diumenge, 14 de febrer de 2016

Justo ayer le soltaba al socio un discurso sobre cómo a veces quien se pasa la vida preocupándose por tenerlo todo bajo control es quien más sufre cuando le pasa algo inesperado. Y justo ayer también saltaba la noticia (antes de tiempo) de la muerte de Muriel Casals.
No tengo ni idea de cómo era Muriel Casals con sus cosas; si era previsora, si era responsable, si lo hacía todo según la norma... Pero sí sé que esa manera de morirse le puede pasar a cualquiera, incluso a las personas previsoras, responsables i com cal.
Yo cuento como mi gran momento de caída del guindo el día en que me di cuenta de que no por hacer las cosas bien, me iba a ir bien en la vida; fue mi gran crisis de fe; me pillé una pataleta morrocotuda de aquellas que una se pilla sólo en la adolescencia, que dirige contra sus padres, contra los maestros y contra cualquiera de quien esté aprendiendo en ese momento, que es todo el mundo porque a esa edad lo único que tiene que hacer una -lo único que está haciendo aunque no quiera y aunque no lo reconozca porque ya se cree muy lista- es aprender.
Aquella rabieta en caliente al entender que un A responsable no necesariamente traía un B feliz, no me dejó ver en un primer momento que entender aquello comportaba un par de buenas dosis de liberación y de responsabilidad: de repente las normas me las ponía yo; e inauguraba para ponérmelas, para saber cuáles servían y cuáles no, para saber hasta dónde daba la máquina que era mi persona, una etapa de experimentación que aún no ha terminado.
Guardo también en la memoria como otro empujoncito valiosísimo hacia la libertad personal una cosa que un día me dijo mi padre: "A ti ahora te parece que todo es muy importante y te afecta un montón, pero ya verás cómo a lo largo de la vida se toman poquísimas decisiones realmente fundamentales; una o dos, como mucho". Pues tenía razón. Y a lo mejor ni siquiera nos enteramos de que las hemos tomado, añado yo.
Total, que ya puedes tener tu hipotequita, tu trabajo fijo en tu empresa de siempre; ya puedes no saltarte una cita con el médico, hacer deporte, comer sano, ser amable con todo el mundo, ser discreta, no meterte en líos, no arriesgar en nada, perdonarlo todo, conformarte con lo que tienes y no moverte de ahí por si acaso... Lo que quieras, que un día te atropella una bici y al siguiente te mueres. O se te muere alguien así. O alguien te hace una tremenda putada. O de repente te paras a pensar y te descubres absolutamente aburrida y, lo que es peor, aburriendo terriblemente a quien tienes al lado. Y entonces ¿qué? ¿Qué vas a contar? O, peor: ¿qué te vas a contar a ti misma? ¿cómo vas a justificarte todo este tiempo que has perdido?

Han pasado los años y creo que una de aquellas dos decisiones importantes que uno toma en la vida tiene que ser ésta precisamente: la de sacar fuerzas de donde sea para no llevar una vida gris; para, el día que me atropelle la bicicleta, por lo menos poder quedarme ahí tirada pensando: buah, qué bien me lo he pasado; que me quiten lo bailao.

dimarts, 26 de gener de 2016

Unos meses antes del primer día del Watusi en la Calders Xavi Moyano y yo fuimos al Heliogàbal a ver a Martí Sales tocar con Maria Rodés y Ramon Rodríguez. Yo salí de allá emocionada perdida porque era de las primeras veces que Martí, que por aquel entonces andaba pegándose sesiones maratonianas con Abel Cutillas y conmigo fichando los libros que luego irían en las estanterías de la librería, volvía a actuar después de que muriera el Uri, que había tocado con él en los Surfing Sirles.
Ésta es parte del concierto que fuimos a ver Xavi Moyano y yo al Helio aquella noche:



Tres meses después de este concierto abrimos la librería. Y cuatro meses después de abrirla celebramos la primera fiesta del Watusi. Martí cantó en aquella fiesta, en vivo, en la librería. Le acompañaron Gerard Segura, Pol Serrahima (los Vàlius) y Jordi Garrigós (Parlament).
Estos son los Vàlius en el Heliogàbal:



Cuando los Vàlius acabaron de tocar en la Calders aquella noche, subieron escopeteados hasta Gràcia porque también tenían que tocar en directo en la Festa Major. Martí y yo nos quedamos a cerrar la librería y tiramos para Gràcia también a ver a los Vàlius tocar en la calle. Aquella noche nos emborrachamos un poco y acabamos subiendo a casa de Martí, que vivía entonces con Núria Martínez Vernis, la poeta.
Ésta es Núria Martínez Vernis en el Heliogàbal:




