dimarts, 24 d’abril de 2012

Sant Jordi

Una señora comprándose el libro de Max y Max a tres metros de ella. Le susurro: Max, dile algo. Responde: Nonono, ¿qué le voy a decir?
A 50 metros, Moccia sentado en una especie de escritorio de superlujo, rodeado de posters de la portada de su libro, con un segurata a cada lado.

Si es verdad lo que dice Sánchez Piñol, ayer me pequé un hartón que me va a durar unos cuantos inviernos. Y ya irá bien porque, como luego me dijo Diana, "nuestros libros duran".