiado y, así, ya ven qué ocurre cuando algo bueno se convierte en buenísimo y acaba siendo antinatural: el desastre.

Todo esto viene a cuento de los comentarios de la entrada anterior. Quien comenta era un amigo que tenía la manía de diagnosticarme exceso de bondad. Yo tenía la manía de decirle que eso no existía, que demasiado bueno no podía ser, pero hace un rato, me ha vuelto a hacer pensar en ello y por primera vez he pensado que sí que puede ser: que demasiado bueno sería la anormalidad que haría saltar a mi hermana a ponerse los guantes de látex hipoalergénicos y a buscar la inyección de hormonas, el desfibrilador y todo lo que hiciera falta para eliminar, frenar o reducir tal monstruosidad.

Un día este amigo me dijo que era feliz. Yo le dije (y no lo dije porque sí o por hacerme la dramática: lo dije porque empezaba a conocerlo bien): por eso no podemos ser novios, no podrías soportar tanta felicidad. Sí, me dijo. Yo lo entendí todo en ese momento -no hacían falta motivos ulteriores, aunque también me los dio- y me retiré. No podía quedarme. Ni él me me habría permitido hacerle esa putada ni yo quería hacérsela a él.

Lo que todavía no he aclarado, porque aquí sí que no hay indicadores objetivos sino que todo es relativo, es si yo soy el pulmón hiperdesarrollado o si él es la caja torácica atrofiada, pero en el fondo no importa: no encajamos y ya está. Empeñarse sería un suicidio como una catedral.

(Miento en esto último: sí que tengo claro quién es qué: yo no soy tan buena como para no caber y aquellos motivos ulteriores dijeron bastante la última palabra al respecto).
(Por cierto, no tengo ni idea de si quien gana seis tours acaba inyectándose nada, ¿eh?).
Pasa que cuando rajas del pueblo te daría en la boca con la primera cosa que tuviera a mano. Cuando dices no sé qué de haber podido huír de allí, de haber sido tan valiente de haberte venido a vivir a la ciudad, de haber salido de allá y de haberte montado la vida tan bien montada que llevas en aquí, te daría, te daría hasta que callaras, hasta que quisieras volverte allá para quedarte y no volver.

Y te daría bien fuerte porque yo a veces también estoy a punto de hacerlo, esto de rajar del pueblo, pero sé callarme a tiempo porque si vinimos aquí, tanto tú como yo, fue porque sabíamos que aquí era más fácil todo para gente como nosotros, que allí sí que tendríamos que haber empezado por ser otros, por ser más íntegros, por no andar mareando la perdiz, que es lo que nos va a nosotros. Ahora esto, ahora esto otro: allí eso no sirve, allí lo que es es y lo que no no vale, y nosotros no valemos allá.

Es que te daría pero a base de bien.

Ser nosotros habiéndonos quedado allá: eso habría sido lo valiente.
En realidad, los tiempos de infelicidad, aunque tienen mucho de lección contra el orgullo -una ve que siguen pasando las cosas que tienen que pasar: elecciones generales, nuevos miembros en la familia, los cumpleaños que tocan, el frío que llega, las lluvias que pasan-, liberan bastante de esta creencia absurda de que la alegría de los demás es en parte responsabilidad propia.

Sí, tienen algo de descanso, los tiempos de infelicidad: son la única manera de ver que efectivamente la nave va.

diumenge, 27 de novembre de 2011

La cosa no va bien si yo quedo con mi hermana, a quien no veo desde hace meses, y en vez de hablar de su embarazo, de mis sobrinas, de mi madre, de los amigos y de todo y nada, nos pasamos un par de horas hablando de su sueldo, de quirófanos cerrados, de recortes en hospitales y de gente de mala leche.

No. No va bien.

Me contaba que desde siempre, a ella le suben todos los días a la consulta guantes de látex hipoalergénicos, que ella está harta de decirles que no tiene alergia a nada, que le traigan de los normales, que cuestan diez veces menos, y que le responden que los normales se han acabado. Y me explicaba que la Pajín se ha pegado los últimos años aprobando medicamentos de a más de 600 euros que ella tiene prohibido recetar, por la crisis, que receta los más baratos porque luego le hacen revisiones para ver qué ha recetado y qué no, pero que la gente busca en internet y habla con los vecinos y luego le vienen reclamando, que a ver por qué no les receta lo mejor y que a su vecino sí que le han recetado esto y esto otro.

Que lo primero que han hecho ha sido cerrar quirófanos, que a su suegro, que es cirujano en Sant Pau, en Barcelona, por ejemplo, le han dicho que este puente de la Constitución tiene que ir a trabajar pero que los quirófanos van a estar cerrados. Entonces entra en la conversación mi cuñado, que también es médico, para decir: cerrar quirófanos y recortar sueldos. Por lo visto, explica, en el periódico ha salido que un médico cobra 3.000 euros. Está que trina. Dice que su sueldo base es de 1.200 y que luego tiene los complementos, que se consiguen a base de recibir pacientes fuera del horario establecido por contrato, que son los que le ayudan a redondear el sueldo y que son lo que ahora les están recortando, como a su padre cuando no le dejan operar durante un puente, pero que la gente se queda con lo de los 3.000 euros y que les parece lógico que les recorten, claro.

No es normal que nos pasemos dos horas hablando de eso y que luego se despierte mi sobrina, que lleva todo el rato dormida en la silleta, y se enfade conmigo, que hace meses que no la he visto, porque medio dormida, me ha tendido los brazos para que la cogiera pensando que yo era mi hermana, yo la he cogido, ella se ha dado cuenta de que no era su mami, y me ha dicho ¡fea! ¡fea! ¡fea! y se ha ido con mi hermana, que en ese momento concluía que han recortado por donde les ha parecido que más repercusión iba a tener la cosa, para que la gente viera que están haciendo algo, cuando lo que tenían que haber hecho era preguntarles a ellos desde el principio por dónde tenían que recortar para que la cosa, de verdad, supusiera un ahorro para el gasto público. Porque ella no es alérgica a nada y lleva años gastando diez veces más de lo que hacía falta gastar en guantes en contra de su voluntad.

Ahora, además, hablan de quitar en los vuelos el descuento de residentes en Mallorca, así que vete a saber cada cuánto voy a tener la oportunidad de que mi hermana me explique en vivo si sigue no siendo alérgica a nada y de ver cómo mi sobrina se retracta de haberme llamado fea tres veces cuando por fin se da cuenta de que las dos llevamos coletas con las que hacernos cosquillas la una a la otra en estas caras, la mía ya no tan fea y la suya llena de chocolate del helado que me acaba de robar.

La cosa no va nada bien.

dissabte, 26 de novembre de 2011

Hace cuatro días entré en una tienda de Telefónica a pedir que me dieran un móvil nuevo, el que me regalaran, era igual, con el que poder navegar por internet y mirar todo el rato el Twitter mientras dan por la tele los resultados de las elecciones, por ejemplo (o sea, que me tiene que durar dos años como mínimo y ya veremos si para entonces queda tele para ver resultados de elecciones). Y me lo dieron.

Hace cinco días me puse a hacer una funda de ganchillo para el móvil en cuestión.

