dijous, 28 de juny de 2012

Hace años, por los porches de la Plaza del Castillo, los domingos por la tarde se paseaba un ciego que iba oyendo el carrousel deportivo por un transistor que llevaba pegado a la oreja. Yo tengo asociada la imagen del ciego a la lluvia, claro, nosotros nos paseábamos por los porches solo cuando llovía, cuando no corríamos por la plaza a mojarnos con el agua de las fuentes que hay a lado y lado del kiosco que hay en el centro de la plaza. Teníamos no más de diez años y la cuestión era mojarse lloviera o no.

Íbamos arriba y abajo por los porches, decía, y cada vez que nos cruzábamos con el ciego, mi padre nos decía: pregúntale al ciego qué hace el Osasuna. ¿¡¿¡Qué hace el Osasuna!?!?!, le gritábamos los tres a coro, un poco porque éramos críos y los críos en libertad siempre gritan, otro poco para hacernos oír por encima del transistor que llevaba puesto a un volumen considerable y otro poco más porque, como era ciego, pensábamos que también era sordo; ojos y orejas están en la cabeza y los niños tienden a generalizar.

El ciego nos contestaba cero-uno, cero-cero, dos-cero. ¡¡¡Cero-unoooo!!! ¡¡¡Cero-Cerooooo!!! ¡¡¡Dos-ceroooo!!! Le pasábamos la información a mi padre, que no era sordo pero daba igual.

El ciego oía la radio y se hacía mentalmente la composición de los partidos. No dudaba ni un segundo a la hora de responderte el resultado, incluso a veces añadía una coletilla de información que creía que también nos podía interesar: Cero-cero y el Madrid está jugando con nueve, decía. O cero-uno pero al Sevilla le acaban de pitar un penalty. Acabábamos de dar otra vuelta a la plaza y mi padre nos decía: Preguntadle al ciego si el Sevilla ha marcado el penalty. Sí, fulanito de tal, lo ha marcado, respondía él. Y a lo mejor, en ese momento, en el carrousel deportivo estaban hablando de otro partido que no jugaba el Sevilla.

No sé si todavía andará el ciego por los porches los domingos por la tarde.

El caso es que cada frase del ciego contenía mucha más información novedosa -por desconocimiento nuestro, por no estar viendo el partido- que toda la información sumada que dieron ayer todos los locutores de la tele de todo el mundo que retransmitían a la vez el Portugal-España. Lo que quiero decir es que lo de la Carbonero no es un caso aislado: la Carbonero, como todos los comentaristas de la tele, retransmite los partidos y contesta a las preguntas que le hacen como si trabajara en la radio y no en la tele, como si todo el mundo que está viendo el partido fuera ciego.

Los deportes televisados son la negación de la imagen como transmisora de información. Son la prueba de que algunos piensan que todos somos discapacitados.

Y nosotros allá gritando: ¡¡¡UEEEEHHHH!!! Tan contentos.
Un amigo mío que fue presidente de una potencia mundial me explicó que, cuando llegas al poder, lo primero que descubres es que tienes en tus manos miles de artilugios creados para hacerles la vida imposible a los demás. Y que lo más difícil es resistirse a usarlos. Queda totalmente descartado eliminarlos, ya que antes de que lo consigas, los utilizarán contra ti sin contemplaciones. Tal es la bilis de sus guardianes. Nadie sabe de quién fue la idea y, de todas formas, habría que buscar una palabra para distinguirla de las otras ideas, una palabra fuertemente escatológica que fuera lo bastante universal y no llegara como una advenediza a un mundo en que el cerebro y el culo están más cercanos de lo que sugiere la distancia que los separa.

La humanidad no pertenece a una especie que muere de sed a la orilla de un río seco; más bien lo hace junto a un cauce repleto de agua, sin que nadie pueda entender por qué, aunque sí hacerse una idea de las consecuencias de tal predisposición. 

Cómo caza un dromedario. Víctor Nubla. Blackie Books, 2012.

¡¡Visca!!