dijous, 17 de desembre de 2015



EL TORERO PUJA A CASA SHAKE IT UP BABY (Making of.)

Contes. Amb Miquel Adam, Jordi Nopca i Víctor Garcia Tur.
Avui, a les 19.30h. Llibreria Calders.

-Khefa, fem presentació del torero.
-Quan?
-Aquesta setmana no puc, que la faig a la Setmana del Llibre en Català, la vinent tampoc, que la faig a l'Horiginal, la següent.
-Hosti, tu, tres presentacions seguides... a la tercera no vindrà ningú i acabarem tu i jo sols a la llibreria plorant i bevent cerveza.
-Però jo en vull fer una a la Calders.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-No. Mira, esperem que passin unes setmanes i ens inventem una altra cosa per a abans de Nadal.


-T'has llegit el llibre del Miquel?
-Sí, m'ho he passat molt bé, és molt Miquel. En volia fer una presentació aquí però ja en farà dues de seguides i li he dit que ens esperem a uns dies abans de Nadal i ens inventem un 'lectures de...' i ajuntem tot de gent que ja se l'hagi llegit. O fem una sessió de contes amb més escriptors i muntem sarauet.
-Ei, jo vindria amb el 'Puja a casa'.
-Perfecte, muntem-ho.

-Ei khefa, que hem de fer lo dels contes.
-Ah, sí: l'altre dia amb el Nopca parlàvem del torero i de fer amb tu una cosa de contes i deia que ell vindria.
-Oh! Ja tinc el títol: El torero puja a casa.
-Perfecte. Busquem algú altre i ja ho tenim.

-Khefa, hem pensat algú altre?
-Què tal aquest?
-Pfff, sempre som els mateixos.
-I aquest?
-Deixa-m'ho pensar.

-Ei, ja sé qui: l'Empar Moliner. Es titularía: El torero puja a casa si ha begut. I ara què, eh? Què me'n dieu? Hi ha ous?  Com se us queda el cos?
-Per mi, ok.
-Per mi també.

Hola, Empar,
El dia 17 de desembre, dijous, vindran el Miquel Adam i el Jordi Nopca a parlar dels seus llibres de contes i d'altres autors. T'hi apuntaries?
Isabel

Hola, Isabel,
Hosti, vindria, però el dia 17 no puc: tinc una altra presentació. Vaig de cul, tia.
En una altra ocasió; no ho deixem pasar.
Empar.

-La Moliner no pot.
-I el Víctor Garcia Tur?
-Ostres, sí! A més treu novetat al gener. Li escric!

Hola, Víctor,
El dia 17 de desembre blablablà, blablablà.
Isabel.

Hola, Isabel,
Vaig de cul però et dic que sí.
Víctor.

-Tius, el Víctor diu que sí. Es dirà El torero puja a casa shake it up baby now.
-Guai. Que ens posareu un moderador, per caritat?

Hola, Tina i Guillem,
Us escric amb poc temps i entendré perfectament que em digueu que no.
El dia 17 fem un d'aquells 'lectures de...' dedicat als contes. Vindran el Miquel Adam, el Jordi Nopca i el Víctor Garcia Tur. Em demanen un moderador i he pensat en algun de vosaltres, que teniu el gènere molt per la mà, així, a més, aprofitaríem per donar-li una mica de visibilitat al Paper de Vidre.
La idea seria que els presentessiu a tots tres molt breument i després us quedessiu a la tarima a fer de moderador mínim; a tallar al Miquel si es posa molt pesat amb el Saunders, per exemple.
Si no pot ser, no patiu, els presentaré jo mateixa i els deixaré fer després.
Isabel.

Hola, Isabel,
Jo ja et dic que no puc perquè he de ser a una altra llibreria, i el Guillem crec que tampoc perquè viu fora i té nens i li és molt difícil desplaçar-se.
Isabel.

Hola, Isabel,
Gràcies per la invitació, però em serà impossible venir aquell dia. Tinc nens, visc fora i m'és molt difícil desplaçar-me.
Guillem.

-Els Paper de Vidre no poden venir demà; els he avisat amb poquíssim temps, pobres. Us presentaré jo i us deixaré sols. He convidat de públic a tot d'editors i escriptors de contes; la gràcia seria que tot acabés en debat entre tots.
-Vale. Jo llegiré una cosa, res, molt curta, una página de res, del Saunders.
-Ja m'ho imaginava. Ens veiem demà.






diumenge, 13 de desembre de 2015

Pasa con Yorgos Lanthimos que agarra una serie de convenciones tan arraigadas en la sociedad que nadie, sólo él, se las replantea, y las presenta como un libro de normas impuestas que un grupo de personajes tienen que seguir a rajatabla en contra de su voluntad si quieren seguir viviendo.

