dimecres 22 de maig de 2013

La tele brilla tanto por su ausencia en mi casa que, el día que compré el sofá, no supe a qué encararlo; y va ayer y pasan dos cosas que, de haberlas tenido en cuenta el día que decidí que no, habría sido que sí y ahora, seguramente, tendría un plasmote colgado en la pared, el sofá mucho más claramente orientado.

Ayer resucitaron a dos muertos y uno resultó estar en mucho mejor estado. Y no era por lo que hacían o aparentaban, era por lo que les sobrepasaba, por la cosa de tener un mundo que no estuviera acabado ya. Aznar, el primero, pasó por Antena 3 en forma de entrevista, haciendo el parche, negando, taponando y presentándose como la capa de pintura, rancia, que le hacía falta a este viejo barco. Pujol, el segundo, por tv3, como Historia; como reportaje de pasado que hablaba mucho más de futuro.

Y era una cuestión de tiempo e Historia, la que proponían los dos, sólo que el primero miraba hacia adelante con gesto de romper con pasado y presente. Negó el presente negando a Rajoy. Dijo que sólo se habían visto un día y que, como todos comprenderíamos, habían ido al grano -palabras amables cero-. Negó hasta el rey actual: cada vez que decía que, en el pasado, había hecho cosas buenas, servidora pensaba que no se refería a éste de hoy, que estaba tirando más bien de cuando la reconquista o así; después, cuando pitonisaba sobre lo que haría de bueno en el futuro, una, a éste, lo daba ya por muerto. Rompía tanto con el pasado Aznar, que hasta olvidaba que el pasado era él. Rompió tanto con el presente también, que no dudó en reconocer que en la boda de su hija faltaban luces.

A Pujol, en cambio, media hora más tarde, en tv3, lo andaban presentando como puente franco. Y he aquí la diferencia: mientras el primero andaba capeando, navegando lejos, haciendo como que su zodiac no estaba del todo perforada, moviendo los brazos diciendo 'eh, aquí, que ya vengo a salvaros'; el segundo se presentaba como puente directo con un pasado del que se enorgullecía. Iba moviendo también los brazos Pujol, pero lo suyo era para espantarse tamaña presencia; el puente sabe que lo importante es una orilla y la otra orilla, y que de la parte del medio, lo que importa es el río. Que si el río, entre medio, te pega una paliza, tu responsabilidad queda prácticamente reducida a manterner la vida, decía, y que más te vale, ya que vas a seguir viviendo, salvar un poquito el honor, decía también.

El honor es lo que no puede salvar Aznar, porque el honor de Aznar es el honor del yo y no el del país. El honor es lo que no ha salvado Aznar porque no tiene país, no tiene yo, más o menos limpio del que hablar. Y aunque, volviendo a los puentes, nunca hay que olvidar el río, aunque el río que Pujol intenta salvar tampoco baja precisamente limpio, ahora, sabiendo que la orilla que dejamos atrás tenía tanto sentido, podemos pensar, o aunque sea sólo imaginar, que también lo tendrá la que vendrá.

Así es como se construye la historia; así es como, a Pujol, la historia le está construyendo el yo.

dimarts 21 de maig de 2013

El otro día vi que Mamma Roma estaba programada en el ciclo que estos días la Filmoteca le dedica a Pasolini, pensé que qué bien porque no la había visto y, como para impaciencia la mía y como soy tan mala espectadora de cine que por pura ansia por la historia tengo el miramiento ninguno de sacrificar formato y lo que haga falta, me la miré en Filmin esa misma tarde.

Lloré mucho, se me quedó muy mal cuerpo, salí a tomar una cerveza en estado de desesperación bastante acuciante y no conseguí dormirme hasta las cuatro de la madrugada.

Días después, para mi sorpresa, me di cuenta de que iba por la vida sacando a la primera de cambio el tema de haber visto la película, y sin poder parar de hacer comentarios al respecto del tipo "qué maravilla", "qué barbaridad", "qué gusto".

Y aún más días después, cuando por fin ha llegado el momento aquel maravilloso en el cual el arte, por eso es arte, encaja dentro de la teoría sobre la vida, sobre el trabajo y sobre las maneras de hacer bien las cosas, que uno se va montando en la cabeza a lo largo de la misma suya propia, me ha dado por poner Mamma Roma a renglón seguido de aquello que contaba José Luis Cuerda el otro día en Pequod; aquello de cómo, una vez que andaba escribiendo un guión con Rafael Azcona, cuando él le propuso poner a la protagonista, después de un momento de gran dramatismo, llorando, con la espalda apoyada contra una puerta que acababa de cerrar de malas maneras, Azcona le espetó: '¡¡Una mierda!! ¡¡El corazón es una cosa privada y tú no tienes ningún derecho de decirle a la gente cuándo tiene que llorar!!'

Y, una cosa lleva a la otra, me ha dado por ponerla también en el polo opuesto a ese fiasco monumental trieriano que fue Bailar en la oscuridad -lloren aquí, dando saltitos en el tren; lloren allá, cantándole al conducto del aire de la celda-, igual que tengo puesto al Lost in Translation de la niñísima en las antípodas de la magistral In the Mood for Love.

