dijous, 16 d’agost de 2012

Miren, si las sesiones con la psicóloga me han enseñado algo es que la mayoría de problemas, más que problemas en sí que vengan de fuera, soy yo encaparrada perdida creándome círculos viciosos, cayendo en pensamientos circulares que no van a ninguna parte sino a volver todo el rato al mismo sitio -hámster en la rueda-, y que la única manera de solucionarlos no es solucionarlos, que me los he inventado, sino salir de ellos, fijar la mirada en otro sitio o mirarlos desde otro punto de vista.

Ahora ya llevamos una temporadita (una temporadita casi de era histórica) que si Catalunya, Catalunya, Catalunya: cops de cap contra la paret. Hemos perdido fuelle, estamos mareando la perdiz: antes estas cosas se solucionaban a cop de falç y de bayoneta, pendón en ristre; ahora, como mucho, salimos a la calle y en vez de ¡pacte fiscal! gritamos ¡i-indé-blablablà! -uy que malotes, uy que a gusto dormimos luego-, y mañana, vuelta a empezar; la rueda del hámster, ¿lo ven? Incluso estamos educando a nuestros hijos para seguir con el rollito una vez faltemos nosotros. Nos hemos perdido en las formas, hemos diluído los objetivos: la independencia de Catalunya ahora es simplemente el acto de pedir la independencia de Catalunya, o sea, pasar una tarde al aire libre, paseando por la ciudad sin coches, que nos toque a todos el sol menos a los malos, que llevan casco.

Está claro que la idea Catalunya independiente está viciadísima, encima, nos están desmontando los argumentos: si uno de los que había ganado peso ahora era el expolio fiscal al que nos somete España, ahora va El País -aguafiestas- y nos dice: para expolio fiscal, el de Barcelona para con Catalunya, guapos. Mi primera reacción ayer, leyendo esta noticia, fue: Vaya mamones... La segunda, en cambio, fue saltar de la rueda y pensar: Hostia, claro, nos estábamos confundiendo de objetivo; gracias, El País: lo que tenemos que hacer es ir a por la ciudad-estado.

Que el Pujolismo no acabó de tal, ya ha quedado claro. Que desde entonces -un pasito para alante y dos para atrás- no hemos avanzado apenas, también. Se impone un cambio de dirección. ¿Mirarnos en Escocia? No: vamos a mirarnos en Singapur. Piénsenlo: para empezar, es una república, eso ya nos mola. Es una isla; bueno, Barcelona, con mar por un lado, ríos por otro y por otro y montañita patrás, hace casi una península, así que la frontera natural ya la tenemos; de extensión y de habitantes, Barcelona es más de la mitad de Singapur; bien, bien; aceptable. Tenemos idioma propio y hemos organizado unos Juegos Olímpicos, cosas que Singapur, no. No sé si esto de los méritos para ser ciudades-estado va de sumar puntos, pero si lo fuera, con esto, aunque ellos sumen un punto más por tener ejército (cuánta razón tenías, Joan Sales) ya les ganamos. Luego está la ley cívica: apretamos un par de tuercas por aquí y otro par por allá y no tenemos nada que envidiar al régimen prohibicionista singapurés, qué les voy a contar.

A mí me convence. Es que imagínense que llegamos a algo con la cosa Catalunya. Quiten, quiten; me veo dentro de nada vuelta a empezar: que si se nos va la pasta con el PER lleidatà, que si eso de los incendios empordanencs es un forat a la butxaca... Y vuelta a empezar.

Ciutat-estat: incluso rima (y todo lo que rima...).
Yo lo veo clarísimo.

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