En "Langosta" ("The Lobster") le da en pleno centro a las convenciones del amor. Y cómo.
El marco: una sociedad que no acepta al individuo solo, sin pareja. Gente aleccionada a base de micro escenas teatrales que demuestran que cenar solo, pasear solo, tiene siempre consecuencias catastróficas; hacerlo acompañado, en cambio, no.
El resultado: individuos forzándose a buscar la empatía con otros, eligiendo una vida condenada a mantener esa empatía a todo coste con tal de no acabar solos, autoconvenciéndose de que van a ser capaces de manerla a largo plazo, dispuestos a quitar de en medio a quien venga a decirles lo contrario, reafirmándose siempre con argumentos del tipo:  "¿Qué es peor? ¿Darse golpes en la nariz de vez en cuando hasta sangrar o acabar muriendo solo?" Lanthimos desmonta convenciones complejas a base de ejemplos casi pueriles: el caso del personaje que se golpea la nariz hasta hacerse sangrar, porque busca la manera de enamorar a una mujer que habitualmente padece de hemorragias nasales espontáneas, inevitablemente trae a la cabeza del espectador casos reales de conocidos que cambian el discurso y se adaptan a quien en ese momento tengan delante si ven que con ellos podrían tener una vida compartida que igual, al menos eso nos dice constantemente la sociedad, hasta podría ser una vida mejor. Todos somos casi todos los días testigos de casos así. Y sería de muy burros pensar que todo esto solo le pasa al vecino: las pelis de Lanthimos incomodan porque habla de una sociedad integrada por el propio espectador también.

Es imposible salir de ver la peli sintiéndote bastante idiota, sintiéndote bastante como si te hubieran señalado algo que haces mal y, lo peor -y aquí está lo demoledor de la segunda mitad de la película-, sintiendo que esa cosa que acabas de descubrir que haces -que hacemos- tan mal está tan arraigada, forma ya tanto parte de tu identidad, de la de la sociedad, que nunca, nunca la vamos a poder cambiar.

dimarts, 8 de desembre de 2015


¿Qué pasa con Rhodes?

Instrumental salió hace un mes -¿ya dos?- escaso y ya nos hemos quedado tres o cuatro veces sin ejemplares en la librería. ¿Qué pasa con este libro? Tiene una contra de lo menos atrayente: han decidido tirar por el impacto, supongo, y han reducido la sinopsis, el gancho de venta que se suele poner ahí, a lo más escabroso del contenido -que si violaciones, que si psiquiátricos...-, sin olvidar, eso sí, el punto de luz que recorre todo el libro por dentro: la música, el piano. Pero no se ha vendido por la contra Instrumental; se ha vendido -se está vendiendo- porque, por suerte, unos cuantos decidieron leérselo a pesar de esa contra; dentro se encontraron lo que realmente quería explicar Rhodes y, alehop, hicieron correr la voz.

Y ¿qué explica Rhodes? Rhodes se explica a sí mismo. ¿Que le violaron de pequeño? Sí, pero también que aquél fue el punto de partida de su particular visión del mundo y de su manera de enfrentarse a él.

Descubriréis en Instrumental a un individuo que vio desde bien pequeño que el mundo estaba lleno de hijos de puta y decidió serlo él mismo también: no como venganza, sino porque pensaba que esa era la manera normal de de hacer las cosas. Aquel profe que a la tierna edad de seis añitos lo violó repetidamente hasta destrozarle la espalda, también le enseñó a no tener ningún tipo de respeto por su cuerpo, por el sexo, por los demás. Rhodes tuvo que reaprender después todo lo que un niño aprende a la primera sin verse obligado a dar toda una vuelta por el mal para volver después al amor, a la vida. Y le cuesta un trabajo terrible a Rhodes; le cuesta la salud, un matrimonio, casi un hijo y no sé cuántas cosas más, todo el recorrido que tiene que hacer, no para librarse de aquel trauma infantil sino para librarse de sí mismo, de todo aquello en lo que lo acabó convirtiendo aquella aberración. Yo aplaudí leyendo el momento del libro en el que explica cómo tiene que reprimirse cada vez que tiene a alguien delante que él sabe que conoce su historia; "sé que podría manipular a cualquiera a mi antojo", confiesa, dibujando así el retrato terrible del poder de la víctima sobre el mundo; ese retrato que sólo la víctima puede hacer sin que le caiga encima una abanico de acusaciones que recorrerían todo el rango desde el 'mala persona' hasta el 'neonazi', pasando por el 'hater', el 'amargado' y el 'cabrón'.

