divendres, 9 de juliol de 2010

(El momento de la confesión)

Hace unos meses, Albert Balasch, el poeta, me preguntaba: ¿Tú cómo lo haces para no escribir? Él no podía. Me dijo que lo había intentado y que estaba a punto de volver a intentarlo, lo de no escribir, que la última vez sí que llegó a no escribir nada nuevo durante un tiempo pero no pudo evitar ponerse a reescribir lo que ya había escrito (que, además, creía que era demasiado porque lleva escribiendo desde muy joven).

Hace unos días, en una terracita, V. y el artistaabans , me preguntaron por qué no escribía, les respondí con la pregunta contraria a la que me hizo Balasch: ¿Cómo se hace para escribir?

A mí lo que me pasa, señores, es que no tengo huevos. Y lo digo con la tranquilidad que me da saber que como mis motivos son o muy nobles o muy idiotas, en cualquiera de los dos casos, me sabrán perdonar.

Parte de la gente con la que me relaciono se dedica a escribir, a actuar, a estrenar programas de televisión... He presenciado muchas conversaciones del tipo: "Ostras, el libro/la obra de teatro/el programa, es malísimo, ¿qué le decimos? ¿qué le decimos? ¿qué le decimos?" (aparece la persona en cuestión) "Hey, está muy bien esto que has hecho, felicidades, felicidades..." Y la persona en cuestión, venga a escribir más, sin ningún tipo de pudor. (ACLARACIÓN: Estoy generalizando; conozco a bastante gente que sabe ser sincera sin ofender y sabe hacer una crítica constructiva de manera que el otro sepa apreciarla).

Pero éste no es el principal motivo por el que me entra urticaria sólo de pensar que algo que yo pueda escribir quede ahí impreso, a disposición de las listas de ventas (que me darían bastante igual, creo) y de los juicios de valor de todo chichipichichi. El motivo principal por el que no me veo capaz es todo lo bueno que he leído. Gente como Zweig, Joyce, Larkin, Proust, Vila Matas, Camus, Casavella, Pla... me inspira demasiado respeto. Ya sé que mientras no supere el K.O. técnico al primer round que me producen estas referencias, no podré ponerme a ello. Y que hay que perderle el respeto a la literatura como hay que perdérselo a un padre (hasta matarlo, dirían algunos) para empezar a hacer las cosas por tu cuenta, pero una cosa es perder el respeto y otra pisotearlos a mala leche, como hacen muchos.

No puedo y no sé si podré nunca. Igual un día me acaba creciendo la jeta. No sé.