dijous, 13 de juny de 2013

Benedetta Tagliabue también estará en el elenco de trabajadores (asesores o como quieran llamarle) del nuevo Santa Mònica. Ella también encaja perfectamente en esta superficial y prejuiciosa descripción (suponer que alguien que sonríe es así o asá es mucho suponer; habría que fijarse en cuánto descuentan de irpf por sonreír y calcular luego las brutalidades) que Eva Comes hace de Bibiana Ballvé en su artículo de Núvol de ayer mismo:

per damunt de tot, el seu somriure, el somriure que denota aquesta capacitat excel·lent de perseguir coses boniques i bones i viure-les fins al final

Yo, las veces que he coincidido con Tagliabue, es lo primero que he visto: su sonrisa. Su sonrisa, su bicicleta y su cabello al viento. ¿Por qué no está en la boca de nadie, la Tagliabue? ¿Por qué nadie parece cuestionarse su validez para la misión que ahora se le vendría encima? Bueno, repasen mentalmente el curriculum de una y la otra. Ahí lo tienen.

El problema, sin embargo, no son ni la una ni la otra; las dos son consecuencia de eso más gordo a lo que apuntaba Minguet, a lo que todos los articulistas que han salido al quite ahora no están sabiendo entrar al trapo.

El nombramiento de Ballbé, Soler y Miquimoto es solo acontecimiento -incluso lógico- en el devenir de esta cultura nuestra; devenir que marcan las autoridades más que la cultura misma -si es que la cultura puede marcar algo tal y como esta siendo gestionada- y que denota hacia dónde se nos está llevando. Claro que para entender esto no basta con leerse el último artículo de La Vanguardia, hay que haber seguido todo lo demás. Hay que haberse leído por ejemplo este artículo de Jorge Luis Marzo de hace ya un año, hay que haber seguido la evolución (por decirlo en términos temporales, no evolutivos precisamente) del CONCA. Una vez hechos los deberes que todo el mundo se salta para pasar directamente a opinar y a defender lo indefendible, hay que escuchar la conferencia 'Culturas disruptivas' que Jordi Sellas pronunció hace unos días en l'Ateneu. Sólo entonces se puede defender o no el acontecimiento en su justa medida: tienen sentido en todo este marco toda esta serie de personajes que ahora le quieren imponer a la Cultura. Y eso es lo que da miedo de verdad. Y eso es de lo que no se está hablando aquí.

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