dimarts, 12 d’octubre de 2010

Vaya ruina de agresión.



Imagínense que son ustedes el presidente de los Estados Unidos.
Se levantan por la mañana, se visten de sport y salen de su casa (blanca) a darse un bañito de masas. Lo normal. Vuelven a casa, se calzan las pantuflas y se sientan en su sofá a verse en las noticias... ¡Pero bueno! Pero, pero... ¡¡¡si me han agredido!!!, piensan. Cogen el teléfono y llaman al jefe de seguridad. El jefe de seguridad dice que sí, que él también lo acaba de ver en el telediario y que ya están investigando qué libro era, que sí, que de acuerdo que era un libro de bolsillo pero que lo importante aquí es saber QUÉ libro de bolsillo era. Lo dice para consolarles, porque a ustedes, los presidentes de los Estados Unidos, les hace pupita en la autoestima que, para una vez que les agreden, les agredan de una manera tan patética, tan falta de puntería y con tanta escasez de medios. Porque ustedes están convencidos que igual que una sociedad tiene los políticos que se merece, un político debería tener los atentados que se merece también, y ustedes se merecen mucho más que esto. Y se encuentran de repente nostálgicos perdidos de aquella gloriosa época de los magnicidios que desataban guerras, tan europeos aquellos magnicidios y aquellas guerras... Y se sienten de nuevo a la zaga de Europa. Y a punto están de echar mano al bote de prozac, cuando el jefe de seguridad se presenta en su casa (blanca) vestido de gala, para decirles in person, porque la ocasión lo merece, que no se piensen que están tratando aquí con un simple incidentito de nada, que la NASA, con sus aparatejos de ampliación absoluta de la imagen, han repasado frame por frame el vuelo del libro y que, de bolsillo sí que era, pero también era nada más y nada menos que un ejemplar de "La broma infinita", de Foster Wallace, y que con estos datos se puede hablar ya oficialmente, más que del Incidentito del Libro de Bolsillo, de un Librodebolsillogate con todas las letras, que son bastantes.
Y el jefe de seguridad les dice todo esto en posición de firmes por esas cosas del protocolo, cuando en realidad desearía decírselo abrazándoles, dándoles palmaditas en la espalda y susurrando a sus oídos "congratulations, dear President", que son muchos años de conocerse y esto es un triunfo para los dos.

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