dimarts, 7 d’agost de 2012

Había dos cosas que yo quería tener cuando era pequeña: una crisis de fe y una enfermedad que me tuviera en la cama un año entero seguido. Todo esto era culpa de la literatura, claro: nos hartábamos de estudiar vidas de escritores para el examen; vidas de escritores y dos o tres títulos de libros de cada uno.
De los escritores, había los que habían estado un año entero en la cama, con tuberculosis o similares, y que durante ese año entero no habían parado de leer. Y luego había los que habían tenido una crisis de fe que les había trastocado el mundo según lo conocían.
Lo de tener una enfermedad larga lo decía con la boca pequeña yo, claro. La crisis de fe, en cambio, La quería tanto que en clase de religión, en el cole, escuchaba todo lo que decía el cura y me lo creía hasta el fondo para estar preparadísima para el día en que dejara de creerlo: para que fuera realmente una crisis de las gordas, de las bestias, de las de decir, joder, he estado engañada toda la vida, y tirarme de los pelos. La quería tanto que la tuve antes de tiempo: descubrí que preparándome para el día en el que dejara de creerlo todo, ya no me creía lo que salía de la boca del cura desde el mismo momento en que lo decía. Yo escuchaba y pensaba 'sí, sí, pero un día todo esto dejará de ser verdad'. Y dejando de ser verdad, ya era todo mentira.

Coló tan poco en casa, lo de mi crisis de fe, que el día que le dije a mi madre que ya no quería ir a misa porque dudaba de todo y, dudando de todo, yo era la mayor perjudicada porque el mundo ya no tenía ningún sentido (imagínate cuánto debo de estar sufriendo, mamá), lo único que me gané fue que mi madre llamara a mi padre y que mi padre saliera de detrás de su periódico para personificarse en mi habitación -yo, en pijama, a media hora de empezar la misa- a espetarme un déjate de hostias, cuando de hostias era precisamente de lo que me quería dejar yo. Crisis hubo al final, aunque no fue tanto que yo no entendiera el mundo como que el mundo no me entendía a mí.

Insoportable: fui una adolescente insoportable.

Y después de este inciso, vuelvo a Baroja, que tengo a medias 'La veleta de Gastizar'.

11 comentaris:

  1. Hablando de crisis de fe: ¿Ha visto usted la fotico de "Vivir de buena gana"?

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  2. Ahora la he visto!!! ENE MAITE, COM ENS HEM DE VEURE, DON PÍO!!!!!!

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  3. Otra cosa: Acabo de leer la biografía de Jesús Monzón escrita por Manuel Martorell. No sé si sabe de qué va la cosa, si no es así, se la recomiendo, para redescubrir de nuevo la de navarras que hay en Navarra:
    MARTORELL, Manuel, "Jesús Monzón", Pamiela, 2000.

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  4. ¡¡¡ME HAS DESTROZAO LA TARDE!!!

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  5. "a espetarme un déjate de hostias, cuando de hostias era precisamente de lo que me quería dejar yo"

    Qué buena eres, maldita.
    Aunque santa paciencia la de tus padres, también.

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  6. ¡Coño! Véngase a Ocata, la invito a lo que le de la gana como resarcimiento.

    Esa foto tiene mucha miga. La imagen de Baroja vencido entre los vencedores no tiene precio. Posiblemente no tenía otro sitio a donde ir. En un tiempo de txapelaundis era el único txapeltxiki.... vamos, me parece.

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    1. No tenía otro sitio a donde ir, era eso, seguro. Además, había nevado aquel día en Salamanca. Ya me quedo más tranquila.

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  7. Apuntado queda.

    Y apuntado le dejo aquí también un fragmento del prólogo de 'La veleta de Gastizar' que viene que ni pintado de pie de foto:

    "En los días de tempestad, mientras el vendaval soplaba con fuerza, el dragón mugía y chillaba escandalosamente; en las tormentas, a la luz de los relámpagos, se presentaba terrible e iracundo; en cambio, en los días de sol, cuando la claridad dorada se esparcía por las colinas verdes de Labourt, ¡qué humilde! ¡qué domesticado! ¡Qué buenazo aparecía el dragón de Gastizar vencido por el anagrama cristiano de su cola!"

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  8. Yo tengo crisis de millones de cosas, pero de fe, lo que es de fe, nunca. Imagínate cuando los curas no me dejaban hacer francés como segunda lengua extranjera alegando falta de tiempo en mi horario y yo les dije que podían sacrificar las horas semanales de religión y eucaristía para hacer un hueco. Mi abuela, que se llevó un disgusto por la campanada, me llamó renegao. Sin la de.

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