Hacía mucho que no hacía ganchillo. La primera tarde, me pasé casi dos horas pensando, mientras hacía pasar la lana por aritos y aritos de la misma lana, que no podía entender por qué hacía tanto que no hacía ganchillo, con lo bien que me sentaba tener la cabeza medio pensando en el punto que viene después del anterior y un poco también en temas de la candente realidad del momento pero en slow motion: pensarlos al mismo ritmo que el ganchillo pasa por el aro, uno tras otro, despacito y de repente stop para pensar que te has saltado un punto y pensar solo en eso durante un momento para luego volver a pensar en otro tema de candente realidad. Y de fondo todo el rato el no sé por qué he estado tanto tiempo sin hacer esto, así, en bucle.

La segunda tarde llamé por teléfono a un amigo para quedar con él aquella noche. Me dijo que no podía. Me jodió bastante porque a mí me apetecía mucho quedar con él y él, en cambio, me puso una excusa un poco idiota para no quedar. Me puse a seguir con la funda pero de repente esto del ganchillo tenía una cosa como de plan B a millas de guayedad del plan A. De repente era una cosa frustrante estar ahí tirando del hilo, avanzando tan despacio, pensando joder qué excusa más tonta me ha dado, parándome a ratos para pensar en el punto que me había saltado y volver luego a pensar en aquella excusa y, de paso, en todas las excusas tontas que me habían puesto en toda la vida para no quedar contigo. Solo estuve haciendo ganchillo media hora, esa tarde.

La tercera tarde ya tenía el móvil. Llamó una amiga y la invité a merendar. No hice nada de ganchillo esa tarde en la que el hacer ganchillo pasó a ser una obligación: tenía el móvil, al día siguiente tendría que meterlo en el bolso, con esa pantalla enoooorme y perfecta, sin un rasguño, junto a llaves, bolis y demás objetos rayadores de pantallas de móviles nuevos. Y yo con la funda sin terminar.

La cuarta tarde llegué a casa con el móvil en el bolsillo del abrigo, donde había estado metido todo el día él solo, sin ningún otro objeto chocando contra él y con la pantalla mirando hacia adentro para, al meter la mano, no dejar todos los dedazos marcados en ese cristal tan pulido y tan de fondo negro. Lo que sí que llevaba en el bolso era el libro nuevo de Dovlatov, que me puse a leer en cuanto llegué a casa. Hacer ganchillo fue aquella tarde una cosa que haría si me daba la gana hacer y que no hice porque me daba más la gana leer a Dovlatov: como el móvil iba bien en su bolsillo, hacer la funda ya no era una obligación.

Hoy es la quinta tarde. Mi hermana me ha dicho que me llamará cuando acabe de comer en casa de su suegra. No me ha dicho la hora exacta. Me queda muy poco para acabar la funda y he decidido hacerlo antes de que llame mi hermana. Hacer ganchillo se es hoy en una tarea contrarreloj, una especie de apuesta conmigo misma: a que la acabo antes de que llame. No la voy a acabar porque ya son las seis y pico y me he parado para escribir este post en el que hay un montón de cosas que son mentira, como en todos los post, y un montón de cosas que son verdad.

Que estoy haciendo una funda de ganchillo es verdad, por ejemplo, que tengo móvil nuevo desde hace cuatro días, no.

divendres, 25 de novembre de 2011

Recuerdo que en Sant Joan Despí, cuando nos dijeron que iban a hacer un canal de deportes separado del 33, que quedaría dedicado a la cultura, ejem, a lo que allí se entiende por cultura, todos pensamos: yuju, no más esperar sine hora a que acabe el partido de basket para que empiece el nuestro, el de los libros. También recuerdo que eso abría la puerta a coincidir con el partido de basket, en otro canal, de pleno y que eso quería decir que solo nos estarían viendo como mucho los fieles muy fieles que tenían más de una tele en casa (si no, ganaba el basket, claro) pero que, como mínimo, no estarían mirándonos cabreados y/o muertos de sueño porque se había hecho la hora indecente que se hacía cuando íbamos después del basket.

La cosa es que, estuvieran mirando el basket o estuvieran mirando el programa de libros, la gente que miraba, miraba y escuchaba un canal en catalán.

No digo que no haga falta una reestructuración de tv3 pero ¿eliminando canales? Gimme a break (dóna'm un fre), Artur Mas, nacionalista, independentista según los gritos de sus acòlits de l'altre dia al Majestic, anda.


Va Zulma Reyo, pedagoga de la feminidad (pe-da-go-ga-de-la-fe-mi-ni-dad, sí) y suelta en la contra de hoy de LaVanguardia que el peor enemigo de una mujer es otra mujer; pero que se acabará abriendo paso la mujer interior, la esencia femenina, su modo de percibir el mundo; que las mujeres somos receptáculo, cáliz, vaso, somos hueco, un vacío; y que la mujer interior, se sabe madre de toda la creación, mira a todos como hijos.

Yo voy leyendo todo esto y voy cagándome en el gilipollas que reparte las becas de investigación. Luego llego a la parte en que Zulma Reyo contrapone este tipo de mujer vacía que tiene que aceptarse hueca, a ese otro tipo de mujer que me saca tanto de mis casillas, la que utiliza el sexo para conseguir lo que quiere, y dejo de pensar en el de las becas porque me he metido la cucharilla del café en el ojo y me he atragantado.

A mí, que una señora me diga que las mujeres utilizamos el sexo para conseguir lo que queremos/necesitamos, me suena igual que si un compañero de plantación me hubiera dicho hace 80 años que esto del algodón es nuestra naturaleza, nigga, y que utilicémoslo para conseguir que nos den un sitio para dormir esta noche, brotha.

Y que una señora me diga que somos vasija hueca en la que ir adoptando y amando a gente, cosas y animales, pues primero me toca mucho las pelotas también, por aquello del ser uno con la madregaia y su abuela, que es la madre que la parió; luego lo acabo achacando a que esta señora se ha fumado muchos porros, lo que me lleva de nuevo a volverme a cagar en el gilipollas de las becas.

Es un círculo vicioso que me aboca a la mala leche, esto de los estudios fundados o no sobre la feminidad. Porque, a ver, ¿qué lógica tiene utilizar el sexo para conseguir lo que uno quiere?, a no ser que lo que quiera sea: a) orgasmos, si lo hace por afición, b) dinero, si lo hace por profesión o c) una buena venérea, si lo hace por autolesión. Además, es que no tiene sentido: ¿qué tipo de valor añadido tiene ser mujer y aprovecharse del género cuando el mundo está lleno de mujeres? -que si fuéramos contadas, pues ya sería otra cosa-, o ¿cómo va una a aprovecharse del servicio sexual, entendido como servicio con amor exclusivo como contraprestación, si hoy día el género hombre tiene acceso al servicio sexual de cualquiera y no únicamente al de su señora esposa?

En cuanto a lo de aceptar nuestro vacío y convertirlo en una especie de centro de acogida para huerfanitos del amor de todo el mundo: yo amo a quien me sale amar, ni siquiera me lo planteo, me sale: les cojo cariño a los seres más insospechados: me hace ilusión verlos, me siento bien en su compañía y les daría abrazos todo el rato, pero ¿amor de madre? No gracias. ¿No tener la posibilidad de mandarlos a la mierda y decir ahí te quedas, guapo, guapa, esto no te lo aguanto? Mmm… tampoco.

