dissabte, 29 de desembre de 2012

Aquí ando, comiéndome un bocadillito, que es como uno le llama a lo que se come a media mañana para que no parezca tan comer a deshora, y bebiéndome un quintillo , ídem para que no parezca tan beber; decidiendo que me da positivo el recuento de las cosas y las personas del último año siempre que truque la suma de lo que no y apunte que todo, al final, va más allá y ha servido para algo en la vida. En la mía, al menos.

Qué cosa esta de balanzar que, al final, siempre acabamos balanceando.

dimarts, 25 de desembre de 2012

Willy Uribe, el escritor, lleva 15 días en huelga de hambre. No come, pero hace todo lo que aún puede hacer, en casa de Cristina Fallarás, quien, si no han cambiado las cosas en las últimas semanas, está esperando a que la desahucien.

Me he encontrado esta mañana la noticia aquí. Yo sabía que Uribe estaba en huelga por tuits que la Fallarás va colgando cada día, mencionando en cada mensaje a alguien que debería enterarse pero que no sabe o no se llega a manifestar. Lo que yo no sabía aún es que Uribe se había trasladado del local de Sigueleyendo, donde empezó a no comer, a casa de su amiga, y, en saberlo, he pensado: fíjate que Uribe no come por exigir que saquen a alguien de un sitio -pide que indulten a un extoxicómano, como han indultado a yonquis de drogas más caras que se llaman tortura policial- en otro sitio del que pronto todos van a ser sacados. Y me he preguntado si no sería eso demasiadas campanas a tocar para tan pequeño campanar.

Luego he pensado que no: que todos deberíamos estar dando campanazos a lo bestia, que deberíamos estar echando mano desde hace tiempo al badajo gordo. ¿No son tiempos estos más de tocar a fuego -que es un toque mucho más histérico, mucho más de urgencia- que de campanilla y gingle bell?

Y luego he pensado en el campanillero mayor. En todos los diarios en los que no hay noticias de Uribe, Juancarlitos va el primero; en el que sí, Uribe va después. Y viendo esto se me ha ocurrido que últimamente las cabeceras vendrían a ser el coro mayor de cascabeleros, que quiere decir locos y quiere decir sonajeros. El coro que todo el año va de portal gordo en portal gordo, sin ni acercarse al de Belén -que hoy es el de la Fallarás- pidiendo la limosnica, la migaja; haciendo de pobres oficiales de cada casa, como aquellos que pasaban en las fechas señaladas por la de los Sagarra en Mercaders: colla de tullits, enseñando bien las carencias, asustando a los niños ricos obligados por sus padres a mirar y luego a acercarse -horror- a darles dos duros, que era lo mismo que pagarles para que desaparecieran de su vista hasta la cita programada para para un año después.

Uribe no da miedo, lo de Uribe se arregla firmando un papel, pero el campanillero mayor ayer salió por la tele con el culo encima de los papeles a firmar.

Señalaba para otro lado, el campanillero mayor. Apuntaba a la 'gran España' con un dedo de una mano mientras cruzaba los de la otra para que no lo viéramos a él. Va, corifeos, decía, tras este primer hopperiano plano, que dice 'el Rey está triste, ¿que tendrá el Rey?', sigan centrándose en los portales gordos y no en los de Belén; voy a decirles qué nos tiene que preocupar y con qué nos tenemos que esperanzar, y ni una cosa ni la otra, es Willy Uribe, ni una cosa ni la otra es la Fallarás; céntrense en la fuerza de unos y no en la que están perdiendo otros a base de hacer las maletas, a base de no comer.

Y no dijo desesperación, dijo preocupación; y no dijo realismo, dijo pesimismo como cosa mala; y dio así todos los tonos a tocar; dio así los dos duros que los mandarán, hasta el año que viene, con los villancicos a otra parte. Y también dijo que, hasta entonces, (y creo que esto era una orden) feliz Navidad.

dimarts, 18 de desembre de 2012

Ahora voy a hacer un post femeninamente nada popular, creo.

El otro día mi nombre aparecía entre otros de otras en un artículo en el cual se denunciaba a una revista online por no tener a mujeres (o casi no tenerlas) en su plantilla; que, incluso, denunciaba también, no abundaban las mujeres tampoco entre los protagonistas de sus contenidos (entrevistas y demás).

