dimecres, 27 de febrer de 2013

Una novedad literaria cuesta lo que cuesta -al rededor de quince, veinte euros- sea de García Márquez, sea de E.L. James (he tenido que buscar su nombre en el google); así que la cosa está clara: para hacer más caja con un libro, no hay que hacer un libro mejor; no hay que ser cada vez mejor escritor; simplemente hay que venderlo a más gente. Esto se consigue de dos maneras: adaptándose, tanto en el fondo como en la forma, a lo que quiere la mayoría de la gente; y haciendo que el libro llegue a los oídos de cuanta más gente mejor. La combinación ganadora de estas últimas dos maneras se la inventó hace años la publicidad: la gente no sabe lo que quiere, hay que decírselo, crear la necesidad. Nadie tuvo nunca necesidad de beber coca-cola hasta que nació la coca-cola, mejor dicho: hasta que nació la campaña de marketing de la coca-cola.

Nadie necesita leer un libro para estar entretenido: hay el fútbol, hay la temporada de setas, hay el parchís y las cartas. Y, por supuesto, nadie, nadie necesita un libro para preocuparse, para plantearse cosas que le hagan reflexionar sobre su propia existencia: hay las hipotecas, hay los hijos, hay los abuelos y hay los telediarios, aunque estos hayan caído últimamente en el campo del entretenimiento también.

Cuento todo esto porque acabo de ver en el diario una foto de Ildefonso Falcones y me ha venido a la cabeza la supercampaña que le hicieron hace unos años a Ruiz Zafón. Esto me ha hecho pensar en que lo que da pasta en el mundo del libro, no es la calidad literaria ni el prestigio como escritor sino la coca-cola. También he pensado en lo distinto que es este mundo del mundo del arte, y eso me ha llevado a concluir que es como si, siendo García Marquez (o a Kafka o a Beckett o a Joyce) a la literatura lo que Dalí es al arte; Dolores Redondo sería lo que Hello Kitty; ¿se imaginan ahora que el mundo del arte decidiera que es Hello Kitty lo que necesita la gente, que es Hello Kitty el valor por el que apostar? Yo pensaría que nos están timando.

Ya está: Eso ando pensando hoy.

dilluns, 25 de febrer de 2013

Ayer, en el sofá, con un gato a cada lado, muy metida en mi papel de calefacción central, me distraje un momento de la lectura al comprobar divertida que soltaba una mano del libro, apretaba un dedo contra el lomo de Koldo y Koldo ronroneaba. Volvía a coger con la mano el libro y Koldo dejaba de ronronear. Soltaba la otra mano del libro, apretaba un dedo contra el lomo de Kika, y Kika ronroneaba. Retiraba la mano y Kika dejaba de ronronear. Estuvimos haciendo esto unos cinco minutos al cabo de los cuales, me puse el libro en las pantorrillas, llevé una mano a cada gato y agitándolas -agitándolos a ellos enteros- dije: gateteeeees; los dos se estiraron, cambiaron de postura y siguieron durmiendo. Volví a coger el libro e intenté seguir leyendo, pero me puse a pensar en Etxauri. Pensar en Etxauri es pensar también en su contrario, y el contrario que más a mano tengo, el que me viene a la cabeza siempre que pienso en los animalicos, es aquella persona que conocí una vez, que trataba a los gatos de mi casa, y a todos, supongo, como si fueran cosas: ni los veía y, si los veía, era para apartarlos porque le molestaban. Me decía que eso que hacía yo de tratar a los bichos "como a personas" era porque no era de pueblo. Yo pensaba: pues igual tiene razón pero, como no soy de pueblo, no podía entenderlo del todo.

Luego conocí a alguien de pueblo. Oyó ronronear a Koldo, oyó ronronear a Kika, y me hizo alucinar cuando me dijo todo lo contrario de lo que me habían explicado antes; me dijo: ostras, cómo se nota que estos gatos no son de pueblo. Zas. Ahí estaba la clave. El asunto no era la persona, el asunto no era el pueblo. El asunto era el gato: El gato para el cual la vida es el pueblo o la vida es la persona.

La cosa se complica para el gato cuya vida es la persona, cuando se encuentra con que, si bien todos los pueblos son iguales, con las personas, en cambio, pasa que las hay que lo son, persona, aunque vivan en el pueblo más perdido; y las hay que no lo son, por mucho que hayan dejado de vivir en el pueblo y ahora vivan en una ciudad de tres millones de habitantes.