No sé, debe de ser que tengo la feminidad amordazada, como dice Zulma Reyo al principio de la entrevista: que tengo aún pendiente el aceptar los principios de la feminidad que llevo dentro. 

Ay, ya me he vuelto a cagar en el de las becas.

dijous, 24 de novembre de 2011

Sesiones inventadas #2

Cuando entro y Mar me pregunta ¿qué tal? nunca sé si es un saludo como otro cualquiera o si ya está trabajando.

-¿Qué tal?
-Bien.
-¿Sí?
-Sí, bien,
-...
-Ahora me he metido en un lío y estoy bloqueada.
-¿Qué lío?
-De trabajo. Me han encargado una cosa que no sé si sé hacer, pero les he dicho que sí y, claro, ahora esperan que la haga.
-¿Por qué piensas que no puedes hacerla?
-Porque no la he hecho nunca.
-¿Y por qué te la han encargado?
-Porque ellos creen que sí, porque conozco a gente, tengo amigos, no sé... pasaba por ahí. Mira, cuando este verano me quedé sin trabajo, decidí motármelo por mi cuenta. Tenía algo de pasta ahorrada, calculé los meses que podía ir tirando de eso y pensé que intentaría buscarme trabajillos para alargar el tiempo que podía estar sin buscarme otro curro de oficina.
-¿Cuánto tiempo podías ir tirando?
-Hasta Navidad. Pensé que hacia octubre me pondría a buscar un curro. Pero estamos a noviembre, me han ido saliendo cosas y no me tengo que buscar trabajo aún.
-¿Y cuál es el problema?
-Que no sé cómo lo he hecho.
-Pero ¿cuál era tu plan: vivir por tu cuenta todo el tiempo que puedas o acabar, sí o sí, teniendo que buscarte un trabajo estable?
-Trabajar por mi cuenta y, cuando no pudiera más, buscarme un trabajo estable o ir enlazando trabajitos. Es muy realista: las cosas están difíciles y yo puedo trabajar en lo que sea, no se me caen los anillos.
-Pero de momento no hace falta.
-Pero tampoco he hecho nada especial.
-Crees que tendrías que haber hecho algo más.
-Sí.
-¿Qué?
-Pensaba que a estas alturas estaría agobiada de pasta y no lo estoy, y tampoco he trabajado tantísimo para esto. Hay cosas por las que trabajo mucho más y me acaban saliendo mal. Para esto, en cambio, no he trabajado demasiado y me está saliendo bien.
-Dime una cosa para la que hayas trabajado mucho y te haya salido mal.
-Todo el rollo de las relaciones personales, por ejemplo.
-¿Cuál era tu plan, en cuanto a relaciones personales?
-Bueno, lo típico: hace años si me imaginaba en el futuro, me veía casada y a lo mejor con una familia. Lo típico.
-¿Y con el trabajo, te imaginabas que a estas alturas tendrías uno estable?
-Sí.
-Tú, ahora mismo, te imaginabas con familia y trabajo estable.
-Sí, pues eso, lo típico, ¿no?
-¿Lo típico?
-Bueno, lo que quiere todo el mundo.
-¿Tú lo quieres ahora?
-Bueno, pensaba que sí, que lo tendría.
-¿Pero lo quieres?
-Bueno, no estaría haciendo lo que hago ahora.
-Decías que habías trabajado mucho la cosa de las relaciones personales.
-Sí y ha sido muy frustrante algunas veces.
-¿Por qué?
-Porque me he acabado dando cuenta de que es una cosa que no dependende solo de mí y me he encontrado trabajando sola por algo que implicaba al otro pero que el otro no estaba dispuesto a trabajar conmigo.
-¿En algún caso has encontrado a alguien que quisiera trabajar contigo en esto?
-Si.
-¿Qué pasó?
-Lo dejé.
-¿?
-Bueno, era yo quien no estaba convencida.
-Repasemos: tu objetivo es tener una relación personal y un trabajo estable. Se te da la oportunidad de tener una relación personal estable y la rechazas; se te aparece la oportunidad de poder retrasar el momento de ponerte a buscar un trabajo estable y la aceptas aunque no estás segura de si lo puedes hacer.
-...

dimecres, 23 de novembre de 2011

Sesiones inventadas #1

Una de las primeras cosas que me preguntó Mar fue si dormía bien.
Me lo preguntó así, como muy pregunta de rutina: -¿Duermes bien? ¿Comes bien?
-Sí y sí - respondí yo también bastante mecánicamente -, es cuando mejor duermo, cuando algo me preocupa.
-¿Por qué?
-Porque no te imaginas cómo me va la cabeza durante el día. A las 8 de la tarde estoy reventada.
-¿En qué piensas?
-En todo lo que tengo que hacer.
-¿Y lo haces?
-No. Es que no me entiendes: no pienso una cosa y la hago, pienso otra y la hago: pienso en todo lo que tengo que hacer a la vez: en que tengo que llamar a mi madre, tengo que regar las plantas, fregar los platos, aprovechar más el tiempo en el trabajo, buscarme un novio, no buscarme ningún novio, comprar regalos de Navidad, ser más responsable, darles menos vueltas a las cosas, agobiarme porque no hago nada, no agobiarme tanto por nada...
-Hay cosas contradictorias.
-Sí.
-Y ¿piensas a la vez que tienes que hacerlas?
-Sí.
-¿Piensas que tienes que agobiarte porque no haces nada y que no tienes que agobiarte tanto por nada?
-Sí, pero a la vez. Es imposible que dicho en voz alta suene igual que como lo pienso. Para escribirlo exactamente igual, por ejemplo, tendría que abrir un programa de imagen y escribir todo en capas transparentes diferentes y luego colocarlas una encima de la otra.
-¿Sabes de diseño?
-No, pero me lo imagino.
-¿Siempre haces eso?
-¿Qué?
-Imaginarte las cosas con tanto detalle antes de saber cómo hacerlas.
-Sí.
-Ah.
-¿Ah qué?
-Te imaginas las cosas antes de hacerlas pero no necesariamente con el propósito de hacerlas.
-¿Cómo?
-¿Has hecho alguna vez esto que dices de las capas?
-No.
-Y ahora que te lo has imaginado, ¿crees que podrías hacerlo?
-Sí.
-¿Y lo harías?
-No creo.
-Pero sientes que te lo has quitado de encima, porque mentalmente ya lo has hecho y es una cosa que probablemente no necesitarás hacer nunca.
-Sí.
-Sin embargo, todas esas cosas que imaginas durante el día y que te dejan tan agotada, no desaparecen por imaginarlas, quedan pendientes de hacer por muchas vueltas que les des. Así es imposible que te tranquilice simplemente el pensar que eres capaz de hacerlas. Ahí está la frustración.
-¿Cómo se arregla esto?
-Cómo se arregla, no: ¿cómo lo arreglas tú?


dimarts, 22 de novembre de 2011


Sostres (*) dice hoy que CIU no tenía ni idea de qué estaba haciendo cuando el pasado domingo dio por el culo al PSC.