Bueno. Gracias por la parte que me toca. La periodista que lo firmaba consideraba que servidora era digna, estaba al nivel, por lo que fuera, de tener un hueco en dicha publicación, y eso halaga un montón, claro, porque la publicación en cuestión me gusta; además me ponía entre nombres de personas a las que admiro. Que encantada, vamos.

Pero es que, no puedo evitarlo, cada vez que se escribe una cosa así, pienso en aquel mail que nos llegaba a la tele de vez en cuando, tras un programa maravilloso sobre tal o cual cosa, con el plató lleno de invitados expertísimos en el tema, para hacernos denotar una única cosa: que en el plató había más señores que señoras. Mail reclamante de paridad sexual enviado por alguien quien, precisamente por su condición de señora, había sido incapaz de mirar y aprender sin verse interrumpida por la pulsión de contar cabecitas de señores y cabecitas de señoras, y escandalizarse porque no le cuadraban los números.

Yo, llámenme ingenua, soy de pensar que si en un sitio no quieren mi trabajo, es porque consideran que mi trabajo no es lo suficientemente bueno. Punto. Igual me equivoco y resulta que no, que lo que pasa es que estoy empeñada en hacer cosas de tío y no soy un tío; que ni siquiera soy capaz de ver esta discriminación y por eso me empecino, erre que erre, en seguir por ahí; que lo que pasa es que me falta conciencia de género en un mundo en el que hay mucha conciencia de género subliminal; que simplemente por llamarme Isabel y no Antonio, ya me están cerrando puertas sin ni siquiera mirar lo que hago. Si esto fuera así, ¿me voy a poner a luchar contra ello? Ostras, pues no; bastante tengo con luchar contra el tiempo, que no me llega, para poder leerme todos los libros y aún no libros que tengo que leerme a la semana; para escribir todas páginas que tengo que escribir a la semana sin dejar de quedar con mis amigos, llamar a mi madre, dormir alguna que otra siesta y, encima, alimentarme bien. ¿Se imaginan que por mi cualidad de mujer, encima, tuviera hijos? Pues yo no voy a imaginármelo, disculpen, soy así de egoísta y así de poco empática con las que sí los tienen.

Disculpen pero no voy a denunciar nada ni voy a ponerme a llamar la atención sobre mi género, me falta conciencia de grupo, de sexo, de lo que sea que pueda uno tener conciencia.

¿He sido ya lo suficientemente antipática? Igual diciendo esta perogrullada que voy a decir ahora lo arreglo un poco: Señores de jotdown, señores de Les Males Herbes, señores de L'hora del lector y de todas las publicaciones, programas de radio, televisión, señores elaboradores de cánones literarios, de libros de historia, de anuarios de grandes hitos de la humanidad: si son ustedes de los que aún se fijan en si la persona susceptible de figurar es hombre o mujer antes que en su obra, son ustedes unos ignorantes y hacen mal su trabajo.

Pero bueno, me da igual, es cosa suya. Yo, ahora, si me disculpan, voy a seguir intentando hacer bien el mío. (Y que sepan que odiaría enterarme de que, si un día me llaman para figurar en cualquier lado, la conversación que ha dado pie a la llamada hubiera empezado así: "Hey, tenemos que meter a alguna tía, que nunca lo hacemos y luego se quejan".)

dissabte, 15 de desembre de 2012


And the authorities felt ridiculous, and behaved in a rather ridiculous fashion, and it was all a mad hatter's tea-party for a while.

(D.H. Lawrence prediciendo en 'Lady Chatterley's Lover' el día 1 de la independencia de Catalunya.)

divendres, 14 de desembre de 2012

Ayer, Xavier Montanyà le hacía a Wert un psicoanálisis de baratillo en Vilaweb que venía a decir que el ministro era como era porque su padre se inventaba las historias de tiros que se inventaba, que vendría a ser como decir que, si el hijo de Walt Disney estaba como una cabra era porque su padre se inventó que los elefantes bailaban en tutú y los ratones hablaban.

La gente, tan necesitados estamos de decir que Wert es malo malísimo como si no lo dijera ya él cada día, jaleó el artículo sin tener en cuenta que lo que el padre de Wert hacía era ficción; una ficción consumida por miles de lectores en una época en la que poca opción de ficción había, y construída por unos cuantos autores que se dejaban el tiempo, el sueño y hasta la dignidad laboral en vivir de la literatura cuando prácticamente nadie podía hacerlo.

