dijous, 15 de març de 2012

-Leísmo.
-Usar siempre el condicional en vez del imperfecto de subjuntivo
-Preguntar pues en vez de por qué.
-Decir agur, zamarra, potxolo, txikito, estás txori, tontolapiko, zurito, pintxo…
-Enfatizar así: Eres más tonto que tonto. Hace más calor que calor. Está más gordo que gordo.
-Estructurar la frase así: ¿Mañana, al pueblo, ya bajarás? El periódico, entonces, ya traerás, ¿no?
-Y pronombres, fuera: -¿Del periódico te has acordado?   -Sí, ya he traído, ya…

¡Tarááááán! Acaban de leer una lista, más o menos completa, de particularidades y perversiones del castellano en Pamplona.

Ese y no otro será el castellano que se forjará la niña en Pamplona. ¿Qué niña? La del padre de la carta. ¿Qué carta? Esta.

Y esperen a que la niña se eche un novio euskaldun (y el papá con cara de poker cuando la niña le llame para pedirle pasta para apuntarse al euskaltegi). O esperen a que la niña se eche un novio de la Ribera (acabastes, echastes, la Pepi, la Maruja, me se ha caído, te se ha olvidado…).

O esperen a que la niña acabe de estudiar, se dé cuenta de que en Pamplona hay poco curro para tanto licenciado, y decida volver a su tierra de origen, a la Cataluña con eñe de sus amores, y tenga que empezar prácticamente de cero porque ya ha perdido el contacto con sus amigos de hace 15 años y lo único que le quede aquí sea un papuchi, escandalizado porque la niña, ahora, quiere sacarse el nivell C y hacerse funcionaria de l’administració catalana; y preocupado también porque la niña cada día está más cabreada con él porque, joder papá, cuánto le está costando el nivell C, después de tantos años en el exilio, con el catalán ahí, oxidado en su cuaderno del último año de la ESO que hizo en Barcelona.

Me faltan datos, claro. Igual resulta (esto me lo invento, y de la manera más tendenciosa, además)  que han matriculado a la niña en el Miravalles, entonces estaría claro que los motivos por los que el padre la ha mandado lejos de este pozo de castellanoanalfabetismo que es la Catalunya con ny, son más de carácter espiritual. Nos encontraríamos aquí ante un claro caso  de aprofitar l’avinentesa o -como a partir de ahora y exclusivamente dirá la niña- el Pisuerga pasando por Valladolid.

Todo son hipótesis, ya les digo. La última, muy tendenciosa y malintencionada además. Sí. Pero lo que quiero decir es que, a la hora de emprender una huída del catalán hacia adelante o hacia donde sea (hacia Pamplona, en este caso), en busca del castellano ideal con el que comunicarnos con todo el mundo, con Dios, con el Rey y sobre todo con la Patria (ahora estoy siendo tendenciosa otra vez, a la par que ultranavarra), hay que tener en cuenta otras cosas además del poner tierra de por medio. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que el castellano que aprenderá la niña en un cole de Pamplona no será mucho mejor que el catalán que pudiera aprender en un cole de Barcelona; los profes van de culo aquí y allá. Pero sobre todo, hay que tener en cuenta que en Pamplona aprenderá UN castellano tirando a basiquillo y CERO catalán, mientras que en Barcelona aprendería castellano y catalán tirando a basiquillos, sí, pero los DOS.

No sé. Yo es que lo veo muy claro: en un sitio DOS, en el otro sitio UNO.
DOS es más que UNO.

Este señor le está haciendo a su hija la misma putada –inconsciente, seguramente- que me hizo mi padre a mí el día que decidió no hablarme en euskera, con la diferencia de que mi padre lo hizo por comodidad, por no complicarse la vida (mi madre no lo habla y entre ellos siempre han hablado en castellano) y ese otro padre, en cambio, se está tomando todas las molestias del mundo por quitarle un idioma a su hija (aunque es tan burro que piensa todo lo contrario).

Ya se dará cuenta cuando la niña se lo eche en cara en castellano y con acento de Pamplona, claro; cuando le diga algo así como: Hostia, papá, y catalán cómo es que no he aprendido, pues?