divendres, 29 de juny de 2012

Hace años trabajé durante seis meses como productora y regidora en el programa Telemonegal. Yo curraba en BTV, en el Saló de Lectura. La casa decidió terminar con el programa. Tuvieron la amabilidad de recolocarme en el equipo de Monegal. Yo no veía la tele pero mis padres y mi hermano sí. A mis padres les encanta Telemonegal, se pusieron contentísimos cuando se lo dije. Mi hermano me dijo: hombre, este sí que lo veré, que es divertido. Yo no tenía ni idea de qué hacer en ese momento así que acepté. De repente me encontré trabajando en un despacho de Via Laietana, lleno de teles y de gente con auriculares puestos que veía la tele y tomaba notas a lo largo de toda la jornada laboral. Yo me pasaba el día hablando por teléfono y viendo vídeos ya montados que mostraban lo peor de la televisión.

Básicamente, mi trabajo se centraba en los últimos tres cuartos de hora del programa: los de la entrevista al invitado.

Me decían: queremos que venga fulanito. Y yo me las ingeniaba para contactar con él (no era tan difícil: a través de gabinetes de prensa de cadenas de televisión o pidiéndole el teléfono directamente al jefe -esa gran agenda de Ferran Monegal-, la cosa era coser y cantar).

Me encontraba con tres tipos de persona al otro lado del teléfono: la que se tomaba un poco como parte de su trabajo esto de ser un personaje público, la que se moría por venir y la que no quería venir ni de coña.
Los primeros solían ser gente que más o menos estaba orgullosa de su trabajo; eran un poco los 'profesionales', venían a contar de qué iba lo que hacían y conectaban inmediatamente con Monegal. La entrevista solía ser bastante de 'massatge', como dice el jefe: todo muy cordial y en medio de un ambiente de respeto. Estos, generalmente, en la sala de espera de invitados, con la tele puesta, antes de entrar al plató, aborrecían la primera parte del programa: la de sang i fetge. Entraban al plató y era lo primero que comentaban con Monegal. Estoy pensando en Núria Ribó, por ejemplo, o José María García, sí, flipé con García: se quería llevar a Monegal a Madrid.

La que se moría por venir, ya podía hacer el programa más horroroso de la historia de las ondas, que le importaba un pimiento: llegaban a BTV envueltos en un halo de polvo de estrellas y dispuestos a hacer su papel hasta el último minuto. El programa que hacían pasaba a un segundo plano inmediatamente, la conversación se centraba en el yo soy así y asá; venían totalmente disfrazados y se dedicaban a soltar barbaridades que hacían ulular al público. Recuerdo en esta categoría a Risto Mejide, por ejemplo, que no se quitó las gafas de sol ni para maquillarse. La relación que solían establecer con Monegal durante los tres cuartos de hora largos de entrevista era de falso colegueo. Ya podía estar el jefe dándoles una tunda hasta en el carnet de identidad, que ellos le reían las gracias e incluso llegaban a darle la razón cuando este les decía que lo suyo era una mierda. Lo suyo era una mierda, sí, pero ellos eran guays, ¿eh? Sí, vamos, guayísimos. Fumando el último cigarro en la puerta de BTV, cuando ya se habían ido, el equipo entero aún andaba con cara de asco.

Los que no querían venir ni de coña: Isabel Sansebastián y Curri Valenzuela.

Y Javier Sardà.

Las dos primeras, ni me cogían el teléfono. Una vez hablé con una persona de prensa de Telemadrid que me dijo que Curri Valenzuela ya conocía el programa y que cómo podíamos pensar que quisiera venir de invitada. Yo, mentalmente, le dí un poco la razón: en realidad, la propuesta de Telemonegal al invitar a alguien de esta calaña, estaba llena también de mala intención; la misma mala intención que vuelcan Sansebastián y Valenzuela en sus guiones, al elegir sus temas: lo que les estaba pidiendo por teléfono no era otra cosa que que se prestaran a un escarnio a cara descubierta y encima jugando fuera de casa. Y en directo además. El caso es que ambas sabían que viniendo, se encontrarían con eso. Y lo sabían porque sabían perfectamente que lo que hacían en sus programas era carne de escarnio.

Durante los seis meses que estuve en Telemonegal tragando, por motivos laborales, mierda televisiva, una de las preguntas que me acompañaron fue ¿cómo pueden algunos vivir tranquilos haciendo el trabajo que hacen? Me respondía a mí misma que probablemente tenían una perspectiva de qué era la realidad diferente a la mía, que probablemente ellos estaban tan convencidos como Monegal de que eso que hacían era un servicio utilísimo para la sociedad. No queriendo venir estas dos, entendí que no; entendí que ni ellas mismas se veían capaces de defender su trabajo.

El otro día, Sardà por fin accedió a ir al Telemonegal. Estuvo a la defensiva desde el minuto cero. Se aferró a la defensa de las horas de trabajo que suponía hacer un programa diario, coordinar un equipo tan bestia. Se aferró a los minutos de programa de calidad que en cada Crónicas marcianas convivían con horas absolutamente escarniables (toma palabro) mientras Monegal volvía y volvía sobre la parte negativa del trabajo de Sardà. Monegal, venga a tirarle vídeos deplorables. Sardà, venga a reclamar imágenes de los momentos sublimes. Era imposible que se entendieran: ninguno de los dos estaba dispuesto a mirar globalmente el trabajo del otro. Ambos buscaban lo peor del otro.

Ganó Sardà: le destrozó a Monegal el último programa de la temporada. Se reveló como alguien más profesional que cutresalchichero y dejó a Monegal como más cutresalchichero que profesional. La clave de la victoria fue que mientras Sardà apuntaba al aspecto del Telemonegal que todo el mundo intuye pero nadie acaba de decir (quien lo dice no vuelve a ver el programa y no vuelve a hablar del tema), Monegal apuntaba al aspecto del trabajo de Sardà que aunque todo el mundo conoce de sobras, no constituía motivo para dejar de ver Crónicas marcianas sino todo lo contrario.

Sardà sabía y controlaba la cantidad de buena tele y la cantidad de truño que había en Crónicas Marcianas. Monegal piensa que su programa es solo buena tele. Hasta la sección del Papitu, piensa que es buena tele. Ese es el problema de Monegal. Ese es el limbo al que lo han elevado temporadas y temporadas de Telemonegal; miles de espectadores que tampoco están seguros de qué es buena tele y qué no, y que agradecen que se lo apunten para pensar: ah, ya tenía razón yo escandalizándome por esto o cuando me gustaba esto otro.

dijous, 28 de juny de 2012

Hace años, por los porches de la Plaza del Castillo, los domingos por la tarde se paseaba un ciego que iba oyendo el carrousel deportivo por un transistor que llevaba pegado a la oreja. Yo tengo asociada la imagen del ciego a la lluvia, claro, nosotros nos paseábamos por los porches solo cuando llovía, cuando no corríamos por la plaza a mojarnos con el agua de las fuentes que hay a lado y lado del kiosco que hay en el centro de la plaza. Teníamos no más de diez años y la cuestión era mojarse lloviera o no.

Íbamos arriba y abajo por los porches, decía, y cada vez que nos cruzábamos con el ciego, mi padre nos decía: pregúntale al ciego qué hace el Osasuna. ¿¡¿¡Qué hace el Osasuna!?!?!, le gritábamos los tres a coro, un poco porque éramos críos y los críos en libertad siempre gritan, otro poco para hacernos oír por encima del transistor que llevaba puesto a un volumen considerable y otro poco más porque, como era ciego, pensábamos que también era sordo; ojos y orejas están en la cabeza y los niños tienden a generalizar.

El ciego nos contestaba cero-uno, cero-cero, dos-cero. ¡¡¡Cero-unoooo!!! ¡¡¡Cero-Cerooooo!!! ¡¡¡Dos-ceroooo!!! Le pasábamos la información a mi padre, que no era sordo pero daba igual.

El ciego oía la radio y se hacía mentalmente la composición de los partidos. No dudaba ni un segundo a la hora de responderte el resultado, incluso a veces añadía una coletilla de información que creía que también nos podía interesar: Cero-cero y el Madrid está jugando con nueve, decía. O cero-uno pero al Sevilla le acaban de pitar un penalty. Acabábamos de dar otra vuelta a la plaza y mi padre nos decía: Preguntadle al ciego si el Sevilla ha marcado el penalty. Sí, fulanito de tal, lo ha marcado, respondía él. Y a lo mejor, en ese momento, en el carrousel deportivo estaban hablando de otro partido que no jugaba el Sevilla.