Ayer, Montanyà, queriendo cargarse a Wert, que es lo que se lleva ahora, se cargó todo un género; tachó de esquizofrénicos a los integrantes de toda una generación de autores, de cineastas, y, de paso, a toda una generación (o varias) de lectores, de telespectadores de domingo por la tarde.

Ayer, Montanyà, hizo de censor de brocha gorda: dijo que la ficción literaria podría llevar a la maldad de quien estuviera en contacto con ella, y se quedó tan ancho. No investigó más allá. No pensó que alguno de aquellos autores aún podía leerlo. No pensó en Curtis Garland, por ejemplo, el contacto con el cual a lo único que te lleva es a quedarte con una sonrisa en la cara durante el resto del día. No pensó en Silver Kane tampoco, el hijo del cual -Enric González- debe de parecerse a Wert como un huevo a una castaña.

Le dio igual. Creyó encontrar la veta y la vendió al primer golpe de pico, sin molestarse en cavar más allá; escupió lo que él creyó que a la gente le gustaría leer en ese momento. Y la gente, tan necesitados de villanos andamos, venga a jalearlo y a darle al retuit.

dissabte, 8 de desembre de 2012

Hostia, con el convencer. Estoy negra.
Estos últimos días, ya lo saben, estoy abonada a la web de la FAES. ¿Saben a qué se dedican? A esto:

    -Generar Ideas
    -Difundir Ideas
    -Formación
    -Crear Redes

Lo dicen aquí. Luego, una vez han generado las ideas y las han difundido, cuentan con el aparato ejecutivo, que no es otro que el PP, ¿para qué? Para convencer a la gente de que esas ideas que han generado son exactamente lo que querían aunque ellos no lo supieran. La necesidad se transforma en voto y ellos ganan las elecciones.

Un ejemplo: me hacen una propuesta de convivencia. Mi respuesta es no. ¿Se imaginan que quien la proponía hubiera empezado en ese momento a desplegar todo un argumentario trabajadísimo destinado a convencerme de que la convivencia, aunque yo no lo supiera aún, era lo que más me convenía y, por lo tanto, lo que más deseaba en mi fuero interno? Podría haber empezado, como primera imagen de Powerpoint, con una fotografía de mi lavadora, por ejemplo, con una frase debajo de la imagen que dijera '¿cuánto le debe de quedar de vida?', que me hiciera pensar en el ruido infame que mete el trasto cada vez que se pone a centrifugar; podría seguir a esta primera página, otra en la que se viera una tabla de precios de lavadoras de distintas marcas y capacidades, y al final de la tabla el resultado de la media aritmética de dichos precios: unos 350 euros, por ejemplo. Después otro gráfico con la evolución (a la baja) de mi cuenta corriente. Siguiente página: una tabla de mis gastos más que probables en los seis meses venideros, en la que se contemplara el alquiler, la lavadora nueva, las facturas del agua y de la luz (teniendo en cuenta que es invierno, hace frío y el radiador va que se las pela estos días). Y siguiente página: la misma tabla contemplando los mismos gastos pero pagados a pachas, o sea, contemplando la mitad de gastos compartidos, o los mismos pero a pagar con el doble de ingresos.

Imaginen que en ese momento yo, rápidamente, saco un portátil de debajo del colchón con mi powerpoint de respuesta. Le digo que está manipulando los datos para convencerme: que el cambio de lavadora me supondría la mitad de gasto, sí, pero que a partir del momento en el que él se instalara en mi casa, tendríamos que poner el doble de lavadoras, nos ducharíamos el doble de veces y siempre habría más rato, entre dos, de estar en casa alguno, con lo cual, el radiador andaría enchufado más horas. Y la luz, porque a parte de para ver, habría el doble de ordenadores en casa, por ejemplo.

Imaginen que él me responde con otro powerpoint en el que estuviera reflejado clarísimamente y con coloringos que los gastos no se duplicarían exactamente porque estaríamos horas juntos en casa con la calefacción compartida, probablemente nos ducháramos juntos alguna vez y que los diez minutos de placa de cocina encendida que utilizo yo para hacerme unos espaguetis, serían los mismos diez minutos que utilizaríamos para hacer espaguetis para dos.

