diumenge, 8 de desembre de 2013

Hola, Jordi Soler,

Le ha quedado un artículo-contenedor de basura, el suyo de hoy en El País, muy majo.
Digo contenendor porque, pareciendo que trata solo un tema (el de la independencia), contiene todos los temas por los que algún día en la historia de la humanidad algún grupo de personas ha decidido luchar; y digo basura porque contiene también todas las respuestas que de manera conservadora, paternalista incluso, estos grupos de personas han recibido por parte del más rancio establishment con el fin de frenarlos en su empeño de la manera más pueril, esto es, a base de la manidísima amenaza 'que viene el coco'.

Es un artículo que como vale para todo, no vale para nada.
Mire, podríamos, así para reírnos, cambiar independentistas por antitaurinos. Su primer postulado, entonces, quedaría así: ¿qué harán los antitaurinos en un país que ya ha conseguido la prohibición de las corridas de toros? Para empezar se quedarían de golpe sin objetivo, sin quehacer, sin su estrella polar, porque el antitaurinismo funciona y tiene sentido en la medida en que la prohibición de las corridas de toros todavía no se ha conseguido, porque una vez que esta se consuma, el antitaurino pierde su encanto y se convierte en una persona normal.

Da risa, ¿no?, que ser una persona normal sea ser una persona sin encanto y sin estrella polar.

También podríamos cambiarlo por otra cosa, pero en vez de para reírnos, para llorar. Por ejemplo: ¿qué harán las sufraguistas en un país que ya ha conseguido el derecho a voto de la mujer? Para empezar se quedarían de golpe sin objetivo, sin quehacer, sin su estrella polar, porque el sufraguismo funciona y tiene sentido en la medida en que el derecho a voto femenino todavía no se ha conseguido, porque una vez que este se consuma, la sufraguista pierde su encanto y se convierte en una persona normal.

Esto es, así, de buenas a primeras, lo que me ha venido a la cabeza leyendo su artículo; entonces ya, claro, el resto ha caído por su propio peso, porque con estas ideas mías en la cabeza, siguiendo el hilo de su argumentación, me he puesto a imaginarme un mundo lleno de antitaurinos y sufraguistas que, muy tristes y errantes, privados de su razón de ser, empezaban a pedir la prohibición de los antiinsecticidas y de las raquetitas aquellas para matar moscas, los primeros, y el derecho a voto de los geranios mayores de dieciocho años las segundas, y todo me ha parecido muy gracioso (iba leyendo y me divertía, se lo juro) hasta que he caído en la cuenta que era muy ridículo, pero ya no lo que yo pensaba sino lo que usted ha escrito, y me ha acabado entrando una mala leche morrocotuda al pensar que llevamos meses y meses tragándonos artículos de mierda sobre este tema que no van a ninguna parte, sólo a que usted vaya cobrando cada mes y a que la gente sin ganas de pararse a pensar un poco vaya aumentando también su mala leche, hasta que llegue un día en que pase alguna barbaridad y esa misma gente la acabe consintiendo porque, oiga, perdonarles la vida a los mosquitos, que son tan puñeteros, como que no.

Así que, poniéndome a su nivel, le respondo que no sufra por todo eso, hombre, que yo, por ejemplo, tengo amigos gays (precisamente su artículo me lo ha pasado uno de ellos) que estaban super a favor del matrimonio cuando para ellos aún estaba prohibido, y que, precisamente este que me ha pasado el artículo, en concreto, se ha casado este año y yo no le veo cara de que vaya por el mundo sin su estrella polar ni ninguna de esas cosas bonitas que dice usted que se pierden cuando uno consigue lo que quiere.

Sin otro particular, reciba un cordial saludo,
Isabel Sucunza