(*)Sostres es de esas personas que un día encuentran a alguien que, por una de esas parafilias de la vida, quiere follar con ellos y, en vez de disfrutar y dar muchas gracias a Dios por el tan improbable momento, se lo archivan en la memoria para usarlo luego para escribir las cosas más feas del mundo.

divendres, 18 de novembre de 2011

Los pelos de punta del repelús, se me han puesto con las dos primeras imágenes (las dos cenas) que describe este artículo. Cambien Mas y Rubalcaba por Berlusconi y por Gadafi y verán cómo aunque automáticamente cambia la pinta de las señoras que se habían imaginado en primer lugar, la cosa les sigue produciendo el mismo repelús.

Tienen estas imágenes un no sé qué de "Jesulín torea para tres mil mujeres en la Maestranza", que uno ve sujetadores volar automáticamente. Uno también ve cincuentonas de peluquería y traje chaqueta gritando "¡guapoooo!", como si les fuera la vida en ello. También puede imaginarse uno señoras de metro y medio de alto colgándose del cuello del candidato, torciéndole la corbata, haciéndole inclinarse para plantarle un besazo pintor de carmín en la mejilla, y la sonrisa forzada y el juego de cervicales del susodicho ejerciendo fuerza en el sentido o puesto de la que ejercen los brazos de la fan desatada, para no perder el equilibrio y no caer con ella rodando por el suelo, cosa que provocaría inmediatamente una avalancha de cuerpos y manos haciendo ver que van ayudar pero con la intención primera mal disimulada de tocar chicha.

El candidato muere aplastado bajo el peso de trescientas señoras enfervorecidas. Se han reportado ciento cincuenta cardados echados a perder, cincuenta pares de medias rotas y una cadera fracturada de una votante octogenaria venida para la ocasión directamente de Fresnedilla del Campo. Pero qué felices todas, tú.

Pero bueno, el dato importante no es ese: el dato importante es que a Mas le organizaron una con 1.000 y en cambio, la de Rubalcaba fue solo de 150. ¿Quién es más macho, eh, quién? Bueno, bueno, no se dejen engañar: la de Mas fue hace tiempo, cuando no había crisis y en tiempos de campaña se comía caliente todos los días.

Sean 1.000, sean 150, da igual de cosica imaginarse a las señoras arreglándose en casa antes de salir para la cena: han dormido mal esa noche, así, por los nervietes; llevan una semana pensando qué se van a poner, haciendo bromas con las amigas, sonriéndose nerviositas por los comentarios socarrones del marido y los cuñaos, quedando con la vecina para ir juntas, que solas les da vergüenza y, lo peor de todo, creyéndose importantes y jóvenes y guapas: igualico igualico que el efecto de la cena de Navidad de la empresa en el contable que nunca sale, que le tiene el ojo echado a la secretaria y que otra vez, como el año pasado, el anterior y el anterior, va a acabar trincándose una botella de vino entera él solo durante la cena y vomitando, en el lavabo y no directamente encima de la secretaria, con un poco de suerte, antes de que le traigan los postres.

Qué felicidad más tonta, qué manera más ruin de conseguir votos a costa del sentimiento de pertenencia al grupo, a costa de repartir solo un poquito de eso: de mimitos de campaña.

dijous, 17 de novembre de 2011

Así que, repasando, que hoy es un buen día para repasar, están las cosas que me han hecho hacer crac pero que también me han llevado un poco hasta mi nueva vida, claro, y que son:

-Navona, Caldwell, Dickens, James, Sinclair, los putos mandalas, cuadernos de ejercicios...
-L'hora del lector.
-Blackie.
-Miquel, Dovlatov, el Todonet.
-Susana y Luri meeting Susana.
-Abel.
-El Martinet :)
-Joana.
-La Guardiola, la Palillus&co., apareciendo.

Y los que están siempre, que me hacen de colchón en los cracs: Antonio, Gemma, Javier, Jordi, Gabi, Susana, Jaume, Xavi, Ferran, Xavi, Víctor, Nuria, Óscar, la Panti, Natxo, Aurora, Pau y Aina y Maria, que no se enteran de nada aún, estas dos últimas.

Y todo, todo lo confesaré sabiendo que lo puedo hacer mucho peor, claro.

(Joder, vaya créditos trufaditos de héroes y villanos y héroes que a veces son villanos y alrevés, de la peli de este último año, me ha quedao!).

dimecres, 16 de novembre de 2011

Hablo con una amiga de lo fatal que estoy últimamente, que estoy así como enclenque y ploramiques, y primero me dice: ya lo veo por el firstswimming, que es una cosa que me toca las narices porque me empeño y me empeño en disimular por aquí, pero no me sale y se me cuelan cosas y esto, que tenía que ser un jardín de la mala leche y el cinismo y el escepticismo y todos los ismos, me queda hecho un pastizal del ay ay ay pobrecita yo.

Y segundo me dice: escribe, tía, escribe! Y me lo dice así como consejo anti tristezas, pero eso es precisamente lo que estoy reprimiendo porque, cuando estoy en este plan, se me cuelan cosas y esto, que tenía que ser un jardín de la mala leche y el cinismo y el escepticismo y todos los ismos, me queda hecho un pastizal del ay ay ay pobrecita yo.

Y me escribo encima y me reprimo, en serio, aunque a ustedes les cueste creerlo porque pueden decir perfectamente por el firstswimming que estoy así como enclenque y ploramiques, así que imagínense si no me reprimiera: me acabaría publicando Ara Llibres un libro o grabando CBS Columbia un disco de desgarradoras rancheras, ya ni fados: rancheras.

Hostia. Con lo que era yo.

Me lo contó una amiga: estaba con un tío en la cama cuando, en el momento de ponerse el condón, se levantó, fue al espejo que tenía en la habitación, se miró de perfil y le dijo: mira, mira, ¿a que es grande? Ahí acabó todo. Bueno, la cosa siguió durante aproximadamente un cuarto de hora de lo menos excitante. Vestirse y adiós, él satisfechísimo de sí mismo, como si saliera a hombros por la puerta grande. Ella, dormir y a otra cosa mariposa.

La dictadura de la polla, señores, que solo funciona en su propia cabeza, señores.

Durante un tiempo, nos fuimos encontrando con él por bares, frecuentábamos los mismos. Siempre hacía gala de la misma actitud: se mostraba extremadamente vacilón con las chicas, sobre todo con mi amiga aunque ella jamás dio muestras de querer repetir con él, y extremadamente a la defensiva con los chicos. Haciendo psicología salchichera (nunca mejor dicho), yo pensé que él pensaba que nosotras teníamos menos información de la que teníamos y estábamos todas babeando por él, y que ellos tenían más información de la que tenían y estaban todos rabiosos con él. La realidad era esta: él se acercaba, hacía su numerito y, cuando se iba, nos dejaba a nosotras con un 'qué horror', en la boca mientras que los chicos ni siquiera se habían enterado de su presencia.

