dissabte, 28 de juliol de 2012

Yo solo digo que hay que tener activado un sentido del que yo carezco para darse cuenta: leí la lista de autores de los relatos que van incluidos en el número 6 de la revista Les males herbes y no me fijé en que eran todo tíos hasta que alguien lo dijo por el Twitter.

No me pasa solo con casos de género: me pasa también con el idioma, ya ven. A veces me doy cuenta a medio mail de que le estoy escribiendo en catalán a un amigo de Pamplona. Y al revés. Suelo lanzarme a escribir en uno u otro dependiendo de la conversación que haya mantenido inmediatamente antes de emprender la tarea redactora. Llámenme despistada, llámenme inconsciente, llámenme incluso cínica porque si, para cuando me doy cuenta de que le he dicho 'Hola, ¿qué tal?' y no sé cuántas cosas más a cualquiera de mis amigos jordis o alberts llevo ya medio mail, bien cambio al catalán de repente, bien sigo escribiendo en castellano con toda mi jeta. Si es al revés no; si es al revés borro y vuelvo a comenzar. Piedras a mí.

Volviendo a lo del género: Henry James tiene una novela maravillosa protagonizada por una señorita que allá por finales del siglo XIX se casa sin decírselo a la familia, se queda embarazada, no se lo cuenta al marido, huye a Europa y da el crío en adopción a una campesina porque no puede ni verlo. Aunque lo cuenta en tercera persona y el narrador es un señor, no he leído yo novela tardodecimonónica más femenina ni feminista. Ni tardodecimonónica ni casi del siglo XX ni de lo que va del XIX. Para que se hagan a la idea (SPOILER): cuando al final del libro Georgina -la protagonista- se reencuentra con el marido, él le dice algo así como: 'abandonar así al crío... Podías haberlo matado directamente con tus propias manos', a lo que ella contesta: 'O también podía haberme suicidado yo, ¿no?'

Ahora parece que me estoy haciendo un lío diciendo que novela femenina es la que trata temas femeninos: para nada; estoy hablando de la capacidad de un gran escritor para recrear la psique de una mujer, de un perro, de un suicida en potencia, de un vago, de un vigilante de faro en una isla abandonada atacada por extraños seres que vienen del mar.

Lo que que estoy planteando son preguntas cacareadísimas: ¿cabe la distinción de material literario por género del autor? ¿Cabe tender a la paridad femenina-masculina entre los colaboradores de una revista? ¿Cabe ir por la vida contando autoras?

Si los relatos de este número de Les males herbes son buenos (que lo deben de ser, seguro) y son variados, serían igual de buenos y variados si entre los firmantes hubiera alguna mujer.

Déjense de hostias y escriban bien, hombre; intenten tender a escribir al nivel de James, Henry James, sean escritores, escritoras o programas informáticos de escritura aleatoria.

No hay nada más horroroso que un premio de literatura femenina, una asociación de escritoras o un partido de mujeres por la independencia. Bueno, sí: se me ocurre al mismo nivel un premio de novela judía, una mención a la escritura negra o el galardón al escritor más alto del mundo. Todos con subcategoría femenina, claro.

2 comentaris:

  1. A uno de los editores de Les Males Herbes lo conozco y considero amigo, de hecho era editor de Smile en su día. Teníamos pocas colaboradoras. Algunos, los que más escribían, usaban algún seudónimo femenino con algunos artículos. La intención era buena, supongo.

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