Núria Martínez Vernis ha pasado por la librería a hablar y a leer poesía de la más diversa, la suya incluida. De poesía rusa no; cuando toca hablar de poesía, o de lo que sea, rusa, uno al que siempre llamamos es a Miquel Cabal; y a Ricardo San Vicente, claro.
Estos son Miquel Cabal y Ricardo San Vicente en el Heliogàbal:



Miquel Cabal ha pasado también por la librería a hacer música en vivo: toca en un grupo que se llama Sot.
Éstos son Sot tocando con Martí Sales (otra vez) hace un par de meses en un sitio que ya no era el Heliogàbal:



Cuando el año pasado por la Festa Major de Gràcia leí en algún lado que a los del Helio no les dejaban hacer el Festigàbal en su plaza de siempre por un problema de patrocinio de cervezas o no sé de qué leches, les mandé un mensaje diciendo que si yo tuviera la librería en Gràcia y no en Sant Antoni, se la dejaría para que montaran el festival allí mismo, pero como la tengo en Sant Antoni y no en Gràcia, lo único que se me ocurría era decirles que contaran conmigo para hacer de camarera o de lo que fuera en el sitio en que acabaran haciendo el festival.
Es que en el Heliogàbal pasan cosas cuando hay música en vivo allá. Se hablan cosas, se celebran libros, se traducen libros, se escucha a grupos que luego quieres que vengan a tocar a tu casa, se descubre a escritores, se raja de escritores, se brinda con poetas, se canta con poetas. Yo conocí a Joan Colomo allá y mientras veía tocar a Fernando Alfaro allá, se me ocurrió que podría invitarlo a la librería a presentar un libro de Ezequiel Martínez que acababa de publicar la editorial Morsa; y vino.
Es que el Heliogàbal es referente. Yo tengo un vídeo de Supergrupo tocando en el Heliogàbal tan visto que si YouTube se pudiera rayar, este vídeo estaría rayado por mi culpa.
Éste es el vídeo de Supergrupo en el Heliogàbal:



En supergrupo tocan Miqui Otero y Kiko Amat, dos escritores que dentro de tres días estarán en la librería celebrando otra vez el día del Watusi.

Hay muchas cosas y mucha gente que van y vienen del Heliogàbal a la Calders.
Si nos cerráis el Helio ahora, nos buscaremos otro sitio porque nosotros somos así: si nos paramos, nos morimos; pero veis la línea de corte que va a haber en la historia literaria y musical de la ciudad, ¿no? Pues esa es la que va a  quedar ahí, bien marcada, sobre vuestras conciencias, jefes.

dissabte, 16 de gener de 2016

 

Nos estamos reinventando la fórmula presentación de libro.
Hemos dado con un formato efectivísimo que aúna contenido de rigor y diversión, que -no es casualidad- son las dos cosas que también reúnen los libros buenos.
Ayer en la Calders, nueve profesionales del sector -entre periodistas, escritores, editoras y una traductora- repasaron la obra de Shirley Jackson. Fue una jam session, como la definió una de las editoras participantes. Hubo lecturas, experiencias lectoras, de traducción y de edición; se hicieron bromas y literatura comparada; se leyó un cuento y el principio y uno de los diálogos de una de sus novelas; el público asistente, entre el que había editores, escritores, traductores y lectores de a pie también, al final se apuntó sin dudar a comentar y a hacer preguntas.
Encima acabamos vendiendo unos cuantos libros de los que se había hablado.

Esta que escribe se fue a dormir pensando: era això, companys; era això.

Aquí y aquí, los tres libros de Shirley Jackson que ahora mismo pueden encontrarse en el mercado.
Aquí y aquí, algunas de las fotos de lo que pasó ayer en la Calders.

Visca la Jackson!
Visca tot!


dijous, 14 de gener de 2016

Hoy he conocido a una persona que había estado un tiempo trabajando en el norte de México. Estábamos cenando un grupo de amigos y ella iba explicando cómo había visto que allá el código de la violencia y del abuso de la mujer era distinto; que básicamente tenían otro umbral de tolerancia para estas cosas, que todo estaba más desmadrado allá, hasta unos niveles que nosotros no podríamos entender.
Yo pensaba que entonces iba a seguir explicando alguna barbaridad desquiciada, sang i fetge, cosa criminal, pero simplemente ha puesto como ejemplo cómo un día, en un bar, un tío se le había acercado de manera bastante violenta y le había pedido que se fuera con ella a casa, y cómo ella se había zafado de él y cuando después le había explicado el episodio a una amiga suya, ésta le había dicho: "bueno, es que eres muy guapa".
Y no me ha parecido tan terrible la historia.
Y se lo he dicho, que no me había parecido tan terrible, porque no me ha parecido tampoco que aquello que acababa de explicar fuera una cosa que no pasara aquí.
Y ella me ha dicho que tenía razón.