Etxauri está lleno de animales cuya vida ha sido la persona, no el pueblo. Lo que no está, no puede estarlo, es lleno de personas que sean personas; debe de haber sólo cuatro o cinco, que bastante hacen, pero no tienen manos suficientes para hacerles ronronear, estirarse y cambiar de postura a todos. Y hace frío. Y si llueve, las pasan canutas, pero pasarlas canutas de morirse, no de ay, qué susto me he dado.

Como Etxauri, hay unos cuantos -demasiados- sitios más, pero Etxauri es lo que tengo a mano, lo primero que también me viene a la cabeza, para compensar la idea de aquella persona que se creía que el pueblo, no la gente, es el problema para los gatos. Así que os pongo aquí su dirección de facebook, la de Etxauri, ahí encontraréis todos sus contactos y, de paso, la oportunidad de ser un poco más personas.

diumenge, 24 de febrer de 2013

Un diario que presenta en portada, con gran titular y foto, una conclusión a la que quizás ha podido llegar la gente a base de leer la información fragmentada e incompleta a la que tiene acceso el ciudadano de a pie, es un diario que no está haciendo su trabajo o que lo está haciendo muy mal.



Presentar como información de portada la conclusión errónea de que a Urdangarín le han dejado solo, es caer de cuatro patas en lo que nos están intentando hacer creer, cuando, además, ya nadie se cree que la Casa Real no esté detrás -o encima- de todo esto. Si alguien puede tirar de la manta ahora, es Urdangarín; si Urdangarín no tira ahora de la manta es, precisamente, porque está menos solo que nunca.

El titular que ofrece hoy el Ara en portada es es la conclusión a la que llega una mente mínimamente formada y muy poco informada; una mente poco ingenua que se conforma con que le entreguen en bandeja la cabeza del chivo expiatorio. ¿Que hay gente a quien ya le bastaría ver a un miembro de la familia real en la cárcel? Claro: es la gente que, cuando les sale una gotera en el salón, se conforma con darle una manita de pintura por no meterse en el lío de tener una semana al paleta en casa, subido a una escalera. Chapuceros.

La portada del diario Ara de hoy es una chapuza digna de un tipo de periodismo que ha caído en un populismo tan salvaje que, cuando hay una manifestación (¿dónde está la de ayer, por cierto?), en vez de abrir con los datos que permitan al lector llegar a sus propias conclusiones, planta en cuerpo 80 titulares propios de manual de coaching, de librito de autoayuda, de partido de vuelta que hay que remontar. I think I can.

Lo que exime, lo que podría eximir de cierta culpa, lo que podría hacer mirarse con cierto cariño, si eso fuera posible, la negligencia casi constante del diario Ara, es que parece que quienes lo hacen son víctimas de su propia estulticia: parece que son los primeros en creerse lo que van pregonando: no hay más que echar un vistazo a su director haciendo juegos de palabras nivel letra de canción de P3 con emprenedor y emprenyador; no hay más que haber seguido la chiripirifláutica aventura parlamentaria de su cronista estrella, aquella que ha querido hacer un guardiola saltándose toda la parte del picar piedra que te legitima para acabar haciendo un guardiola; no hay más que ver todo esto para comprobar que viven en la conclusión fácil, en la equivocada, y te la venden como información.

La única manera de querer al diario Ara es la manera especial con la que se quiere al hijo tonto, siempre sin perder de vista su condición de 'especialito', ojo, el gran error sería caer en que el hijo tonto tiene razón para acabar siendo tan tonto como él.

divendres, 22 de febrer de 2013

El primer Verkami en el que fuimos educados fue la campaña del Domund. Puede que antes estuviera otra campaña que se hacía los domingos: la del cepillo de la iglesia, pero de ésa tampoco se veían demasiado los resultados, quiero decir, la iglesia del pueblo seguía ahí mismo como llevaba tantos años: sin ir para alante ni ir para atrás; no hacía sufrir nada ni proporcionaba pena ni gloria; no, al menos, en este mundo.

