diumenge, 28 de juliol de 2013

He aquí otro ejemplo de cómo se idealiza salvajemente lo que vendría a ser una relación de pareja una vez ésta ha terminado, cuando en realidad seguramente lo que era mientras duraba no era más que ir pasando los días, unos mejor, otros peor y otros que ni te enterabas.

Yo creo que por eso la gente que ya ha tenido una relación más o menos bien luego es tan reacia a comprometerse: porque sabe de la cotidianidad del asunto y sólo quiere quedarse con el gastronomizarse y con el sexuarse.

Somos cobardes.
(Pero a veces nos salen canciones bonitas, eso sí).

dissabte, 27 de juliol de 2013

A mí, artículos como este de hoy en El Matí Digital me hacen pensar en el creacionismo. En el creacionismo como la manera más extrema del individualismo, ya ven, porque creo que lo que hace Andreu Pujol cuando juega a desnudar al inmaduro -según él-, a dejarlo en pelotas, a ridiculizarlo, pasa por negar la evolución, negar la convivencia y negar hasta la adaptación al medio.

Y miren que podría haberlo leído desde una perspectiva totalmente opuesta, yo, el artículo; miren que podría haberme erigido como portavoz de todo ese sector de señoritas que, noche sí, noche también, tenemos que aguantar las gracietas de todos esos peterpanes revoloteadores de sombreros y barbas ridículas. Podría ponerme a montar ahora mismo la asociación de mujeres víctimas de toda una generación de hombres, por no llamarlos pseudocríos, alérgicos al compromiso; comprarme una impresora, hacer copias y copias del articulito y dedicarme a clavarlas con chinchetas por las noches en los portales del barrio de Sant Antoni, por ejemplo. Pero no, ya ven, será que yo también, teniendo cuarenta, voy en bicicleta y me tomo unas cervezas de vez en cuando. Será que no tengo hijos ni me he comprado un piso pero no por eso me siento libre de responsabilidades. Será que ayer volviendo a casa, por ejemplo, me dio por pensar que siendo yo la única de tres hermanos sin descendencia y habiendo empezado mis padres a coger un poco la cuesta abajo de la edad -que si achaquitos por aquí, achaquitos por allá-, ya me veo venir que los pañales que no he cambiado a los treinta, igual me toca cambiarlos a los cincuenta. Es un pensamiento un poco tremendo, lo sé, pero la vida es como es y a lo mejor la responsabilidad que se me presenta ahora es apurarla de otra manera. Igual, tal como está montada la sociedad ahora mismo, que no es igual a como estaba montada en el mundo para el que el artículo de Pujol parece estar escrito, mi responsabilidad pasa por no aceptar las responsabilidades que se dictaron hace ¿cuánto? ¿Un siglo? Da lo mismo; la cuestión es que hay gente a quien ahora le sirven pero hay gente a la que no. Yo sólo les digo que si siguiera aún esperando al maduro que me salvara la vida, ahora mismo estaría calculando la longitud de la cuerda que necesito comprar para colgarme de esa viga del piso.

Así que sí: ese cuarentón que se acerca con esa medio sonrisa a última hora de la noche es patético, pero ¿quién dice que ese otro que mira cómo se acerca y luego se va en su coche a escribir rodeado de todas las responsabilidades del hogar un artículo denunciándolo no es más patético todavía? Porque, a ver, ¿qué es la madurez exactamente? ¿Llevar las cuentas al día y guardar el rinconcito para mañana? ¿Serle fiel al otro traicionándose a sí mismo? Que si uno es cien por cien íntegro según esta integridad que se nos cuenta en el artículo, muy bien, Dios se lo pagará, pero que también he visto muchos cilicios corridos un agujerito más en pleno delirio perseguidor de esa zanahoria supuestamente eterna.

Total, que estamos de acuerdo que la mediterranean way of life que nos vende la birra es adocenada y para idiotas. Pero que la vida sea pobre si es libre de responsabilidades carrinclonas, no: en eso no vamos a estar de acuerdo nunca.

Ni en lo de las bicicletas; en lo de las bicicletas, tampoco. Ni hablar.

dijous, 25 de juliol de 2013

Decidí quitarme de las historias de la tele cuando vi que no me servían para nada que fuera más allá de cabrearme.

Todos hemos tenido alguna vez cerca la experiencia del accidente y la de la muerte. Y todos hemos aprendido que son experiencias que no hace falta tener aprendidas de antes. Así que, ¿de qué me sirve a mí saber que uno se impresiona muchísimo cuando oye sonar un móvil en el bolsillo de un muerto? ¿De qué me sirve saber que si se quema mi vagón no van a poder identificarme? ¿De qué me sirve enterarme de que un conductor en estado de shock sólo es capaz de repetir "qué le vamos a hacer, qué le vamos a hacer"? Ya me impresionaré si oigo un día ese móvil, ya me quedaré inidentificable si me quemo y ya me saldrá solo cualquier mantra si un día entro en estado de shock.

Media hora después del accidente un montón de gente andaba por las redes sociales pidiendo cámaras a pie de vía; pues aquí tienen la taza y media de información que más allá del dato, que ya se conocía, pueden dar las imágenes de un siniestro. ¿Qué esperaban? Por lo que parece, un acontecimiento así tiene una fuerza tan bestia para atrapar la atención de la mente humana que la mente humana sólo puede en ese momento ponerse a pedir más. Si lo piensan -y ahora voy a tirar para mi terreno- aquí estaría la clave de todo best seller: la noticia del tren, perdonen la banalización, es el best seller del verano: una concatenación de elementos tan impresionantes que anulan toda necesidad de ir más allá. No piensen, bastante tienen con el horror; limítense a estremecerse con cada gota de sangre, con cada lágrima de alguien que no son ustedes. Ya está. Es el resumen de toda historia que no aporta nada más que su calidad de imán para el morbo y una buena liquidación en forma de picos de audiencia para quien la emita antes.