Vayan a ver Mamma Roma esta tarde si no lo han hecho ya. Si están atentos, van a aprender muchas más cosas de las que se esperan. Van a ser personas mucho menos simples, mucho más exigentes; no van a volver a conformarse con historias lacrimógenas de huerfanitos o de niños en campos de concentración, se lo van a pensar tres o cuatro veces más a la hora de ir por la vida reclamando premios, comprando libros, yendo al cine. Y, lo más importante: nadie va a poder volver a decirles cuándo tienen que ponerse a llorar. Y esta última, se lo juro, es una de las más grandes formas de libertad.
Hay, segurísimo, un término medio legal entre los padres dispuestos a todo por darles el gustito a sus hijas y los padres dispuestos a todo por darse el gustito ellos.

dimarts 14 de maig de 2013

Y ésta del link es la crónica de Sant Jordi en el Go.
Mira por dónde que esto de cronicar se está pareciendo un poco a dietariar.
(Y que gracias por la palestra, Manu Miau).

dilluns 13 de maig de 2013

Que el Gobierno español se estuviera "fabricando" nuevos enemigos basados en la lengua previendo que Catalunya y Euskadi se van (¿qué hacen los gallegos, por cierto?), para cuando España sea definitivamente una, pequeña y dependiente de Alemania.

Que una vez establecidas las nuevas fronteras, los territorios en los que se habla el mallorquín, el valenciano el lapao y el lapapyp, inicen un proceso de secesión que esgrima cada uno de estos idiomas como seña identitaria, al mismo tiempo que lo que quede de España se invente denominaciones del tipo Lengua Aragonesa Propia del Área Occidental (LAPAOC), Lengua Aragonesa Propia de la Ribera Sur del Ebro (LAPRSE) O Lengua Murciana Propia del Área Norte (LEMPAN), y que cuando los tres primeros sean independientes, sea el turno de los procesos de secesión de estos últimos tres; al mismo tiempo que el Gobierno empieza a inventarse nombres para las lenguas, también inventadas, que se hablen en lo que queda de territorio.

Y así sucesivamente hasta que del territorio actalmente conocido como España, no quede absolutamente nada más que un pueblecito en el centro mismo de la península, que viva absurdamente orgulloso por ser el último bastión del castellano puro; que consiga el reconocimiento de su gran "mérito" por parte de la UE, la cual le otorgará categoría de "reserva" y le enviará a unos señores a instalar unos rollos de alambrada en todo su perímetro para acabar vendiéndolo, cuando se den cuenta de que nunca será rentable mantenerlo, a un magnate ruso del sector del turismo que acabará haciendo de él una especie de resort vacacional en el que se instalará el Eurovegas que Adelson nunca llegó a construir antaño.

Fin.

diumenge 12 de maig de 2013

... como a Baroja, persona sensible, la época se le hizo trabajosa o simplemente antipática y brutal, uno lo lee con temor a que de pronto suelte alguna barbaridad antipática y brutal.

"Para algunos, ver matar a un caballo en una plaza o a un hombre en un patíbulo, constituye un placer; para otros es un dolor intenso". Y cita a un sabio francés, algo que lo mismo podría haber hecho en una tertulia: el dolor "es una función intelectual, tanto más perfecta cuanto más desarrollada está la inteligencia"

De "Baroja descubre la acción sedentaria", completísimo artículo de Justo Navarro para Revista de libros.

divendres 10 de maig de 2013

Del por qué es tan importante que Valero y Baños estén en la lista de libros independentistas recomendados por Biel Mesquida. Del por qué es tan importante que se hayan escrito estos libros, de hecho.

Valero Sanmartí, con "Jo només il·lumino la catalana terra", y Antonio Baños, con "La rebel·lió catalana", han aportado la pieza que faltaba para tener la imagen completa del país. Sólo a partir de esta imagen, se puede empezar a hacer algo que no parezca un partido de futbito de sexto de EGB contra los del cole de al lado.
Se ha trivializado tanto el sentimiento nacionalista que hemos llegado a pensarnos que la cosa estaba a tocar porque las ventas de banderas se habían disparado en los todoacienes y el maquillaje cuatribarrado era el que los niños querían llevar en la cara; cualquier cosa cantada en catalán nos servía -hasta el envàs on vas-, hacíamos chipi-chapa cada vez que cualquier farandulero, sin más criterio que haber salido en una serie -mala- de tv3, se prestaba a salir en un anuncio épico diciendo que el pueblo tiene derecho a decidir, como si decidir, de por sí, ya fuera garantía de algo, como si fuera poco indicativo que el pueblo, las veces que ya ha decidido, ha decidido ver Polseres vermelles y escuchar a Sopa de Cabra.
Valero Sanmartí y Antonio Baños apuntan en sus libros a todo eso que tanto nos irrita del país de al lado, y nos dicen que no somos tan diferentes y que, como no somos tan diferentes, ya podemos hablar también nosotros de país, para bien y para mal, con toda nuestra mediocridad, borreguismo, corrupción e ignorancia, que son las cuatro cosas que conforman el muestreo universal -perdonen la contradicción- de la masa que un día irá (esto está aún por ver) a las urnas.
Es depresivo el panorama cultural y político que presentan Valero y Baños. Si uno se parte de risa leyendo sus libros es porque son, encima, buenos explicándose, los tíos. Y que tanta gente esté partiéndose de risa leyéndolos, es porque ya empezamos a ser capaces de tener una cierta capacidad de autocrítica que va más allá del España es mala, Catalunya buena, y este partido lo vamos a ganar.
Baños, el otro día, me decía: Es importante que se empiece a hablar también en estos términos. Y tenía toda la razón.
Hay que leer a Baños y a Valero para saber de dónde se viene. Hay que leerlos para saber a dónde se va; para saber que la estructura de estado no es sólo un novelista malo erigido como escritor nacional por puritica desesperación; que hay estructuras de estado mucho más profundas que son las que provocan las superficiales. Y que saber ver estas estructuras y que haya gente, como estos dos, que sepa criticarlas con tanto arte sin ser luego inmediatamente linchados por la masa boba, es lo que también, sobre todo, por fin, empieza a dar una definición creíble de un país.