Así que el primer Verkami directo, decía, el que se hacía en el en el cole, aunque fuéramos pequeños, aunque fueran nuestros padres quienes ponían la pasta, era el del Domund. En mi escuela, ya lo he explicado alguna vez, ponían un par de termómetros: uno para los chicos y otro para las chicas -escuela pública y mixta como era, explotando las posibilidades de la competitividad intersexual desde pequeñitos- dibujados, en blanco, que se iban pintando hasta cien, hasta quinientos, hasta mil, de rojo el de las chicas, de azul el de los chicos. El dinero lo guardaba el profe; era dinero para finaciar proyectos de comida y escuela para los pobres niños etíopes. Luego mirábamos el telediario y yo, al menos, no entendía nada porque los pobres etíopes, que no eran niños y niñas, que no se podían ni distinguir, seguían muriéndose de hambre. La conclusión de mi mente de no más de diez años era fácil: había que poner más dinero en la siguiente campaña del Domund porque aquello estaba claro que no acababa de funcionar. Lo que nunca, de ninguna manera, podía hacerse era suspender la campaña del Domund: aunque no fuera suficiente, aquellos cinco duros eran absolutamente necesarios, ya fuera para sentirse un poco menos peor al ver en las noticias cómo la cosa se quedaba corta, ya fuera para ganar a los chicos; para que hubiera más rojo en el termómetro rojo que azul en el azul.

Más rojo en el rojo que azul en el azul. Más Catalunya en Catalunya que España en España, que ellos no tienen documental. Ja. Isona Passola tiene abierta desde hace unos días una campaña del Domund. Ahora que la independencia ha pasado a ser casi un tema de conciencia -y perdonen la rima-, nos vienen con los gadgets de esta historia. Igual que, cuando las campañas del Domund, nadie se preguntaba por la historia de Etiopía -la colonial, la explotadora- y todo el mundo se quedaba más tranquilo poniendo cinco duricos, hoy poca gente se pregunta por la historia que ha parido el movimiento independentista; ponen los cinco duricos y, venga, Isona Passola te hace un documental. ¿Hacía falta que Isona Passola hiciera este documental? Bueno, sí, precisamente para que se conociera más la historia de toda esta historia. Hacía falta que recurriera a la financiación de la gente para ello. No. No hacía falta y es feo además; es feísimo hacer números sobre el colchón de los cientos de miles que sabes, porque lo has visto en el telediario también, que podrían estar dispuestos a financiarte, aunque sea simbólicamente, aunque sea por figurar, aunque sea por sentirse parte de una cosa que no es un documental, que es un sentimiento mucho mayor. Mucha gente que está poniendo pasta para el documental de Isona Passola, se va a dormir tranquila pensando que han puesto pasta para la independencia de Catalunya, bueno, sabiendo que no, que la gente no es tonta, pero pensando que simbólicamente sí. Y eso es una mierda porque Isona Passola podía haber hecho el documental igual sin necesidad de acudir a los bolsillos de la gente; es una mierda porque toda esta gente luego va mirar el telediario también y a lo peor descubre que el documental era solo eso: un documental, un gadget para el recuerdo, como la camiseta del Cobi, como la bufanda de la Champions 2010, que para lo único que habrá servido habrá sido para que Isona Passola se posicionara en el momento que más fácil y más guay resultaba posicionarse, y para que parezca que la independencia de Catalunya cuenta con un respaldo popular; un clamor de la gente es, vamos que sí, según el documental. ¿Y no demostraría eso mejor un referendum? ¿No quedó ya demostrado en aquella manifestación o en las últimas elecciones?

Pues no: la Passola quiere su documental, la Passola quiere tener una idea calentita en el mullidito clamor popular. La Passola quiere ir por los festivales diciendo: hey, esta es la voz del pueblo: cómprenmela. Si a mí ya había algo que me escamaba de este proyecto desde el principio; ahora hay algo que me escama todavía más: el Verkami del documental ha conseguido ya casi 29.000 euros más de los que decían que necesitaban para su puesta en marcha, quedan 22 días para poder seguir poniendo pasta y la Passola no da muestras que plantarse ya: hoy mismo ha tuiteado de nuevo la dirección del Verkami en cuestión animando a la gente a seguir invirtiendo.

Yo no pienso poner un duro, claro, que la tendencia a la inflación de los simbolismos suele ser clara, y uno acaba mirando el telediario, pensando ¿pero cómo puede ser?

(Otros que también trabajan por un "modelo social más justo" (que es para lo que dice, textualmente, que trabaja ella), fueron mucho más legales, creo yo. Miren aquí.)
Hoy linko aquí la entrada del blog de Javier Ortiz, en la que reexplica la historia del cierre del Egunkaria detalladamente.

