dissabte, 3 de desembre de 2016


Estaba fregando los platos en la librería y una señora ha venido hasta el fregadero y se ha esperado a que me secara las manos para que le mirara si teníamos un libro. No teníamos el libro.

Analicemos la situación:
  1. Fregar los platos en horario de atención al público.
  2. Clienta que tiene que venir a buscarme.
  3. Clienta que espera.
  4. No tener el libro.
En el mundo de las auditorías suspenderíamos rotundamente en el camino de la consecución del sello de calidad.

Pero:
  1. El libro que buscaba la señora era ESTO.
Una auditoría técnica no tiene manera de valorar qué libros no tenemos ni los motivos por los que no los tenemos ni si nuestro fondo está integrado o no por libros de calidad literaria, científica o técnica ni la aptitud de los libreros para recomendar sobre la marcha libros que cumplan estos criterios de calidad o para programar actividades de calidad también.

Todo esto es lo que algunos libreros les estamos intentando explicar al Gremi de Llibreters y al Departament de Cultura de la Generalitat; ambas instituciones están dispuestas a gastarse dinero público en implantar estas auditorías inútiles, cuando hay tantas otras cosas por hacer.