diumenge, 29 de setembre de 2013

El cuento del culturista catalán que han tenido a bien publicarme los del Clift Fanzine en su número 6 (éste) va justamente de esto que dice aquí Jorge Bustos, bueno, de eso que dijo sobre el kitsch Milan Kundera en "La insoportable levedad del ser" y que ahora, en su artículo, Bustos cita tan extensamente.

Dice Kundera: Cuando digo totalitario quiero decir que todo lo que perturba al kitsch queda excluido de la vida: cualquier manifestación de individualismo (porque toda diferenciación es un escupitajo a la cara de la sonriente fraternidad), cualquier duda (porque el que empieza dudando de pequeñeces termina dudando de la vida como tal), la ironía (porque en el reino del kitsch hay que tomárselo todo en serio)...”. Sí, sí y sí. Y ese es precisamente el problema de Dempeus, el prota del cuento, culturista que quiere poner sus músculos al servicio de la independencia pero que se encuentra con que lo suyo no puede encajar, por individualista, en una corriente que ahora es colectiva.

Falla Bustos sin embargo al aplicar al caso catalán algunas de sus conclusiones derivadas de la definición de Kundera. Falla con ésta, por ejemplo: El kitsch catalán es un biombo que oculta la ruina. Y con esta otra: Es un precinto que aísla de la mierda a los soñadores. Un festivo certamen de castellets erigidos sobre el agujero de un donut, sobre la nada decimonónica y sentimental. Y falla Bustos porque no ha entendido qué hay en este caso detrás de tanto kitsch: no es que el kitsch sea el biombo, es que el kitsch es la propia ruina; si hubiera leído a Valero Sanmartí o a Antonio Baños, esto, Bustos lo sabría, como también sabría que gran parte la mayoría silenciosa que el PP ha entendido tan mal está formada por gente que renegando y no habiendo querido participar en vías, manifestaciones que parecen cabalgatas de reyes ni habiéndose planteado nunca, jamás, ni arrimarse a los castells -no castellets- a hacer piña, votará SÍ, si la pregunta finalmente es de sí o no, en el próximo referéndum sobre la independencia.

Supongo que es este párrafo de Kundera el que probablemente haya despistado a Bustos: Nadie lo sabe mejor que los políticos. Cuando hay una cámara fotográfica cerca, corren enseguida hacia el niño más próximo para levantarlo y besarle la mejilla, que como afirmación es impecablemente cierta pero que no es aplicable al caso catalán: nunca un político había rehuído tanto lo kitsch como lo ha venido haciendo Mas en los últimos meses: ni participó en la manifestación del 11S de 2012 ni en la vía catalana; ni él ni el partido, y no me digan que ambas ocasiones no las pintaban calvas para hacerse fotos hasta con el apuntador.

Al final del cuento, Dempeus, el culturista catalán pierde la ilusión por participar de lo kitsch, de lo colectivo, decide sin embargo seguir trabajando en lo del culturismo y en lo de lo catalán; es parte de la mayoría silenciosa Dempeus, pero no de la que se piensan allá en Madrid, sino de la que llena el agujero del donut que, según Bustos, está tan vacío; de la que no se hace fotos, la que no se pinta la cara, la que acabará por salir y demostrará que es precisamente lo kitsch la ruina que no está dejando ver bien la verdad más profunda que hay detrás.

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