Ahí lo tienen: un ejemplo de comportamiento marcado por una idea privada equivocadísima. Imagínense si este tío tiene dos o tres noches inspiradas y se encuentra con dos o tres tías que le alaban el miembro. Imagínense las dimensiones que puede adquirir su autoconvencimiento de que es una especie de megamachoalfa. Imagínense lo subjetivo que puede llegar a ser aquello que creemos que es autoconocimiento, lo subjetivo de aquello que creemos que es aproximación al yo.

Hostia, todo es muy etéreo y falso. No nos queda más que vivir con lo que nosotros tomamos por cierto o desesperarnos en busca de una verdad universal a la que asirnos.

dimarts, 15 de novembre de 2011

dilluns, 14 de novembre de 2011

Leo la entrevista de hace un par de días a Gilles Lipovetsky en La Vanguardia. Esta.

Al señor no le hace gracia que le cuelguen la etiqueta de "filósofo light": dice que le molesta pero no le enfada (¿no suena eso ya un poco light?) y luego argumenta que en realidad llamamos light a cosas que no lo son tanto, como la publicidad o la televisión, que (prueba según él de que no son tan light) "mueven más dinero, poder e influencia que la 'industria pesada'". Pues muy bien.

A partir de aquí se pone a rebajar salvajemene con agua ideas que según él demuestran lo paradójico que son estos tiempos que corren, a los que él llama 'tiempos hipermodernos'; y hace una serie de comparaciones tan tremendamene demagógicas que, lejos de acabar demostrándole como un pensador denso y profundo, hacen que su discurso adquiera la levedad de un cuerpo, el suyo, al que le hayan enchufado por el culo una manguera que venga directa de una bombona de helio con la espita abierta. Que la gente hoy quiere sexo libre pero también quiere la estabilidad familiar, dice. Y el problema es que lo dice de una manera que eso del sexo libre suena a promiscuidad radical, cuando, puede serlo pero no lo es siempre. Y más problema aún es que, no solo suena así, sino que además Lipovetsky lo presenta como una cosa contradictoria a y excluyente de la estabilidad familiar. ¿En serio piensan que cuando yo digo 'Yo voto por el sexo libre' estoy excluyendo de mis planes de vida a otro yo que quiere estar rodeada de gente dispuesta a cuidarme, o al que quiere llegar a casa cada noche y encontrarse con otros pies igual de fríos que los míos contra los que poder alcanzar el calentamiento recíproco a base de frotaciones de a cuatro? Como si el sexo libre no pudiera servir para, precisamente, darle más valor a esa estabilidad familiar elevándola también a la categoría de acto libre, al introducir (no me malinterprete cuando digo introducir, Señor Lipovetsky) el factor voluntad en su mismo orígen.

Piénsenlo: el sexo libre puede querer significar poder entrar a un bar y decir: esta noche voy a follar coooooon... ¡ese!, ir hasta ese, proponérselo y que a él también le parezca bien, pero también puede querer decir follar tranquilamente con ese sin riesgo a que mañana venga todo el pueblo a tirarte al río. Y el sexo libre también es follar con ese o con tu pareja estable, artífice al cincuenta por ciento de tu espléndida estabilidad familiar, cuando te dé la gana hacerlo y sin más objetivo que el de procurarse un ratito de placer, sin miedo a que en medio del calentón se abran los cielos y un rayo de la ira de Dios, venido directo de las profundidades (o de la Alturas), te parta directamente por la mitad. Con más posibilidades de que esto te ocurra si eres mujer que si eres hombre, por cierto, lean la Bíblia si no se lo creen.

Es que, verán, a mí me educaron un poco con la cantinela esta de que el sexo era una cosa mala de hacer. Y justamente lo oponían además de al manual de cómo ser una buena persona según las leyes de la Santa Madre Iglesia en bloque, a esto de las relaciones estables. El sexo era exactamente esto que sugiere Lipovetsky: uno de los elementos del binomio: o esto o esto otro, pero nunca los dos. Y uno de los argumentos más insistentes que me ofrecían se formulaba también con una frase de lo más simplista: "Los chicos no te van a tomar en serio", decían, cuando para mí lo que no era serio era precisamente la idea de una relación casta, caída en la costumbre y eternizada por obligación con tu primer novio del instituto y, de rebote, con toda su familia y la mía haciendo los coros en nuestro aburrimiento mutuo.  Eso era lo que parecía una broma y no lo otro.

Pasaron los años y me encontré con que los hombres, aquellos que no me iban a tomar en serio por no querer casarme con ellos o, mejor dicho, por no haberme casado ya con exclusivamente uno de ellos, resulta que no me toman en serio por todo lo contrario: no se creen lo de que no me quiero casar con todos ellos en cuanto se cruzan en mi camino. He visto actos de verdadero atrincheramiento a la segunda cita, formulados también en una sola frase simplista aunque no por eso dejada de enunciar con grave entonación. Dice así: "Yo, ahora, no quiero tener una relación", cuando como mucho debería decir: "Yo no quiero tener una relación contigo", siendo esta segunda frase la que yo misma probablemente esté pensado al respecto del individuo en cuestión en ese momento, si tan siquiera he llegado al momento de planteármelo: si no he llegado aún a hacerlo, que es más probable, oiré la cantinela y pensaré "Joder, si justo sabe cómo me apellido por el Facebook".

Creo que la cuestión, en fin, no es tanto sexo versus relaciones estables sino relaciones, sean sexuales, sean del tipo que sean, despojadas de prejuicios y basadas tanto en la escucha de lo que el otro tenga que decir como en la formulación de lo que nosotros realmente pensemos.

Así que leo la entrevista de hace un par de días a Gilles Lipovetsky en La Vanguardia y más que como un filósofo lo acabo viendo como un señor que se ha inventado una cosa, le ha puesto un nombre: 'hipermodernidad', y ahora se dedica a venderla por medio de eslóganes reduccionistas que harán que cale hondo en mentes light compradoras de filosofía light, de aquella que más que ofrecer una visión compleja del ser humano, lo único que hace es señalar cosas con el dedo para dejar oír la voz del filósofo light que simplemente se dedica a decir: esto y esto y esto lo hacéis mal, suerte que he venido yo a abriros los ojos a todos. Hala, hala. De nada.
How and why and when and where to go. But if you are feeling sinister Go off and see a minister He'll try in vain to take away the pain of being a hopeless unbeliever

dissabte, 12 de novembre de 2011

Me encuentro con Roser, una conocida de mis jefes -ellos me han hablado de ella muchas veces-, voy a saludarla y me presento. Me pregunta por ellos, dice que hace tiempo que no los ve, se interesa por la cadera de él y me dice 'claro, claro' cuando le digo que ella, mi jefa, también está en el despacho con nosotros. Me sorprende que no se hayan visto en tanto tiempo: ellos hablan de Roser como si se hubieran encontrado antes de ayer; se lo comento y responde que claro, a sus edades el tiempo...

Mis jefes rondan los ochenta años, Roser también los debe de tener. A los ochenta, el tiempo...

Últimamente hablo mucho con Mar sobre la gente que se va quedando en el camino. La gente a la que dejas de ver, quiero decir. Yo lo llevo muy mal, por eso hablo con Mar sobre ello, porque hay una idea que me obsesiona: ¿qué pasa si yo o esa persona nos morimos de repente? ¿qué pasa si no nos volvemos a ver nunca más, jamás? Ya, ya: suena tremendo, pero bueno, puede pasar y cuando pasa, lo primero que piensas es en la última vez que viste a aquella persona. ¿Y si la última vez fue una mierda? ¿Y si fue un desencuentro brutal?