No sé si todavía andará el ciego por los porches los domingos por la tarde.

El caso es que cada frase del ciego contenía mucha más información novedosa -por desconocimiento nuestro, por no estar viendo el partido- que toda la información sumada que dieron ayer todos los locutores de la tele de todo el mundo que retransmitían a la vez el Portugal-España. Lo que quiero decir es que lo de la Carbonero no es un caso aislado: la Carbonero, como todos los comentaristas de la tele, retransmite los partidos y contesta a las preguntas que le hacen como si trabajara en la radio y no en la tele, como si todo el mundo que está viendo el partido fuera ciego.

Los deportes televisados son la negación de la imagen como transmisora de información. Son la prueba de que algunos piensan que todos somos discapacitados.

Y nosotros allá gritando: ¡¡¡UEEEEHHHH!!! Tan contentos.
Un amigo mío que fue presidente de una potencia mundial me explicó que, cuando llegas al poder, lo primero que descubres es que tienes en tus manos miles de artilugios creados para hacerles la vida imposible a los demás. Y que lo más difícil es resistirse a usarlos. Queda totalmente descartado eliminarlos, ya que antes de que lo consigas, los utilizarán contra ti sin contemplaciones. Tal es la bilis de sus guardianes. Nadie sabe de quién fue la idea y, de todas formas, habría que buscar una palabra para distinguirla de las otras ideas, una palabra fuertemente escatológica que fuera lo bastante universal y no llegara como una advenediza a un mundo en que el cerebro y el culo están más cercanos de lo que sugiere la distancia que los separa.

La humanidad no pertenece a una especie que muere de sed a la orilla de un río seco; más bien lo hace junto a un cauce repleto de agua, sin que nadie pueda entender por qué, aunque sí hacerse una idea de las consecuencias de tal predisposición. 

Cómo caza un dromedario. Víctor Nubla. Blackie Books, 2012.

¡¡Visca!!

dimecres, 27 de juny de 2012

Ferran Adrià le está haciendo a Adelson la prueba del pañuelo. Piénsenlo: si Adelson acepta la propuesta de Ferran Adrià de trabajar para él, o sea, si Adelson acepta en plantilla a un elemento extraño a su clan, ¿quién dice que no tirará también de constructores de aquí, por ejemplo?

Ferran Adrià es el caramelito, la cervecita fría cuando hace mucho calor. ¿Quién le dice que no a Ferran Adrià? Y si alguien le dice que no, ¿a quién le va a decir que sí después? A nadie.

Pero no quería hablar de esto. Quería hablar de la cosa del catalán (again).

España no está en contra del catalán, está en contra de la independencia de Catalunya, igual que no está en contra del tabaco (sería absurdo: era una fuente de ingresos vía impuestos brutal para el Estado) sino que está en contra de la libertad de los ciudadanos. Igual que la Generalitat no está a favor de la ludopatía, la prostitución, la mafia... sino que está a favor de la tajada que intuyen que sacarán de Eurovegas (he dicho intuyen, no están seguros del todo, por eso aparece ahora Ferran Adrià: para despejar la duda) .

Nos equivocamos cuando ponemos el grito en el cielo porque en los colegios, en las clases de niños de entre 3 y 6 años, ya no va a ser obligatorio que el catalán sea la lengua vehicular. Digo que no va a ser obligatorio no que vaya a estar prohibido. Seguirá siendo vehicular. El profesorado está preparado para dar las clases en catalán, y el catalán, desde hace años, aquí, es la lengua de encuentro de niños catalanes, españoles, árabes, pakistaníes, senegaleses y dominicanos. Revocar esta ley no sienta jurisprudencia. Si tres padres de niños árabes se plantan y exigen que se enseñe a sus niños en francés o en árabe, ningún tribunal les va a dar la razón. (Ya, ya, ni el francés ni el árabe son lenguas del Estado, pero entienden el ejemplo, ¿no?). Es igual que si tres fumadores exigen que haya bares en los que se pueda fumar, no se va a decidir que la prohibición de fumar deje de estar vigente.

A España le importa una mierda el catalán y está dispuesta a sacrificarlo como quien sacrifica a un peón para salvar al rey, igual que a Catalunya le importa una mierda que se monte aquí el megaputiclub mientras lo que se monte al lado sea la megavacalechera (que lo será o al menos parecerá que va a serlo: el engaño será perfecto, si pasa la prueba de Ferran Adrià, recuerden esto que les digo).

El catalán es el peón, el caballo, como mucho y nuestro error es gastar todas nuestras piezas en defender al peón y olvidarnos de que la mejor partida es una combinación equilibrada entre la defensa y el ataque.

Es que llevo desde ayer pensando (aterrorizada conmigo misma) en el ejército que quería Sales y el gran momento que sería este para declarar una guerrita o dar un golpecito de Estado...

dimarts, 26 de juny de 2012

De cómo la cosa Eurovegas ya es una oportunidad perdida para poner a Catalunya en el mapa.

Imagínense, en un mundo ideal, a Artur Mas respondiendo en catalán al interés de Adelson por instalar sus tragaperras en Catalunya con un: No, gracias, su propuesta no encaja con nuestro modelo de país.

O sea, respondiendo como líder de Catalunya, no como presidente de una comunidad autónoma.

Imagínenselo, es lo único que podrán hacer porque no ha pasado, porque no ha sido así, porque Adelson viene a instalarse en España, en un trocito de España en el que hay un gran aeropuerto y playa, y Mas le debe de haber dicho: sí sí sí sí sí, welcome to Spain y no se lea mis discursos, que donde dije digo digo diego y, a partir de que usted se instale, diré digo o diego, dependiendo de lo que usted le parezca bien.

No es que no se haya dado un paso adelante poniéndole a Adelson la alfombra roja, sino que se ha dado un gran paso atrás. Este tío no se corta a la hora de meter mano en política. Entrará pasta -media Europa dejándose los cuartos aquí- pero nos habremos dejado a Catalunya por el camino -media Europa vestida de sevillana, con gorro mexicano en la cabeza, dejándose los cuartos aquí-.
En el hipotetiquísimo caso de que, durante las conversaciones de Mas con Adelson, hubiera salido el tema de la independencia de Catalunya, me imagino a Mas quitándole importancia al asunto y reconduciendo el tema hacia aspectos más económicos y de salas de fumadores. En el más que posible caso de que el tema haya salido hablando con Esperanza Aguirre, me imagino a ella sacándolo y presentándolo como un problema.

Y así. Retrataícos los dos.

dilluns, 25 de juny de 2012

Eurovegas, mon amour. Perdón: Eurovegas, baby. (¿Ven la diferencia?).

(De cómo si yo fuera puta, me habría faltado tiempo para enterarme dónde van a cenar esta noche los Adelson Boys, grabarme un videobook en un cedé y plantarme en la puerta del restaurante esperando a que llegaran para dárselo en mano, que hay que espabilar, chicas. ¿No habéis visto Showgirls?)

Hola.
Que venía yo a hablarles de Eurovegas pero, primero, voy a dar un pequeño rodeo.

Suiza.
Suiza es un país neutral (dicen, por si acaso tienen búnkers camuflados en las colinitas, pero bueno) y muy nacionalista (yo no he visto mayor despliegue ondeante de banderas propias en los jardines de cada casa ni en Estados Unidos). Si un ciudadano europeo decide solicitar la nacionalidad suiza porque, pongamos como ejemplo, se ha casado con un señor de Ginebra, por ejemplo también, una de las cosas que tiene que hacer es escribir una carta explicando el por qué de su amor hacia todo lo suizo. Si no se queda solo en el queso, que también, sino que además mete en la carta datos históricos y la escribe, pongamos, en alemán o en francés, mejor que mejor.

Suiza está orgullosa de Suiza y solo quiere entre sus habitantes a gente que también esté orgullosa de Suiza. Supongo que en Austria pasa algo parecido, de ahí esas fantásticas perturbaciones extremas de la regla que son Bernhard, Jelinek y Haneke. (Me voy por los cerros de Úbeda).

