dimecres, 16 de novembre de 2011

Hablo con una amiga de lo fatal que estoy últimamente, que estoy así como enclenque y ploramiques, y primero me dice: ya lo veo por el firstswimming, que es una cosa que me toca las narices porque me empeño y me empeño en disimular por aquí, pero no me sale y se me cuelan cosas y esto, que tenía que ser un jardín de la mala leche y el cinismo y el escepticismo y todos los ismos, me queda hecho un pastizal del ay ay ay pobrecita yo.

Y segundo me dice: escribe, tía, escribe! Y me lo dice así como consejo anti tristezas, pero eso es precisamente lo que estoy reprimiendo porque, cuando estoy en este plan, se me cuelan cosas y esto, que tenía que ser un jardín de la mala leche y el cinismo y el escepticismo y todos los ismos, me queda hecho un pastizal del ay ay ay pobrecita yo.

Y me escribo encima y me reprimo, en serio, aunque a ustedes les cueste creerlo porque pueden decir perfectamente por el firstswimming que estoy así como enclenque y ploramiques, así que imagínense si no me reprimiera: me acabaría publicando Ara Llibres un libro o grabando CBS Columbia un disco de desgarradoras rancheras, ya ni fados: rancheras.

Hostia. Con lo que era yo.

Me lo contó una amiga: estaba con un tío en la cama cuando, en el momento de ponerse el condón, se levantó, fue al espejo que tenía en la habitación, se miró de perfil y le dijo: mira, mira, ¿a que es grande? Ahí acabó todo. Bueno, la cosa siguió durante aproximadamente un cuarto de hora de lo menos excitante. Vestirse y adiós, él satisfechísimo de sí mismo, como si saliera a hombros por la puerta grande. Ella, dormir y a otra cosa mariposa.

La dictadura de la polla, señores, que solo funciona en su propia cabeza, señores.

Durante un tiempo, nos fuimos encontrando con él por bares, frecuentábamos los mismos. Siempre hacía gala de la misma actitud: se mostraba extremadamente vacilón con las chicas, sobre todo con mi amiga aunque ella jamás dio muestras de querer repetir con él, y extremadamente a la defensiva con los chicos. Haciendo psicología salchichera (nunca mejor dicho), yo pensé que él pensaba que nosotras teníamos menos información de la que teníamos y estábamos todas babeando por él, y que ellos tenían más información de la que tenían y estaban todos rabiosos con él. La realidad era esta: él se acercaba, hacía su numerito y, cuando se iba, nos dejaba a nosotras con un 'qué horror', en la boca mientras que los chicos ni siquiera se habían enterado de su presencia.

Ahí lo tienen: un ejemplo de comportamiento marcado por una idea privada equivocadísima. Imagínense si este tío tiene dos o tres noches inspiradas y se encuentra con dos o tres tías que le alaban el miembro. Imagínense las dimensiones que puede adquirir su autoconvencimiento de que es una especie de megamachoalfa. Imagínense lo subjetivo que puede llegar a ser aquello que creemos que es autoconocimiento, lo subjetivo de aquello que creemos que es aproximación al yo.

Hostia, todo es muy etéreo y falso. No nos queda más que vivir con lo que nosotros tomamos por cierto o desesperarnos en busca de una verdad universal a la que asirnos.