¿Aún les extraña que se vuelvan así de locos los medios? ¿Aún les extraña que nos vendan esta mierda de libros y esta mierda de películas? Si los que lo pedimos siempre somos nosotros.

dilluns, 22 de juliol de 2013

Que con el ensayo me doy cuenta de lo dificilísimo que es cuando llegas a conclusiones que no te gustan (a veces pasa), mantenerte ahí, avanzando por el caminito de la razón sin tirarte al monte de la ficción más disparatada, que a mí siempre me lo acaba arreglando todo.

Me estoy dando de bofetadas, Sr. Luri.

dijous, 11 de juliol de 2013


Que ja ho fèiem habitualment, però des d'ahir que tenim l'estimamenta funcionant full time.

dimecres, 10 de juliol de 2013

Ayer Còsmic hizo de las suyas en el Santa Mònica.

Van a entender en seguida lo especial-espacial de la cosa cuando les diga que presentaron a Xavier Puigmartí, padre de la criatura, como un artista que trabaja fuera de circuito. En el Santa Mònica lo presentaron, que es un sitio que está allí, en lo más profundo de la Rambla. Un sitio que ahora se han empeñado en coger y catapultar hacia no se sabe muy bien qué galaxia-vertedero de basura cultural que por lo visto vende mucho y por eso han decidido que es la buena, la que nos va a servir a partir de ahora para salvarnos de cosas nada rentables como, por ejemplo, coger un libro y soñar durante horas con islas perdidas como Socotra, irnos a pasear con nuestra madre del brazo por el barrio de nuestra infancia o ponernos manos a la obra en busca de partituras perdidas al lado de Jordi Savall.

Ayer Jordi Esteva, Javier Pérez Andújar y Manuel Forcano fueron a ver a Còsmic haciendo de genio de la lámpara en el Santa Mònica. Es un genio de la lámpara que se va un poco por las nubes, el de Puigmartí. Antes de acatar cualquier orden-deseo, el tío da unos rodeos impresionantes: si le pides pan, primero te explica cómo se hace el pan; si le pides pescado, primero te cuenta cómo lo tienes que pescar.

El Còsmic de Puigmartí no para de recordarte que antes de cada cosa, hay una historia, y que sin esa historia nunca puede haber la cosa. Y, claro, todo eso contado en un sitio que ahora va a pasar a manos de gente con la cabeza llena de ideas de disrupción, era casi como ponerle un punto y final a este curso demostrando cuánto se está equivocando este sector cultural nuestro al que ahora han decidido meterle mano por un sitio tan equivocado.

Estaba Xavier Antich, ayer en el Santa Mònica, y Eduardo Mendoza y Manel Guerrero. De los nuevos, en cambio, no había nadie: deben de estar ocupados rompiéndolo todo ya.

Luego nos fuimos a cenar al Raval, otro sitio que quieren romper, y nos tuvieron que apagar la luz de la Rambla de allá para que nos fuéramos. Nos dijeron que no era eso, que era sólo un accidente lo de la luz: un accidente de esos disruptivos, ya saben, de aquellos que pasan justo a la hora de cerrar marcada por el Ajuntament.

Xavier Puigmartí buscando a Còsmic en las nubes.

dilluns, 8 de juliol de 2013

Carles Miró ya explicó en su blog en marzo porqué se ha desaparecido de las redes sociales. Hoy Núvol recupera la entrada. Hace un rato, yo la iba leyendo de nuevo e iba pensando exactamente lo mismo que pensé entonces, hace tres meses y pico: ¿hace falta explicación? Yo creo que no.
Hay actos a los que, dándoles vueltas a posteriori, lo único que hacemos es añadirles una colección de excusas que luego nos acabamos tragando como teorías sociales; teorías falsas elaboradas sobre la marcha y de gran nivel autocomplaciente. Además, todo el mundo sabe que, si bien para la teoría no, para la excusa lo mismo nos vale un arre que un so. Que si Miró ahora dijera que lo dejó porque le dedicaba demasiado tiempo nos dejaría igual que si dijera que lo dejó porque no le dedicaba nada de tiempo. La cuestión es que Carles Miró lo dejó, igual que lo cogió en su momento, porque le daba la gana.
Hace unos años nos inventamos las redes sociales y las hemos acabado convirtiendo en redes de arrastre: entras, te enredas y llega un momento en que parece que o sacas la navaja y destrozas un poco el invento o no vas a poder salir de allí jamás. Una red funciona mejor o peor dependiendo de su tupidez y todos sabemos con qué rima eso.
Los amigos -virtuales o no- hacen cojín, sí, pero los cojines, depende del lado de la cabeza que se pongan, también ahogan. Y es responsabilidad del amigo -o del conocido o del saludado (virtual o no)-, es responsabilidad de la persona, al final, reconocerse en esa dualidad de ser ahogo o de ser reposo. También es responsabilidad de la persona indicarle al amigo si está siendo ahogo o está siendo reposo, igual que es obligación del amigo no tener que obligarle a decirlo.
Miró se ha ido, ya volverá o no. O ya nos encontraremos por ahí, que aquí no hay contrato de por medio, ¿verdad que no nos hicieron firmar nada para entrar? Pues no vamos a ir a hora a pedir cartas de renuncia.
See you soon, Miró!

dimarts, 2 de juliol de 2013