Yo no sé si a los ochenta voy a ser capaz de no tomarme todas las veces como posibles últimas veces y seguir viviendo tan tranquila. Supongo que la templanza de no hacerlo es parte de aquello a lo que llaman sabiduría de la vejez, igual que parte de la sabiduría de la vejez debe de ser experimentar un cierto cambio de la gestión del tiempo, que esto también lo he visto que pasa: parece que llega un momento en el que manejas el tiempo pasado y el tiempo futuro por su cantidad, el tiempo presente, en cambio, lo valoras por su calidad. Lo veo cuando mi jefa le abre la puerta a cualquier proveedor: inmediatamente, aunque el individuo en cuestión haya aparecido por allá simplemente para entregar cualquier historia, le sirve un café, le hace sentar y habla con él de su familia, de las elecciones, del tiempo y de las vacaciones; mi jefe, en cambio va directo al trabajo, elimina toda retórica, ir al grano es su moto.

Mi jefa alarga el presente: creo que debe de ser más de las que piensan en las veces como posibles últimas veces; mi jefe tiene muy presente en cambio la brevedad del futuro: él no debe de pensar demasiado en el ¿y si no lo vuelvo a ver?

Yo mientras, les oigo hacer desde mi despacho, intentando entender las cosas antes de tiempo y acabando sintiéndome un poco, como siempre, en este plan:

dijous, 10 de novembre de 2011

¡Lars von Trier se ha cascado una peli con unos personajones tan bestias! Son tres maneras de afrontar la vida tan diferentes, tan bien perfiladas, tan frágiles las tres pero tan reconocibles y tan válidas para ir por la vida... Con sus disgustillos y alegrías, sus mentiras y verdades propias, sus aciertos y sus fallos, tan torpes todos pero tan corrientes... Ves la peli y te reafirmas en aquello que sospechabas todo el rato: que la vida pasa igual seas un hijo de puta o un ángel de bondad; seas alegre o seas triste; disfrutes o no... Igual, pasa igual. Y la muerte, pues tres cuartos de lo mismo.

"Melancholia", que le dicen en original, es preciosa. Lars von Trier es un tío que a mí siempre consigue ponerme los pelos de punta no tanto por lo que cuenta sino por lo bien que parece que conoce lo que cuenta.

A mí solo me ha quedado una duda después de verla: ¿hacía falta la imagen tan, tan de preescolar, por lo evidente, de la idea melancolia en forma de planeta de proporciones desmesuradas que acaba engullendo la Tierra?

No voy a hacer en tiempos del 3D una defensa del Dogma pero todo esto que he contado, ¿no lo conseguía ya Von Trier en sus primeras películas sin tanto artificio?

Vayan a verla y verán que el planeta no sirve más que para hacer bonito; que a nada que hayas puesto un pie dentro de la melancolia de verdad -no la que orbita tan caprichosamente directa hacia la Tierra con momento engañoso de uyyyyy hacia el final de la peli, sino la que vive aquí mismo, la que no viene del espacio exterior-; solo con que te haya pasado rozando alguna vez la melancolia que vive dentro -no la que viene de fuera-, no habría hecho falta que Von Trier se encerrara tantas horas en una cabina de postproducción: con los tres personajes le habría bastado y sobrado para recordarte lo desproporcionadamente grande y arrasador que puede ser el sentimiento del que habla, con tanta eficacia, durante toda la película.

dimecres, 9 de novembre de 2011

Ayer, volviendo a casa, caminé un trocito de calle con unas señoras delante que hablaban del nieto de una de ellas. "Es cariñoso...", decía la abuela. "Cada vez que le doy un beso, me da también un abrazo". Un nieto suele ser una persona pequeña, de este hablaban como si se tratara de prácticamente un bebé. La abuela era una persona adulta de tamaño normal. Me la imaginé cogiendo en brazos al chiquillo cada dos por tres para que le diera besos. Coger en brazos a alguien implica abrazo, claro, y más para un bebé. Pensé en cuántos bebés se apartaban en vez de dar un abrazo cuando sus abuelas los cogían en brazos. Pensé que no debían de ser demasiados. Y me vino a mi cabeza mi tía Carmen, hermana soltera de mi abuelo que llevaba peluca blanca, hecha un moño. Había sido maestra en casa y se empeñaba en ser aleccionadora con nosotros también: "Los niños que piden regalos a los reyes no reciben nada: no hay que pedir nunca nada y agradecer siempre por lo que venga sin ser esperado", nos decía cuando días antes de Navidad íbamos cantando los tres la lista de anuncios de la tele que queríamos ver materializarse en nuestros zapatos. Y nos lo decía muy seria, con su peluca, sentada en su butaca colocada en el salón a la diestra del Padre, que era mi abuelo.

Y nos daba miedo, claro, sabíamos que si fuera por ella, en aquella casa todos iríamos vestidos impecables y repeinados, hablando solo cuando nos preguntaran y dirigiéndonos siempre de usted a nuestros padres y abuelos. Además, olía raro, igual que su habitación.

Se me ocurrió que ese era el modelo de abuela que un niño siempre quiere mirar desde la distancia y de la que tiene el instinto de apartarse cuando viene a darle un beso. Luego se me ocurrió que la tía Carmen nunca venía a dar un beso, éramos nosotros quienes desfilábamos hasta su butaca a la orden de mi madre o de mi abuela de "dadle un beso a la tía Carmen", y ni en aquel momento la tía Carmen estiraba los brazos por el abrazo extra, como mucho, con una mano, te sujetaba la barbilla en el momento del ósculo, porque eran ósculos, que son más de respeto que de otra cosa, más que besos, aquellos.

Se me ocurrió que la tía Carmen recibía el cariño que ella demostraba que quería recibir. El que demostraba, digo, porque probablemente necesitaba más amor, la tía Carmen, pero tenía la barrera de lo que ella entendía por respeto colocada de tal manera que le impedía todo gesto físico que pudiera provocarle un descolocamiento mínimo de peluca, y todo el mundo sabe que para hablar con un niño cara a cara hay que, al menos, bajar un poco la cabeza: pues justo ahí, bajo la barbilla, tenía colocada la barrera de lo que ella creía que era el respeto, la tía Carmen. Y nosotros, en respuesta, habríamos estirado los brazos contra ella, también a modo de barrera, pero del miedo, no del respeto, si no fuera porque nuestra madre nos empujaba por detrás.

Luego pensé que en realidad todo el mundo recibe el amor que demuestra que quiere recibir. Y que seguramente hay gente que lo está pidiendo a gritos por dentro pero que ha crecido para acabar levantando todo tipo de barreras que ha identificado como necesarias para evitar que el amor que reciben acabe haciendo daño. Y en lo difícil que es encontrar el equilibrio que te permita recibir el amor que necesitas sin dejar de tener las espaldas bien cubiertas.