Si después de todo este despliegue de argumentos y contraargumentos decidiéramos que ha llegado el momento del referendum, pusiéramos una urna encima de la mesita del salón y proporcionáramos al Koldo y a la Kika (los gatos) sendas papeletas en las que tuvieran que marcar la casilla del SÍ o del NO como respuesta a la pregunta '¿Desea usted que este piso de Carretes cuente con un inquilino más sin dejar de ser parte de la comunidad del número 31 de la calle?', ya les digo yo que no pensarían ni por un momento en la diferencia que hay entre que servidora se gaste 175 o 350 euros en la lavadora nueva, ya les digo yo que nos encontraríamos con dos papeletas con sendos SÍ bien marcados que justificarían el gasto del think tank de turno que hubiera pagado el ordenador, el paquete Office comprado para la elaboración del powerpoint, el grupo de expertos analistas del mercado de la lavadora nacional y las horas en la elaboración de todo el estudio realizado por quien, desde el principio, defendía el SÍ en dicho referendum.

Ahora, también les digo que si les preguntáramos después al Koldo y a la Kika qué les había movido a votar SÍ, no responderían ni la lavadora ni la luz ni la progresión del precio de los alquileres en el mercado inmobiliario: 'Dos personas en vez de una: Más calorcito humano y más probabilidades de que haya alguien en casa cuando se acabe el pienso del plato', sería la respuesta seguramente.

¿Estaba eso en el estudio? No. Igual que no estaba en el estudio la voluntad real de las personas implicadas en todo este asunto.
Así que ahí lo tienen: humo; venden humo para salirse con la suya, los políticos. Puritica inflación de estadistas mamando de subvenciones es lo que tenemos. No hay más.

divendres, 7 de desembre de 2012

Me ha dado por leer discuros de Wert. Esto que voy a copiar es de otro, más reciente que el de ayer, en la FAES también. (pág. 19 de aquí):

... lo cierto es que las élites políticas nacionalistas han conseguido arrastrar a grupos
más amplios de la ciudadanía a considerar como parte integrante
de la agenda de las respectivas sociedades políticas
lo que en el País Vasco se ha codificado como el “derecho a
decidir” y en Cataluña se ha etiquetado de “soberanismo” y
que en ambos casos implica la proclamación del derecho a decidir
la secesión respecto de España.


Lo malo es que desde que ayer leí esto en la pág. 4 de este otro discurso de 2010 que les citaba en la entrada anterior,:

La sociedad en cuanto tal propiamente no demanda reformas (en el sentido
fuerte de la expresión, es decir como algo articulado y coherente). No es su
papel. La definición de una agenda reformista es una cuestión de liderazgo .

(...)
Pero ello no exime la necesidad de buscar el alineamiento social necesario para
emprender la senda reformista, puesto que las reformas en la mayor parte de
las ocasiones tienen que contar con la cooperación de la sociedad para ser
posibles y eficaces.


creo que tengo cada vez más clara la visión que el PP tiene de la sociedad, que no se diferencia demasiado de la que tiene ERC cuando habla de convencer a la parte de la sociedad que parece no convencida para que vote sí en la consulta vinculante que será el referendum. Parten de la base de que o no queremos nada o no sabemos qué queremos, así que primero juegan a convencernos y luego nos consultan para ver si lo han conseguido.

En fin, que somos tontitos. Pero, por lo visto, nos necesitan.

dimecres, 5 de desembre de 2012

Wert, en su discurso sobre las reformas en educación, de hace dos años, en la FAES, empieza diciendo que es un líder:

La sociedad en cuanto tal propiamente no demanda reformas (en el sentido
fuerte de la expresión, es decir como algo articulado y coherente). No es su
papel. La definición de una agenda reformista es una cuestión de liderazgo .


Continúa diciendo esto otro:

... no es un tema menor el del restablecimiento de
una visión positiva de la identidad nacional. Lo sucedido en las últimas
semanas nos muestra que hay una demanda implícita de recuperación de ese
orgullo de pertenencia.


