diumenge, 8 de juliol de 2012

Si a mi gato le rascas detrás de la oreja, él levanta la pata de atrás y hace el gesto de rascarse. Si hablas con Marina Espasa de escribir, ella teclea con los dedos en el aire. Si al Carrete de Málaga le dices 'tangos', él te hace el ritmo con los nudillos encima de la mesa y debajo, con los pies. Si le haces pensar, Abel Cutillas se peina una ceja con la punta de los dedos. Si a mi hermano le preguntas si ha visto el encierro, te habla de él con el puño apretado como si llevara un periódico enrollado.

A la gente (y no tan gente) se le notan las pasiones en las manos. A algunos hasta en los pies.

Y yo aún no sé qué hago ni, lo que es más terrible, cuándo lo hago, coño.

5 comentaris:

  1. ¿No le parece a usted que las cejas de don Cutillas tienen cierta querencia sovietizante?

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  2. A mí me recuerdan más a las de Noel Gallagher que a las de Bresnev, por ejemplo. Pero es solo porque tengo el referente pop más fresco. También me recuerdan a las de mi padre, pero no vamos a entrar aquí en cuestiones freudianas.

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  3. Ininúan algo que se encuentra en algún lugar entre las cejas de Bukowski y las de Dimitrov. Jamás se me hubiera ocurrido pensar en Breznev.

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  4. Pues si le digo que el primero que me ha venido a la cabeza ha sido Stalin pero en seguida me he dado cuenta de que me estaba liando con el bigote...

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