dimecres, 23 de març de 2011

From: Isabel Sucunza
Date: 2011/3/23; 06:42
Subject: La guerra
To: Míster

Míster,

Esta madrugada, Salmonetes me ha enviado aquí: a estas palabras de la Trini.

Dice la Trini:
-No es exactamente una guerra, sino una resolución de la ONU.

Me ha hecho pensar en la excusa que una vez el psicólogo de mi amigo Richy se inventó para justificar las barbaridades que a Richy a veces le daba por hacer. "Lo que te pasa es que estás explorando tus límites", le dijo un día. Y desde entonces, no pocas conversaciones con él han acabado conmigo suspirando "Pero Richy..." y él alegando "¿Qué? Estoy explorando mis límites", que, desde la primera vez que se lo oí decir, he pensado que era la excusa perfecta ante la vida; la perífrasis que todo lo concluye dejando además todas las puertas abiertas.
(Tengo que decir aquí que Richy es perfecto: bellísimo. Que no serías el primero ni el último en rasgarte la camisa ante él suplicándole: "Cuando acabes con tus límites, explora los míos", por eso a él le funciona tan bien este argumento. Tú, por favor, no lo intentes en tu casa).

La ONU también nació con la idea de ser bellísima; ahora se dedica a aplacar las meadas fuera de tiesto de aventureros pasados de rosca, mediante la exploración de sus propios límites con el consentimiento, aprobación y agradecimiento de la comunidad internacional. Lo que pasa es que la ONU, a base de buscar las perífrasis que expliquen sus guerras, parece que está cayendo en justificaciones más que en argumentos convincentes. Y cuando uno empieza a justificarse, malo. ¿Te has fijado que todas las guerras, de un tiempo a esta parte (desde que dejaron de llamarse conquistas, en concreto), tienen justificaciones que podrían pasar por nobles? No hay ataque y defensa: sólo hay defensa. Unos defienden una cosa y los otros otra. Gana en nobleza quien defiende la cosa más grande, la más aparentemente universal; y pierde y es malo, malo, malo, quien defiende la particular. Por eso, siempre, el primer ataque de la ONU, va directo a lo más privado: la casa del malo. El otro día, a Gadadi, le destrozaron el salón (uno de ellos): fue toda una primera definición de papeles en esta guerra, perdón Trini, en esta resolución.

He llegado a mi límite hoy y no tengo ganas de traspasarlo, Míster. Creo que a partir de aquí, lo podría justificar todo; podría convertirme en el niño más repelente del club de debate de la Junior High; podría convertirme en un filósofo del post mayo francés, al borde mismo del abismo que se abre al final del concepto. No me des un papelito con una idea escrita en él que igual le busco argumentos en contra que se los busco a favor y te acabo convenciendo de cualquiera de las dos cosas.

Otro día hablamos de los pobres particulares que conviven con el señor que defiende lo particular. Daños colaterales, creo es la perífrasis que se sacó de la manga la ONU para ellos.

Un abrazo,
Isabel