dissabte, 17 de juliol de 2010

(De mujeres)

Hablando con mi amiga S., que acaba de salir -de mala manera y llevándose ella la peor parte- de una relación bastante larga, acabo hablando de mis experiencias como novia abandonada y abandonadora. Es normal: S. ahora anda un poco confusa y busca identificarse con alguien. Ella pregunta y yo contesto. A buena a ido a parar.

Ella pregunta y yo contesto, decía, y en una de éstas le cuento de aquella vez que yo, abandonadora, recibo una llamada de mi ex que me propone volverlo a intentar. "No", le contesto, a lo que él replica: "Vaya, no pensaba que me dirías que no... Ya no eres tan joven y, bueno...". "Pues ya ves", le interrumpí. Este diálogo me dio pie para pensar en la imagen tan extendida de las mujeres de mi edad que hay por ahí suelta entre el género masculino.

Por lo que me ha llegado, es bastante común la imagen de que aquí, las chicas, estamos tan obsesionadas con tener hijos que, llegados los 35, empieza una especie de cuenta atrás en la que todo y cualquiera vale con tal de ser inseminadas y nos convertimos en una especie de depredadoras-vampiras-anuladoras de la personalidad del macho, con un único objetivo: el de ser unas amitas de casa con un hombre bien amarrado a la pata de la cama. Me baso en comentarios de mis amigos y del exnovio este en cuestión, en entradas de cierto blog y en comentarios a esas mismas entradas escritos, parece ser, por mujeres.

En actitudes de otras mujeres, también me puedo basar. En las de mujeres de otras generaciones (quizás, por ello, más comprensibles): mi madre, sin ir más lejos, siempre, siempre que he acabado una relación, auque yo sea la corneada, abandonada... me ha hecho invariablemente comentarios del tipo: "Es que tienes un carácter..." Una de sus grandes preocupaciones, dentro de su ideología de niña de la posguerra y de colegio franquista, es que aquí, la menda, si no cambia de forma de ser (o sea, si no reculo y me trago todo lo que he tenido que dejar atrás y superar de la ideología esta bastante carca en la que me educaron), acabe quedándome sola. A mí también me preocupa un poco, cierto, pero es que cualquiera no vale, así que asumo el riesgo.

También me baso en actos de mujeres de mi misma generación: memorable el caso de un amigo que pasaba por una época malísima, acabó con una que a la primera de cambio y a pesar de lo mal que él estaba, le propuso tener un hijo. Por lo visto, no paró hasta que lo tuvo unos meses después. Con otro.

En fin, que sí, que hay mujeres así. Pero también hay otras como mi amiga C. quien, felizmente emparejada, a los 35 decidió todo lo contrario: "A mí ya se me ha pasado el arroz: no me imagino a los 40 corriendo detrás de un niño de 5". Y punto.

Y vuelvo a pensar en mi madre, un día que hablando de este tema me dijo: "Es que, Isabel, tú te piensas que sí, pero las cosas no han cambiado tanto", a lo que yo contesté: "¿No han cambiado tanto? Entonces qué hago yo pagándome cada mes el alquiler y yendo a trabajar todos los días?"

Para mí las cosas sí han cambiado. Y si aquí las dos partes ahora tienen que ganarse los euros para compartir el pagar el alquiler, la reforma de la escalera, la cuenta del súper, para decidir si un año se va o no de vacaciones, si se compra un coche nuevo... Y si las dos partes curran y cualquiera de las dos puede tener o no tener éxito profesional del que el otro se alegrará o ante el que el otro arrimará el hombro-pañuelo de los mocos, lo de los críos o no críos habrá que decidirlo entre los dos también, creo yo.

No me gustan las mujeres de las que siempre habla el sr. Vila. De hecho, me da un poco de lastimica que el sr. Vila sólo haya conocido a este tipo de mujeres. No, de hecho, lo que me da un poco de lastimica es que el sr. Vila no se haya molestado aún en buscar otro tipo de mujeres...

Vale, lo que me pasa, en el fondo, cuando el sr. Vila habla de mujeres, es que me hace pensar que eso de que "las cosas no han cambiado tanto" que dice mi madre, podría ser verdad. Y no me gusta.