dimarts, 25 d’octubre de 2011

Hay veces que te encuentras con gente que no te admite si no estás a su bajura.

Es como si hubiera un club de egoístas, broncas, gente con mala baba que, cada vez que cree captar a un posible candidato para el club, le hicieran probar en plan cremonia de iniciación, en sus propias carnes todas sus 'cualidades'. Pero es una trampa esta ceremonia de iniciación, porque si el candidato llega a responder en los mismos términos en los que ellos atacan, ellos dejarán de verse a sí mismos como lo que son y lo rechazarán alegando precisamente que no les sirve porque es un egoísta, un broncas y tiene mucha mala baba.

Si el posible candidato en cambio, en vez de responder, piensa con tristeza cómo ha podido querer, si lo ha querido, ni si quiera tener algo que ver con esa gente tan egoísta, tan broncas y con tan mala baba, y no les hace frente para nada, ellos pensarán que de qué va este tío haciéndose la mosquita muerta y que qué desprecio es ese que les está haciendo.

En cualquiera de los casos, el candidato nunca saldrá del entuerto bienparado a los ojos de la gente del club.

Así que para qué esforzarse.

Esta es un poco la conclusión de toda la semana pasada. Bueno, teniendo en cuenta que estuve absolutamente enferma, que cuando estoy absolutamente enferma me siento muy muy miserable y que la única vez que salí de casa me encontré con alguien que parece que no me soporta por razones absurdas, y que espera que entre nosotras haya no sé qué tipo (bueno, sí que lo sé pero que me aspen, Colorado, si me interesa) de rivalidad también absurda, no esperarían que la conclusión fuera que la gente es maravillosa y tal, ¿no?

Por suerte para mí, ya estoy mejor.