dimecres, 5 de gener de 2011

Me pregunto qué sería de estos madrugones con música, teclear de ordenador, paseos del salón a la cocina y al lavabo... si viviera con alguien más que no fueran mis dos gatos.

Me lo pregunto y tuerzo el morro.

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Me lo pregunto, tuerzo el morro y un rato después Delmore Schwartz me responde:

All poets' wives have rotten lives,
Their husbands look at them like knives
(Poor Gertrude! Poor Eileen! No longer seventeen
Exactitude their livelihood
And rhyme their only gratitude,
Knife-throwers all, in vaudeville,
They use their wives to prove their will
Tengo un día lleno de cosas importantes por delante y me despierto pensando en UNA palabra que creo que debería corregir de un texto que ayer envié a una revista y que ni siquiera sé si me publicarán. Y no respiro tranquila, ni siquiera me paro a prepararme el café, hasta que se enciende el ordenador, se abre el Word, cambio la palabra y vuelvo a enviar el texto.

Una vez hecho todo esto, entonces sí, me preparo el café, hago pis y pongo comida a los gatos. Y mientras recupero mi rutina normal de las mañanas, me van viniendo a la cabeza las cosas que de verdad parecían importantes: que tengo una cita a las once, otra a las seis, que es la víspera de reyes...

Todo se ha parado. El director de la película ha decidido congelar el plano, poner un prop en rojo donde todo lo demás es blanco y negro, poner la lupa encima de un lugar de toda la Galia (¿toda la Galia? ¡No!) y decir: miren, esto es lo importante, aunque a primera vista no lo parezca: no puede seguir la vida mientras esto no esté solucionado.

Solucionado está. Sigo entonces.