dilluns, 8 de març de 2010

Me toca las pelotas que pasen cosas que devuelvan la rabiosa vigencia al mítico discurso que la Espasa lanzó el día que nos cerraron el chiringuito en BTV. Y esta que explico aquí abajo es una de ellas.



Yo, al O.R.I.N.A.L del (H)Original, he ido pocas veces. Pocas, relativamente, comparadas con las veces que ha ido gente con la que me he encontrado allí, que parece que siempre están y que cuento con encontrarme con ellos (con éste y con éste, por ejemplo) cada vez que voy. Que podría ir sola y no estar sola, vaya, y ésa es una cosa que me recuerda a cuando era joven y quedábamos en un sitio, en una ciudad mucho más pequeña, y daba igual llegar o no a tiempo, porque sabía que un poco más allá había un O.R.I.N.A.L. al que llegaría y no estaría sola.
Que haya un O.R.I.N.A.L. aquí, a la vuelta de la esquina, y unas Guindas aquí, a la vuelta de la otra, es lo que hace que esta ciudad sea un poco más pequeña y esto, unas veces me saca de los nervios y otras veces me salva la noche.
En el O.R.I.N.A.L., he trabajado, me he emborrachado, he querido quedar con gente que nunca llega a aparecer por allí, he saludado a alguien que no me ha reconocido pero que nunca más se olvidará de mi cara y me han pasado cosas que me han cambiado bastante la vida, a mejor.
Ahora, por lo visto, el Ajuntament ha decidido que no me pasen más cosas en el O.R.I.N.A.L. al menos durante un tiempo. Y me jode un poco porque creo recordar que, no sé si esta semana o la que viene, yo tenía que ir al O.R.I.N.A.L. a hacer algo. O alguien del trabajo iba a hacer algo y yo había pensado acompañarle. Y os juro que no recuerdo qué era ni exactamente qué día era, pero quería ir simplemente porque era en el O.R.I.N.A.L. y no en otro sitio.