Suiza es perfecta. Y su trabajo les cuesta que así sea: cualquier ciudadano es policía. Cualquier ciudadano suizo tiene la obligación de denunciar a su vecino si le ve tirando el vidrio en el contenedor del papel. Tiene esa obligación literalmente, porque si otro vecino ve que el vecino ve al vecino tirando el vidrio en el contenedor azul y que no lo denuncia, este tiene la obligación de denunciar al primero y al segundo. Por que si otro vecino ve que el vecino ve que el vecino ve que el vecino tira el vidrio al contenedor blablablablabla.

En Ginebra hay el barrio de las putas. Está al lado de la estación de tren. En el barrio de las putas de Ginebra se habla español. Son putas latinas, la mayoría. Yo me di un garbeo por allí cuando bajé del tren que me traía directa de París y me encontré con que tenía que hacer tiempo hasta que llegara un amigo. Cuando llegó le dije: ay qué gracia, me bajo del tren en Ginebra y lo primero que oigo es español dominicano. Son putas, me dijo él. Yo, que sabía toda esta historia de la carta y la de los contenedores, le pregunté cómo era posible, estando la inmigración tan controlada, existiendo la obligación de denunciar a tu propio vecino cuando este hacía algo tan tontuelo como confundirse de contenedor, que existiera en el mismo centro de Ginebra, un barrio lleno de inmigrantes -ilegales, supuse-, ejerciendo semejante oficio -ilegal también, supuse-. Me dijo que el oficio no era ilegal en Suiza, que la inmigración sí podía serlo porque era imposible que no se colara nadie y una manera de tener la cosa controlada, era que parte de esa inmigración (y de no inmigración supongo también, aunque yo no vi a ninguna señora con apariencia de suiza por allí) tuviera trabajo, un trabajo, además, que cubriera unas necesidades que, de otra manera, serían más difíciles de cubrir. Me dijo que, en Ginebra, turismo, poco o al menos no tan masivo como en Barcelona; que la mayor afluencia de gente de visita venía dada por convenciones, ferias... Y que gran parte de los visitantes, llegaba a la estación de tren, al lado de la calle más comercial de Ginebra (tiendas de souvenirs y de relojes por todos lados), al lado del barrio de la prostitución (dominicanas y rusas por todos lados). Hay otra zona de prostitución en Ginebra; siguiendo esta misma lógica, está al lado del aeropuerto.

Así me lo dijo.
Efectivamente, Suiza es un país perfecto.

Es un país tan perfecto, que se lo han montado para sacar la máxima tajada de la inmigración que se les cuela y de la prostitución. Y lo saben. Lo sabe y así te lo explica cualquier ciudadano.

Eurovegas se parece mucho al barrio de las putas de Ginebra. El drama es que ni Barcelona ni Madrid se parecen en nada a Ginebra. Ni Catalunya ni España a Suiza.

El problema es que cuando Ginebra acepta una cierta cuota de inmigración ilegal, aprueba una cierta legislación permisiva en cuanto a llámenlo prostitución, llámenlo ventajas fiscales, llámenlo ley del tabaco... es Suiza quien le está haciendo el favor a la madamme; es Suiza quien sigue teniendo la sartén por el mango. Cuando Catalunya en cambio le acepta las condiciones a Madamme Adelson, no está siendo permisiva con Madamme Adelson: le está lamiendo el culo. Y todo el mundo sabe que si las prostitutas simplemente te hacen dejar primero la pasta en la mesilla, las madammes te la hacen dejar igual y además te tratan como si tú fueras la puta; la puta y la pobre.

Ahora veo que el mayor argumento para defender la instalación de Eurovegas en Catalunya es la cantidad de puestos de trabajo que creará: aceptamos Eurovegas porque estamos en la miseria. ¿Cómo Adelson no se iba a hacer el interesante? ¿Dónde se ha visto a una puta haciéndose la remolona? ¿Dónde se ha visto a dos clientes peleándose por seducir a una puta? Seducir a una puta, ¿ven la absurdidad? A una puta se la lleva quien tenga la cartera más gorda y quien tiene aquí la cartera más gorda es Adelson.

En Ginebra tienen muy claro quiénes son las putas. ¿A ver si nosotros nos estamos equivocando señalandola? ¿A ver si, aunque lo fuera ella, la puta, Adelson, vamos a acabar encima debiéndole un favor.

dimecres, 20 de juny de 2012

Se dice mucho a la gornú, esto de que 'ha muerto mi maestro'.
Yo creo que si muriera uno mío, en primera instancia, se me olvidaría hablar. Como para decir nada.

Y con esto y un bizcocho, me voy a Sevilla.

dilluns, 18 de juny de 2012


En una terraza en la Barceloneta, en la esquina más cercana a la playa, en la que más fuerte pega el viento (¿estoy despeinado? Sí. Y espérate), del paseo Joan de Borbó, le explicaba yo a Abel el otro día cómo un mandamás de cierta casa había tenido los santos huevos de, teniendo el sobre cerrado de un proyecto en la mano, mirar a los ojos de la persona que se lo entregaba y decirle: no creo en tu proyecto, solo creo en el mío que es el mismo de siempre, con riesgo cero y probabilidad cero también de ser algo memorable. (Esta última parte de los riesgos y las probabilidades no la verbalizó pero era lo que básicamente estaba diciendo a gritos).

Abel, rizos al viento, me contó que esto (siendo esto la ciudad, el país) está plagadito de instituciones que se han revelado como totalmente inútiles, llenas de individuos que han hecho de la conservación de esa inutilidad anodina e irrelevante su más grande éxito personal, que es un éxito falso porque, al final, a lo único que a lo que pueden estos aspirar como recompensa es a lo mismo a lo que puede aspirar cualquier mindundi. No sé si me entiendes, concluyó. Creo que sí, respondí recuperando el hilo de lo que me decía tras haberlo perdido por un momento absorta en el paralelismo que se acababa de establecer entre el interior de mi cabeza (con las ideas todas liadas) y el exterior de la suya (con los pelos todos enredados): ponen a mandar a gente que siga defendiendo la inutilidad de la cosa desde la perspectiva de la misma inutilidad, pensé yo.

Para entonces ya nos  habíamos levantado de la mesa y paseando, paseando, casi nos habíamos dado de narices con Fèlix Riera, momento en el cual servidora, entonces sí (no hay como ponerles cara a los conceptos y a las ideas), lo acabó de entender todo.

Pero así, esto no cambiará nunca, dije.

Ya ha cambiado, dijo él.

Volví a casa pensando que si realmente cada vez es más evidente que estos entes no sirven para nada, ya no hay vuelta atrás. Lo único que podría seguir alargando su vida sería seguir poniendo a inútiles al mando y disimular; si ponen a alguien inteligente dentro, a alguien que no se deje llevar, que no se conforme con un éxito mediocre, este alguien será la nota discordante, la que ponga en evidencia la inutilidad del asunto. Ya lo hizo, aunque parece que la cosa se ha olvidado rápido, un equipo anterior del CoNCA dimitiendo en bloque. El CoNCA, tras aquello, debería haber desaparecido; lo han aguantado vaya usted a saber por qué (mejor no saberlo). Lo que no creo que hayan pensado (tan burros son) o sí (tan untado lo tienen) es que ellos mismos se han puesto la trampa dentro: se llama Valentí Puig.

¿En serio les parece tan criticable, tan de pesadilla, que este señor esté ahí? A mí la cosa me da un cierto morbo, incluso esperanza.
Una llega a casa el sábado sintiéndose un poquiiiiito Calimero, ya saben: ay, pobre yo, pobre yo. Se despierta el domingo con la misma sensación y además organizándose el día: tiene que ir a comer a casa de sus padres y además tiene unos amigos en el Lost&Found a los que ha prometido más o menos visitar. Las más o menos promesas, para una pamplonica, váyanse enterando, son obligaciones, si no, no las hace. En Pamplona la duda viene a la hora de prometer o no prometer, no a la de hacer o no hacer una vez prometido. Así que me monto la agenda: primero a comer y luego tarde en el Lost&Found. Y la cosa calimérica todo el rato. Idiota.