Y luego concluí que no se puede pretender mantener ese equilibrio: que con corazas, te acabas privando de recibir demasiadas cosas, que a lo mejor la tía Carmen habría sido más feliz si hubiera cedido un poco y nos hubiera permitido llamarla de tú una sola vez. Y que habría sido la tía más guay de la historia, eso por descontado, si me hubiera dejado una sola vez ponerme su peluca para hacerme una foto, pero que, para ello, ella tendría que haberse quitado la peluca antes y seguramente no se habría sentido muy bien la tía Carmen, que ella estaría pensando antes en lo desnuda que estaba que en lo guay que era, porque también concluí ayer que la gente que levanta barreras está siempre pensando más en ellos mismos que en lo feliz que pueden llegar a hacer al otro.

dimarts, 8 de novembre de 2011

Miren qué pereza de imagen:



Parecen los niños de San Ildefonso. Y lo son, un poco.

Yo ayer me preguntaba sobre qué mueve a la gente a tragarse el debate, yo no lo ví: mientras duraba, acabé de ver un episodio de Mad Men que tenía pendiente de acabar y empecé a leer 'Bajo el volcán', de Malcolm Lowry, que era lo que tocaba leer, emulando al prota de 'Vulcano', de Max Besora, que lo lee mientras todo el pueblo se le va al garete, ya que ayer aquí todo el país veía cómo todo el país se irá un poquito más a la mierda en los próximos años; todo el país lo veía con formas descreídas aprendidas a golpe de 'Ala oeste' pero fondos entregados a lo último de lo último de la asesoría de imagen y la escritura de guión de altos (¡ejem!) vuelos.

Estos dos parecen los niños de San Ildefonso porque la gente se los mira como tal. Se sienta en el sofá, la gente, con su numerito en la mano: los jubilados con el numerito acabado en pensiones, los gays con el numerito acabado en matrimonio, los parados con el que acaba en trabajo y los enfermos con la terminación en sanidad. Y va transcurriendo el sorteo y de buenas a primeras ya se ve, por ejemplo, que la terminación en catalán no toca, que ha salido ya el italiano, uyyyy, por poco pero no. Los gallegos pierden igual cuando sale el portugués, a los parados les suena un poco como que les ha tocado la pedrea cuando los mencionan, pero no quieren cantar victoria hasta que vean la cosa en los periódicos o un señor de la Administración les ponga un papelito delante para firmar. Ya veremos, ya veremos... no saques aún el champán que además dicen que esto de ganar algo es una trampa... Y así con todo, porque la gente nunca se mira la lotería con ilusión sino más bien con la idea del no tengo otra que participar, no les vaya a tocar a todos los vecinos y a mí no.

Ya está, ya acabado el sorteo y en El País dan la victoria por poquísimo margen al niño más alto, como si en la lotería pudieran sen pírricas las diferencias, y entonces, sí la gente se olvida de trabajos, pensiones, matrimonios y médicos y se acuerda de que hay solo dos números que, además, no se cobran, solo sirven para enmarcar y colgarse la chapita en la solapa que te asegura la conversación en el bar, te acredita como comprador de tal diario o tal otro y hace que mires a tus vecinos, que compraron el otro número, durante unos días así un poco por encima del hombro, como si fueran más pobres que tú por un momento, como si no fueran los próximos cuatro años de irnos haciendo un poco más pobres todos día tras día, hasta que llegue el próximo sorteo que nos vuelva a sentar a todos en el sofá, con los dedos cruzados, a ver si esta vez sí salen los trabajos, las pensiones, las bodas y la sanidad.

dilluns, 7 de novembre de 2011

Que estaba yo como sufriendo por si no seré un poco así de querer mantener amistades a toda costa independientemente de que me interesen o no, obviando experiencias chungas sin ningún otro criterio que el de la amistad por la amistad y por el estar arropadita todo el tiempo; dándole vueltas a si hago cosas a veces por miedo a quedarme sola en el mundo a o vete a saber por qué, cuando me llega un mail de un ex diciéndome que viene este fin de semana y que si quedamos el sábado para tomar un café, y voy y le respondo casi sin pensar que no tengo nada particular que contarle y que mejor mande un mail para quedar con todo el mundo y que ya veremos cuál es el mejor plan para todos, y me quedo tan ancha, tú.

Mode ça ne me dit rien de faire: ON

Mode now I'm talking: también ON

diumenge, 6 de novembre de 2011

Hace años, coincidí trabajando con Itziar González Virós, en un programa de televisión al que ella venía de colaboradora.

A algunos de ustedes, Itziar les sonará por su etapa política: durante un tiempo hace no mucho fue regidora de Ciutat Vella. Antes de eso -y durante eso también pero menos- Itziar era arquitecta, pero aquitecta de las que vacían, no de las que construyen, dijo un día después del programa, tomando una cerveza. Yo le pregunté a qué se refería y ella me dijo algo así como que, cuando le tocaba rehabilitar un edificio, más que recuperar paredes originales o añadir elementos, ella miraba primero qué podía quitar de enmedio para sanearlo. Hace tiempo de esto e igual lo recuerdo mal o pasado por filtros propios pero me impactó bastante lo que dijo el rato que estuvo luego explicando cómo ella creía que la estructura de un edificio influye, y mucho, en la gente que vive dentro de él. Yo por entonces vivía absolutamente feliz en la calle Trafalgar, en una casona del Eixample, con unas escaleras de a tres tramos por piso con un estupendo hueco perfectamente cuadrado en el centro en el que soñábamos con instalar una polea siempre que subíamos cargados con las bolsas de la compra: eran cuatro pisos, de a tres tramos de escaleras, recuerden: eran pisos de techos altísimos que valían casi por dos de los de los edificios del Raval. Teníamos una terraza enorme también, en aquel edificio de la calle Trafalgar.

Poco tiempo después de la conversación con Itziar sobre edificios más sanos cuanto más vacíos, empezaron no solo a construir un ascensor en aquel hueco de la escalera de la casa de Trafalgar sino también a montar un piso con terraza propia, privada, robada del espacio abierto que antes era todo nuestro, en el palomar. El silogismo fue fácil: si Itziar decía que un edificio con espacios abiertos y vacíos era un edificio sano, luego la gente que vivía en él era gente sana y feliz, la gente que vivíamos en aquella casa de Trafalgar a la que le habían empezado a robar tantos espacios libres, no podíamos seguir siendo sanos y felices durante demasiado tiempo más. Y no lo fuimos. Y yo, aunque nunca se lo conté a nadie porque sonaba a cosa de locos, no podía evitar pensar que el nuevo ascensor y aquella terraza absurdamente vallada tenían parte de culpa en todo aquello.

Me mudé de Trafalgar al Raval, a un piso en la calle Carretes al que un día Itziar me dijo que ni se me ocurriera mudarme, que todas las calles del Raval que van en dirección montaña-mar eran originalmente ramblas y que aquello estaba construido encima de antiguas corrientes de agua que, tal y como era yo, no me iban a traer nada bueno. No le hice caso. Decidí obviar aquello de las corrientes de agua porque, aunque no me sentía demasiado fuerte en aquel momento, sí que había tomado la decisión de empezar a tomar más las riendas de las cosas, independientemente de si vivía o no entre estupendos tragaluces, si por debajo de mi casa corrían o no las cataratas del Niágara o si la terraza de arriba me permitía o no subir todas las mañanas a correr medias maratones.