La historia de Rhodes no es una historia de superación, es una historia de autodominio y sublimación, que no es lo mismo. Rhodes no piensa que se haya curado; Rhodes sabe que tiene aún todo aquello dentro, pero también que gracias a todo aquello tiene un cierto poder que, ansiolíticos, química y música mediante, ha conseguido dominar y volvérselo a favor.

¿Habéis entrado al Instagram de Rhodes? Hacedlo: veréis que tiene una novia perfecta, que vive en una casa perfecta también; que se pega unos viajes de lujo, que se codea con todas las celebrités, que ha diseñado una línea de bambas que vende una colega suya por no menos de doscientos euros, que encima es solidario, que si viene a Barcelona hace fotos de patios cuquis de hotel, que le abren las puertas de la escuela del Liceu para que dé entrevistas y toque un ratito el piano. Y lo adoraréis. E iréis corriendo al Spotify a poneros a escuchar la música que os dice él. Y entraréis en la web de su amiga zapatera y os plantearéis seriamente si compraros sus bambas por Navidad.

Y veréis que tenía razón cuando explicaba aquello del poder de las víctimas y no podréis sino agradecerle que haya decidido utilizar el suyo para darnos a nosotros -y darse de paso a sí mismo- una vida mejor.

Así que seguid leyendo Instrumental y seguid sucumbiendo a Rhodes. Hacedlo. Entenderéis muchas cosas del mundo, de las personas, de vosotros mismos, de todo lo que podáis imaginar.

dimecres, 25 de novembre de 2015

Nuestra educación ha sido tan, tan retorcida que estoy harta de ver a chicas que aun poniendo ellas el piso, la decisión y hasta la organización de la cosa doméstica, trabajando además fuera de casa tantas horas o más que sus parejas, aún siguen jugando al ay, ay, ay, soy más delicada que tú con sus respectivos.

Cada dos por tres soy testigo de cómo mujeres afinan la voz hasta tonos ridículos cuando su interlocutor es su compañero, le piden por favor que les lleven el bolso -diminuto, el bolso- o le ponen morritos y arrugan la frente antes que decirles que no, que el plan que les están proponiendo no les convence y que prefieren hacer otra cosa.

También estoy bastante cansada de ver a hombres que entran en el juego: que aun siendo el piso, la decisión y la organización de la casa de sus parejas, las miran realmente como si ellas fueran más frágiles y se sienten en su papel cuando ellas les hacen sentir que son fuertes y que les necesitan casi a un nivel de supervivencia.

No hace falta que os explique tampoco que aún hay mucha gente que mira mal a una mujer que va de autosuficiente, por mucho que lo sea.

Tanto unas como otros hemos recibido una educación de mierda en este sentido.
Todos tenemos un trabajón que hacer para arreglar esto.

dilluns, 16 de novembre de 2015

Esto es basura.

Es una redaccioncita de sexto de EGB que si se la entregabas al profe cuando ibas a sexto de EGB en un colegio de Pamplona o si se la leías a tus padres en plan mira qué he escrito, te cruzaban la cara directamente, al grito de ¿pero tú qué estás? ¿haciendo broma con esto?

Es un ejercicio de reduccionismo de TODO al imaginario más idiota de los miedos infantiles. Cualquier padre de allí en sus cabales, ante semejante aberración, cogería al pequeño plumilla por la oreja, lo llevaría al despacho y le diría ¡esto ni en broma! y le haría un repaso de toda la gente, la conociera o no el crío en cuestión, a quien sí le habían reventado el coche -y, de paso, a parte de la familia- y le espetaría un ¿no te hemos enseñado respeto, joder? que, a la edad en que la autora de este desficio ha tenido los santos huevos de enviar esto para que se lo publicaran, aún estaría resonándole en la cabeza.

¿Publicar esto: Com he dit d’entrada per centrar el tema de la peça, tenir per segur que moriràs per bomba al cotxe i no a l’escola és, en certa manera, pacificador amb la vida.? ¿Y publicarlo ahora? Apelando ¿a qué? ¿A la nostalgia infantil? ¿Para qué? ¿Para sentirnos más cercanos a la gente que vive esto con cotidianedad? La gente que vive esto con cotidianedad no tiene nada que ver con la cría que retrata la autora, que, si leyera esto, no se sentiría para nada identificada y, peor, pensaría que se están burlando de ella. ¿Dar por hecho que un coche bomba se lo iban a poner a ella y preferir, ya puestos, que mejor se lo pusieran a toda la familia?