Y acaba con un dibujico:



Es muy de la broma Wert.
"Joselito, ¿tú todo lo mides en kilos?", le preguntaba Raphael al pequeño ruiseñor ante la atónita mirada de Inés Ballester, que hacía de presentadora, en un momento del programa homenaje que hace años reunió a los dos cantantes en Canal 9. Joselito no respondía pero ni falta que hacía: ¿en qué iba a medir la vida alguien que siempre había sido medido en kilos? Porque Joselito siempre había ido al peso, al poco peso, tanto es así que parece que hubo un día en el dijo stop y paró de crecer: hubiera sido muy raro que no le cambiara la voz pero sí le cambiara el cuerpo, casi tan raro como fue que no le cambiara el cuerpo pero sí la voz. Joselitó se empeñó en aferrarse al valor extra de ser pequeño, al de pesar poco. Eso acabó haciendo monstruoso a Joselito; monstruoso de monstruo de los que dan pena, que es el mismo tipo de monstruosidad que lucen las poetas que van de marginadas cuando ya no queda marginación y solo debería quedar poesía; el mismo que luce el grupo de judíos que eligen vivir bajo la sombra de la llegada de un tren que ya hace décadas ha dejado de circular.

Ayer volvieron a preguntarme por lo de la reticencia de la gente a recomendarme grandes obras de la literatura catalana. La respuesta es Joselito, son los judíos, son las poetas feministas; es el toma un gramito, cuando lo que estoy pidiendo es un quintal. Hasta que no nos creamos que el catalán pesa toneladas, el catalán no será más que la papelina que se nos cae del bolsillo cuando vamos borrachos al váter a mear, la que nos da la excusa para publicar un Pla lleno de erratas, la que pensamos que cualquier Wert nos puede robar. Hasta en eso nos gana Joselito, que, por lo menos, contaba los gramitos de mil en mil.

dimarts, 4 de desembre de 2012

Lo desconcertante del jueguecito es que los jugadores van a tiempos diferentes. A mí ahora lo que me preocupa es la cosa de ansiedad pseudo infantil que últimamente parece haberse apoderado de los independentistas, por Dios, si estaban manejando fechas de lo que era pasado mañana mismo, que ahora ya es antes de ayer (ERC dijo que si les dieran la mayoría absoluta, proclamaban la independencia el mismo día 25 por la noche). Y claro, ahora sale el otro bando, Wert a la cabeza, haciendo una apuesta españolista de futuro que hace quedar a la plana mayor de ERC como una panda de tontuelos hiperexcitados.

La apuesta de Wert.
No sé si nadie se ha fijado o no se ha querido fijar pero Wert cuenta con que Catalunya seguirá siendo España en el momento en que se apruebe, si se aprueba, el proyecto de ley que barre el catalán de la lista de troncales y específicas; en ese momento y durante todos los años siguientes. Y también cuenta con que dentro de una generación, cuando los chavales que empezaron la escolarización en el seno de dicha ley ya estén educados con todas sus eñes y sin sombra de pronom feble, no sólo seguirá siéndolo también, sino que ya nadie se acordará ni de cómo sonaba aquello que hablaban sus padres, aquellos ilusos que por un momento creyeron que estaban a punto de conseguir yo qué sé qué simplemente porque salieron a la calle a patearse alguna manifestación convocada en pos del pacto fiscal y acabaron gritando a favor de la independencia.

Wert no está respondiendo ni atacando a la parte de la sociedad Catalana que quiere la independencia ya, Wert está siguiendo inperturbable su propia estrategia porque Wert está jugando con un tablero mucho más grande. Diría más aún: Wert tiene un tablero mientras Catalunya acaba de empezar a tener la ilusión idiota de que puede construirse otro de solo un par de casillas: Salida y llegada. Eso es lo que nos han intentado vender con tanto optimismo de prisas y rifas baratas.

Lo único que nos queda aquí es coger la silla, arrimarla a la mesa de Wert, pensar una estrategia sin atajos y sobre todo no dejarnos robar las fichas.

¿Que les roban el catalán, que para ellos no es más que una ficha igual que lo eran los muertos por bombas-lapa, a nuestros hijos? Nuestra estrategia no puede ser entonces salir a la calle un día a protestar, sino atrincherarnos, amotinarnos hasta tener la seguridad de que nuestros hijos, ya adultos, no hayan olvidado el catalán.

Esto es así y esto va para largo. Así que paren; paren de decirles a pobres abuelos de ochenta años que ellos sí que lo verán porque claro que no lo verán, ni nosotros lo veremos, igual; nos tendría que dar por tirar por la vía no amistosa pero ni para eso tenemos medios aquí ahora. Wert en cambio sí que los tiene, ¿ven?, ni en esos términos estaríamos jugando a lo mismo.