diumenge, 10 d’abril de 2011

Alguien que va por la calle y se decide a llamar por teléfono por primera vez a una chica que le trae loquito. La llama. Responde. Empiezan a hablar. Él sigue andando. Mete el pie en el hueco de una baldosa hundida, se tuerce el tobillo, se lo rompe, se cae al suelo, le duele muchísimo, pero sigue hablando como si nada: Le da una vergüenza terrible haberse caído mientras hablaba con ella, no quiere, por nada del mundo, que se entere de lo torpe que es. La gente empieza a arremolinarse a su alrededor, les hace callar, le caen lagrimones de dolor, alguien llama a una ambulancia, él sigue hablando, llega la ambulancia, le hace apagar la sirena.

Él tirado en el suelo y todo el mundo, ambulancia incluida, mirándole en silencio.

Dice: mañana a las ocho, entonces, pero mejor en la puerta de atrás; en la de la rampa. Cuelga.

La gente aplaude, él empieza a gritar de dolor, le meten en la ambulancia y se lo llevan.

(Así, muy todo de lo ridículo que es el proceso este de ligar y empezar a tantear y a dar a conocer sólo la parte que te interesa al otro).

Me voy a dar una vuelta que llevo todo el domingo encerrada en casa.

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Come swim w/me