dimarts, 16 de novembre de 2010

Mi madre no recuerda a qué hora nací.

Una vez se lo pregunté y me dijo: "No sé. Por la tarde. ¡No, no, no, espera! Por la tarde fue tu hermano; tú, por la mañana. O al revés". Yo dije: "Joé, mamá..." y me puse a pensar otra cosa porque, total, no creo que quisiera saberlo para nada crucial; para lo del ascendente del horóscopo, a lo mejor, o para estar muy atenta a ver si el día de mi cumpleaños, en el momento justo en el que nací, notaba algo como el vientecito que levanta una página de un libro que te pasa rozando las narices o un pequeño "click" de bolita que llegara al otro lado del ábaco. En fin. Tampoco es importante: mi sobrina nació un día (como todo el mundo) y recuerdo que fue como si estuviera todo el día naciendo. Y de hecho lo estuvo: se hizo eterno, pero fue una eternidad de unos nervios de felicidad aquí en el estómago y en los músculos faciales, que podría haber estado naciendo una semana entera y yo habría acabado andando un metro por encima del suelo ("No te jode...", diría mi hermana si leyera esto). Mi otra sobrina nació de noche; me acuerdo porque mi madre me llamó por teléfono a las tantas de la madrugada y creo que, a no ser que tenga otra sobrina a esas horas, será la única vez en mi vida que me despierte de madrugada porque suena el teléfono, sabiendo que llamaban para decirme algo bueno.
No me acuerdo para nada de qué hora era exactamente cuando nacieron ninguna de mis dos sobrinas.

En cambio sí que me acuerdo de la hora exacta a la que llamó mi hermano la noche en que murió mi abuela: mi hermano estaba en Estados Unidos, en casa no sabíamos aún que mi abuela había muerto. Yo oí el teléfono, miré el reloj y vi que eran las 3:50. Mi hermano sólo preguntó si estábamos todos bien. Le dijeron que sí. Por la mañana llamó mi tía para decirnos que mi abuela se había muerto esa madrugada.

Así que yo, que también me acuerdo de las horas exactas a las que pasaron otras cosas bastante terribles, me había hecho un poco a la idea de que uno recuerda hora exacta de las cosas malas porque, coincidiendo con una cosa mala, siempre pasan otras cosas así, misteriosas, que te hacen quedarte con el dato.

Y estaba dándole vueltas a todo esto -por lo de mi cumpleaños, ya saben, y lo de no saber a qué hora exacta nací- cuando he vuelto a coger el "Humano, demasiado humano" para, en el aforismo 255, encontrarme de nuevo con el viejo Fried diciéndome "Tú, idiota, ¿quieres dejar de pensar sandeces?" aunque de forma más sutil. Así, en concreto:

"Se opina que lo simultáneo está conectado. Un pariente muere en la distancia al mismo tiempo que nosotros soñamos con él, ¡por tanto...! Pero innumerables parientes mueren sin que nosotros soñemos con ellos. Es lo mismo que sucede con los náufragos que hacen votos: luego no se ven en el templo los exvotos de los que perecieron (...). Este género de superstición se encuentra de forma refinada en historiadores y reseñadores de culturas, que suelen tener una especie de hidrofobia a toda coincidencia sin sentido, en la que tan rica es sin embargo la vida de los individuos y de los pueblos".

Y yo, que hoy soy más vieja pero igual de pava, claro, he pensado: "Uuuuuhh, qué coincidencia encontrarme con esto justo ahoraaaaa..."

4 comentaris:

  1. Lo es. A mi me pasó con lo de las maletas, justo acababa de ecribir un poema que se llama, atención, "maletes" y leí tu post.
    Tampoco mi madre se acuerda de cuándo nací, dice que por la tarde-noche, así, grosso modo.
    Jodorowsky llama a las grandes coincidencias "la danza de la realidad", otros sincronía, quizás es simplemente magia.

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  2. hahahahaha!!! Moltes, moltes, moltes felicitats, senyoreta Mister K!!!

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  3. Los guionistas de "Lost" deberían haber leído a Fried.

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