dijous, 19 d’agost de 2010

Dietario de la tienda
Día 10. Jueves

Voy a la tienda con "Life During Wartime", de Todd Solondz, en la cabeza. Tengo que dejar de ver pelis de Todd Solondz. Ya me pasó con "Happiness": odié a todos y cada uno de los personajes, y salí del cine con una mala hostia del 15. Puta miseria. Con esta última me ha vuelto a pasar. ¿Cuántas veces puede escribirse en un guión la frase: "Lo siento"? Es el mantra de la película. El mantra completo sería, de hecho: "Te he jodido la vida. Lo siento". La naturaleza de cada uno de los personajes es ir jodiendo vidas y sintiéndose muy mal después por haberlas jodido. Hasta el niño -que parece puro al principio; que para entender de qué va eso de hacerse mayor se pone a escribir una redacción sobre si es posible perdonar y/o olvidar-, al final crece o, lo que es lo mismo, le acaba jodiendo la vida a alguien y se siente mal por ello. Bienvenido a la vida adulta.
Hay personajes "buenos" también, claro, pero a éstos los van quitando de en medio: ¿Quién es el guapo capaz de aguantar a alguien que pone tan en evidencia sus miserias y que amenaza, sin darse cuenta, con apartarlo de su naturaleza de jodedor penitente?

Pues todo eso pensaba yo mientras me disponía a salir de casa. Y, en el momento de coger el libro de hoy, con Solondz en la cabeza, he estirado la mano hacia -que Dios, desde su tumba, nos asista- el "Ecce Homo" de Nietzsche. Y es que, ahora tenderé aquí un puente de dudosa estabilidad: a mí Solondz y Nietzsche me provocan el mismo pensamiento. A saber: "Bueno, no todo iba a ser jijijí, jajajá, alguien tiene que hacer el trabajo sucio", eso es lo que pienso cuando leo o veo algo de estos dos.
Sí: alguien tiene que filosofar sobre el lado oscuro, que también es naturaleza humana, vaya si lo es.

Empezaba esta entrada diciendo que tengo que dejar de ver las pelis de Todd Solondz. Es mentira que piense eso. Igual que no pienso que tengo que dejar de leer a Nietzsche (ni, salvando las distaaaaaaaaaaancias, a Bernhard ni a Houellebecq ni de ver las películas de Haneke...). La verdad es que no puedo estar más agradecida tanto a uno como a otro por esa forma tan genial que tienen de remover la mierda para luego escribirla y rodarla en bonito (porque, qué maravilla, cómo escribía uno y cómo rueda el otro) y ponerla a mi disposición toda enterita para que yo vaya siendo un poquito menos idiota, pánfila e inocentona y esté cada vez más curada de espanto al encontrarme con ciertos rasgos de la personalidad de la gente (incluso míos propios).
Lo que me pasa con este tipo de autores que reflexionan en su obra sobre la naturaleza humana es que se centran en lo que quieren explicar o en lo que ellos creen que merece la pena ser explicado o estudiado y el resto, como decía, lo eliminan o lo menosprecian y lo descartan de su lista de formas válidas de vivir la vida. El resultado, cuando entiendes más o menos la filosofía de uno o de otro, es que acaban presentando un tipo de persona plano que, una vez le has visto el peluquín al asunto, deja de sorprenderte. (Sí, el Ecce Homo de Nietzsche también resulta un tipo plano y muy previsible una vez te has leído la obra y la vida del filósofo: es un poco su gran "lo que quería explicar con todo esto que les he ido contando hasta ahora es que...". La prueba es que lo acabó de escribir y acabó de volverse loco del todo. Eso pienso. Y me quedo tan ancha).

Los personajes de "Life During Wartime" son incapaces de escapar de su naturaleza y, por tanto, son muy previsibles. Les han educado para ser así y educan a sus hijos para serlo también. Están atrapados en un tipo de conducta que les hace ser infelices pero no encuentran la tangente por la que salirse de allí. No la ven ni teniéndola delante de sus narices. Y llegado el rarísimo caso en el que encuentran una salida o aunque sea tan solo un pequeño elemento que les haga ser un poquito más felices; ante el mínimo riesgo de tener que cambiar su vida por eso, aunque este cambio sea una suma y no una resta, la tapian (la salida) o lo lapidan (el elemento) a puro ladrillazo y si, de una paletada de cemento, dejan a alguien herido por el camino, qué le vamos a hacer, es su naturaleza jodedora, ya vendrá su otro yo penitente después a hacer lo suyo para quedarse más tranquilos, pensando que tienen su corazoncito.

Yo, después de haber recibido alguna paletada de cemento en los morros, he perdido el interés por la gente así; me aburre. Por eso creo que Solondz me hace un favor viniendo de vez en cuando a recordarme que existe, si no, me pasaría la vida volviendo a empezar.


Me quedan sólo dos días en la tienda. Hoy he hecho un poco de balance mental de la experiencia y creo que estoy decepcionada. Ojo, no como dependienta: cada vez lo hago mejor y tengo más mano con los clientes. Como espectadora del género humano, sí que estoy un poco decepcionada: la gente entra aquí con un papel, casi con un guión escrito que va de toquetear la ropa, buscar las tallas, probarse los trajes y protestar a la mínima que ven algo que no les gusta. Y yo también estoy muy en mi papel de sonreír, ser amable, pedir disculpas si no se van satisfechos y tal y cual. No puedo ir mucho más allá: será que estoy perdiendo el interés por el género cliente, que también, como los ecce homi que van sueltos por la vida, es de una filosofía de actuación bastante determinada. Cada día que ha pasado he escrito menos sobre ellos. Un amigo me decía hace unos días que había venido a parar al dietario en busca de los “hoy ha entrado una señora que tal” y los “hoy ha venido un señor que cual”, y que no sólo no había encontrado nada de eso sino que además no había entendido una palabra de lo que decía. Bueno, escribo sobre otras cosas. Ya veremos cómo acaba todo esto.