diumenge, 7 d’abril de 2013


Coge Nacho Vegas y se sube a un escenario para enseñarte unos trozos de películas de Mike Leigh. Y es como si te presentara a sus padres: igual. Como si un amigo te invitara a tomar un café a su casa coincidiendo con que su madre está de visita y, entre clink, clinks, cucharilla contra loza, escucharas una de sus típicas muletillas dicha con voz veinte años más vieja. Descubres de repente que el amigo no te estaba contando todo este tiempo historietas, anecdotillas de su día a día, sino que estaba haciendo todo un despliegue de filosofía de vida heredada; y entiendan por filosofía de vida todo tipo de manías, traumas, cosas mal asumidas o que no hay manera de asumir y que sólo dejan ser cantadas, filmadas y puestas allá sobre la mesa, bajo un título que diga "Éste soy yo".

Así que empieza el concierto y, en el tonto de Career Girls, ves a Simón diciendo "no os importo"; y en las dos protas, a los dos colegas bajando el colchón y pensando en él a todas horas. Ves a gente que, dando, pide (igual que Marilyn la particular); a la señora que no puede cambiar de vida (como el insomne de Seronda); a gente que, preguntando, la clava (como los bobos; como todo el género bobo). Y a lo largo de los tres cuartos de hora -cortísimos- que dura la cosa, en algún momento, seguro, te acabas viendo a ti mismo también, por lo mismo que lo de la madre del amigo: porque las anécdotas de Vegas y Leigh ahora ves que son filosofías, humanidades enteras.

Empiezan a pasar los créditos y tú miras a tu compañero con el horror del ¿no habrá acabado ya? Marchan los músicos y vuelven a salir para dar la propinilla de los cuatro hits que todo el mundo quiere cuando compra una entrada de Vegas, otra vez el de las anécdotas. Hits que sólo sirven para que las tres petardas que tienes en la fila de delante, tengan su momento gruppie, canten, se rían y hagan UOOH! levantando los brazos. Yo también quería mi momento UOOH! entonces, de acuerdo: también soy fan del piquito de epate, pero ahora, pensándolo bien a noche dormida, si hubiera acabado con los créditos, si lo hubiera dejado ahí, no quedándose un ratito más una vez Leigh había marchado ya, habría sido redondo, concentrado, poderosísimo. Un gran menos es más. Arte puro.