Ahora hace diez años de aquello y no se ha demostrado que los motivos del cierre fueran ciertos.
Lo que se ha demostrado, de hecho, es que eran falsos.

Creo que es importante no olvidarlo.

dijous, 21 de febrer de 2013

Hoy voy a prestarle a alguien un libro que empieza así:

Mi hipótesis rigurosamente provisional es la siguiente: la posmodernidad es el folklore de la sociedad postindustrial.

Lo apunto aquí para que quede constancia, porque me gusta mucho dejarle este libro a este alguien, y para hacer un poco de ceremonia, igual que otros hicieron serie de televisión (que es lo más parecido a la misa semanal en estos tiempos que corren), en torno a aquello de compartir sabiduría; para recuperar el cuídamelo bien, que esto no ya se encuentra, pequeño saltamontes; y para que se sepa que no hay como dejar un libro a quien sabes que va a leerlo como quien corre entre los bloques de edificios y sacude los troncos de los árboles empapados de lluvia y caza a las arañas en sus telas y recoge los cascos de botellas de leche y de botellas de champán, y busca cobre, bobinas de cobre caídas entre las matas que crecen en los solares, y junto a los huertos, y al sol de las escombreras que hay al lado de cualquier obra.

Vamos a ser, con este libro, mi amigo y yo mirándolo todo, igual que explica en la primera página el otro libro que también le voy a dejar.

(Son 'Contra la modernidad', de Fernando Poblet, y 'Los príncipes valientes', de Pérez Andújar.
Van a hacer maravillas en tu cabeza, Joan Todó.
Estoy muy contenta de verte y de dejártelos, porque creo que tener amigos es esto y veo que nosotros vamos sobraos.)


dimecres, 20 de febrer de 2013

He entrado aquí y he votado Coscubiela, sin haber visto el debate.
Luego he pensado en las elecciones.
Ahora me voy a ir a dormir pensando que las afinidades que genera el fútbol, por ejemplo, tienen más razón de ser.

divendres, 15 de febrer de 2013

Pues fíjense que hoy, que me parecería mucho más justificado un cierto nivel de colectiva histeria, va y nadie se pone nervioso. Quiero decir: hay una cosa física y material y grande dando vueltas por aquí cerquita; dicen de hecho que a eso de las ocho y veinte pasaría a unos catorce centímetros de la Tierra, si la tierra midiera seis coma siete centímetros, o sea, a escala todo esto lo digo para que me entiendan, que parece que las cosas entran más fácil si se reducen a un tamaño más pequeño que la cabeza: cosa lógica también.

Pero no; nos mola más ponernos histéricos en plan abstracto, que es una manera también de sentirnos más listos; nos mola más lo de las secuencias y palindromías de los numericos, que es una manera de decir sabemos contar hasta mucho y del derecho y del revés; y ahora los números dicen que tranquilos, que no son capicúas y que Nostradamus no dijo nada de esto. Pero, no sé, llámenme animal irracional: un pedrusco acaba de caer en Rusia, que, abstractamente, es como no caer en ninguna parte por aquello de la tundra, que también, abstractamente, no es ni tierra porque no da la posibilidad de lechugas, por ejemplo.

En fin, que igual, liaos como estamos, nos damos cuenta demasiado tarde.
No sé. Indiana Jones explicó muy bien esto que quiero decir:

Leerse los diarios con la historia del asteroide en la cabeza. Jopé, Lars, qué igual rima todo cuando solo puede acabar en ¡¡¡¡BOUM!!!!






dimecres, 13 de febrer de 2013

Ahora mismo, no sé quienes nos toman más por idiotas; si los de Libération, pidiendo la dimisión de Dios...


... o los del Ara presentando la reculada del PP como noticia miraculosa y victoria moral.


dilluns, 11 de febrer de 2013

Mi homenaje también llega tarde: El sábado me pasé por una librería de viejo a comprar bolsilibros.

¿Han entrado alguna vez en una librería de viejo buscando algo concreto? Lo último que hay que hacer es preguntar de entrada por ese algo concreto; correrían el riesgo de perderse alguna obrita de teatro de Françoise Sagan o números de la colección 'La novela corta', a dos tintas la cubierta, a dos columnas la tripa, con títulos tan golosos como "Yo he sido estraperlista", de Ángeles Villarta. Y perdiéndose todo esto, perderían también la oportunidad de cazar al vuelo todos los matices que estas ediciones introducen en la reflexión sobre lo dejadas de lado que han estado siempre las mujeres en la historia de la literatura. ¿En qué historia de la literatura? En la que nos venden, claro, en la que somos tan idiotas de comprar sin plantearnos ir más allá; en la que obtenemos como primera respuesta si entramos lanzando de entrada, por no buscar más, una pregunta de sí o no.