Un día, poco después de trasladarme, me encontré con Itziar y nos tomamos un café. Le dije que me había quedado finalmente con el piso de Carretes y que las cosas no me iban tan mal a pesar de las aguas subterráneas. Se sonrió y me dijo que igual más que necesitar yo un sitio libre de corrientes para que las cosas me fueran bien, eran las corrientes las que me necesitaban a mí para que las cosas dejaran de ir mal.

Yo no sé si Itziar cuando hablaba era consciente de la nota mental que tomaba yo de algunas de las cosas que decía, pero sí sé que en momentos así raros de mi vida, como este de ahora mismo, recurro al vaciar y al hacerme consciente de que soy yo lo único que necesito para que las cosas dejen de ir mal.

Le estoy muy agradecida, a Itziar por todo esto.

dissabte, 5 de novembre de 2011

El Fernandito



metiendo goles.
Ricky Martin se hace español para casarse con su novio.

Me ha hecho pensar en mí hace tres años cuando tenía decididísimo que me casaba para ser francesa. Al final, me desdecidí. Y miren que igual debería haberlo hecho: el individuo en cuestión era, además, medio francés medio suizo, una carambola perfecta, como pueden ver. Pasó que se nos murió el amor en medio de tanto papeleo ¿Sabían que para ser suizo hay que enviar una carta a Suiza explicando tu gran amor por el país? Pues yo me sentaba a escribirla y no podía parar: que si los quesos, que si las raclettes, que si los relojes que si los bancos, que si los búnkers camuflados en las montañas, que si ese histórico no mojarse y ese delirio por el reciclaje; en cambio, si me tuviera que haber sentado a escribir una carta explicando mi gran amor por el suizofrancés y enviarla a la oficina del amor en ese momento, me hubiera quedado en blanco seguro. Así que llegó el día en el que, con más dolor de pasaporte que de coeur, tomé una decisión: lo siento Suiza, lo siento Francia, lo siento yo, no me caso.

A Ricky Martin no le pasará eso. Ricky Martin firmará la nueva nacionalidad sin que se le despeine un pelo. No llegará el día en el que Ricky Martin se pare a pensarlo, llame a su novio y le diga: lo siento novio, no puedo seguir adelante con esto de la nacionalidad española; ¿tú has leído los periódicos últimamente? Cristiano Ronaldo ha acabado con el poco amor que me quedaba por Madrid; el diari Ara, con el que me quedaba por Catalunya; y el complejo de juego Las Vegas style más la campaña electoral, con el cariño que podía tener por cualquiera de las dos. No nos casamos, ya iré a verte si eso de vez en cuando.

¿Pero ustedes creen que a Ricky Martin le importa todo eso? No. Ricky Martin tiene un objetivo que va más allá y que le hace obviar, ni eso porque ni si quiera ha pensado en ello antes, todas estas vagatelitas: el objetivo de Ricky Martin es casarse con su novio. Igual es que yo no estaba suficientemente enamorada de Suiza y de Francia después de todo para seguir adelante con mi relación con el francosuizo por mor de la triple -¡triple!- nacionalidad. Ricky Martin, en cambio, está tan enamorado de su novio que es capaz de pasar por alto los lagrimones y desmayos de su club de fans de Tomelloso en ese mismo momento y hasta la semana posterior a su jura de bandera, las pegatinas con su perfil sobre un fondo rojigualdo y la comitiva de niñas histéricas que le seguirá y le esperará fuera cuando pose su mano sobre la Constitución.

Así que Ricky Martin se nacionalizará español porque a Ricky Martin le importa un pito nacionalizarse lo que sea. Suiza nunca toleraría esto. Suiza no va por el mundo reafirmándose en cantantes o futbolistas latinos. Suiza es más Suiza que mundiales ganados, conciertos multitudinarios y golpes de cadera que aseguran lipotimias varias contra las vallas de seguridad.

Joder, ¿la nacionalidad adquirida por matrimonio se pierde por divorcio? Igual sí que me tenía que haber casado.

dimecres, 2 de novembre de 2011

Viene mi jefe y pone encima de mi mesa una bolsa llena de tarjetones en los que ha ido apuntando chistes durante años y años. Me dice que me los lea y que busque algún tipo de clasificación posible, que los publicaremos en libritos.

Se va y yo me quedo pensando que no sé en qué coño de momento todo el mundo ha decidido perder toda sutileza a la hora de decirme -ordenarme, mejor dicho- ahora te vas a reír y ahora vas a llorar.

dimarts, 1 de novembre de 2011

Servidora es de Pamplona, sitio entre montañas, tierra adentro. Servidora de pequeña odiaba el momento del año en el que empezaba a hacer buen tiempo y sus padres decidían que había llegado la temporada de fines de semana de playa. Ir a la playa en Pamplona quería decir ir a San Sebastián (era San Sebastián, entonces: Donosti volvió luego del mismo tiempo pasado del que volvió Iruña también). Ir a San Sebastián era pasar el puerto de Belate, pasar Belate era vomitar el colacao del desayuno. Mi padre calculaba la hora a la que llegaríamos a San Sebastián así: salimos a las nueve, hora y cuarto de viaje, un cuarto de hora para que vomite Isabel... a las diez y media estamos allá.

Así pasaron viernes tras viernes de irme a dormir rezando porque lloviera al día siguiente; así pasaron fines de semana tras fines de semana de dar gracias a Dios por vivir en el Pamplona y no en el Huelva, por ejemplo, si llovía, o de ir perdiendo la fe si hacía sol. Ya ven: si fue la lluvia de fin de semana la que me hizo amar el Norte, fue el sol de fin de semana el que me hizo atea desengañada.

Entraba por Intxaurrondo destrozada y solo recuperaba el color un rato después de bajar del coche, al poner un pie en La Concha. La conclusión de mi madre era rotunda: a Isabel el mar le sienta bien. No te jode.

Es una idea muy extendida, esta de que el mar sienta bien. Es una chorrada como una casa, también. Claro que el mar sienta bien si eres de un sitio de costa, si llevas una temporada lejos y si vuelves unos días allí. Pero se llama morriña curada, no mar, lo que te hace sentir bien. Claro que el mar sienta bien si eres de Cuenca, llevas todo el año trabajando y te escapas unos días a Benidorm -fíjense lo que digo: ¡Benidorm!-. Pero se llama vacaciones, no mar, eso que hace sentir bien.

Así que déjense de campañas de publicidad sobre los efectos curativos del mar. Si Belate hubiera estado entre Pamplona y un merendero al lado de una estación de servicio Repsol al que mis padres les hubiera entrado unas ansias irreprimibles de ir cada semana, ¿hubiera dictaminado mi madre: a Isabel le sientan bien las áreas de servicio Repsol? Es pura fama muy conseguida pero nada merecida la del mar.

Por eso esta mañana, cuando me ha pasado por la cabeza, por pura inercia, que igual acercarme hasta la playa me hubiera ido bien, he pensado bah, he cogido un libro, me he sentado en el sofá y me he puesto a leer. Tampoco me he sentido mucho mejor pero, por lo menos, me he ahorrado las ganas de vomitar a medio camino.