dijous, 30 de juliol de 2009

Después de un par de semanas conviviendo con dos gatos que han decidido dormir toda la noche y empezar cada día peleándose a las 6 de la mañana, una se acaba olvidando de la carga de voluntad que hasta ahora pudiera conllevar el verbo madrugar.

Aquí, los usurpadores de toda mi intención en el acto de levantarme pronto, en plena emboscada trapera: