dissabte, 18 de desembre de 2010

Un poco (bastante) de dietario.

Miércoles por la noche.

Mail de Marina: "Y lo de Dovlatov, ¿qué? Estoy súper pez"

Marina es de éstas: "estoy súper pez, estoy súper pez", luego le pones un micro delante y acabas pensando "hija de puta", ahí, la tía con una autoridad y una pasión hablando de las cosas... Así que ni la tranquilizo, que bastante tengo yo con lo mío, que sólo he hablado una vez en público, en la boda de mi hermana, y cuando volví a mi sitio mi padre me dijo: "No he entendido nada de lo que has dicho".

Miércoles por la noche, cuatro ideas sobre Dovlatov en la cabeza, la incapacidad total para hilarlas y ni una botella de vino en casa. Pienso en las cuatro botellas de vino que nos trincamos en casa de Miquel y en cómo fluyeron las ideas entonces. Sí: es miércoles por la noche, estoy en casa y yo quiero vino. O whisky o vodka, da igual. A punto estoy de empezar a pensar que la alcoholemia se ha apoderado de mí (no iba a acabar yéndome de rositas yo después de leerme casi cuatro libros del Dov en una semana), cuando me da por desviar la atención del vino pensando que no, que yo lo que necesito de verdad es tener a Miquel y a Marina delante, que al día siguiente los tendría y que todo iría bien.

No crean que esto último sirve demasiado para irme a dormir más tranquila.

Jueves.

Tranquilidad pasmosa.

SMS de Marina: "Me encuentro fatal: 38,5 de fiebre"

Histeria.

SMS a Miquel: Marina está enferma. Glups.

SMS de Miquel: No te preocupes, nos lo pasaremos muy bien.

Histeria con espasmo facial de semisonrisa nerviosa.

En la tele toda la mañana, después, comida en el Pamplona. A las cinco de la tarde, salgo del Pamplona, bajo por Muntaner, me desvío hacia la izquierda antes de llegar a Gran Vía y doy tres vueltas a la manzana decidiendo si vale la pena o no bajar hasta casa para volver a subir hasta Balmes un rato después. Llamo a Miquel con la esperanza de que me diga que quedemos ya para preparar lo de luego. Me dice que está trabajando y que no llegará hasta las siete. Salgo del bucle en torno a la manzana que llevo un rato utilizando de rotonda, voy hasta Rambla de Catalunya y decido acercarme a la Casa Amatller a ver a Gabi. Hacía meses que no hacía aquel camino, por inercia subo, subo hasta la calle Mallorca. Alucino por encontrarme de repente delante de La Central, pienso en Abel (luego verán que esto fue una de esas anticipaciones misteriosas que a veces le da por hacer a mi cerebro), me da la risa. Doy media vuelta, tiro hasta paseo de Gràcia, bajo hasta la Amatller. Hablo con Gabi, hablo con Femi. Femi es la portera de la Casa Amatller. Me dice que estoy guapa aunque más flaca. Dice eso: "Guapa AUNQUE más flaca". Y lo dice con cara de no entender. Femi es de un pueblo de Ciudad Real. En los pueblos, de Ciudad Real o de donde sea, flaco es mala salud y mala salud es feo. Desde que la conozco, quiero que Femi me lleve a bailar un día, pero ésa es otra historia. Le doy dos besos y la dejo en su garita comiéndose un kiwi con chocolate y echándome la bronca por no ir a verlas más a menudo.

Bajo hasta la librería Alibri. Miquel ya está dentro hablando con una de las libreras. Dice que está esperando a Refree, que tienen que probar el sonido. Refree va con una guitarra acústica. ¿Que tienen que probar el sonido? Miquel está más nervioso que yo.

Llega la Vernis. Dice que tiene resaca. Saca una cerveza de la mochila. Le digo "¡Quieta! ¡Nos vamos a un bar!" Miquel dice que se queda, que tiene que probar el sonido con Refree. Miquel está histérico.

Me voy con la Vernis a un bar. La Vernis me cuenta que ha estado en Mallorca (y lo que ha hecho en Mallorca), que ha entregado ya su libro (y cómo es y quiere que sea su libro), que desde que va en patín no sé lo que gasta en bambas (y me enseña las suelas de las bambas). Hablamos de lo agradecido que es trabajar con otra gente sobre proyectos tuyos. Le cuento que Jordi ha ilustrado uno de mis cuentos y cuánto flipé cuando me enseñó el primer dibujo que hizo (le enseño la cara que puse cuando Jordi me enseñó el primer dibujo que hizo). Ha pasado media hora. Vamos a la librería.

Pau está en la librería, Refree también y Noemí. Jordi llega a la librería. Llega Ana. Llegan Ester e Ignasi. Llega un señor mayor que, segurísimo, ha vivido una dictadura. Luego llegan Joan y Víctor. Está bien que casi todo sean caras conocidas. Está bien que Ester nos ponga chupitos de vodka. Está bien que la Vernis lea y que Refree toque. Está bien que el señor mayor que, segurísimo, ha vivido una dictadura, asienta sonriendo cuando yo hablo sobre vivir una dictadura y a puntico estoy de lanzar emocionada el grito de "Leer a Dovlatov es como si Dovlatov te estuviera gritando todo el rato 'Una buena guerra, os falta a todos!!!!'", cuando Miquel, que ahora resulta que le tiene miedo al silencio, me empieza a preguntar cosas a las que no sé cómo contestar. Y está bien esto también porque de esto vamos a hacer broma durante mucho tiempo. Ay Miquel, lo que nos vamos a reír, Miquel, sí.

Saliendo de Alibri, llega Roger. "Tarde. Llegas tarde!", le digo (a mí, hablar por un micro me sube los humos) y le planto dos besos y me voy a tomar una cerveza con Víctor y Pau; hacía días que no veía a Pau y eso, si no contamos los veranos, no me había pasado desde hacía seis años. M'estimo al Pau. Sí.

Pau se va y Víctor y yo tiramos para el Horiginal. Por el camino se me van bajando los humos y paso a un estado de paz y armonía con el mundo. Todo es fantástico y maravilloso. En el Horiginal (ya verán: esto es lo que enlaza con la anticipación misteriosa que mi cerebro había hecho antes) me encuentro con Jordi. Me dice que Abel se acaba de marchar. Veo a Miquel. Me dice que Abel se acaba de marchar. Veo a más gente que me dice que Abel se acaba de marchar. Hace meses que no veo a Abel. En mi estado mental de fantasía y maravillosidad, decido que me parecería fantástico y maravilloso ver a Abel.

Nos vamos a cenar al Fidel. Nos encontramos con que estamos sentados en la misma mesa y exactamente las mismas personas que estábamos el día que conocí a Roger, a Joan y a Max (solo falta Marina). Me parece fantástico y maravilloso conocer a Roger, a Joan y a Max.

Viernes de madrugada.

Mail a Abel: "Me habría gustado coincidir contigo en el Horiginal".
Contra la mafaldada sobreinformativa de Wikileaks, que me hace pensar en aquella viñeta de Felipe desmayado al imaginarse todo el mundo y la historia aquí, en este momento, yo llevo encima un enamoramiento en sus primeros estadios, de esos que hacen que parezca que aquí hay una cosa nada más en este momento.

Y ayer, amigos, fue la hostia.



Weah!