diumenge, 8 de juliol de 2012


Alguien que, por fin, hace algo, y todo el mundo fijándose en lo que no es y haciendo la pataletita de siempre.

Cuando metían a los insumisos a la cárcel, había quien pensaba que simplemente se estaba castigando a una panda de vagos por saltarse la mili. Por otro lado, había quien veía que aquello era una lucha, que claro que tenían que pasar por la cárcel: cuantos más mejor hasta que la cosa fuera insostenible y la mili acabara desapareciendo.

Así que no, ni hablar: la noticia no es que Jessed Hernàndez se ha quedado sin medalla en los Sky Games por correr por Catalunya, sino que Jassed Hernàndez ha corrido por Catalunya para, en el caso de ganarla (y seguro que él sabía que podía ganarla), quedarse sin medalla y que esto trascendiera. Si lo que trasciende es que los Sky Games no dan medallas a Estados no reconocidos, lo único que estamos haciendo es citar -muy enfadados, eso sí- el reglamento de los Sky Games y obviar el gesto de Jessed Hernàndez; enfadarnos y hacer la pataleta de siempre por algo que ya sabíamos.

Aquí la noticia es que hay alguien capaz de renunciar a algo por un fin muy superior. Porque ¿qué esperamos? ¿Que el reconocimiento llegue de repente, plop, titular de periódico: Catalunya gana una medalla en los Sky Games? Catalunya aún no es un Estado, si lo fuera, ¿por qué se está luchando aquí? Es que esto precisamente es lo último que se tiene que perder de vista, si no, volvemos todos a hacer la mili y desfilamos a jurar bandera con la esteladeta anudada al cuello, y todos tan contentos porque, con un poco de suerte, se habrá visto todo por la tele. Y así, está comprobadísimo, no se va a ningún lado.

(En Vilaweb, un día después del asunto, siguen con la cancioncita. En el Ara se limitan a citar a Vilaweb. Ni en La Vanguardia ni en El Punt dicen nada).
Si a mi gato le rascas detrás de la oreja, él levanta la pata de atrás y hace el gesto de rascarse. Si hablas con Marina Espasa de escribir, ella teclea con los dedos en el aire. Si al Carrete de Málaga le dices 'tangos', él te hace el ritmo con los nudillos encima de la mesa y debajo, con los pies. Si le haces pensar, Abel Cutillas se peina una ceja con la punta de los dedos. Si a mi hermano le preguntas si ha visto el encierro, te habla de él con el puño apretado como si llevara un periódico enrollado.

A la gente (y no tan gente) se le notan las pasiones en las manos. A algunos hasta en los pies.

Y yo aún no sé qué hago ni, lo que es más terrible, cuándo lo hago, coño.
Estaba leyendo cómo media familia del abuelo de Sagarra moría de cólera fulminante en su torre de Sarrià (nueve ataúdes, entre grandes y pequeños, salieron de la torre ese día), cuando la Kika ha subido al sofá, me ha dado un par de mordisquitos en la mano y se ha tumbado a mi lado. Me he puesto a acariciarle el lomo y a mirar atentamente cómo cerraba los ojitos y hacía prrrrrr y estiraba las patas de atrás, lo que me ha llevado a pensar en Yoko Ogawa y en las excursiones que organizan los colegios japoneses de niños bien pequeños a observar las flores de los almendros. Ohanami, literalmente 'ver flores', se llaman estas excursiones. Del momento contemplativo ogawiano a su técnica para definir las relaciones de unos personajes con otros por pura oposición de sus cualidades, incluso de sus cualidades meramente físicas, solo ha habido un paso. Y de pensar en esto a concluir que quien busca comunistas para su propia definición (sea en serio o en broma) solo puede tener la cabeza llena de brujas, otro paso más.

Descubrir que alguien con quien pensabas que podrías tener un sano debate está en otra dimensión, además de ser en general muy decepcionante, ha sido más o menos el highlight de lo que ha sido mi semana.

Estoy a punto de ponerme el bikini y enfilar el carril bici dirección playa a darme un baño de normalidad.