Así que, una vez hecho el paseíllo, una vez repensada y reafirmada la idea de que no es que las mujeres no estén, es que tú no te molestas en buscarlas; y una vez comprobado en el bolsillo que a base de restar euros de tres en tres estás acabando con el presupuesto que tenías destinado a tan ácara expedición, entonces, es el momento: "¿Tiene libros de Curtis Garland?". "¿Curtis Garland?" "Sí, el de los bolsilibros." "Ah, bueno, ahí están los de vaqueros. Pero son de los 50". "Sí, sí: de los 50, esos son".

Los 50 y Curtis Garland son otras cosas que no encuentras si no preguntas. Y, claro, ¿cómo nos vamos a preguntar por ellos si, hasta hace una generación los 50 y Curtis Garland eran cosas que pasaban, que le habían pasado a todo el mundo sin preguntar, porque nadie se pregunta por lo que tiene a mano; y así como los kioskos iban llenos de libros del segundo, los primeros eran recuerdo vivo en la memoria de todos; de todos los que ahora han empezado a desaparecer también.

Así que hay que darse prisa por empezar a preguntar por Curtis Garland, porque preguntar por Curtis Garland es preguntar por nuestros padres, por nuestros abuelos; es reconocerles a éstos que lo suyo, sobre todo lo popular, sirvió para algo; que no han tenido un nieto, un hijo, que no ha aprendido nada, que ha nacido de cero, que no sabe por qué le gusta tanto el western de Tarantino; que, por no haber leído a George Elliot, le parece fantástico el rollo de la literatura femenina actual; que por no haber oído ni hablar de D.H. Lawrence, cae a cuatro patas ante las sombras de Grey; que lo de Franzen con los pajaricos le parece alucinante, sin llegar a echar de menos por un momento, mientras lo lee, a Gerald Durrell, a Daniel Defoe; echar de menos lo bien que hacían Durrell y Defoe todo lo que hace Franzen y ver lo mucho que a éste le queda por aprender; lo mucho que a todos nos queda por aprender.

Vayan a una librería de viejo y dense una vuelta antes de pregunar por Curtis Garland. Ya sólo haciendo esto, aprenderán un montón de cosas sobre sus padres, sobre sus abuelos, sobre ustedes mismos, al final.

diumenge, 3 de febrer de 2013

A mí, un asesor de comunicación, me pone bastante de los nervios: me da la sensación de que está ahí puesto con el único objetivo de fulearnos, verbo que, encima, acabo de ver que no existe, así que, mira, me encaja perfecto aquí.

Bueno, pues ahora resulta que he descubierto que hay una cosa que me pone aún más de los nervios, a saber: que un señor presidente de la nación, con su camarilla de asesores de comunicación, decida obviar absolutamente todas las normas de buena entrada por los ojos de quien lo están mirando y actuar como si nadie lo estuviera mirando; ni actuar, de hecho, que solo le miraba una cámara a Rajoy cuando estaba hablando ayer.

Rajoy ayer decidió eliminar al público y eliminar al interlocutor; decidió que su simple presencia más su palabra fueran la ley, que su mensaje, simple, directo, sin parafernalia o con una parafernalia que directamente lo contradijera, fuera el único válido, sin posibilidad de réplica. Pues yo necesitaba un poco de parafernalia bien dirigida para tragar con todo eso, un poco de cosa bien actuada, un poco de tener en cuenta a la cuarta pared, que somos nosotros, o que, al menos, deberían haber sido los periodistas ayer.

Pues ni eso. Y eso es otra cosa que no cuadra cuando hace un par de semanas nos estaban teniendo tan en cuenta poniendo a Soraya ahí, a intentar conmovernos con toda la intención. Entonces, no hace tanto, Soraya se puso al servicio de la cuarta pared de una forma tan radical y tan ridícula que, que ahora Rajoy nos venga con que lo que dice es lo que dice, que es verdad absoluta pensemos lo que pensemos -que le da igual, que no lo quiere oír, que no quiere ni vernos la cara cuando lo decimos-, para mí es otra muestra de que creen que pueden hacer con nosotros lo que les dé la gana porque, cuando les da la gana, pueden hacernos desaparecer.

