dimarts, 26 de gener de 2016

Unos meses antes del primer día del Watusi en la Calders Xavi Moyano y yo fuimos al Heliogàbal a ver a Martí Sales tocar con Maria Rodés y Ramon Rodríguez. Yo salí de allá emocionada perdida porque era de las primeras veces que Martí, que por aquel entonces andaba pegándose sesiones maratonianas con Abel Cutillas y conmigo fichando los libros que luego irían en las estanterías de la librería, volvía a actuar después de que muriera el Uri, que había tocado con él en los Surfing Sirles.
Ésta es parte del concierto que fuimos a ver Xavi Moyano y yo al Helio aquella noche:



Tres meses después de este concierto abrimos la librería. Y cuatro meses después de abrirla celebramos la primera fiesta del Watusi. Martí cantó en aquella fiesta, en vivo, en la librería. Le acompañaron Gerard Segura, Pol Serrahima (los Vàlius) y Jordi Garrigós (Parlament).
Estos son los Vàlius en el Heliogàbal:



Cuando los Vàlius acabaron de tocar en la Calders aquella noche, subieron escopeteados hasta Gràcia porque también tenían que tocar en directo en la Festa Major. Martí y yo nos quedamos a cerrar la librería y tiramos para Gràcia también a ver a los Vàlius tocar en la calle. Aquella noche nos emborrachamos un poco y acabamos subiendo a casa de Martí, que vivía entonces con Núria Martínez Vernis, la poeta.
Ésta es Núria Martínez Vernis en el Heliogàbal:




Núria Martínez Vernis ha pasado por la librería a hablar y a leer poesía de la más diversa, la suya incluida. De poesía rusa no; cuando toca hablar de poesía, o de lo que sea, rusa, uno al que siempre llamamos es a Miquel Cabal; y a Ricardo San Vicente, claro.
Estos son Miquel Cabal y Ricardo San Vicente en el Heliogàbal:



Miquel Cabal ha pasado también por la librería a hacer música en vivo: toca en un grupo que se llama Sot.
Éstos son Sot tocando con Martí Sales (otra vez) hace un par de meses en un sitio que ya no era el Heliogàbal:



Cuando el año pasado por la Festa Major de Gràcia leí en algún lado que a los del Helio no les dejaban hacer el Festigàbal en su plaza de siempre por un problema de patrocinio de cervezas o no sé de qué leches, les mandé un mensaje diciendo que si yo tuviera la librería en Gràcia y no en Sant Antoni, se la dejaría para que montaran el festival allí mismo, pero como la tengo en Sant Antoni y no en Gràcia, lo único que se me ocurría era decirles que contaran conmigo para hacer de camarera o de lo que fuera en el sitio en que acabaran haciendo el festival.
Es que en el Heliogàbal pasan cosas cuando hay música en vivo allá. Se hablan cosas, se celebran libros, se traducen libros, se escucha a grupos que luego quieres que vengan a tocar a tu casa, se descubre a escritores, se raja de escritores, se brinda con poetas, se canta con poetas. Yo conocí a Joan Colomo allá y mientras veía tocar a Fernando Alfaro allá, se me ocurrió que podría invitarlo a la librería a presentar un libro de Ezequiel Martínez que acababa de publicar la editorial Morsa; y vino.
Es que el Heliogàbal es referente. Yo tengo un vídeo de Supergrupo tocando en el Heliogàbal tan visto que si YouTube se pudiera rayar, este vídeo estaría rayado por mi culpa.
Éste es el vídeo de Supergrupo en el Heliogàbal:



En supergrupo tocan Miqui Otero y Kiko Amat, dos escritores que dentro de tres días estarán en la librería celebrando otra vez el día del Watusi.

