divendres, 24 de setembre de 2010

Unos minutos musicales para ilustrar el susto de muerte que me he dado cuando, hace un momento, me ha parecido que alguien que estaba convencida de que se había ido, no había llegado a marcharse nunca.



(Me he tranquilizado enseguida pensando que, se haya ido o no, para el caso, viene a dar lo mismo).
Estoy en el concierto de El Guincho, miro a mi izquierda y veo a X. Y a punto estoy de saludarle cuando me acuerdo de qué conozco a X: X dibuja y tiene un blog al que fui a parar a través de otro blog al que fui a parar a través de una entrada de alguien en facebook.

Al poco tiempo de descubrir el blog de X, en el trabajo decidimos que necesitábamos un dibujante y pensé en él, investigué un poco más, vi más dibujos suyos y alguna foto en la que salía él y propuse a X para el puesto de dibujante. (Al final, por cosas que no vienen al caso, nunca nos llegamos a poner en contacto con X).

El caso es que estoy en el concierto de El Guincho, con X a mi izquierda, desestimando la idea de girar la cabeza y decirle "tú eres X" porque imaginen la conversación (más bien monólogo mío) que debería haber seguido a esa afirmación: que si te conozco por tu blog, que si ya sé que en tu blog no hay fotos tuyas, es que he puesto tu nombre en el google y las he buscado, por eso sé qué pinta tienes, porque estuve investigando una tarde que estaba pensando si me ponía en contacto contigo o no porque igual te teníamos que llamar de mi trabajo para ofrecerte una cosa que al final hará otra persona pero, vaya, que me gustan mucho tus dibujos. Y de eso te conozco.

Luego, ya totalmente distraída de los gorgoritos de El Guincho, me pongo a pensar cuántas de las muchísimas personas que hay ahí, en el concierto, saben el nombre, la pinta que tiene, incluso tienen referencias de otras personas sin que estas otras personas lo sepan. Y me imagino una especie de mundo subconsciente en el que estas personas, de cuerpo para afuera se ignoran pero que de cuerpo para adentro se alegran de verse, se saludan, se abrazan y se preguntan entre ellos por sus perros y por sus niños (porque todos saben que el otro tiene perro o tantos niños o las dos cosas). Todo el concierto lleno de gente mirando a El Guincho y haciendo así con la cabecita al ritmo de lo que canta y a la vez, en un plano mental, todo el concierto lleno de gente hablando entre ellos explicándose de qué se conocen y pensando los unos de los otros: "vaya psicópata" o "yo también te tenía bien espiado". Da miedo, ¿que no?

Y mientras tanto El Guincho tocando creyendo que todo el mundo está superconcentrado en él cuando en realidad nadie le hace ni puto caso.

En fin, X., que encantada de no estar contigo ayer en el concierto de El Guincho.
Dietario de la semana del holismo. Dia 2. Viernes

Totalmente superada por el tò pân, aborto misión.

Se me había vuelto a olvidar que: