diumenge, 3 de juny de 2012

La vecina de al lado en el tren lleva un tochazo de unas setecientas páginas que se titula "Palmeras en la nieve". Lo que ella no sabe es que en el que llevo yo, que no llega a las doscientas, hay un parrafito en el que Fernando Poblet ya dice todo lo que, sobre la nieve, le hace falta a cualquiera leer en la vida.

Es este:

... me quedé medio ensimismado contemplando cómo se pasa la vida, como se viene la nieve tan callando. No me entró frío en el alma porque la mía es de quita y pon, y en aquel momento la tenía, junto a la pluma y la agenda, encima de la mesita. Me invadió una extraordinaria pereza y como una solterona de provincias, estuve entre visillos con la cabeza en otro sitio, recordando. Las nevadas, es sabido, son muy dadas a los gerundios.

El libro se llama Diabluras.