Y ahora, dos horas después, ya no sólo esa historia sino yo misma pensando que esa historia no es tan terrible es lo más terrible que me puedo imaginar.



dissabte, 2 de gener de 2016

Hoy he desayunado una ensaimada de cabello de ángel en el idò Balear, he comido menestra con espárragos y jamón, y un rape en salsa con gambas buenísimo de segundo, he merendado dos mandarinas -aquí me he quedado corta- y acabo de cenar un bocata de txistorra, todo el rato pensando en compensar el karma inútil que estaban creando los setenta y pico tipos aquellos que se han encerrado para destrozar el concepto 'huelga de hambre', que es su manera de pedir que Mas sea presidente. Me parecen unos imbéciles estos tipos; me lo parecen tanto que me he tomado muy a pecho la responsabilidad de devolver al mundo yo sola un cierto equilibrio alimenticio&calórico.

Y ahora llego a casa y me encuentro con este artículo de Gregorio Luri, que encima habla de este otro artículo de Carles Capdevila que, cuando lo leí, me puso al borde de escribir aquí otra entrada explicando cómo algunos blindan su ingenuidad y su bonachonismo, que son en realidad tapaderas para asegurar su inmovilismo, a base de acusar de cínicos a quienes se los señalan.

 Luri dice: Jo no tinc gens clar que la veritat crua sigui un bé social.
Y yo añado: No és ni bé social ni individual la veritat crua: m'he quedat sense els tuppers de menjar que la meva mare havia fet per als àpats de Nadal, sense part de la txistorra que puntualment em porta sempre que ve de Pamplona, i tota aquesta gentola seguirà fent la seva pantomima per sempre, n'estic segura. Menuda merda.

dijous, 17 de desembre de 2015



EL TORERO PUJA A CASA SHAKE IT UP BABY (Making of.)

Contes. Amb Miquel Adam, Jordi Nopca i Víctor Garcia Tur.
Avui, a les 19.30h. Llibreria Calders.

-Khefa, fem presentació del torero.
-Quan?
-Aquesta setmana no puc, que la faig a la Setmana del Llibre en Català, la vinent tampoc, que la faig a l'Horiginal, la següent.
-Hosti, tu, tres presentacions seguides... a la tercera no vindrà ningú i acabarem tu i jo sols a la llibreria plorant i bevent cerveza.
-Però jo en vull fer una a la Calders.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-No. Mira, esperem que passin unes setmanes i ens inventem una altra cosa per a abans de Nadal.


-T'has llegit el llibre del Miquel?
-Sí, m'ho he passat molt bé, és molt Miquel. En volia fer una presentació aquí però ja en farà dues de seguides i li he dit que ens esperem a uns dies abans de Nadal i ens inventem un 'lectures de...' i ajuntem tot de gent que ja se l'hagi llegit. O fem una sessió de contes amb més escriptors i muntem sarauet.
-Ei, jo vindria amb el 'Puja a casa'.
-Perfecte, muntem-ho.

-Ei khefa, que hem de fer lo dels contes.
-Ah, sí: l'altre dia amb el Nopca parlàvem del torero i de fer amb tu una cosa de contes i deia que ell vindria.
-Oh! Ja tinc el títol: El torero puja a casa.
-Perfecte. Busquem algú altre i ja ho tenim.

-Khefa, hem pensat algú altre?
-Què tal aquest?
-Pfff, sempre som els mateixos.
-I aquest?
-Deixa-m'ho pensar.

-Ei, ja sé qui: l'Empar Moliner. Es titularía: El torero puja a casa si ha begut. I ara què, eh? Què me'n dieu? Hi ha ous?  Com se us queda el cos?
-Per mi, ok.
-Per mi també.

Hola, Empar,
El dia 17 de desembre, dijous, vindran el Miquel Adam i el Jordi Nopca a parlar dels seus llibres de contes i d'altres autors. T'hi apuntaries?
Isabel

Hola, Isabel,
Hosti, vindria, però el dia 17 no puc: tinc una altra presentació. Vaig de cul, tia.
En una altra ocasió; no ho deixem pasar.
Empar.

