dilluns, 17 de gener de 2011

Yo hace tiempo -desde que me regalaron del Quadern gris, en concreto- que esto de escribir sobre las cosas que a uno le pasan lo veo como carne de dietario o de blog como mucho. O sea que casi no lo veo como escribir en realidad. No me malinterpreten: no estoy hablando en general, no estoy diciendo que cuando otros escriben sobre sí mismos no considere que eso sea literatura, porque entonces podrían ustedes argumentarme rápidamente que Proust o que el mismo Pla, por ejemplo.

Estoy hablando sobre mí -esto es un blog, ¿no?- y por experiencia sé que cuando hablo sobre mí me salen verdaderas chapuzas que a veces incluso asustan a la gente hasta el punto de que algunos me dejan comentarios en plan nena, ¿estás bien? Te llamo(*) y otros no me dicen nada pero sé que están leyendo y haciendo pfffff al mismo tiempo. Todos tienen razón. Yo misma pienso que colar rollos en plan testimonio está bien si eres periodista de actualidad y que vaciar el buche de mala leche aquí, para que lo lea todo el mundo, es de un morro y de un aprovecharse de la paciencia ajena supinos. Pero bueno, esto es un blog, ¿no?

Las cosas que no hablan de mí las tengo guardadas en una carpeta que se llama Cosicas, dentro de la carpeta Documentos de mi ordenador. Lo digo por si me muero de repente, para que lo sepa alguien más que Marina y Miquel, que el día que se lo dije estaban con la cabeza en otra parte y luego me dijeron que no se acordaban.

Y ahora no se me pongan a pensar que me voy a morir de repente, ¿eh?, que esto es sólo un blog.


(*) que me dejen comentarios en plan nena ¿estás bien? Te llamo, me hace sentir mal sobre todo si he soltado alguna mentirijilla con el fin de hacerme la interesante, que lo hago a veces, así, al más puro estilo Paco Rico.