dijous, 28 de juny de 2012

Un amigo mío que fue presidente de una potencia mundial me explicó que, cuando llegas al poder, lo primero que descubres es que tienes en tus manos miles de artilugios creados para hacerles la vida imposible a los demás. Y que lo más difícil es resistirse a usarlos. Queda totalmente descartado eliminarlos, ya que antes de que lo consigas, los utilizarán contra ti sin contemplaciones. Tal es la bilis de sus guardianes. Nadie sabe de quién fue la idea y, de todas formas, habría que buscar una palabra para distinguirla de las otras ideas, una palabra fuertemente escatológica que fuera lo bastante universal y no llegara como una advenediza a un mundo en que el cerebro y el culo están más cercanos de lo que sugiere la distancia que los separa.

La humanidad no pertenece a una especie que muere de sed a la orilla de un río seco; más bien lo hace junto a un cauce repleto de agua, sin que nadie pueda entender por qué, aunque sí hacerse una idea de las consecuencias de tal predisposición. 

Cómo caza un dromedario. Víctor Nubla. Blackie Books, 2012.

¡¡Visca!!

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