dimarts, 10 de juliol de 2012

Heroi nacional #2: Hastings Kamuzu Banda
(Subtítulo: Todos con Girona).

Hastings Kamuzu Banda: "Tot el que jo dic és llei. Literalment, llei. Això és un fet en aquest país".


Banda, tot i que s'havia sentit molt a gust a la Gran Bretanya, considerava horrible que en els balls qualsevol home pogués arrambar una dona casada en presència del seu marit. Per a ell, la societat europea era 'depravada', ja que hi imperava la 'promiscuïtat'. El Ngwazi no es cansava de repetir als seus conciutadans que no s'havia d'imitar els europeus, perquè aquests 'vivien com gossos'.
L'MCP (Malawi Congress Party) es va sumar a la campanya moralista del seu cap. El 1963, es va prohibir als seus militants l'embriaguesa i la 'conducta desordenada' (sense concretar què es considerava 'conducta ordenada' segons el 'sistema Kamuzu'). Dos anys més tard, la Lliga de Dones va recomanar a les seves associades que no duguessin jerseis massa ajustats, per evitar que se'ls marquessin els mugrons. El 1977, Banda va estendre la reglamentació moralista a tota la població. D'acord amb el Reglament de Decència en el Vestir, va prohibir que les dones vestissin faldilles curtes o pantalons, i va decretar que els homes havien de dur el cabell curt. 
Kamuzu, a més, va vedar les publicacions que induïssin a 'corrompre la moral tradicional', com ara les revistes pornogràfiques... o els manuals de control de natalitat. 

Pallassos i Monstres. Albert Sánchez Piñol.
¡Arg! ¡Demagogia sanferminera! Otra más. Vamos allá, apuntémonos todos al plan de recorte de gastos en Sanidad que apunta la Moliner. Va:

Yo tampoco quiero pagar la hospitalización de la gente que coge el coche y se estampa contra un camión en su ruta de vacaciones yendo a Marina d'Or, ¿no te jode?, que se queden en el pueblo, que es mucho menos hortera, el camino es mucho más corto y, por lo tanto, el riesgo de accidente menor.
Paso de pagar también el tratamiento de los chichones de los Castellers: o todos con casco como el anxeneta o que se lo pague la colla a pachas, que para eso se ponen a subir, amunt, amunt, voluntariamente.

Las excursiones por la montaña, con sus señalizaciones del camino, sus guardias forestales, sus puntos de información y sus puestos de primeros auxilios, a pagarlas cada uno de su mochila también: yo no voy nunca y no les encuentro la gracia. ¿Por qué tendría que poner pasta de mi nómina, si la tuviera, para que reseñalizaran aquella red de caminos de ida a ninguna parte y vuelta al mismo sitio de donde se había salido y vuelta a empezar el fin de semana que viene si hace bueno? De hecho, el fin de semana que viene, si hace bueno o malo, yo me quedo en casa leyendo y, si salgo, me echo un paraguas al bolso en caso de llover: así que prou espacios de información metereológica pagados de mi bolsillo en los medios públicos, que llueva o haga sol, yo voy ha hacer exactamente lo que tenía planeado.

Exijo preferencia absoluta ante un intoxicado por un bolet traicionero si, el próximo otoño, tengo que ir a urgencias porque me ha subido de repente la fiebre. Si me ha subido de repente la fiebre por leer algún artículo que me ha sacado de quicio demasiado, cedo el paso a quien se le haya abierto por sorpresa la úlcera sangrante, siempre que no haya pasado esto último porque se haya puesto ciego comiendo en un mexicano por puritico antojo.

Miren, todo esto es muy complicado: habría que poner a la entrada de los hospitales un mostrador de interpretación del grado de capricho en la herida a tratar de cada cual. Propongo, para acabar antes, la creación de un impuesto nuevo: uno que se tenga que pagar cada vez que salimos de casa porque sí, no por necesidades básicas como ir a comprar el pan. La mayoría de las veces, iríamos poniendo pasta y no nos pasaría nada. Sumando sumando lo que vamos poniendo, nos daría para pagar los puntos de sutura, las escayolas, incluso las hospitalizaciones que llegáramos a necesitar si un día, no sé, por ejemplo, por el capricho de tener la parejita, nos diera por ponernos de parto por segunda vez.