Hay muchas cosas y mucha gente que van y vienen del Heliogàbal a la Calders.
Si nos cerráis el Helio ahora, nos buscaremos otro sitio porque nosotros somos así: si nos paramos, nos morimos; pero veis la línea de corte que va a haber en la historia literaria y musical de la ciudad, ¿no? Pues esa es la que va a  quedar ahí, bien marcada, sobre vuestras conciencias, jefes.

dissabte, 16 de gener de 2016

 

Nos estamos reinventando la fórmula presentación de libro.
Hemos dado con un formato efectivísimo que aúna contenido de rigor y diversión, que -no es casualidad- son las dos cosas que también reúnen los libros buenos.
Ayer en la Calders, nueve profesionales del sector -entre periodistas, escritores, editoras y una traductora- repasaron la obra de Shirley Jackson. Fue una jam session, como la definió una de las editoras participantes. Hubo lecturas, experiencias lectoras, de traducción y de edición; se hicieron bromas y literatura comparada; se leyó un cuento y el principio y uno de los diálogos de una de sus novelas; el público asistente, entre el que había editores, escritores, traductores y lectores de a pie también, al final se apuntó sin dudar a comentar y a hacer preguntas.
Encima acabamos vendiendo unos cuantos libros de los que se había hablado.

Esta que escribe se fue a dormir pensando: era això, companys; era això.

Aquí y aquí, los tres libros de Shirley Jackson que ahora mismo pueden encontrarse en el mercado.
Aquí y aquí, algunas de las fotos de lo que pasó ayer en la Calders.

Visca la Jackson!
Visca tot!


dijous, 14 de gener de 2016

Hoy he conocido a una persona que había estado un tiempo trabajando en el norte de México. Estábamos cenando un grupo de amigos y ella iba explicando cómo había visto que allá el código de la violencia y del abuso de la mujer era distinto; que básicamente tenían otro umbral de tolerancia para estas cosas, que todo estaba más desmadrado allá, hasta unos niveles que nosotros no podríamos entender.
Yo pensaba que entonces iba a seguir explicando alguna barbaridad desquiciada, sang i fetge, cosa criminal, pero simplemente ha puesto como ejemplo cómo un día, en un bar, un tío se le había acercado de manera bastante violenta y le había pedido que se fuera con ella a casa, y cómo ella se había zafado de él y cuando después le había explicado el episodio a una amiga suya, ésta le había dicho: "bueno, es que eres muy guapa".
Y no me ha parecido tan terrible la historia.
Y se lo he dicho, que no me había parecido tan terrible, porque no me ha parecido tampoco que aquello que acababa de explicar fuera una cosa que no pasara aquí.
Y ella me ha dicho que tenía razón.

Y ahora, dos horas después, ya no sólo esa historia sino yo misma pensando que esa historia no es tan terrible es lo más terrible que me puedo imaginar.



dissabte, 2 de gener de 2016

Hoy he desayunado una ensaimada de cabello de ángel en el idò Balear, he comido menestra con espárragos y jamón, y un rape en salsa con gambas buenísimo de segundo, he merendado dos mandarinas -aquí me he quedado corta- y acabo de cenar un bocata de txistorra, todo el rato pensando en compensar el karma inútil que estaban creando los setenta y pico tipos aquellos que se han encerrado para destrozar el concepto 'huelga de hambre', que es su manera de pedir que Mas sea presidente. Me parecen unos imbéciles estos tipos; me lo parecen tanto que me he tomado muy a pecho la responsabilidad de devolver al mundo yo sola un cierto equilibrio alimenticio&calórico.

Y ahora llego a casa y me encuentro con este artículo de Gregorio Luri, que encima habla de este otro artículo de Carles Capdevila que, cuando lo leí, me puso al borde de escribir aquí otra entrada explicando cómo algunos blindan su ingenuidad y su bonachonismo, que son en realidad tapaderas para asegurar su inmovilismo, a base de acusar de cínicos a quienes se los señalan.

 Luri dice: Jo no tinc gens clar que la veritat crua sigui un bé social.
Y yo añado: No és ni bé social ni individual la veritat crua: m'he quedat sense els tuppers de menjar que la meva mare havia fet per als àpats de Nadal, sense part de la txistorra que puntualment em porta sempre que ve de Pamplona, i tota aquesta gentola seguirà fent la seva pantomima per sempre, n'estic segura. Menuda merda.