diumenge, 22 de gener de 2012

Con los libros de Modiano me pasa como con esos amigos a los que ves de ciento a viento y, entre medias, tampoco demasiado a menudo, vas hablando por teléfono con ellos. Sale Calle de las tiendas oscuras y me pongo a leerlo y ahí están su voz y sus cosas y sus recuerdos, sobre todo sus recuerdos. Acaba el libro, Modiano se va, y, de vez en cuando, tampoco demasiado a menudo, lo vuelvo a coger de la estantería: llamo por teléfono a Modiano, leo unas páginas, oigo un ratito su voz y reconozco sus cosas y sus recuerdos sobre todo, sí. Al tiempo, sale El café de la juventud perdida, vuelve Modiano, está aquí de visita y su voz suena mucho más fuerte durante unos días. Y aparecen, llegan a materializarse, sus cosas y, sobre todo, sus recuerdos. Modiano vuelve a irse en la última página. Lo llamaré por teléfono tres o cuatro veces más hasta que salga Un pedigrí, previo aviso mediante la nota de prensa de Anagrama que siempre me hace prepararle el sofá porque se quedará a dormir, con su voz, con sus cosas, con sus recuerdos sobre todo, unas cuantas noches, hasta que vuelva a irse para volver, unas cuantas llamadas telefónicas después, con la Trilogía de la ocupación. Y esta vez vuelve más joven. Vuelve como una cuarta parte de la guerra de las galaxias, que es la primera, pero escrita antes de lo que vino después, que tiene mucho más mérito y es mucho más difícil. Y el anuncio de Anagrama me hace pensar si Modiano, su voz, sus cosas y sobre todo, mucho más sobre todo, sus recuerdos ya estarían allí entonces. Y resulta que sí, ¡están! Resulta que Modiano ya había llegado entonces, mucho antes de llegar a mi casa, como acaba de hacer hace un rato para ir directo a estirarse en el sofá. (Le voy a decir que se venga conmigo a la radio este martes).


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