dilluns, 30 de gener de 2012

Jordi Savall recrea esta tarde, en Santa Maria del Mar, el último concierto de Montserrat Figueras.

Y yo no me conformaré nunca con menos de este tipo de amor. A menor escala, claro -yo ni soy soprano ni voy cantando por balcones góticos-, y con altibajos, seguramente -como todo el mundo-; pero ese respeto, esa admiración que le lleva a Savall a meter la orquesta en el templo para volver a oir la voz de su mujer donde mejor sonaba... Eso es lo que quiero que me den y lo que quiero llegar a querer dar yo.

Admiración y respeto: llámenme ilusa pero es que por menos no me enamoro; es que por menos no sería amor, sería conformismo, desesperación, conveninencia, costumbre...
Hace casi tres años que no tenía vecinos al otro lado de la calle.
Ahora que de nuevo los tengo, debo volver a hacerme a la idea de que están, más que nada para que no piensen que soy peligrosa o así cuando me oigan exclamar a las 7.30h. de la mañana, en pijama, leyendo el periódico:

"¡Qué pesadez! ¡Claro que Dios existe: se lo inventaron los hombres!"

Si no reaprendo a contenerme, los nuevos vecinos se llevarán una imagen equivocada de mí: se quedarán con el pronto, sin saber que luego, camino del trabajo, voy pensando que claro que si no se hablara de este tema -aunque los diarios de información general definitivamente NO son el sitio adecuado para hacerlo-, Dios hace mucho que habría dejado de existir.