dimarts, 8 de desembre de 2015


¿Qué pasa con Rhodes?

Instrumental salió hace un mes -¿ya dos?- escaso y ya nos hemos quedado tres o cuatro veces sin ejemplares en la librería. ¿Qué pasa con este libro? Tiene una contra de lo menos atrayente: han decidido tirar por el impacto, supongo, y han reducido la sinopsis, el gancho de venta que se suele poner ahí, a lo más escabroso del contenido -que si violaciones, que si psiquiátricos...-, sin olvidar, eso sí, el punto de luz que recorre todo el libro por dentro: la música, el piano. Pero no se ha vendido por la contra Instrumental; se ha vendido -se está vendiendo- porque, por suerte, unos cuantos decidieron leérselo a pesar de esa contra; dentro se encontraron lo que realmente quería explicar Rhodes y, alehop, hicieron correr la voz.

Y ¿qué explica Rhodes? Rhodes se explica a sí mismo. ¿Que le violaron de pequeño? Sí, pero también que aquél fue el punto de partida de su particular visión del mundo y de su manera de enfrentarse a él.

Descubriréis en Instrumental a un individuo que vio desde bien pequeño que el mundo estaba lleno de hijos de puta y decidió serlo él mismo también: no como venganza, sino porque pensaba que esa era la manera normal de de hacer las cosas. Aquel profe que a la tierna edad de seis añitos lo violó repetidamente hasta destrozarle la espalda, también le enseñó a no tener ningún tipo de respeto por su cuerpo, por el sexo, por los demás. Rhodes tuvo que reaprender después todo lo que un niño aprende a la primera sin verse obligado a dar toda una vuelta por el mal para volver después al amor, a la vida. Y le cuesta un trabajo terrible a Rhodes; le cuesta la salud, un matrimonio, casi un hijo y no sé cuántas cosas más, todo el recorrido que tiene que hacer, no para librarse de aquel trauma infantil sino para librarse de sí mismo, de todo aquello en lo que lo acabó convirtiendo aquella aberración. Yo aplaudí leyendo el momento del libro en el que explica cómo tiene que reprimirse cada vez que tiene a alguien delante que él sabe que conoce su historia; "sé que podría manipular a cualquiera a mi antojo", confiesa, dibujando así el retrato terrible del poder de la víctima sobre el mundo; ese retrato que sólo la víctima puede hacer sin que le caiga encima una abanico de acusaciones que recorrerían todo el rango desde el 'mala persona' hasta el 'neonazi', pasando por el 'hater', el 'amargado' y el 'cabrón'.

La historia de Rhodes no es una historia de superación, es una historia de autodominio y sublimación, que no es lo mismo. Rhodes no piensa que se haya curado; Rhodes sabe que tiene aún todo aquello dentro, pero también que gracias a todo aquello tiene un cierto poder que, ansiolíticos, química y música mediante, ha conseguido dominar y volvérselo a favor.

¿Habéis entrado al Instagram de Rhodes? Hacedlo: veréis que tiene una novia perfecta, que vive en una casa perfecta también; que se pega unos viajes de lujo, que se codea con todas las celebrités, que ha diseñado una línea de bambas que vende una colega suya por no menos de doscientos euros, que encima es solidario, que si viene a Barcelona hace fotos de patios cuquis de hotel, que le abren las puertas de la escuela del Liceu para que dé entrevistas y toque un ratito el piano. Y lo adoraréis. E iréis corriendo al Spotify a poneros a escuchar la música que os dice él. Y entraréis en la web de su amiga zapatera y os plantearéis seriamente si compraros sus bambas por Navidad.

Y veréis que tenía razón cuando explicaba aquello del poder de las víctimas y no podréis sino agradecerle que haya decidido utilizar el suyo para darnos a nosotros -y darse de paso a sí mismo- una vida mejor.

Así que seguid leyendo Instrumental y seguid sucumbiendo a Rhodes. Hacedlo. Entenderéis muchas cosas del mundo, de las personas, de vosotros mismos, de todo lo que podáis imaginar.

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