divendres, 23 de juliol de 2010

Tengo un amigo que piensa que, con todo esto del pase usted primero, no, no, por favor, usted primero, que se está viviendo en el Tour de Francia, el ciclismo está perdiendo toda épica.

Tengo otro que se quita el sombrero ante la deportividad que representa todo esto del pase usted primero, no, no, blablabla, que se está viviendo en el mismo Tour de Francia.

Las dos posturas conllevan cierta verdad. La misma situación puede interpretarse como la pérdida de la esencia de un deporte, por un lado, y como el triunfo de la mismísima deportividad, por el otro. Y las dos interpretaciones son válidas.

... Y que yo llevo un lío en la cabeza con esto de que ante el mismo estímulo, la gente se quede con matices tan dispares que les lleve a reaccionar de maneras tan diferentes pero igual de válidas, que a veces, escribiendo estas parrafadas o hablando en persona con alguien, me llego a sentir como una francotiradora a discreción, ratatatatatatatatatatatata, para, al acabar la ráfaga, quedarme embobada pensando: ¿Con qué se habrá quedado de todo lo que he dicho? Lo que ha entendido, ¿se parecerá en algo a lo que le quería decir?

Y como siempre acabo largándome de la escena del crimen tarareando todo da, todo da, todo da lo mismooooo...

Hay días en los que hay que hacer verdaderos esfuerzos para no convertirse en una cínica, con todas las letras, desde el punto de la mañana.
Lo digo porque, saltando de edición en internet en edición en internet de diario, me encuentro con el anuncio de los contenidos del suplemento de El Periódico de este fin de semana. Aquí. Sí, sí; han leído bien: Mick Jagger revela al mundo las claves para mantenerse en forma. Si llegan hasta el final del artículo, verán la lista de ilustres colaboradores (regaladores también de sabios consejos y agudas miradas que conseguirán hacer de la vida del lector una cosa más agradable) de tan imprescindible revista: David Trueba, Isabel Coixet, Andreu Buenafuente, Carme Ruscalleda y Joan Barril (cuidado: no intenten visualizar todas sus caras juntas).

Paro de leer. Me voy a El Café de Ocata, que siempre me hace así un poco como de "terapia para el alma" (que, mira, es el título del post de hoy), y vuelco un poco del cinismo este del que les hablaba en un comentario un poco tonto al que el Sr. Luri y alguno de sus otros lectores habituales responden en seguida haciendo que parezca hasta un poquito inteligente (el comentario de servidora, digo). Pienso en todo lo que aporta tener lectores leídos. Pienso en cómo han abandonado los mass media toda intención de buscar un público inteligente y, más que eso, en cómo han llegado a la premisa (premisa que nunca, jamás, se dirá en voz alta, pero que debe de sobrevolar constantemente las reuniones de contenidos): "la gente es tonta y traga con todo; ofrezcámosles contenidos para idiotas" (¿¡¿¡¿¡¿¡Mick Jagger dando consejos para estar en forma!?!?!?! Pues sí: Mick Jagger dando consejos para estar en forma). Y acabo al borde de perder la poca fe que me queda en casi todo.

Pero bueno, no se preocupen, seguramente lo único que me pasa es que esto, la gran broma infinita de Stanley Milgram, es lo primero que he leído esta mañana.

Esto lo arreglo yo haciendo unas cuantas cosas de las de verdad importantes: voy a cambiar la caja de arena de los gatos y a pasarme por Correos a enviar un par de cosas que tengo pendientes. Ya verán cómo se me olvida enseguida la comezón esta de ir por ahí intentando destapar cavernas.