Idiota porque llego a casa de mis padres y me encuentro con mi madre, claro. Mi madre cuando más es mi madre es cuando acaba de llegar de estar con los nietos. Mi madre, hasta ahora, cuando estaba con los nietos estaba con dos nietas, desde ahora, estará con tres, como tres somos sus hijos. Si una madre con los hijos ha sido todo amor y todo autoridad, con los nietos es todo amor y punto. Y si de una madre el recuerdo que te queda es la autoridad, cuando la ves bajo el reciente influjo de los nietos, puedes llegar a imaginarte el amor que también era, el que también es. Y se empeña en que me lleve los calamares en su tinta que han sobrado y yo le digo que no, que no voy a casa y que hace calor y que a saber cómo van a llegar. Y me da dos besos en la puerta cuando me voy y en el ascensor, cerrándome la puerta te pregunta si me ha dado besos y me dice que es igual que me da más. Y me los da. Eso por lo que toca a la madre.

Salgo de casa de mis padres, cojo un bicing y enfilo Muntaner cuesta abajo. Bajo Muntaner con la emoción extra de que tras el segundo semáforo pillado en verde, cuando más velocidad estoy cogiendo, cuando me dispongo a frenar porque el tercero está rojo, me doy cuenta de que solo funciona uno de los frenos. Sigo bajando por Muntaner pensando que también es suerte que el que funciona sea el de la rueda de atrás. Jugueteo un poco con el dejarme llevar por la velocidad aprovechando que en Muntaner, un domingo, a las cuatro de la tarde no hay ni un solo coche y pensando que si me falla en el último momento el único freno que tengo, como mucho me estamparé con el edificio de la acera mar de Ronda de Sant Antoni y que siempre podría pegar, llegado el caso, llegado el momento, llegado el obstáculo físico, una derrapada in extremis y acabar de frenar con el pie izquierdo, que para algo soy diestra. Pero nada de esto pasa, llego hasta Consell de Cent, giro a la izquierday unos bloques más allá giro a la derecha en Pau Claris. Tengo que llegar hasta la Barceloneta.

En el semáforo de Pau Claris con Urquinaona, el conductor del autobús que tengo parado a mi derecha saca la cabeza por la ventanilla y me pregunta ¿tú has bajado por Muntaner? Le digo que sí y que no me puedo creer que hayamos llegado al mismo sitio al mismo tiempo yo en bici y él en autobús. Me dice que sí, se ríe, el semáforo se pone en verde, él gira a la derecha y yo sigo recto. Adiós, adiós. Bajo Via Laietana, sonriéndome, hasta el puerto. Llego al Lost&Found.

El Lost&Found es un mercadillo que hacen en la Barceloneta. Gabriela, Antonio, Vanessa y algún amigo más han reservado un espacio para vender sus cosas. Llego y Antonio está al mando. Se ha hecho colega de las chicas que tienen el puesto a la derecha y de la que tiene el de la izquierda. Me muero de calor: pega un sol de justicia y llevo unos pantalones y una camiseta gruesa. Lo primero que veo ahí colgado es un vestido de verano de Gabriela. Me lo pruebo y me queda perfecto de talla. Le pregunto el precio a Antonio y me dice tanto, pero la Gabi te lo regalaría. Le digo que no, que vale tanto y le doy tanto, que para eso lo tienen ahí para vender. Me regatea a la inversa, a más barato. Lo compro. Me desnudo, me lo pongo y aún me esto atando los botones que veo a Antonio señalándome la nevera que tienen debajo de la mesa y le oigo diciéndome: coge una cerveza.

¿Alguien se acuerda de Calimero a estas alturas? Yo ya no.

Aparece Jaume, recogemos el chiringuito. Antonio, Javier y Jordi se van con el coche a dejar los trastos en sus casas. Jaume y yo cogemos unas bicis y nos vamos para el Wang. El Wang es un bar de la Rambla del Poblenou. En la terraza, dos mesas libres: el Wang no está en la misma rambla, está en la calle Pujades. El Wang, por unos metros, no está de moda. Nos sentamos. Su, la dueña, nos saluda, nos llama guapos y nos trae cacahuetes con las cervezas. Aparece Javier. Al poco rato, aparecen Antonio y Jordi. Su está en la puerta del bar jugando con su nieto Luke. Nos lo enseña orgullosa. Me levanto con Jaume y vamos a hacerle un par de carantoñas. Su me lo tiende. Le cojo en brazos y Luke se empieza a reír. Su me dice que no lo hace con todo el mundo. Luke se ríe y se ríe sin parar. Yo también.

Vuelvo a la mesa. Antonio habla de su profe de catalán. Dice que decía que se pueden meter hasta seis pronoms febles en una frase y que la frase sea correcta. Discutimos. Yo pienso todo el rato que qué absurdo, que vaya moco de listillo se pegó el profe diciendo eso. Que vaya cosa.

Apuramos la cerveza y nos vamos.

Cojo el metro y pienso que vaya domingo de estar todo el mundo en su sitio: mi madre queriendo, el bicing fallando, el conductor de autobús viéndome, Antonio haciendo amigos, Gabi poniendo el vestido perfecto, Antonio dándome una cerveza fría cuando más calor tenía, la terraza del Wang con dos mesas vacías, Su poniéndonos cacahuetes y haciendo de abuela, el bebé riendo las carantoñas, Su agradeciendo las risas arrancadas al nieto y el profe de catalán haciéndose el interesante más de lo que le tocaba hacérselo.

¿Y Calimero? Bueno, para hoy domingo a esta hora, está claro que el gran problema de Calimero, mi gran problema de ayer arrastrado hasta esta mañana, era ir pidiendo cosas sin saber, o ignorando sabiéndolo -siempre ese querer más-, lo que realmente le podían dar.

diumenge, 17 de juny de 2012

Puede que debiéramos ir presentando un proyecto para llevar la programación de una sala de Eurovegas: Joan Todó y servidora decidiendo de aquí a treinta y cinco años quién actúa cada noche mientras en la platea, en las mesitas con faldones, a la luz de una velita roja, cena el imserso en perfecta comunión con la despedida de soltero de tercera o cuarta remesa: todos a por el cuarto o quinto matrimonio, que ahora sí, que este es el definitivo, que hemos encontrado el amor postjubilación, el bueno, el del ocaso, el que nos verá morir.

Martes, jueves y sábados, Els Nens Eutròfics, Josep Pedrals de maestro de ceremonias y Les Filles Follen zancadilleándose con Sol Picó por las escaleras; miércoles, viernes y domingos, Roger Pelàez de jefe de pista, Roger Mas de crooner y el Mag Lari de mago, claro, con Bibiana Ballbè de sinuosa ayudante cortada por la mitad.

Puede que debiéramos ir rellenando los papeles de solicitud de la subvención: puede que la sala fuera el último reducto público del catalán. ¿Alguien se ha puesto ya a pensar un número con Guardiola à la Maradona de Las Ramblas, pelotita al pie, pelotita a la cabeza, sobre un piano de cola tocado por Lluís Llach, mientras recita a Martí i Pol y tres Furesdelsbaus le hacen correfoc alrededor? Pues si no, háganlo ya, que servidora compra y al otro programador lo tendremos en el bote desde el momento en el que se lo contemos y él entienda bous en vez de baus, que para entonces, también, ya habrán desaparecido -los bous- y andaremos todos bajo el dominio de la nostalgia de aquello que fue y entonces solo podrá ser en Eurovegas: en el Teatre Núria Feliu d'Eurovegues.

Preséntennos también un proyecto de piromusical, que tendremos de asesor a Toni Santiago que, desde ya, él solito, se está haciendo un máster en vedettismo y fiestas populares badaloninas.

Tráigannos también algo con la Cobla Sant Jordi y el Quartet Brossa enfrentados, gralla contra viola, tenora contra acordió, que el plan es poner una plataforma giratoria circular en la que, en fiestas señaladas se bailen sardanas en plan marató, con Maria de la Pau Huguet robando las carteras de los bolsos del centro de la rotllana, contando los euros en fichas y sumándolos en un marcador electrónico: la marató de la sardana lleva este año recaudados cuatrocientosmilquinientostreintaydós euros (¿he dicho pesetas?) que irán destinados a la reforma de la red de Rodalies y a la mejora de las autopistas, ahora que, cuando por fin se ha extinguido el catalán, una es competencia de la comunidad y en la otra ya no hay que pagar peajes. ¿Lo apostamos ahora todo a negro? Miren que tenemos aquí al lado la sala de ruletas de la Marató...

Eurovegas, el apocalipsis. Es la misma destrucción la que propone la conservación. La simbólica al menos, el reducto, el nuevo catálogo de homenots empurpurinados, la protección de la especie mientras la especie sea rentable, el folclore como salida cuando ya no quede nada más.