No todo vale con tal de contarlo con voz de niño pequeño: crecemos por algo, y si lo único que nos va aportar el hecho de crecer es la capacidad de sentarnos ante el ordenador para engendrar una historia hecha a base de recuerdos manipulados con el objeto de conmover a otros adultos de la manera más salchichera, de la manera más torpe y patosa, más insolidaria y desvinculada de las víctimas de verdad, es que nunca, nunca, te has molestado, ni siquiera por aproximación, porque no hay otra manera, en ponerte en la cabeza de una víctima de verdad.

Publicar este artículo es una irresponsabilidad y una GRAN falta de respeto.

dimarts, 13 d’octubre de 2015


Hoy es el primer día sin Cabaret Elèctric.

Es muy fácil y breve explicar por qué era tan importante que este programa fuera diario: Montse Virgili, su directora y presentadora, se leía los libros y se escuchaba los discos de los invitados, incluso muchas veces los que proponían los colaboradores, antes de entrevistarlos o tenerlos en el programa. Ya está.

¿Qué conseguía con eso Virgili? Saber aguantar una conversación, que eso es de lo que va la radio: de hablar, de conversaciones. ¿Qué pasa cuando se sabe aguantar una conversación? Que el resultado es una conversación interesante, no un interrogatorio hecho a base de preguntas cliché que te ha escrito un guionista y que tienes que embutir en los raquíticos minutos que le dedicas a la sección casi siempre por cumplir la papeleta. También despierta una conversación interesante el interés del oyente por el libro o el disco sobre el que se está hablando, habiendo entonces muchas más posibilidades de que dicho oyente acabe la escucha con ganas de ir a buscar el libro o a meterse en el concierto o a comprarse el disco. O las tres cosas. O incluso a descargárselos ilegalmente; da igual: el resultado es un oyente interesado en la cultura, con ganas de leer y de escuchar música; Montse Virgili generaba de estos cada día. Teniendo en cuenta que la producción literaria y musical de este país da para satisfacer los intereses de todos los oyentes interesados en la cultura que generaba a diario el programa de la Virgili y más, hagan cuentas ahora que ha pasado a ser semanal (es una sencilla división) y dense cuenta de la gravedad del asunto para los que vivimos de vender o hacer cultura.


Nos están dejando con sólo programas que generan consumidores de cosas que se hablan en conversaciones sin ningún tipo de interés. Luego, esos mismos que han tomado esta decisión, harán el amago de venir a rescatarnos a las librerías a base de subvenciones; con las tiendas de discos ni lo intentan.


Os habéis cargado el Cabaret. Os estáis cargando las librerías. Os estáis cargando la cultura.

dissabte, 10 d’octubre de 2015


Me llama Peio H. Riaño, como hace casi siempre que hay una noticia política con repercusión directa sobre las librerías, para preguntarme por el famoso sello de calidad que se nos acaba de inventar el ministerio, para poner en marcha el cual se van a gastar la fortunaza de 150.000 euros. Y me pide, encima, que le cuente qué me parece en comparación con los 2.000.000 de euros que ha decidido el estado francés gastarse allá en darles un empujón a las tiendas de libros suyas (porque eso es lo que van a ser las librerías francesas ahora: prácticamente suyas del Estado).

Primero le digo que nos hemos equivocado por unos poquicos kilómetros de lado de la frontera, claro; que un poco más arriba y ya lo teníamos, pero no.
Luego le digo que él ya sabe, por otras veces que hemos hablado el tema, que yo no soy devota de las subvenciones: que sí, que caen muy bien, pero que un negocio que se aguanta por ayudas y no por ventas es un negocio fallido condenado a ir a remolque del repartidor de becas de turno al que cambiarán como mucho a los cuatro años y a quien, encima, le tienes que caer bien. Y que de qué me sirve a mí tener pasta para ampliar el fondo a tres mil referencias más si luego me las voy a comer con patatas.
Y le acabo concluyendo, más o menos, que si tienen 150.000 euros para regalar, que los cojan y que se los metan en el cole: que les paguen con ellos el sueldo a cinco profesores de filosofía que me eduquen a 150 chavales por curso para que, cuando sean mayores, tengan ganas de venir a comprarme libros.
 
Eso sí que sería una buena ayuda para empezar, pero me suena que he leído en algún lado que están haciendo justo todo lo contrario. Y así todo.