-La Moliner no pot.
-I el Víctor Garcia Tur?
-Ostres, sí! A més treu novetat al gener. Li escric!

Hola, Víctor,
El dia 17 de desembre blablablà, blablablà.
Isabel.

Hola, Isabel,
Vaig de cul però et dic que sí.
Víctor.

-Tius, el Víctor diu que sí. Es dirà El torero puja a casa shake it up baby now.
-Guai. Que ens posareu un moderador, per caritat?

Hola, Tina i Guillem,
Us escric amb poc temps i entendré perfectament que em digueu que no.
El dia 17 fem un d'aquells 'lectures de...' dedicat als contes. Vindran el Miquel Adam, el Jordi Nopca i el Víctor Garcia Tur. Em demanen un moderador i he pensat en algun de vosaltres, que teniu el gènere molt per la mà, així, a més, aprofitaríem per donar-li una mica de visibilitat al Paper de Vidre.
La idea seria que els presentessiu a tots tres molt breument i després us quedessiu a la tarima a fer de moderador mínim; a tallar al Miquel si es posa molt pesat amb el Saunders, per exemple.
Si no pot ser, no patiu, els presentaré jo mateixa i els deixaré fer després.
Isabel.

Hola, Isabel,
Jo ja et dic que no puc perquè he de ser a una altra llibreria, i el Guillem crec que tampoc perquè viu fora i té nens i li és molt difícil desplaçar-se.
Isabel.

Hola, Isabel,
Gràcies per la invitació, però em serà impossible venir aquell dia. Tinc nens, visc fora i m'és molt difícil desplaçar-me.
Guillem.

-Els Paper de Vidre no poden venir demà; els he avisat amb poquíssim temps, pobres. Us presentaré jo i us deixaré sols. He convidat de públic a tot d'editors i escriptors de contes; la gràcia seria que tot acabés en debat entre tots.
-Vale. Jo llegiré una cosa, res, molt curta, una página de res, del Saunders.
-Ja m'ho imaginava. Ens veiem demà.






diumenge, 13 de desembre de 2015

Pasa con Yorgos Lanthimos que agarra una serie de convenciones tan arraigadas en la sociedad que nadie, sólo él, se las replantea, y las presenta como un libro de normas impuestas que un grupo de personajes tienen que seguir a rajatabla en contra de su voluntad si quieren seguir viviendo.

En "Langosta" ("The Lobster") le da en pleno centro a las convenciones del amor. Y cómo.
El marco: una sociedad que no acepta al individuo solo, sin pareja. Gente aleccionada a base de micro escenas teatrales que demuestran que cenar solo, pasear solo, tiene siempre consecuencias catastróficas; hacerlo acompañado, en cambio, no.
El resultado: individuos forzándose a buscar la empatía con otros, eligiendo una vida condenada a mantener esa empatía a todo coste con tal de no acabar solos, autoconvenciéndose de que van a ser capaces de manerla a largo plazo, dispuestos a quitar de en medio a quien venga a decirles lo contrario, reafirmándose siempre con argumentos del tipo:  "¿Qué es peor? ¿Darse golpes en la nariz de vez en cuando hasta sangrar o acabar muriendo solo?" Lanthimos desmonta convenciones complejas a base de ejemplos casi pueriles: el caso del personaje que se golpea la nariz hasta hacerse sangrar, porque busca la manera de enamorar a una mujer que habitualmente padece de hemorragias nasales espontáneas, inevitablemente trae a la cabeza del espectador casos reales de conocidos que cambian el discurso y se adaptan a quien en ese momento tengan delante si ven que con ellos podrían tener una vida compartida que igual, al menos eso nos dice constantemente la sociedad, hasta podría ser una vida mejor. Todos somos casi todos los días testigos de casos así. Y sería de muy burros pensar que todo esto solo le pasa al vecino: las pelis de Lanthimos incomodan porque habla de una sociedad integrada por el propio espectador también.

Es imposible salir de ver la peli sintiéndote bastante idiota, sintiéndote bastante como si te hubieran señalado algo que haces mal y, lo peor -y aquí está lo demoledor de la segunda mitad de la película-, sintiendo que esa cosa que acabas de descubrir que haces -que hacemos- tan mal está tan arraigada, forma ya tanto parte de tu identidad, de la de la sociedad, que nunca, nunca la vamos a poder cambiar.