Ayer cené demasiado y me leí un par de tuits un poco devastadores antes de ir a dormir. He pasado la noche del loro, la del lloro, con sus plumas y lentejuelas, bajando por escaleras de barandillas de cartonpiedra con efecto alabastrado. Y todo era demasiado real.

dissabte, 16 de juny de 2012

¿Quieren ver cómo alguien se construye una obra completa redonda, coherente, llena de sentido y bellísima? Introduzcan los términos 'Wes Anderson' 'filmography'.

Miren, les ahorro el esfuerzo, aquí la tienen:

-Rushmore (Academia Rushmore, 1998)
-The Royal Tenenbaums (Los Tenenbaums: Una familia de genios, 2001)
-The Life Aquatic with Steve Zissou (La vida acuática con Steve Zissou o Vida acuática, 2004)
-The Darjeeling Limited (Viaje a Darjeeling, 2007)
-Hotel Chevalier (cortometraje, prólogo a The Darjeeling Limited, 2007)
-Fantastic Mr. Fox (Fantástico Sr. Fox o El Fantástico Sr. Zorro, 2009)
-Moonrise Kingdom (co-escrito con Roman Coppola, 2012)

(Falta Bottle Rocket (1996), no la he visto, no sé si sienta las bases, probablemente sí... Voy a buscarla).

Empiecen por Rushmore y vayan haciendo. No encontrarán concesiones al figurar ni salidas de tono ni papeletas absurdas. Es efectivamente redonda la trayectoria. Es perfecta. Es la obra de alguien que está haciendo algo más que una película por aquí y otra por allá. Da sentido a la cosa crear, a la cosa inventarse cosas. Da sentido casi a la cabezonería de algunos por explicar el mundo. Da sentido al ir explicando por escalones toda una escalera, por instrumentos toda una orquesta.

Eso es todo.

No, creo que no me han entendido: Eso es TO-DO.





divendres, 15 de juny de 2012

Esto que voy a contar ya lo he contado antes, me parece.

Una vez, con mi amigo Héctor -que es este de aquí que ya brilla así por sí solo pero que ahora, encima, está en Dinamarca y se está cultivando como un aura nórdica- teníamos el plan de abrir un blog que se llamara mientrasjuegaelbarça.

Mi plan para este plan nunca se lo comenté pero sé que estaría de acuerdo, era que lo del Barça fuera simplemente nominal. Vaya, que yo iba a explicar en el blog qué hacíamos mientras jugaba el Barça o mientras cualquier otra cosa de masas (el sónar, la última manifestación por el Estatut, la cena de Navidad o lo que fuera) pasara siempre que yo hubiera estado haciendo otra cosa.

Era guay la idea. Era como una especie de blog-relato de una realidad paralela, de una cosa que se pudiera hacer mientras LA COSA; una realidad de la que estábamos seguros que al día siguiente no hablarían los diarios y si lo hacían lo harían casi en la página de sucesos y así como de refilón.

Pues hoy jugaba la Selección española. Lo medio sé porque mi amiga Cristina, a las 21.53h., me ha mandado un whatsapp que decía goooooool (?) y porque ahora he mirado el Twitter y he visto que Ramos, uno de los jugadores, ha escrito que han quedado 4 a 1 cuando en realidad han quedado 4 a 0,  uno más, uno menos, imagínense lo poco que importa la cosa.

Y mientras jugaba la selección española, servidora estaba en el 23 de Robadors viendo a Roger Pelàez. Y Roger Pelàez es una de esas cosas (o personas, no sé) que me hacen recordar cuando yo trabajaba en la Guía del Ocio y le decía a mi jefe déjame entrevistar a este, que será muy bueno, ya verás. Y mi jefe me respondía que vale y mis compañeras se me tiraban encima porque, con la tontería (según ellas) de la entrevista, me iba a pasar una mañana fuera de la redacción y eso, para ellas, era tener mucho morro. Pero luego yo volvía de la entrevista, pasaba ese día aguantando sus morros (no el mío, tan grande según ellas) hasta el suelo, pasaba una semana, pasaba un mes, pasaba un año y, de repente, el entrevistado era la hostia para todo el mundo y la Guía del Ocio tenía una de las primeras entrevistas que le habían hecho nunca.

Hoy Roger Pelàez, que ya era conocido por sus dibujicos del TMEO, era el monologuista o cantante o no sé por quien se me habrían echado encima todos, menos el director (que extrañamente me apoyaba) de la Guía del Ocio. Hoy a Roger Pelàez le dedicaría una entrada en el blog mientrasjuegaelbarça.

Roger Pelàez va a triunfar, ya lo verán. Y nosotros hoy lo hemos visto tremendo, fantástico, y no le hemos tirado nada a la cabeza como cuenta él que hicieron aquellas lesbianas que un día se enfadaron y le hicieron callar.

Yo tengo una foto:



Víctor tiene trocitos grabados en vídeo pero dice, y tiene razón, que no le hacen justicia, que hay que verlo entero, porque te arrastra durante casi una hora y cuando acaba te hace salir del bar a fumar, preguntándote cómo puede ser que le hayas estado haciendo los coros a un tío de quien nunca habías oído las canciones.

Quédense con el nombre, en serio. No por él, que ya se lo hará todo solo, sino por mí: háganme sentir otra vez como aquel xaviercugat que otrora fui.

dimecres, 13 de juny de 2012

Creía que 'restaurante-teatro' significaba que pagabas una cantidad que incluía la cena y luego el teatro, pero no se me había ocurrido que pudiera hacerse simultáneamente. Yo había supuesto que cenaríamos en una sala y que después entraríamos en el teatro, por lo que me sorprendió ver que las mesas estaban dispuestas en la platea. Creía que eso solo ocurría en Las Vegas, donde era correcto comer mientras veías la actuación de tigres y coristas, pero no me imaginaba comiendo con los actores delante. Me parecía de lo más grosero. Por mucho que bajaran la potencia de las luces, seguiría oyéndose el ruido del público masticando.
(...)
La descarriada obra teatral que se representaba era la versión femenina de 'La extraña pareja' interpretada por dos actrices de mediana edad que tuvieron unas carreras respetables en el cine, seguidas por unas carreras menos respetables haciendo de mamás en telecomedias y que luego desaparecieron por una temporada. Me pregunté si aquello no era más que otra etapa en su descenso a la oscuridad o habían ya tocado fondo y su presencia en una producción de 'La extraña pareja' que tenía lugar en un teatro donde el público cenaba era el comienzo de su recuperación. También me pregunté si sería su necesidad de dinero o su deseo de fama lo que les hacía actuar allí.


Algún día este dolor te será útil. Peter Cameron (Libros del Asteroide, 2012).

¿Ven? Si uno lee solo la prensa (esto, por ejemplo), no le sirve más que para saber qué pasa ahora (para saberlo mal, además, seguramente), pero si uno lee también libros y es capaz de deducir algo de ellos, puede ver un poco hacia dónde va a ir el futuro: cómo podría ser la jubilación de Joel Joan y el Lòpes, por ejemplo. O incluso la de esa alternativa a la literatura en la que se acaba de convertir la Ballbè.
¿Saben que lo de Uganda es una tontería, no? Ahora, de repente, nos hemos vuelto todos el colmo de la diplomacia: ya nadie trabaja como un negro, ya nadie hace un trabajo de chinos, ya nadie contará el chiste de ¡estás gordo! sí, como una tapia, ya nadie se despide a la francesa: oh, sí, todo es muy ofensivo para los negros, los chinos, los gordos, las tapias y las francesas.

A mí me encantan estas filtraciones porque me encanta imaginarme las conversaciones y situaciones que llevan al gran discurso final, al gran fasto en que termina todo: hablará, no hablará, qué dirá... patapum, discurso perfectamente articulado construido a base de llamadas que seguramente iban así:

-Y de esto ¿qué digo?
-Tú, lo que sea, pero con convicción y ponte derecha la corbata.
-Joder, qué coñazo, es que me quedaría en casa, te lo juro.
-Va, que son cinco minutillos y listo- Y ven que te peine las cejas.

