dimarts, 6 d’agost de 2013

La prueba de que no han leído nada o, si han leído algo, no han aprendido nada de la literatura (ni de la vida) es que el 11S, sabiendo que tendrán a miles de personas a lo largo de Catalunya en fila de a uno, dejarán pasar la oportunidad única de hacer la única cosa que sí valdría la pena. Ésta:

... cogí al viejo de la cintura y me solté a tararear la conga, a hacer el vibrato con los labios, y empezamos a bailar en medio de la calle y a dar saltitos en los compases pares. Y una señora gorda que aún no se había metido en su portal correspondiente pasó por delante de nosotros y dijo:
- Anda, ¡pero si están bailando la conga!
Y la señora gorda se puso detrás de mí, y antes de que nos diéramos cuenta ya estaba bailando con nosotros. Y pasamos también por delante de un quiosco cerrando y el quiosquero dijo:
- ¡Ostras!
Y se colocó detrás de la señora gorda, mientras gritaba:
- ¡Conga!
Y nuestra serpiente recogió a un urbano que nos juró que estaba fuera de servicio, a un borracho que en ese momento salía de un bar y le pareció muy bien bailar la conga, y a un grupo de chicos que se estaba fumando un cigarro sin decirse gran cosa, y a una chica que venía con unos folios bajo el brazo y me preguntó:
- Pero, Daniel, ¿qué haces ahí?
- Hola, Laura, pues ya ves. Aquí, bailando la conga. ¿Te apetece?
- ¡Pues claro!


El secreto de las fiestas - Francisco Casavella

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