dijous, 18 d’agost de 2011

La cita: "No es justo que habiendo cosas en el mundo a potrollón nos quedemos con esas que son las menos quedonas". Chico y chica.

Ayer soñé que estaba con un montón de gente que, por lo visto, en el sueño, eran amigos míos, en una habitación. Entraba un tipo que me sonaba muchísimo, sacaba una escopeta y empezaba a disparar contra todos. Yo me tiraba al suelo en un rincón. Tenía muy cerca, también tirados en el suelo, a otros dos que, por lo visto, ya digo, eran muy amigos míos (aunque no recuerdo sus caras), y les decía muy bajito: esto me recuerda mucho a aquello de Noruega y, además, ese tío que dispara es amigo mío. El tipo se acercaba a nuestro rincón. Me miraba y me decía: ¡¡¡hombreeeee!!! Se agachaba y me metía el dedo en el ojo, pero hasta el fondo; yo notaba que chocaba el dedo contra el fondo de la cuenca. Luego se incorporaba y me disparaba en el hombro, y yo notaba cómo la bala entraba también; no era dolor, era como un empujón, y les decía a los dos que tenía a lado y lado: Llamad a una ambulancia.

Y me despertaba.

Y claro, hoy he visto la foto de Mourinho metiéndole el dedo en el ojo a otro señor y me ha hecho gracia. Hacía tiempo que no veía a nadie meterle el dedo en el ojo a otra persona en sentido literal, que es una agresión tontorrona, como muy de vodevil, muy de acompañarla con un ñiñiñi, de poner estrellitas y un ay alrededor de la cabeza del agredido, y un ¡toma! al lado de la boca del agresor. Y va y, sin ton ni son, una noche lo sueño y la noche siguiente Mourinho lo ejecuta.

Me hace gracia Mourinho. Es el malote de la comedia. El monigote de guiñol que cuando sale por la izquierda, hace que todos los niños griten: ¡Mourinho! ¡Mourinho! para avisar al bueno, que estaba mirando hacia la derecha, de que lo tiene detrás; el personaje oscuro del drama cuyo contrapunto exagerado hace que los personajes buenos queden también ridiculizados; el hombre-anuncio que lleva el cartel enorme que avisa de que todo esto no es otra cosa que un circo; y ayer, desde mi cama, con el balcón abierto, el ruido que llegaba desde la calle era de circo total, de circo romano más bien. Mourinho tiene razón. Háganle caso, quédense con él, en serio.