Es ese momento Pepe Gotera y Otilio (-Es que me hundo en el sofá. -Ponte unos libros debajo. -¿Cuáles? -Estos mismos, grabamos en cinco, cuatro, tres...), la chapucilla que no se ve, el ajustito para salir del paso y, después, el cuadro perfecto, el que borra la posible cara de disimulo, el gran 'si ellos supieran...'. Es Homer -todos somos Homer- comiéndose un donut en la sala de control de la radioactividad de la central nuclear; es Proust montándole el pollo a la chacha porque el té está frío, ah, el lirismo de la magdalena mojada en la taza seguido de la mala leche por no poder pescar con la cucharilla la miga entera que ha caído dentro; el escribir sin ducharse, con el pijama sudado después de una noche de agosto y levantándose a media frase a por la fregona porque el gato acaba de vomitar en medio del salón; el estar redactando una carta a la madre preciooooosa cuando le acabas de colgar el teléfono al grito de ¡joder, mamá, que estoy trabajando!

De eso es de lo que están hechas las cosas bonitas, los discursos manipuladores de los malvados, la literatura entera.

Ha sido Uganda, porque ese es el mensaje filtrado, podía haber sido cualquier otra cosa.

Díselo tú, Falete, que de esto también sabes un rato:

dimarts, 12 de juny de 2012

En un ejercicio de prioridades no apreciado en su magnitud hasta después de acabado, he tomado nota a boli en una hoja de una libreta vieja en la que, hace diez años, mi novio entonces había apuntado a lápiz muy flojito los metros cuadrados y precios de pisos que queríamos visitar para irnos a vivir juntos, todo lo que me ha venido a la cabeza producto de la lectura de 'Gingival', de Francisco Ferrer Lerín.

No se equivoquen, ¿eh? Yo quiero muchísimo a mi exnovio. Pero a apuntar cosas en libretas, es que me pongo y no sé parar.

Un día aprenderé a compaginar las dos cosas. O no.
(Creo que la solución es simplemente utilizar libretas diferentes).
Va el redactor de esta noticia de la ACN y, saltándose todas las normas del periodismo en cuanto a lo que redactar una información se refiere -dando su opinión abiertamente, esto es- y probablemente sin saberlo, da en la primera línea la clave de qué está fallando.

Després d'un bon inici de selectivitat amb dos assalts assequibles a Castellà i Català..., dice. (Aquí tienen el artículo entero).

¿Qué pasa? ¿Que un examen de acceso a la universidad es bueno solo si es asequible? ¿No es la selectividad una criba? ¿No es una prueba de selección (selectividad-selección, ¿lo pillan?)?. Pues resulta que no, que por lo visto la Selectividad solo es buena si una de las opciones de la prueba de lengua y literawhatever catalana es la redacción 'Què he fet aquest estiu?', por Bibiana Ballbé; un texto sencillito, fácilmente contextualizable -cinema a la fresca en un parque de Nueva York, explicado por una presentadora de un programa de entretenimiento de la tele-; en cambio, si uno de los problemas del examen de matemáticas es tirando a dificilillo, mal, pobres chicos, que en la tele no hay programas de mates y no hay festivales de logaritmos a la fresca en los parques, ni siquiera en los de Nueva York.

Lo más terrible es el papelón del profesor teniendo que explicar que los ejercicios más difíciles eran para nota pero que aprobar, lo que es aprobar, podía aprobar todo el mundo.

Cuando servidora se enteró de que además de la selectividad, para entrar en la Universidad de Navarra tenía que pasar otras pruebas de acceso, pensó: puto Opus, también son ganas de tocar las pelotas.

Ahora lo entiendo todo. (Bueno, todo, todo tampoco, que estamos hablando del Opus y algo habrá que dejarle a la fe).
Se me escapa el mensaje de los editoriales de Carles Capdevila. No lo entiendo, en serio. ¿Cuál es su objetivo? ¿Que seamos todos muy buenos? ¿Que estemos contentos? ¿Que no nos dejemos llevar por la rabia? ¿Que profusemos una visión buenista de la realidad, rozando el conformismo casi, y practiquemos una crítica sana sanísima dirigida solo a mejorarnos o a dejar ver que sabríamos cómo hacerlo todo mejor, en teoría, pero no vamos a mover un dedo más que para apuntar el camino, diciendo: mirad, el camino es ese, habría que coger el machete para ir abriéndolo y emprender la marcha, pero no lo vamos a hacer, mejor esperamos a que nuestros buenos gobernantes, personas como nosotros, encuentren la manera de ir apartando las hierbecitas de una en una sin tener que amputar ni una sola ramita? ¿Y si no lo hacen? Pues nada, si no lo hacen aquí nos quedamos, hacemos un foc de camp y cantamos cumbayás hasta que nos digan qué hacer.

No lo entiendo.

Todos los días la realidad estalla por algún lado. Vicenç Partal, otro director de otro medio de comunicación, tiene la sana costumbre (costumbre de querer hacer bien su trabajo) de escribir editoriales de urgencia al respecto. Capdevila, no sabes nunca por dónde te va a salir. ¿Que peta Grecia? Vas a Vilaweb a ver qué dice Partal. ¿Que peta Grecia igualmente? Vas al diario Ara a ver con qué te sorprende Capdevila: habrá escrito una estupenda oda a Pep Guardiola o te estará hablando de los encomiables valores de su vecina del quinto. Y a mí ya se me ha pasado el tic de buscar, primero, la relación entre lo que dice con la crisis del momento, y de enfadarme, después, porque soy incapaz de encontrarla.

Hoy, por ejemplo, escribe esto. Y a mí me sienta mal, igual que me sentaba mal de pequeña llegar a casa, contarle a mi madre que tal me había pegado en el cole y que ella me respondiera: pobrecico, ya tiene lo suyo él también, tenéis que ser amigos.

¿Cuál es la misión de un director de un diario? ¿Tranquilizar a la gente? ¿Empeñarse en el keep it cool? ¿Hacernos olvidar la realidad (los hechos) y mantenernos centrados en el, a pesar de todo, vamos a centrarnos en lo buenos que somos todos ante los ojos de Dios?

El reino de un director de un diario es de este mundo; no es un reino de buenas vibes y auras impolutas. No es un peinarse casi como si fuese joven; no es un preocuparse por las cosas como si casi fueran asuntos suyos: las cosas son asuntos suyos a lo bestia, para eso lo han puesto ahí, para pringarse: no para meter los deditos de los pies en el río para después decir: no os metáis que está muy fría, y después: ¿os habéis metido? Ay, ay, mira que os lo advertí...

No sé. Yo, por lo menos, para todo esto último ya tengo a mi mamá. Y me basta y me sobra con ella.

dilluns, 11 de juny de 2012

Esperando a hincarle el diente a 'Gingival', el nuevo librito de textos de Paco Ferrer Lerín, repaso 'Familias como la mía' y encuentro, en la parte de 'Nora Peb', en el cuarto capítulo del relato 'La Bête du Gévaudan', esta magistral escena:

No tardaron en bajar: cuatro buites negros, luego un cuervo, después tres alimoches, y cuando ya todos estaban comiendo, cayó del cielo una lluvia de aves, de plumas, de rugidos y los dos curas desnudos, blancos, regordetes, desaparecieron de la faz de la tierra, desgarrados, devorados por una turba de buitres leonados -noventa, cien quizá- que sólo dejaron unos huesos dislocados, esparcidos, que acabaron rodando hasta el fondo del barranco, perdidos entre juncos y pequeños tamarices. Tal como vinieron, se fueron. Dos buitres negros -lentos, ceremoniosos, más grandes pero más prudentes que los buitres leonados- regresaron al cabo de una media hora. Con cuatro alimoches y tres cuervos repasaron los restos. Hasta que un zorro merodeador, que ya había levantado a los buitres leonados -eso sí, ya hartos y sin nada más apetecible que comer-, irrumpió en escena, persiguió, sin demasiado entusiasmo, a cada una de las aves -que aquerenciadas volvían enseguida a posarse-, y comenzó a comerse los cartílagos, todos los que le habían dejado, fueran estos hialinos, elásticos o fibrosos; un especialista sin duda. Al final, separó un húmero de la escápula y con él en la boca se fue trotando barranco arriba.


Rajoy, después de levantar la copa del rescate, del préstamo, y saludar a la afición, coge los bártulos y se va a Polonia a ver a la Roja, que le dicen. Y canta los goles, las faltas y los fueradejuegos, como si nada, como si eso fuera todo.

Pues claro: Es de primero del cursillo de protocolo del gobernante: transmitir serenidad. ¿Que juega la selección el mismo día de la supercrisis? De puta madre: corbata roja y a Polonia; tomarse en zapatillas con total tranquilidad el cafelito de las cinco en el salón de La Moncloa no tendría ni la mitad de efecto sedante para con las masas.

