dimecres, 30 de maig de 2012

El Primavera Sound está desde hace tiempo un poco maldito. Miren: un novio mío, hace años, encontró una manera de entrar en un sorteo de cinco invitaciones: una para él y cuatro más. Se las envió a cuatro amigos. Cuando me enteré, le pregunté: ¿no me la has enviado a mí? Solo eran para cinco, me respondió. No es que mi novio no quisiera ir de fiesta conmigo, es que no quería ir conmigo a ningún sitio. Ni quedarse en casa conmigo quería. El problema era yo. El problema era él conmigo.

La cosa acabó aquel verano, y ya va a hacer seis. Yo, que había ido siempre al Primavera Sound, solo he vuelto a ir dos veces, solo un día por vez, y nunca con él, por supuesto. Hace unos días le preguntaba a alguien por qué la gente hace estas cosas, estos primaverasounds tan evidentes que dejan tan claro lo que quieren decir sin tener que llegar a decirlo; como si, en el momento de salir por la puerta con la pulserita enganchada en la muñeca, ese adiós, ese vaivén de la mano significara, más que un me voy de festival, un tútevasdemivida cobarde, cobarde porque no llega a decirse. Me respondió que a veces pasa que uno tiene que romper con todo y que a lo otro, a lo de tener huevos para decirlo o no, ya me había respondido yo con la pregunta.

Bien, eso pasó y esa es la relación de ideas: el Primavera Sound desde hace unos años está maldito y yo lo cuento aquí.

Es que hoy me han dicho 'ahora, cuando pienso en ti, pienso que tú eres tú y la que ha escrito todo eso' y no me he atrevido a preguntar dónde está la diferencia porque a mí no me parece que la haya. Es que hoy he leído esta entrevista que le hacen a Nubla en Vice y, cuando dice esto 'esas cosas de las que escribo pasan siempre. Lo único que necesito es tiempo para poderlas escribir', le he entendido muy bien.