Eso creen.

No sé, un poco de esmero en las formas podría habernos hecho pensar, a lo mejor, que a este señor y a los suyos les importamos un poquito. Pero como no lo ha habido, a mí ahora me da por pensar que por fin se han quitado la máscara, que ahora son lo que son, que piensan que, de verdad, su palabra es la ley. Como en las dictaduras, ¿no?

divendres, 1 de febrer de 2013

La política -y el delito- como opinión: He aquí el problema.

El miércoles fui a ver el fútbol.
Llevábamos poco de partido cuando va uno del Madrid, hace un salto así como raro y el del Barcelona que tenía al lado se cae al suelo. Viene el árbitro corriendo y le saca la amarilla al del Madrid.
-Si no lo ha tocao, digo yo.
-Sucun, no puedes ser objetiva en un partido de fútbol, me dice muy seria Olga.

Partido, tomar partido, bipartidismo.
(Todo cuadra.)

Ahora Sorayita dice que mañana Rajoy, el de recta vida, dará su opinión sobre los números de la libretica. Tomar partido, opinar, números; ¿qué palabra sobra en esta lista?
(Los números no cuadran.)

Igual Sorayita lo ha dicho por decir, igual Sorayita se está cubriendo las espaldas por si mañana Rajoy sale y, guión en mano, ya que lo tiene ahí, le da por saltárselo y desmoronarse y llorar, que es una cosa que ella misma sabe de qué va aunque no sepa muy bien cómo hacer. Entonces Sorayita podrá volver a salir y decir: Bueno, ya lo dije: era sólo su opinión; se ha equivocado, no volverá a ocurrir.

Pero ya hubo un no volverá a ocurrir: un no volverá a ocurrir con un elefante muerto un Rey que también opinaba mucho; opinaba por ejemplo que irse a Bostwana a equivocarse era buena idea.

Entonces ¿qué hacemos? ¿Aceptamos opinar como manera válida de gobernar un país? Porque si sí, podríamos juntarnos unos cuantos de millones de votantes que opinamos que ya va siendo hora de que se vayan todos a tomar por el culo. Y, si esto es una democracia, nos lo tendrían que aceptar, ¿no? A no ser que ahora decidan ponerse a opinar que no, que de democracia nada, que esto lo que es es un partido de fútbol. Y que todos a tragar.
Hace un par de días, este jovenzuelo fue nombrado presidente de Nuevas Generaciones del PP en Sant Cugat y miembro de la directiva del PP de Cataluña. Le sigo en Twitter por aquello de apuntarme tantos à la manière que los otorgan la literatura o el cine autocomplaciente; ya saben, aquello de leer un libro o ver un telefilm de bellísima persona enferma de algo terrible, para poder ir pensando "ahora se enamorará de otra persona bellísima...", y sí, se enamora; y "ahora se curará"..., y también, ¡pleno al quince!

Fuentes Albesa no defrauda igual que no defraudan los argumentos, los guiones, de las historias facilonas. Un día después de descorchar el champán para brindar por sus nuevos cargos de joven promesa del panorama político, las circunstancias ponen a prueba su preparación para los tiempos que corren, que they are a-changin, pero él se hace un lío y, demostrando que está por encima de la política generacional si la hubiere, quiere entender que lo que están poniendo a prueba es su fidelidad al partido, a la estructura tradicional del partido, así que llena su TL de comentarios de "El País nos quiere mal, pero la justicia nos querrá bien".

El mensaje de Fuentes Albesa es claro; algún mensaje concreto de Fuentes Albesa dice: "ETA es peor", posicionándose bien así en una carrera meritocrática que va según unas normas que se están desmoronando, parece, pero, que él, presidente de nuevas generaciones y miembro de la directiva, decide obviar para seguir jugando según las reglas del antiguo juego, del que gustaba a sus papis, perdiendo así comba en lo que se cuece ahora; perdiendo la oportunidad de demostrar que el PP tiene cierta capacidad de modernización.

El PP tal como lo conocíamos se hunde y arrastra con él hasta su futuro, que mira que es una cosa difícil de hacer. A ver qué rata queda viva. De momento, todo apunta a que será la Esperanza. Merienda de negros. Vamos apañaos.