Pero, un momento... ¿Qué hace entonces la gente llevándose las manos a la cabeza porque Rajoy ha ido al partido con el rescate, el préstamo, de cuerpo aún presente? ¿Por qué no reconocen a Rajoy en el palco como a un Fraga en calzones emergiendo de las aguas de Palomares versión 2.0?

¿A ver si vamos a tener a la masa tan enfurecida que ya no basta con darles la piruleta para que se les pase el berrinche? ¿A ver si vamos a tener que rehacer todo el temario del cursillo de protocolo para la clase gobernante? Mal asunto para el gabinete de imagen de un gobierno cuando la pelota no está en la imagen sino en los ojos que la miran. ¿Cómo se controla ahora esto? Respuesta: No intentándolo controlar, dejando simplemente que pasen unos días.

Que hablen con sus colegas de la Casa Real, por ejemplo, que tienen el asunto fresco, reciente y ya solucionado. ¿Que no? Ayer la Leti y el príncipe también se bañaron en Palomares y ya casi nadie los vio.

dissabte, 9 de juny de 2012

Todos en pie: habla la Sargento (&co.) de La Patrulla de Salvación en el post del 7 de junio:

-¿... por qué nos repiten machaconamente desde EL PAÍS que en El Huffington Post se defienden valores progresistas? Te lo pregunto porque esta señora, Arianna Huffington, se hizo famosa en EEUU, durante los años 90’s, por sus artículos y comentarios ultra conservadores. Apoyó a algunos de los candidatos políticos más derechistas como  Newt  Gingrich y su “Revolución Republicana” y  Bob Dole cuando fue candidato a la presidencia de los USA. Y antes de fundar la web que la ha hecho famosa, tenía otras dos  páginas, ariannaonline.com y  resignation.com. En esta última hacía campaña para que Bill Clinton presentara la dimisión cuando el “İmpeachment” de 1998 (aquí).

[Advertencia: No intenten entrar en las viejas páginas de doña Arianna Huffington porque ya no hay nada, están borradas.]

-Pero luego cambió de ideas, Margaret. Hay que saber que The Huffington Post se lanza en 2005, en pleno mandato de George W. Bush y con las ideas neo conservadoras en todo su apogeo. Dar caña al gobierno trae siempre más lectores. Además, Bush hijo daba mucho juego como “punching ball”. Ahora, desde su web, continúan criticando duramente al partido republicano y al “Tea party”, pero no es como antes.

-Ahora entiendo por qué esta señora ha hecho tan buenas migas con Juan Luis Cebrian. Porque Cebrían fue franquista, lo sabías ¿no? Todo el mundo tiene derecho a cambiar de ideas políticas, es verdad. Pero es curioso observar cómo algunos conservadores han sabido empaquetar y vender su producto. Es algo digno de estudio.



... y servidora, que desde hace años no sabía -como no sabe James Sveck, el prota de 'Algún día este dolor te será útil', la fantástica novelita de Peter Cameron que acaba de publicar Libros del Asteroide- porqué me sentía tan cercado, irritado y amenazado por cosas que no me gustan, de repente hace oh wait! y ata cabos con una conversación, un monólogo más bien, que hace unos días me soltaba un amigo, que venía a decir: no lo entiendes: se están posicionando, luego, ya se verá.

Yo, mientras él hablaba, pensaba en estos, en estos y en -aunque ya se le haya pasado un poco el arroz- este. Yo luego he añadido, en un extremo mucho más de fireta, a este, que da mucha más risa, que es más como un cachorrillo jugando con un ovillo mucho más grande que él, pero que también, déjalo correr. Y Valero Sanmartí me apunta a este otro que tal...

Pero bueno, estos dos últimos no cercan ni irritan ni amenazan tanto: una se los mira un poco con la seguridad de que la cosa, su cosa, está ahí a un pelo de expotarles en los morros, es el puntito este de kamikaze que tiene la política, de autoinmolación por el partido, de chupo del bote hasta que me queme, que me quemaré pero que me quiten lo bailao.

Son los otros, los del parapeto académico, los de la trinchera, quienes se están haciendo el nombre (y luego, ya se verá). Qué mamonacos, van forts, saben cosas: tienen claro el objetivo y lo defienden desde un extremo para que luego, aunque la apariencia diga que se han pasado de largo, que la meta se les ha quedado corta, ellos brinden con cava desde su Olimpo particular porque lo importante es que ahí está la meta conseguida, la que ellos reclamaban desde sus valores solidísimos, valores solidísimos que el mundo nunca comprenderá porque el mundo es especialista en quedarse a medias tintas, pero la media tinta sale de un color intenso, el que ellos defienden, más el blanco o gris en el que lo acabe diluyendo la masa.

Ellos están dictando el color intenso. Y lo saben. Y esa es la manera. La izquierda, mientras, acampa y tira piedras. ¿Ven la diferencia entre la intel(l)igen(ts)ia y la barbaridad?

En realidad, no puedo más que admirarlos y temerlos.

divendres, 8 de juny de 2012

Una vez, en una fiesta de piso, un compañero de la universidad se encerró en una habitación y nos costó Dios, ayuda y santa paciencia conseguir que abriera la puerta. Estaba atrincherado y, muerto de miedo, nos gritaba desde dentro que no abriría, que no era tonto, que sabía que nos lo íbamos a comer porque era una pera.

Nosotros nos lo íbamos a comer a él y él se había comido un tripi.

Nos partíamos de la risa al principio. Luego nos empezamos a cansar. Luego empatizamos y nos sentimos fatal pensando en lo fatal que lo debía de estar pasando también él. Luego le juramos que no teníamos hambre. Hasta que no nos gustaban las peras le juramos después de intentar convencerle sin éxito que era imposible que fuera una porque no estábamos aún en temporada. No sé cómo acabó la cosa porque me fui antes de que saliera, pero dos días después se le había pasado la paranoia y estaba en clase tan normal.

Este que acabo de contar me parece un pedo mucho más simpático y bobalicón que estos que dicen que están pasando por ahí también producidos por no sé qué tipo de droga que hace que a la gente le dé por comerse al vecino en vez de por pensar que el vecino se los va a comer a ellos. Aunque también es verdad que estos que dicen que están pasando por ahí producidos por no sé qué tipo de droga tienen un algo de historia flipante organizada por algún villano malo malísimo empeñado en que la humanidad se autodestruya, devorándonos unos a otros, con gran sanguinidad y dolor, en medio de grandes bacanales a mesa puesta, estilo self service, de casquería humana.

Tienen un no sé qué que, a priori, también fascina un poco; que parece también que suena como a fin lógico de una era; que hace pensar si no nos habrán ocultado durante todo este tiempo que los dinosaurios se extinguieron en realidad porque se volvieron locos y empezaron a comerse entre ellos; que hace pensar si en realidad la destrucción no será siempre auto y que no hace falta buscarle causas externas, químicas, producto de mentes villanas; si no será culpa, la destrucción, nada más que del villanito hambriento que todos llevamos dentro.

Pero no: ya le están echando la culpa al tripi y ahora dirán también que la culpa es del cine y de los videojuegos, y esto se arreglará, como siempre, con unas cuantas prohibiciones. Y todos volveremos a ser 'normales' y nadie se comerá a nadie más que en un sentido figurado. Y así no va a haber manera, oigan, de pasar a la próxima era geológica. Y nos vamos a quedar, como siempre, atascados en esta geoilogididad tan extraña y figurativa que nos hemos inventado y que hace aguas, demostrado está, por todos lados.

(Ahora es cuando vienen y me cierran el blog por hacer apología del canibalismo. O, más tontorrón aún, de los tripis).

dijous, 7 de juny de 2012

A veces, con mi amiga Itziar, estábamos en un bar y ponían una canción horrorosa. Horrorosa del nivel del Venao o así. Entonces Itziar decía: vamos a hacer como que nos gusta muchísimo. Nos poníamos a bailar y bailando, bailando, durante tres minutos, el Venao nos encantaba y nos volvía locas.

Delante de casa, en la terraza del Tandoori Nights ayer pusieron unos sombrillotes enormes. Así que sí: desde ayer mismo, en ese rincón de la calle Carretes, habitualmente a la sombra durante todo el día, pega una solana que no hay quien la aguante. Suerte de las sombrillas.

