divendres, 4 de maig del 2012

Hace unos años (pocos, ella tiene solo tres) a mi sobrina le regalaron un canario. Mi hermana le preguntó qué nombre le quería poner. Ella respondió: Yoyó. Debía de ser allá por la misma época en la que ella empezaba a querer hablar por teléfono y que, por primera vez, a la pregunta de tú quién eres, respondía: Aina Boqué. Recuerdo haber escrito por aquí una entrada en la que explicaba no sé qué de la primera consciencia del yo, del vértigo que me daba la cosa y de la naturalidad con la que mi sobrina empezaba a asimilarlo, ajena a cómo la 'tontería' iba a ser una de las cosas que le iba a acompañar toda la vida. (Qué tremendo, ¿eh?, la nena solo había dicho su nombre...).

Por aquella misma época también, Miqui Otero presentaba su primer libro ('Hilo musical'). Kiko Amat le hacía los honores pronunciando una encendida defensa de la literatura del yo. Yo no podía estar en más desacuerdo con lo que estaba oyendo. La literatura del yo me parecía de un reduccionismo salvaje; hasta los libros de Kiko Amat me parecían de un reduccionismo salvaje también. Recuerdo que aquel día de la presentación, me tomé unas cervezas, crucé con Isabel Obiols un par de miradas condenatorias hacia lo que estábamos viendo y escuchando, y me fui a casa pensando que el futuro de la literatura, si tenía alguno y este iba por aquí, estaba acabadísimo.

¿Acabadísimo? Han pasado años y aún ando dándole vueltas al asunto. ¿No consiste en eso, en darle vueltas al asunto, la literatura?

Kiko Amat y Miqui Otero han hecho tema de reflexión de aquel asunto del yo, que arranca, por mucho que no nos demos cuenta, cuando aún apenas somos capaces de andar y que nos acompaña durante toda la vida, y que ahora me parece de todo menos reduccionista.

Hoy empieza esto. Como todos los festivales, es un poco hacer espectáculo de la reflexión y da un poco de miedo que se quede en eso, en espectáculo; pero en lo que a mí me concierne, ya ha ido más allá: me ha tenido un mes dándole vueltas al asunto. ¿Qué digo, un mes? Si igual que a mi sobrina, igual que a toda la humanidad en distintos niveles de consciencia, es un tema que nos ocupa ¡desde que empezamos a hablar!

Pues ahí lo tendrán todo: en el cccb, hoy y mañana, a partir de las siete de la tarde. Pueden tomárselo como un simple espectáculo de escritores y artistas poniéndole a su canario el nombre de Yoyó o pueden ir más allá y pensar en lo yo que son ustedes también y en lo que serían capaces de crear a partir de esa idea: en lo que están obligados a crear a partir de esa idea si son capaces de trascenderla, si no quieren quedarse en un yo pequeñito y absurdo.

(Uy, mira, Carles Miró torna a apuntar-se al marro joísta).

1 comentari:

  1. Y quien dice canarios, bien puede querer decir loros. En este caso el de Flaubert, que no deja de ser el de Barnes, Julian. He leído (no me hagas recordar ahora dónde) que durante la tournée promocional de esta "novela" Barnes defendía que la literatura (en cualquier persona) no deja de ser un viaje, un paseo alrededor de uno mismo. Cierto es que los hay que se (nos) mareen en el intento, pero por suerte contamos con un buen puñado de escritores cuyas dotes para la conducción siempre acaban regalándonos travesías lectoras memorables.

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