Que hemos venido a jugar. Que jugar nos hace más libres.
Que por eso algunos quieren quemarnos los libros, no vayamos a ser felices a pesar de todo.


dimecres, 6 de juny de 2012

Hablo con mi padre y me cuenta:
-De Miquel: "Muy bien, muy espavilao: se fija en todo aunque me imagino que no ve nada".
-De Aina: "Ha estado un rato en el hospital y no se separaba de su madre y no soltaba al pequeño. Cuando nos las hemos llevado a casa, ha montado un numerito...".
-De María: "Esa pasa de todo".
-De Nuria: "Está bien, está bien. La mandan a casa mañana".
-De mi madre: "Ahora está poniendo a las crías a dormir y pensando qué hace para comer mañana, que viene la madre de Ramón, preocupándose por cosas de las que nadie se preocupa, ya sabes".

Y, claro, a servidora, estando tan lejos, no hay cosa que le tranquilice más, que le produzca a la vez tanta nostalgia y tanta felicidad, que ver que todos los miembros de la familia están siendo taaaan absolutamente ellos (mi padre incluido, contando las cosas como las cuenta) en este ratico tan de novedad y tan de alegría.

Tengo un sobrino nuevo que se llama Miquel.
Minutos musicales.

dilluns, 4 de juny de 2012

Mi abuelo, todos los días, se levantaba, se aseaba old style, o sea, en la pica en vez de en la bañera, dejando todo el lavabo empantanado, se vestía y se iba a pasito ligero, cuesta abajo, por la calle de la Curia, al Casino, que estaba en un edificio en la Plaza del Castillo a cuyo interior se accedía por un portalón de madera que había en uno de los rincones de los porches. Los rincones de los porches de la plaza del Castillo eran, como todos los rincones de los porches de cualquier lado, los sitios más en penumbra, los que más contraste hacían con aquella luminosidad que reinaba en la plaza los (pocos) días de sol. Los rincones de los porches de la plaza del Castillo también eran, sorprendentemente, los sitios más húmedos en los (muchos) días de lluvia. Y los que más tardaban en secarse cuando volvía a salir el sol. Ahí, en uno de esos rincones, estaba el portalón del casino por el que mi abuelo entraba, todos los días, primero sin, y más adelante con bastón.

Yo, que hasta los doce años pasaba los fines de semana en su casa, y que nunca, jamás, puse los pies en el casino, estaba fascinada por la incógnita de qué sería ese sitio al que iba a meterse todas las mañanas el buen hombre tan repeinao. Le preguntaba a mi abuela a dónde y me respondía al casino. Le preguntaba a qué y me respondía a leer y a fumar puros. Fascinación máxima, ya les digo.

Un día le pregunté a mi abuelo qué leía en el casino -que lo que fumaba eran puros ya me lo había dicho mi abuela-. No me acuerdo muy bien pero supongo que miraría a mi madre desde su metro ochenta de estatura con cara de qué insolente es esta niña. Lo supongo porque de lo que sí que me acuerdo es de todas las veces que mi abuelo me repitió que los niños no hablaban a no ser que se les preguntara algo.

Mi abuelo era un señor de 1903.

También recuerdo que, seguramente aún sin mirarme, aún mirando con cara de desaprobación a mi madre, me respondió: el diario. Más fascinación. El diario ya lo teníamos en casa y no le hacían falta cuatro horas para leérselo. Ahí había algo más, yo tenía diez u once años y no me iba a quedar sin saberlo aunque me lo tuviera que inventar.

Investigando por aquí y por allá, me enteré de que el casino era por dentro todo de madera, que había una biblioteca, un mueble bar y sillones orejeros. Lo mejor es que no recuerdo que todo eso me lo contara él así que ahora pienso que es solo la historia que me monté en la cabeza y que me la monté a base de leer Pickwicks, vueltas al mundo en ochenta días y demás.

Buf, el casino del abuelo.

Tampoco he estado nunca dentro del Ateneu Barcelonès pero sé perfectamente cómo es ese sitio: igual que sé cómo es el casino del abuelo por Dickens y por Verne, lecturas de cuando me preocupaba cómo debía de ser el casino del abuelo, sé cómo es el Ateneu por Pla y por las historias de tortugas que cuenta Quim Torra de vez en cuando, lecturas ambas de cuando me empezó a preocupar cómo debía de ser por dentro el Ateneu.

Todo esto lo cuento porque llevamos un rato hablando por twitter del premi Crexells, que otorga el Ateneu Barcelonés, y cuyo ganador se decide por votación popular. Popular. El Ateneu. Uno de los finalistas es Jaume Cabré.

Solo voy a decir una cosa al respecto: miren en qué ha acabado convirtiéndose en casino de mi abuelo. Es un poco bodas, bautizos y comuniones. No hay madera por ningún lado. Y la biblioteca, en fin... la biblioteca. Sí.

diumenge, 3 de juny de 2012

La vecina de al lado en el tren lleva un tochazo de unas setecientas páginas que se titula "Palmeras en la nieve". Lo que ella no sabe es que en el que llevo yo, que no llega a las doscientas, hay un parrafito en el que Fernando Poblet ya dice todo lo que, sobre la nieve, le hace falta a cualquiera leer en la vida.

Es este:

... me quedé medio ensimismado contemplando cómo se pasa la vida, como se viene la nieve tan callando. No me entró frío en el alma porque la mía es de quita y pon, y en aquel momento la tenía, junto a la pluma y la agenda, encima de la mesita. Me invadió una extraordinaria pereza y como una solterona de provincias, estuve entre visillos con la cabeza en otro sitio, recordando. Las nevadas, es sabido, son muy dadas a los gerundios.

El libro se llama Diabluras.

divendres, 1 de juny de 2012

Catalunya is sooooo needy.

Por experiencia: cuando uno anda pidiendo, la última respuesta, la del demandado, suele ser el desprecio. Esto no denota tanto la insensibilidad o la chulería del otro, del que te llama aldeano (que también) como la baja autoestima del demandante.

Se ve claro en las relaciones de pareja: uno (el needy) empieza pidiendo cariño, montando pollos porque no recibe tanto como el que cree que necesita. El otro, crecido por el poder que se le ha otorgado, acaba apartando al needy de un manotazo al comentario de déjame en paz, pesado.

Resultado: El needy se patetiza, el demandado se dictatorializa. Estas cosas siempre funcionan por contraste: el demandado aislado del needy, puede que sea un tipo ecuánime, con sus debilidades y necesidades. En cambio, cuando tiene al lado al needy reclamando lo irreclamable -porque el cariño se da o se recibe, punto, si uno tiene que reclamarlo, mejor que apague y se vaya por donde ha venido, con el corazón un poco roto pero con la cabeza aún alta- lo único que le queda es a) ceder al chantaje emocional o b) cerrar puertas y mantener posiciones.

La cosa es que la Catalunya needy le ha reclamado a un festival que la mire. Y el festival se ha puesto chulito.

La misión de un festival de música internacional no es hacer publicidad de la ciudad, del país, en el que se celebra. La misión de un festival de música internacional es ofrecer música internacional. Y para ver este tipo de música es para lo que la gente se gasta un tercio -tirando muy por lo bajo- de la mesada. La misión de un festival de música internacional es también generar pasta -por eso se subvenciona: por la tajada puntual; que a ver si nos enteramos de una vez también de que las subvenciones no son ni limosnas ni aguinaldos-, no generar nuevos consumidores de música catalana.

El Primavera Sound genera pasta de manera puntual, la suficiente como para poder ponerse chulito y apartar a Bianciotto de un manotazo cuando le pide, le suplica, que genere nuevos consumidores de música catalana.

Bianciotto ha patetizado un poco a la música catalana al reclamar una especie de cuota de paridad o al menos de figuración, igual que se patetiza la Generalitat cuando se baja los pantalones ante Madrid para conseguir pactos y limosnitas varias con la excusa de que esa bajada de pantalones es necesaria para seguir avanzando en el camino que sea que tenga la Generalitat. El Primavera Sound se ha definido ante Bianciotto, ante la música catalana, como el matón de la puerta que decide quién entra y quién no.

Nadie se ha enterado por eso de que el Primavera Sound se celebra en un país que también tiene su producción musical. Unos pocos se han enterado, eso sí, de que entre los directores del festival había un gorila con de todo menos sentido de la comunicación.

Ahí quedará la cosa.